El vino revoluciona el comercio electrónico

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El gusto por el vino pasa por disfrutar no solo de su sabor, de acompañarlo con una buena comida o de amenizar una agradable conversación. Al que le gusta el vino y lo conoce, le suele apasionar todo aquello que ha conseguido hacerlo diferente y único, y disfruta en una bodega o en una tienda especializada; disfruta probándolo, pero también disfruta comprándolo.

Sin embargo, hay algo que agradecerán tanto los entendidos como los menos duchos en el tema, y ese algo tiene que ver con las nuevas tecnologías; una vez más, tiene que ver con Internet y con algunos de sus ineludibles cuando hablamos de comercio electrónico; sirvan de ejemplo Amazon o Alibaba, porque usuarios o no de sus escaparates, prácticamente todos sabemos de qué estamos hablando.

Por sus características, por su encanto, por su capacidad para convertirse en el gran protagonista de una gran industria, estos gigantes parecen haber empezado a tomarse en serio la venta de vino y para ello, empiezan a abrir comercios especializados a los que pueden dirigirse entendidos y menos entendidos en la materia. Sin que esto signifique dejar de acercarnos hasta nuestra bodega preferida o hasta la vinoteca de nuestro barrio que conoce nuestros gustos y se encarga de traernos y de informarnos de las últimas novedades, Internet se presenta como proveedora alternativa ante cualquier imprevisto.

El comercio electrónico y la venta de vino

Que el comercio electrónico crece es evidente, y que para hacerlo no descarta ninguna oportunidad, también. La última oportunidad afecta a la industria del vino y al interés de grandes plataformas chinas y norteamericanas por vender productos españoles y, entre ellos, el vino ocupa de nuevo un lugar destacado.

Ni amantes del vino ni organismos oficiales dedicados a la promoción de productos españoles, pueden pasar por alto la era digital en la que vivimos. Es una realidad de la que todos formamos parte y a la que la industria vinícola debe adaptarse; sin embargo, es también una realidad que ofrece a los consumidores de vino la posibilidad de elegir si utilizarla o no.

Sea cual sea nuestra decisión, queramos o no comprar a través de Internet y queramos hacerlo o no a través de algunas de las plataformas de comercio electrónico de los gigantes de este sector, lo cierto  es que han venido para quedarse y están en pleno desarrollo.

Las conversaciones entre las grandes empresas dedicadas al comercio electrónico dispuestas a vender vino español y sus potenciales proveedores, están en marcha y con ellas, la intención de darse a conocer en todo el mundo sin perder ni un ápice de la calidad y de la buena imagen de la que goza nuestra industria del vino. Seguro que habrá nuevas noticias al respecto en un futuro cercano y seguro que serán, como nuestro vino, ‘buenas’ noticias.

El verano pide hielo. ¿Qué pide el vino?

hielo y vino

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En cuestiones gastronómicas hay determinadas combinaciones que parece que no casan. No hace falta ser un experto para saber que algunos alimentos ‘se repelen’… y en cuestiones de vinos, dicen algunos entendidos que pasa algo parecido.

Porque una cosa es una manía personal y otra, que no existan algunos hábitos que el protocolo y los sentidos más finos tiendan a rechazar. ¿Ocurre esto con el hielo y con el vino? Con temperaturas como las que tenemos, ¿es imprescindible echar un cubito de hielo en nuestra copa de vino?

Los termómetros están a punto de explotar. Este calor intenso pide hielo, está claro. Sin embargo y siendo muy tolerantes, si decidimos echar hielo a nuestro vino, que sea a un rosado o a uno blanco. En el caso del vino tinto, mejor probar cualquier otro consejo de los que os ofrecemos a continuación. El hielo no tiene por qué estar en el interior de la copa, bien puede enfriarse ésta de otras maneras.

¿No será mejor enfriar la copa antes que el propio vino?

Si echas hielo en la copa, solo conseguirás aguar el vino y bajar la temperatura de golpe, un paso, que como en casi todo lo que tiene que ver con él, ha de hacerse con paciencia y esmero si queremos no alterar  su sabor.

Lo más importante antes de plantearse enfriar un vino, es saber cuál es su temperatura ideal. Cada vino tiene la suya, como la tienen sus diferentes variedades. Una vez sabido esto, sería conveniente conocer cuál es la temperatura de la botella que nos disponemos a abrir. Para averiguarlo podéis utilizar un termómetro digital creado especialmente para resolver este tipo de dudas. Abierta la botella, toca comprobar la temperatura del vino. Este paso requiere de menor sofisticación porque podéis utilizar el característico termómetro de mercurio de toda la vida.

