Corchos para vino y medio ambiente

España es el segundo productor mundial de corcho, sólo por detrás de Portugal. La industria corchera crea miles de puestos de trabajos al año, principalmente en Cataluña, Extremadura y Andalucía.

El corcho – que se emplea principalmente para cerrar las botellas de vino, pero también en la industrial textil, para fabricar bisutería e, incluso, para insonorización- procede de la corteza el alcornoque, una especie autóctona de la península Ibérica, de crecimiento muy lento y que suele vivir entre 150 y 200 años.

La obtención del corcho se lleva a cabo a través las llamadas ‘sacas’, es decir, mediante la extracción de la corteza el alcornoque, una labor que normalmente se realiza entre abril y septiembre. El alcornoque, después de la ‘saca’, genera de nuevo la corteza y durante su larga vida es necesario repetir esta operación varias veces.

Si no se retira la corteza del alcornoque, estos árboles acaban muriendo, por lo que, además de crear riqueza, la industria del corcho es fundamental para preservar la biodiversidad y combatir la desertificación. Se trata por lo tanto de una explotación agro-sostenible. En un anterior post de Bodegas Comenge, explicamos cómo se elaboran los tapones de corcho, que puedes leer aquí

El corcho, por ser un material 100% natural, también es renovable, reciclable, biodegradable y con muy poco impacto en la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera (CO2) en su proceso de producción, por lo que también ayuda a minimizar la huella de carbono.

Por lo tanto, los alcornocales y los productos resultantes del corcho juegan un papel muy positivo en el desarrollo sostenible de los ecosistemas. No sólo por los árboles en sí mismos, que además son muy importantes para evitar la desertificación de las áreas mediterráneas donde crece, sino por la gran riqueza medioambiental que generan, en lo que es posible encontrar diversidad vegetal y animal.

Con la desaparición de los alcornocales, también dejarían de existir algunas especies que en la actualidad se encuentran en peligro de extinción, principalmente aves y plantas (águila real, lince ibérico, cigüeña negra, el helecho de sombra…).

A todo ello hay que añadir la riqueza de nutrientes que aportan a los suelos, pues son capaces de desarrollarse con fuerza en terrenos arenosos y escasos en nutrientes; permitiendo la retención de agua y generación de materia orgánica. No es de extrañar que estas masas arbóreas figuren en entre los hábitats más valorados de Europa.

El corcho en la industria de la construcción

El corcho también puede ser usado en la industria de la construcción, principalmente como aislante. Se trata de un material que, usado en paredes, suelos y techos, aumenta la estanqueidad de los hogares. Por otro lado, es igualmente un gran aislante, no sólo térmico, sino también acústico, es por ello por lo que se emplea incluso en estudios de grabación.

Se trata, en definitiva, de uno de los mayores valores en la construcción de edificios energéticamente eficientes.

En Portugal, principalmente, es habitual encontrar cientos de artículos hechos con corcho, desde zapatos, bolsos, ropa, obras de arte, souvenirs, portadas de libros… Con lo cual, reiteramos la importancia del sector en la creación de riqueza y de puestos de trabajo.

¿Es posible plantar viñedo en un volcán?

Viñedo en las Islas Azores

Sí, es posible. Y en España tenemos múltiples ejemplos de plantación de viñas en suelos de origen volcánico como Lanzarote, Tenerife o Priorat…

Los elaboradores cada vez más buscan fórmulas para conseguir que sus vinos se diferencien del resto, métodos y prácticas que provoquen una sensación única en el consumidor. Un recuerdo imborrable, aromas y sabores percibidos por primera vez y que nunca se irán de la memoria.

El recuperar variedades autóctonas, minoritarias, casi extintas; volver a procesos de elaboración olvidados; el uso de materiales ‘nobles’; variabilidad en temperaturas de fermentación; tiempos, etc. Muchos son los factores que influyen en el resultado final de un vino que ayudan a crear ese momento mágico.

Pero dentro de todos esos factores, existen algunos que no están al alcance del control total del hombre, sino que llevan en un lugar años y que evolucionan con el tiempo. No es otra cosa que el suelo, el clima, el entorno… Lo que llamamos ‘Terroir’.

La máxima de los viticultores y enólogos es lograr que sus vinos sean el reflejo del Terroir, la expresión de un entorno, de una historia, de un patrimonio natural, de unas prácticas culturales concretas. Lo que en Bodegas Comenge denominamos ‘trasladar el paisaje a una copa de vino’.

Desde luego, existen condiciones que favorecen sobremanera la expresión de este Terroir, es el caso de las particulares características del Pago de las Hontanillas de Bodegas Comenge, de donde procede la uva para elaborar el vino Don Miguel Comenge.

La mineralidad de los suelos volcánicos

El suelo volcánico, es sin duda, una de esas características que le aportan un ‘algo’ especial a los vinos. ¿Y de qué se trata ese ‘algo’? Pues ni más ni menos que la frescura y mineralidad que ofrece ese terruño a los vinos, entre otros muchos valores.

Los suelos volcánicos se presentan en distintos tamaños (arena -la más frecuente- pequeñas rocas…) y son ricos en micronutrientes pero pobres en otros elementos como el fósforo o el nitrógeno. Sin embargo, la evolución de estos suelos a través de cientos de años, en los cuales se han erosionado y han dado cabida a la vida de hongos y bacterias, hacen que sean muy apreciados para el cultivo de la vid.

Además, estos tipos de suelos procedentes de la actividad volcánica son resistentes al ataque de la Filoxera debido a su composición. Pero, por otro lado, debido a su porosidad, son capaces de aprovechar los nutrientes, como el agua.

Por otro lado, aunque este tipo de suelo suscita cierto interés para la elaboración de vinos singulares, el cultivo de la vid y los trabajos de viticultura no son nada fáciles de desempeñar.

Las cepas, en el caso de áreas vitivinícolas como Lanzarote, Tenerife o Islas Azores, crecen en enormes hoyos excavados, que pueden alcanzar los tres metros de diámetro.  A esto hay que añadir, en ocasiones, las pendientes y la altitud, como ocurre en los viñedos ubicados a la falta del volcán Etna, en Sicilia.

Como podréis imaginar, las labores de poda, vendimia y otras no resultan nada sencillas; pero el resultado puede ser realmente fascinante.

Georgia, la cuna de los primeros vinos

Los estudios científicos nos regalan de vez en cuando hallazgos emocionantes como el que se ha encontrado hace unas semanas en Georgia, un país al que sin duda hay que mirar cuando se habla de historia del vino.

Hasta el momento, se pensaba que el vino más antiguo se elaboró en la zona montañosa de Zagros, Irán, donde se encontró una vasija de barro con restos datados en el año 5.400 a.C perteneciente a la población persa. Otro de los lugares donde se han hallado vestigios de elaboración de vino muy antiguos es Armenia.

Los científicos han hallado trozos de vasijas de cerámica con restos de ácido tartárico, lo que significa que en los recipientes se elaboró vino, algo que se ha confirmado con diversos análisis de tierra.

Para el gobierno georgiano esta es la prueba definitiva de que su país es la ‘cuna del vino’, pero lo cierto es que no es el primer hallazgo de interés para la comunidad científica que se lleva a cabo en el Caúcaso.

En diversas excavaciones arqueológicas se han encontrado diversos tipos de recipientes, prensas de piedra y restos de cepas que evidencian la antigüedad de esta zona en el cultivo de la vid y la elaboración de vino.

La elaboración tradicional en ‘Kvevri’

Los vinos georgianos clásicos aún se elaboran con método ancestral, un hecho que ya hace pensar la gran tradición vitivinícola de este país.

La práctica enológica más típica, sobre todo de los vinos blancos, consiste en introducir las bayas enteras, con el raspón, en un recipiente de madera donde se pisan con los pies. El mosto resultante de dicho prensado se vierte directamente a un tanque denominado ‘kvevri’ para realizar la fermentación alcohólica, que se lleva a cabo con levaduras salvajes, las que se encuentran de manera natural en las uvas.