Alternativas al hielo? Las conoceréis: una cubitera; esta vez sí, con hielo, en la que introducir la botella. Si echas agua y hielo en la cubitera, mejor que mejor. El proceso se llevará a cabo a una velocidad más moderada.

La nevera. Quizás, más fácil aun. Lo único que necesitaremos en este caso es no olvidarnos de meter el vino con la antelación suficiente; una antelación que puede oscilar entre media hora y hora y media, dependiendo del tipo de vino que vayamos a consumir.

El congelador. Un remedio tan rápido como poco recomendable, justificable solo si no hemos sido lo suficientemente previsores o si se nos ha olvidado enfriarlo antes. En cualquier caso, cualquier proceso de enfriamiento, que sea lento, que sea suave, que sea acorde a todo ese proceso tan necesario para la producción de un buen vino en el que las prisas y la falta de paciencia, no tienen cabida… exactamente igual que los cubitos de hielo.

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El vermú vuelve a estar de moda

Fiesta de fotografía creado por Yanalya - Freepik.com

 

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Fiesta de fotografía creado por Yanalya – Freepik

Hace un tiempo en este blog hablamos sobre las bebidas populares y también sobre los vinos aromatizados, que normalmente se beben calientes en el norte de Europa y que se mezclan con algunas especias o miel.

Otra bebida que se ha popularizado en los últimos años, al igual que lo han hecho las cervezas artesanas, es el vermú (vermut o vermouth), particularmente ahora que llega el verano.

Todo el mundo asocia el vermú a un país cercano mediterráneo: Italia. Ya en las antiguas civilizaciones, como Grecia, Egipto o Roma mezclaban el vino con esencias; pero realmente es necesario trasladarse a la Edad Media para situarse en el origen del vermú.

Su aparición, como muchas grandes ideas en la historia de la humanidad, fue por casualidad, y se le asocia al médico y filósofo griego Hipócrates de Cos cuando estaba preparando un reconstituyente medicinal a base de hierbas.  Es por eso que durante la Edad Media las preparaciones a base de vino y mezcladas con hierbas y especias se les llamaba ‘vino hipocrático’.

Sin embargo, la receta moderna del vermú, como hemos comentado anteriormente, se  dio en Turín, al norte de Italia en 1786 y se le atribuye a Antonio Carpano. Este hombre mezcló un vino moscatel, con azúcar, alcohol, caramelo y diversas sustancias aromáticas, principalmente wermut (ajenjo en alemán, de donde se acuñó el término), lo que le da su particular carácter amargo.

Elaboración

La elaboración del vermú tiene como base el vino blanco, en torno a un 80%, ya que el color rojizo se lo da el caramelo, no un vino tinto. Una vez obtenido el vino base, éste se macera con diversas hierbas aromáticas y esencias bien en barricas, como se hacía antiguamente, o en otro tipo de recipientes, como depósitos de acero inoxidable. En la actualidad también han salido a los mercados algunos vermús que tienen como base el vino tinto, aunque no es lo habitual.

Tal y como indica la receta tradicional, el ajenjo no puede faltar en la mezcla de botánicos de cualquier vermú, aunque es posible encontrar de entre 30 a 50 hierbas diferentes en un vermú. Cuanto mejor sea el vino basé, de más calidad será el vermú.

Los vermús se suelen tomar con hielo y un trozo de cáscara de naranja, también es habitual tomarlos con soda y desde luego se trata de una bebida que se emplea muy habitualmente como bases de famosos cócteles tales como el Negroni, el famoso Dry Martini o el Americano.

Los vermús también se están haciendo un hueco en las cartas de los restaurantes y gastrobares. El vermú ya no sólo se sirve con las clásicas patatas fritas, encurtidos o berberechos, sino también con platos tan típicos como los calamares a la romana, pescados o incluso postres.

 

Vino y cosmética

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¡Dicen que algo tiene el vino cuando se le bendice! (en realidad es el agua, pero nosotros lo adaptamos) y así es. Aparte de los múltiples beneficios de su ingestión, siempre con moderación, las uvas se han empleado históricamente como cosméticos naturales, con la finalidad de lucir una piel más sana y saludable.

Los compuestos que contiene la piel de la uva, llamados polifenoles, además de ser responsables del color y la tanicidad de los vinos, también contienen sustancias que ayudan a prevenir el envejecimiento de las células. Un ejemplo es el famoso resveratrol, que ayuda a evitar la muerte de las células y se ha demostrado ser beneficioso para pacientes de algunos tipos de cáncer o para aquellos más propensos a padecerlo.

Estos nutrientes se encuentran principalmente en mayor cantidad en las uvas tintas, sobre todo en las variedades Tempranillo y Cabernet Sauvignon, pero las blancas también tienen compuestos fenólicos.

Aunque los compuestos que se encuentran en la piel de las uvas son lo más populares en cosmética, las grandes casas de belleza que elaboran productos con elementos naturales también utilizan el hollejo, las pepitas e, incluso otras partes de la planta como las hojas o los sarmientos para hacer tratamientos de vinoterapia y elaborar cremas, geles, mascarillas, jabones, etc…

Por ejemplo las pepitas de las uvas resultan un buen exfoliante, además son ricas en ácidos grasos. El hollejo por su parte, es capaz de retener gran cantidad de agua, por lo que su uso se destina sobre todo a tratamientos nutritivos e hidratantes.

Pero las uvas, además de ser potentes antioxidantes, también ayudan al tránsito intestinal, a lograr mayor elasticidad y firmeza de la piel, son una rica fuente de fósforo y potasio, difuminan arrugas, previenen las manchas solares en verano así como enfermedades cardiovasculares; según varios estudios publicados durante años en diversos países del mundo. En resumen, la uva, el mosto, el mosto fermentado y todo lo que procede del fruto, es beneficioso para salud interior y exterior; más razones para consumir vino siempre con moderación.

Mejor uvas ecológicas

Cuanto más sanas sean las uvas con las que se preparan los cosméticos y otros ‘ungüentos’ naturales, mejor será el resultado. El empleo de tratamientos de síntesis química en el viñedo y en la bodega restan capacidad de acción a los compuestos; los herbicidas y otros tratamientos reducen la calidad y presencia de nutrientes beneficiosos para la salud. Por ello, cuanto más natural sea un viñedo, mejores serán los cosméticos derivados del mismo.

Los tratamientos de vinoterapia son tan antiguos como la primera vendimia, aunque no tan sofisticados como los que se ofrecen hoy en día en Spa y centros de belleza (ni se conocían como tal).  En realidad, los inicios de la vinoterapia como tal hay que situarlos en Francia, en la región de Graves, muy cerca de Burdeos, de la mano de Matilde Cathiard y Bertrand Thomas; pero en seguida la técnica se expandió a otros países del mundo. En España su origen se sitúa en Haro, La Rioja.

El vino del futuro, ¿vendrá del espacio?

vino en cosmos

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Es muy posible que dentro de no muchos años podamos hablar con cierta naturalidad de que esta u otra cosecha de vino viene del espacio; incluso, que podamos servir a algunos de nuestros invitados un vino “espacial” traído expresamente de las estrellas para acompañar determinados platos, manjares o nuevos alimentos aun desconocidos, pero de momento, la idea de producir vino fuera del planeta Tierra se nos hace no solo demasiado sofisticada, sino inviable… o eso parece.

Sin embargo, ya hay quien se ha planteado seriamente la posibilidad de llevarlo a la práctica y tiene bastante claro que está dispuesto a competir en la Tierra con vinos traídos del “cielo”. Como no podía ser de otra manera, esta incipiente práctica solo puede venir de quien pudiera tener los recursos necesarios como para enviar una botella en una nave espacial al espacio exterior: China.

Produciendo vino en el espacio

Conocidos por su eficacia, tesón y disposición al trabajo, algunos habitantes de este país asiático se han tomado en serio la idea de fabricar buen vino, mucho más allá de sus fronteras, de las nuestras o de las de cualquier otro país vecino, por lejos que éste se encuentre. Y ya hace algunos meses de esto… En principio la intención es conseguir que el vino, que ya ha sido enviado al espacio, desarrolle los cambios necesarios para poder sobrevivir a los diferentes cambios climáticos por los que pasa el gigante asiático y que ha comenzado a afectar a su producción.