Los ‘kvevri’ son ánforas de barro, que pueden alcanzar la capacidad de 300 litros. Una vez terminada la fermentación alcohólica, el vino se traslada a otro ‘kvevri’ para la fermentación maloláctica. En este proceso, la gran ánfora se entierra en el suelo y se sella.

Una vez en dicho depósito, el vino permanece durante un tiempo determinado de crianza. El material con el que están fabricados los ‘kvevri’, la arcilla, favorece una mayor tanicidad en los vinos.

Los vinos de Geogia son, sin duda, dignos de conocer, una forma de viajar y beber historia vinícola. Se pueden encontrar vinos a partir de multitud de variedades tanto blancas como tintas, pues se han llegado a clasificar más de 500 variedades propias. En la actualidad, son más o menos populares en torno a un 10% aunque se está trabajando para recuperar las uvas autóctonas.

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Cristal, corcho, rosca, plástico … ¿Cómo prefieres el tapón de tu botella vino?

En el sector del vino, como en tantos otros, permanecen aun una serie de prejuicios, ideas, en definitiva, una serie de costumbres que el tiempo se ha encargado de difuminar y desmentir a pesar de que en su día pudieron tener su razón de ser. Muchos de nosotros hemos conocido tiempos en los que cualquier botella de vino que no estuviera sellada con un tapón de corcho, era inmediatamente calificada de poca calidad. Sin embargo, el tiempo y con él la evolución de las técnicas de venta destinadas a llamar la atención del consumidor y por supuesto, la tecnología, han terminado con este tipo de juicios.

Y es que en el vino como en otras industrias, el descubrimiento de muchas de las propiedades que poseen algunos materiales, ha sabido aprovecharse y emplearse para según qué fines. Esto es lo que ha ocurrido con los materiales empleados actualmente en los cierres de las botellas de vino. El corcho, rey de los tapones por excelencia, es a veces sustituido por materiales sintéticos, tapones de rosca o incluso cristal, en función de las características del vino que contenga la botella. Al final, cada tapón de cada botella ocupa su lugar por algo que, no necesariamente, tiene por qué asociarse a la calidad del producto que contiene.

Entre los principales tipos de cierres de las botellas de vino, el corcho es aun el más empleado y él, como todos los demás, presenta tanto ventajas como inconvenientes. El hecho de que España sea uno de los principales proveedores de corcho, es una de las razones que justifican que en nuestro país se emplee mucho más que otro tipo de cierres; los tapones de corcho, ligeros y resistentes, influyen en los aromas del vino y garantizan la conservación del vino, especialmente si se trata de aquellos que deben continuar su proceso de maduración una vez embotellados.

Entre los inconvenientes que presentan los tapones de corcho, está la posibilidad de padecer un tipo de hongo que por el contrario, no se encuentra en tapones sintéticos.

Los tapones sintéticos

Los tapones sintéticos, elaborados con silicona u otro tipo de material de plástico son mucho más económicos que los primeros y permiten el empleo de colores diferentes, abriendo con ello una puerta a la creatividad del diseño de la tradicional botella de vino. ¿El inconveniente? No es recomendable su uso en vinos que vayan estar almacenados durante largos periodos de tiempo.

Los materiales de los tapones que nos ocupan a continuación, menos tradicionales y fruto de la innovación, suelen encontrarse en industrias vinícolas con poca historia. Es el caso de los tapones de rosca hechos de aluminio que con su presencia terminan con la tradicional acción de descorchar una botella que tanta ilusión y disfrute proporciona a quien la abre.

Pero la comodidad y la rapidez han llegado también hasta los tapones de las botellas de vino. El conocido sistema ‘abrefácil’ que tanto se agradece en otro tipo de productos de alimentación, se ha instalado en algunos tipos de vino y en las botellas comercializadas principalmente, en algunos países anglosajones. Este cierre conocido como Zork fabricado con plástico conserva la sensación de descorche pero no puede reutilizarse.

Lejos de la comodidad y más cerca de la estética, están los tapones de cristal, un material aun desconocido que llega con la intención de dar un toque de elegancia a las botellas de vino y que pretende transmitir la imagen de un producto de calidad. Por sus características, el cristal no influye en el aroma del vino y puede ser reciclado. En este caso, lo encontramos en las botellas de vinos jóvenes de Alemania, Suiza y Austria.

Los tapones de vino son uno de esos componentes de esta industria que más juego dan a quienes quieren introducir el diseño en sus botellas, a quienes están dispuestos a arriesgar en el aspecto de un producto tan tradicional que no por ello, se cierra a la llegada de los avances que la tecnología le tiene preparado.

La industria mundial del vino, marcada por el clima

El clima, y en especial el de este año, marca muchas de las pautas de la industria del vino. Las extrañas temperaturas otoñales que estamos pasando, las fuertes heladas primaverales, la sequía, los incendios y las inundaciones y, con todo ello, cosechas extremadamente tempranas y cosechas perdidas. Este año ha estado plagado de dificultades para muchos viticultores. Tendremos vino a pesar de todo, tendremos vino a pesar de las inclemencias de un tiempo que obliga a preguntarse por sus consecuencias en el sector.

Es evidente que la industria mundial del vino se ha visto afectada por las calamidades del tiempo y que esto repercutirá en el incremento del precio de los vinos de algunas de las más afamadas zonas productoras. Sin embargo, y como consecuencia de la situación general por la que pasa la industria vinícola de casi todo el mundo, España espera poder mantenerse líder en la exportación de este gran producto nacional.

Reducción en la cosecha de vino por el clima

A pesar de que la producción de este año será menor, España en su conjunto no tendrá que enfrentarse a un problema de desabastecimiento, aunque algunas de las zonas de mayor prestigio si que se han visto fuertemente afectadas en su reducción de cosecha, como es el caso de la Ribera del Duero. Dicen los expertos que si bien es cierto que la producción de este año es inferior a la media de la última década, podremos responder a la demanda gracias a las existencias de vino de las que ya disponen muchas bodegas.

España cuenta con una demanda interior menor a la de otros países productores como Italia o Francia, países que verán una caída en su producción del 21% y del 15% respectivamente. En nuestro país la reducción de cosecha ha sido desigual. Ribera del Duero ha sido la Denominación de Origen más castigada con una pérdida de dos terceras partes de la cosecha. En las Denominaciones de Origen del Bierzo y Rioja la reducción ha rozado el 50% y de cerca de un 30% en la D.O. Rueda, descensos provocados por las fuertes heladas sufridas a finales de abril. En el resto de las regiones españolas, la cosecha ha sido ligeramente inferior a la media debido a la falta de lluvia y a las temperaturas elevadas durante todo el ciclo vegetativo, lo que ha conducido a un menor tamaño y peso de las bayas en el momento de la cosecha.

En el conjunto de la Unión Europea, la producción de vino en esta cosecha ronda los 145 millones de hectolitros, frente a los casi 170 millones de hectolitros de la añada anterior. Esta situación ha provocando un fuerte incremento de los precios de uva -por encima del 100% en zonas como la Ribera del Duero-, y como consecuencia un incremento en los precios tanto del vino a granel como en mayor medida en los vinos embotellados, subida que en mucho de los casos no llegarán a compensar el aumento de los costes de producción.

Estados Unidos, bajo la amenaza de incendios que han afectado de forma importante a la región de California y con ella a su industria del vino, vive una pesadilla. Así, la cosecha de este año, menor a la de otros anteriores, mantiene preocupada y expectante a la industria del vino también en este país.

Chile también sufre una caída del 6,4% respecto a la ya corta cosecha del año 2016, de por sí un 20% menor que la de los años anteriores.

Estos días acabamos de conocer el informe sobre gases de efecto invernadero que la Organización Meteorológica Mundial ha publicado en Ginebra. El pasado año 2016 estas emisiones han sido las más altas en 800.000 años y alertan de las consecuencias irreversibles que esto podría tener para el planeta, ocasionando importantes desequilibrios en los actuales sistemas ecológicos y económicos.