Si el cambio climático supone una amenaza para el planeta y con él, para los viñedos de todo el mundo, en China parecen haber encontrado la solución. Ante la escasa producción por la que pasan algunas de las regiones más pobres de aquel país, y con el fin de prevenir que el clima termine por dar al traste con una industria del vino que cuenta con un inmenso número de consumidores, el espacio es la alternativa.

Pero el espacio no solo se presenta como alternativa ante las inclemencias del tiempo. Si de momento el vino chino no supone una gran competencia para productores de renombre de otros países, el espacio podría terminar también, con esta situación y colocar al gigante asiático a la cabeza de las grandes marcas y convertirlo en el principal competidor de importantes productores europeos y americanos.
¿Será cierto como apuntan algunos expertos investigadores que la exposición a la atmósfera espacial puede alterar la genética de la vid? ¿Será cierto que el vino es beneficioso para los astronautas? Aunque seguramente el tiempo lo dirá, lo que sí nos ha dicho ya, es que lo que empezó en China como interés por el consumo de vino, ha terminado por convertirse en interés por producir uno de los principales tesoros terrestres: el vino.

Venta de vino: estrategia para una bodega Online

internet

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A veces tenemos un antojo, decidimos por fin, darnos un capricho… ¡Decidimos probar ese vino del que nos han hablado maravillas! Pero resulta que nuestro capricho está lejos o, por lo menos, no lo tenemos al alcance de la mano.

Ya no hay problema, existe Internet y podemos comprarlo online. Sin embargo, todos sabemos a estas alturas de la película, que Internet, para lo bueno y para lo malo, es inmenso, la ingente cantidad de información que pulula por la red puede llegar a estar tan escondida que encontrar exactamente lo que estamos buscando se convierte en un reto, a veces imposible. Todo depende de cómo se haya planteado, en este caso, la bodega o el comercio en cuestión, su política de ventas online, o lo que es lo mismo, su web y su presencia en el que es ya, un medio que nos obliga a estar presentes si esperamos que nos conozcan y si esperamos una cierta reputación.

Como cualquier otra empresa de cualquier otro sector, las firmas vinícolas deben hacerse presentes y para ello, necesitan seguir una serie de pautas, de claves que les ayuden a aumentar sus ventas. El consumidor de vino, como los demás, también se vuelve cómodo y espera encontrar en Internet y a golpe de tarjeta, un producto que se ajuste a sus expectativas. Espera encontrar ese capricho que por fin, ha decidido darse.

Para ello, cualquier empresa vinícola deberá no solo conseguir que su web sea el mejor escaparate, sino ofrecer a sus visitantes la posibilidad de adquirir sus productos a través del pago electrónico.

Comprar vino Online

¿Qué factores son determinantes para convencer al consumidor de que la compra online merece la pena? Para empezar, cualquier posibilidad de comunicación en tiempo real proporciona, por su rapidez, la información que el consumidor necesita para decidirse a comprar. La posibilidad de resolver dudas, de guiarle y aconsejarle en su elección de forma rápida y eficaz, es determinante. No olvidemos que los caprichos suelen ser rápidos. Tan pronto como vienen, se van. Si en ese corto período de tiempo durante el que el usuario aterriza y navega por nuestro comercio de vinos online, contamos con las herramientas tecnológicas y humanas  necesarias, la compra está hecha y el capricho, concedido.

Pero ser capaces de dar esta atención, no sirve de nada, si no nos encuentran. El consumidor de vino debe poder encontrar el vino que busca rápidamente y hacerlo en nuestra tienda, bodega, comercio. ¿Dónde solemos ir a buscar cualquier producto? No cabe duda: a un buscador, y, habitualmente, a Google. Tenemos entonces que ser capaces de aparecer en Google o lo que es lo mismo, nuestro web debe cumplir los requisitos que este gigante exige para que nos tenga en cuenta. A partir de aquí, y con estos deberes hechos,  podremos empezar a ‘escalar’ posiciones y ser encontrados. Hay que decir que como todo lo bueno, este trabajo es lento, muestra resultados a medio plazo y requiere de una gran meticulosidad y conocimiento. Es fundamental la paciencia. Como el buen vino, conseguir una buena posición en Google, lleva su tiempo.

Como en el comercio tradicional, Internet nos permite además, vender a través de distribuidores o estar presentes en portales ajenos; portales especializados que comercializan vinos de diferentes regiones, marcas y denominaciones de origen a través de los que seguir dando a conocer nuestros productos. Cuanta más presencia se tenga en Internet, mejor; cuántas más sean las vías por las que darnos a conocer, más confianza generaremos entre nuestros consumidores y  mayor visibilidad habremos conseguido.