La amenaza del cambio climático trasciende la industria del vino a la que dedicamos cada día nuestros esfuerzos; cambiará nuestro paisaje, nuestra agricultura, nuestra manera de alimentarnos, nuestros lugares de residencia, nuestras costumbres. Aunque mil veces repetido, debemos tomar conciencia de ello para empezar cuanto antes a recortar nuestra emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera de nuestro hermoso planeta azul.

 

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El libro clásico de la viticultura española a tu disposición por gentileza de Bodegas Comenge

En 1932 Miguel Comenge escribió ‘La Vid y los Vinos Españoles’ una obra imprescindible para cualquier profesional del sector vitivinícola, historiador o simplemente aficionado. Hoy en día sigue siendo un indispensable de la librería de cualquier winelover.  El libro, que no se publicó hasta 1942, contiene 22 figuras, 12 láminas y una relación de las características físico-químicas de 87 mostos y 109 vinos españoles.

Don Miguel Comenge, Catedrático de Bioquímica, Director del Laboratorio Municipal de Madrid, Catedrático de Bromatología en la cátedra de Fermentación, Doctor en Farmacia, Académico de Número de la Real Academia de Farmacia, Profesor Químico de primera clase del Instituto Sanidad de Madrid e Inspector Farmacéutico Municipal y estudioso, escribió varias publicaciones importantes para los profesionales de su campo, como ‘Análisis de los alimentos’ (1934).

Para ‘La Vid y los Vinos españoles’ el autor se inspiró en cierta manera en el Ensayo de 1807 sobre las variedades de la vid común que vegetan en Andalucía escrito por Simón de Rojas Clemente y Rubio, pero ‘La Vid y los Vinos Españoles’ es una publicación mucho más extensa y completa que surgió debido a la necesidad de su autor por compilar y clasificar el origen de los distintas variedades de uva y procesos de elaboración para evitar fraudes, copias y adulteraciones.

Según Don Miguel, hasta ese momento no existía ningún manual donde se recogiese un profundo estudio de las variedades de vid de las que se obtenían los vinos nacionales en aquel momento, tampoco información sobre su origen o análisis acerca del color, aromas, sabor, sustancia, edad y mezclas en función de cada cepa en cuestión y el lugar en el que se cultivaban.

Contenido de la obra: Originalidad, erudición y detallada investigación específica

Para desempeñar este arduo trabajo de compilación de información, Miguel Comenge contó con el apoyo de sus compañeros farmacéuticos, de amigos de todo el territorio nacional – quienes le enviaban muestras – , así como con documentación gracias a  obras de otros estudiosos como el ya mencionado Rojas Clemente, los coetáneos de éste Boutelou y Cavanilles o el botánico Mariano del Amo.

Después de un proemio en el que se recopilan datos históricos sobre la filología de la vid, su presencia en la mitología y su importancia en la historia del España, ‘La Vid y los Vinos Españoles’ está compuesto por cuatro capítulos y un índice de láminas y figuras.

Desde las formas de las especies vitis viníferas españolas; las causas que influyen en la calidad de los frutos; una parte dedicada a bioquímica, con información muy relevante sobre la fermentación o composición de las levaduras; crianza, conservación y transporte de los vinos, hasta llegar a los métodos analíticos y descriptores de los vinos de las distintas áreas vitivinícolas; el estudio de Miguel Comenge es una completa obra con la que viajar el tiempo a los orígenes del vino en España.

‘La Vid y los Vinos Españoles’ inspiró a Jaime Comenge para fundar Bodegas Comenge en el año 1999. Tras cursar un Máster en Viticultura de la Universidad Politécnica de Madrid y después de una larga vida laboral como economista, su idilio con el mundo del vino comenzó en los años 90, prácticamente al jubilarse.

En Bodegas Comenge somos conocedores de que ‘La Vid y los Vinos Españoles’ forma parte de la cultura e historia vinícola española y por eso queremos divulgarlo y ofrecerlo en formato digital. Para conseguirlo, tan sólo debes suscribirte a nuestra newsletter en Inscribirse a la newsletter

Vino y filatelia, una relación con denominación de origen

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Cuando el vino forma parte de la cultura y tradiciones de un país, pocos espacios hay en los que no se mencione. En el cine, en la pintura, en la literatura y en la música,… en la filatelia. El vino crea historia; sus viñedos, paisajes; sus gentes, tradición. Al final, todo ello consigue dar con una denominación de origen que consigue triunfar dentro y fuera de donde se ha producido y estar presente en mesas de restaurantes o acompañando a tapas exquisitas… Y cuando esto ocurre, el vino, que se deja querer, aparece también en colecciones de sellos, y lo hace bajo diferentes denominaciones de origen que han sido plasmadas en una serie filatélica emitida hace años por la Sociedad Estatal de Correos y Telégrafos.

Denominación de origen con sello propio

Una de las primeras denominaciones de origen que contó con sello propio fue, en el año 2002, la gallega Rías Baixas, una de las cinco denominaciones de origen de esta comunidad autónoma que, como no podía ser de otra manera, muestra en su sello la reproducción de un racimo de uvas de la variedad Albariño y de su logotipo.

Al mismo tiempo, ese mismo año, la denominación de origen de La Rioja, dejaba huella mediante la reproducción en otro sello, de un nuevo racimo de uvas de otra variedad: Tempranillo, una variedad de uva bien conocida por ser empleada en la producción de vino tinto con cuerpo.

De Norte a Sur, la denominación de origen Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda, natural de la localidad del mismo nombre y que se encuentra en la provincia de Cádiz, fue la tercera que contó con un sello en el que aparece de nuevo, un racimo de uvas de la variedad Palomino acompañada por una copa de vino y el logo que la representa.

Hasta el año 2004, fueron todavía algunas, las denominaciones de origen españolas que quedarían inmortalizadas en un sello. Concretamente varios sellos emitidos en el año 2003 recorrieron varias denominaciones de origen de la geografía española. La andaluza Montilla-Moriles, la archiconocida castellano-manchega, Valdepeñas; la denominación de origen Bierzo correspondiente a la provincia de León y la catalana Penedés, con una representación alegórica del vino junto a su logotipo.

El año 2004 puso fin a una colección de sellos creados en reconocimiento a nuestra industria vinícola. Los sellos de la denominación gallega Ribeiro y de la andaluza de Málaga, fueron los últimos en aparecer durante el mencionado año 2004.

Los últimos sellos gastronómicos emitidos por Correos han visto la luz hace escasos días. En esta ocasión lo han hecho en reconocimiento a la denominación de origen murciana, Jumilla.

Con este tipo de acciones, no solo se da a conocer la producción vinícola de una región en concreto, sino que los productores de este vino que ha sido reconocido por su calidad, se comprometen a seguir manteniéndola y, por lo tanto, a responder al protocolo de producción necesario para que así sea. Calidad y reconocimiento de un vino español dispuesto a recorrer el mundo gracias a un sello.

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La Ribeira Sacra o el paraíso del vino

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Visitar Galicia es siempre un placer. Sus gentes, su paisaje, sus vinos… sus viñedos y… su Ribeira Sacra. La viticultura de la Ribeira Sacra es uno de los principales atractivos de esta región. Por el territorio ubicado entre el sur de Lugo y el norte de la provincia de Orense, los ríos Sil y Miño bañan valles y montañas que hacen de ella uno de los pocos lugares de Europa en los que la producción del vino exige un esfuerzo casi sobre humano.

Paisajes maravillosos impiden el acceso y obligan a los agricultores a recoger y a transportar la uva sin ayuda de la tecnología. Las dificultades que impone el entorno convierten a sus agricultores en héroes y a su paisaje tan natural como salvaje y apenas tocado por la mano del hombre, en una de las ofertas turísticas más interesantes y placenteras; se sea o no, amante del vino y se sienta o no, curiosidad por esta industria.

El hecho de que el trabajo deba realizarse a mano y de que las pendientes en las que crecen las vides sean extremadamente inclinadas, se traduce cada año en imágenes sorprendentes de agricultores cargados con decenas de kilos de uva; imágenes cuyo resultado se traduce después en uno de los vinos más apreciados de España.

Qué hacer en la Ribeira Sacra

La región de la Ribeira Sacra, cuya denominación de origen cuenta con diferentes variedades y con cerca de un centenar de bodegas, es sin duda conocida por sus vinos. Sin embargo , y aunque éste sea el reclamo principal nacional e internacionalmente, también parece estar hecha para ser visitada y disfrutada gracias a su clima y a una orografía perfecta para la práctica de varios deportes.

Las rutas del vino que se encuentran en esta zona vienen a enriquecer toda una oferta turística protagonizada por los ríos Sil y Miño y los valles y montañas que habitan entre las provincias de Orense y Lugo. Robles, abedules y castaños, entre otros, conviven con bancales de viñedos dignos de ser visitados, bien para acercarse hasta alguna de las bodegas de esta denominación de origen, bien para contemplar el paisaje.

Este año la vendimia en la Ribeira Sacra ha comenzado pronto, pero dicen que a pesar de ello será larga. El pasado mes de agosto las bodegas de la zona empezaron con la faena. El cambio climático y la sequía han adelantado el proceso y con él, la llegada de los primeros racimos de uvas. La cosecha de este año llega pronto y pronto veremos los resultados de tan magnífico lugar.

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Vino Naranja y Vino Gris

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En el mundo del vino existen multitud de acepciones para referirse a distintos tipos de vinos, según las uvas de las que provienen, la forma en la que están elaborados, su color o la zona de la que proceden.

En los últimos tiempos los llamados ‘vinos naranjas’ se han subido a la palestra, sobre todo con la aparición de marcas de vino naturales y el deseo por recuperar elaboraciones y recipientes ancestrales para la elaboración de vino, sobre todo por parte de pequeños productores.

Vino Naranja de la D.O. Condado de Huelva

Con respecto a los vinos naranjas a los que queremos hacer referencia en este post, no hay que confundirlos con el Vino Naranja del Condado de Huelva, un tipo de vino que se hace desde hace más de dos siglos en la Denominación de Origen Condado de Huelva.

En ese caso, se trata de un vino aromatizado con cáscaras de naranja amarga. La elaboración típica es primero macerar las cáscaras de naranja en alcohol vínico y después añadirlo a un vino o mosto acogido a la Denominación de Origen. A continuación se envejece en botas bajo el sistema de criaderas y soleras. Es por todo ello que el vino adquiere ese color tan característico.

Vinos naturales

Los ‘otros’ vinos naranjas también se refieren a una elaboración muy antigua, donde no se empleaban productos químicos y la fermentación y crianza de los vinos se llevaba a cabo en recipientes asimismo naturales, como las tinajas de barro, barriles de madera o depósitos de hormigón (sin revestir). En la actualidad, además de todos esos tipos de depósitos, también se emplea el acero inoxidable.

Mientras que en las elaboraciones tradicionales de vino blanco la fermentación alcohólica se lleva a cabo únicamente con el mosto de la uva (sin piel); en los vinos naranja se apuesta por una elaboración similar a un tinto, el hollejo está en todo momento en contacto con el mosto.

En las piel de las uvas se encuentran los polifenoles, responsables del color y aromas de los vinos, por ello, cuando el hollejo está en contacto con el mosto, éste adquiere un color más subido (más naranja) que en las elaboraciones tradicionales.

En los vinos naranjas, por otro lado, se suele apostar por una maceración con las pieles después de la fermentación alcohólica, lo que le confiere aún más color al vino.

Las mayores diferencias con los vinos blancos de elaboración tradicional se encuentran en el color, pero también en su estructura. Sin embargo, suelen presentar menor acidez.

Blanc de Noir

Si en el caso de los vinos naranjas se busca más color, en el caso de los vinos grises es justamente todo lo contrario, y además se elaboran con uvas tintas.

Seguro que en muchas ocasiones habéis encontrado vinos espumosos que en la etiqueta recogen el término ‘blanc de noir’. Esto quiere decir, simplemente, que es un vino blanco elaborado con uvas tintas. Es decir, sólo se utiliza la pulpa de las uvas para elaborar dicho vino, no el hollejo donde, como hemos comentado, se encuentran las sustancias responsables del color.

El Vino Gris tradicionalmente se ha elaborado con la uva Pinot Noir, por tener una coloración muy baja, pero en los últimos tiempos y sobre todo con la moda de consumo de los vinos rosados ‘piel de cebolla’, es fácil encontrar vinos grises de diversas variedades.

 

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Fiesta de la vendimia: el mes del vino y de la vendimia

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Llega septiembre y con él lo hace para la mayoría, el final del descanso estival. Comienza la rutina y el que ha disfrutado de una copa de vino frente al mar o a la montaña, vuelve a retomar su copita de vino casera, del aperitivo del fin de semana o de su restaurante habitual. Sin embargo, y aunque con septiembre llega de nuevo la rutina, lo hace también la vendimia, lo que significa que el noveno mes del año es el ideal para recorrer parte de la geografía española en busca de tan noble tradición.

Septiembre es para quienes prefieren reservarse sus días de vacaciones en estas fechas, el mes del enoturismo, uno de los mejores momentos en los que visitar las bodegas más importantes de nuestra denominación de origen preferida o en el que acercarse para vivir en persona la tradicional fiesta de la vendimia de localidades como Rueda, en Valladolid, San Mateo en La Rioja o la localidad de El Ciego, en Álava. Estas son sólo algunas de las que abren sus puertas a todo aquel que quiera ser testigo de toda una experiencia; una auténtica  fiesta a la que acompañan la gastronomía de la zona, las costumbres y el carácter de unos habitantes que han encontrado en el vino su gran industria.

Primera gran fiesta de la vendimia de Ribera del Duero en Aranda de Duero

Se prepara la primera Fiesta de la vendimia de Ribera del Duero que se celebrará el 23 de septiembre en Aranda de Duero.  El vino de Ribera del Duero quiere celebrar sus señas de identidad con una fiesta del vino con actividades culturales y musicales (cuenta con la presencia de el grupo Tequila, Malidta Nerea y Los Celtas Cortos) por toda la ciudad, concursos gastronómicos y más.

La comunidad autónoma de La Rioja también celebra por todo lo alto, el 21 de septiembre, la fiesta del vino. Ese día está plagado de degustaciones, celebraciones y programas de fiestas en buena parte de sus pueblos. No hay más que viajar hasta allí para disfrutar del ambiente que el vino crea a su alrededor. Las primeras uvas del mes están ya a punto para ser pisadas y convertidas en vino.

Además de la fiesta de la vendimia en Aranda de Duero, la denominación de origen Ribera de Duero, celebra también en estas fechas la fiesta de la vendimia en otros lugares. Localidades de Castilla y León, especialmente, Ávila, Segovia, Burgos y Valladolid, esperan hasta comienzos del mes de octubre para organizar un sinfín de actividades en torno a la uva y a la bebida que alegra después, cada una de nuestras comidas y cenas. Decenas de bodegas se reúnen para organizar visitas, exposiciones, degustaciones y todo tipo de actividades artesanales que pueden disfrutar quienes se desplacen hasta allí después, por qué no, de haber pasado por otras de las regiones que presumen de denominación de origen y que celebran la fiesta de la vendimia algunas semanas antes, durante el mes de septiembre.

Y quien tenga tanto tiempo como ganas, puede continuar con la ruta por otras partes de la geografía española que, como ya hemos dicho, aprovecha de Norte a Sur, para conmemorar y dar a conocer su industria del vino. El País Vasco, Cataluña o Andalucía son otras de las regiones que cuentan con una gran oferta enoturística durante estas fechas; unas fechas en las que el vino se convierte en el nexo de unión de comunidades muy diferentes en las que todas ellas brillan por su gran variedad de productos vinícolas.