Hecho esto, el siguiente paso consistirá en conseguir que nuestra marca de vino destaque entre el resto. Para ello, el lugar en el que aparezca nuestra marca, la información que se ofrezca sobre ella y una oferta variada y extensa de productos y formatos, ayudarán sin duda a conseguir que una bodega determinada o una marca de vinos concreta, destaque entre el resto.

Un trabajo de estas características pasa, sin duda, por contar con la colaboración de un experto que nos guíe, que nos aconseje y que nos informe. ¿Quién ha dicho que algo tan antiguo como el vino esté reñido con las últimas tecnologías? De momento, nadie.

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Familia Comenge, el mejor regalo para el Día del Padre

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En Bodegas Comenge hemos preparado un regalo muy especial para el Día del Padre, una botella en formato mágnum (1,5 L) de Familia Comenge a un precio especial.

Familia Comenge es el vino reserva de la bodega, 100% Tempranillo procedente del viñedo más viejo que está certificado como ecológico, 26 meses de crianza en barrica francesa.  

El objetivo de este vino es rescatar la tradición de las largas crianzas en roble que se elaboraban en la Ribera del Duero, por ello se escogió una uva de excepcional calidad, la del ‘Pago de los Ismas’, plantado en 1983 en Curiel de Duero. Una parcela de entre 830 y 860 metros de altitud, en ladera con una orografía sinuosa.

El suelo de la parcela es sobre todo arcillo-calcáreo, con algunos afloramientos arenosos,  que  favorece una muy buena maduración, da lugar a vinos con alta capa colorante y de buena estructura, con taninos muy finos. Un vino elegante, sedoso, profundo que se puede acompañar con todo tipo de gastronomía, por lo que es un regalo perfecto para cualquier padre en este día tan especial.

La elaboración de Familia Comenge se reserva a las añadas excelentes, para conseguir la máxima elegancia posible. La añada 2011 fue una de esas cosechas, la primera ocasión en la que se ha elaborado este vino.

El origen del Día del Padre

En el viejo continente el Día del Padre se festeja el 19 de marzo en honor a San José, pero en otros países del mundo se celebra el tercer domingo de junio y sin embargo en marzo se celebra el Día del Hombre.

La tradición quiere poner en valor la figura del padre de familia y la labor que éste desempeña en cuidar a sus hijos, en torno a una comida especial con un gran vino (bueno, esto último es cosecha propia), como Familia Comenge.

Además, el tratarse de un formato grande, de un litro y medio, y después de varios años en los que el vino ha estado criando en la botella, el vino se encuentra mucho más refinado y ensamblado. Ya hemos comentado en otras ocasiones en este blog que cuanto más grande sea el recipiente, mejor se conservará el vino.

Conservarlo, si puedes claro. Porque además el mágnum es un formato fantástico para disfrutar en comidas familiares. En Bodegas Comenge somos completamente ‘fans’ de las botellas grandes debido, precisamente, a la evolución del vino en las mismas y las notas diferenciadoras del mismo vino en una botella de 0,75 cl.

 

Escucha al vino, tiene mucho que decir

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Al que dijo eso de que ‘el vino alegra el ojo, limpia el diente y sana el vientre’ se le olvidó mencionar el sentido del oído. Cuando hablamos de vino, solemos relacionarlo casi exclusivamente, con el sentido del gusto y del olfato. Sin embargo, otro sentido, el del oído, tiene mucho que decir, bastante información que dar a quien quiere averiguar la calidad de la botella que tiene entre sus manos. No es casualidad empezar a hablar de la calidad de un vino determinado, haciendo referencia, en primer lugar, a la botella que lo contiene; y es que para olerlo o probarlo el primer paso consiste en descorcharla.

Podríamos decir que es precisamente en el descorche de la botella, donde empieza todo el desfile de sentidos, porque antes de poder ejercitar el sentido del gusto e incluso el del olfato, el oído se abre paso al son de la operación de descorche. Produce ésta una lenta disminución de la presión en el interior de la botella que la convierte en la responsable de ese pequeño ruido característico que tiene lugar cuando terminamos de extraer el corcho.

El sonido del corcho y la calidad del vino

La primera pista nos la da la existencia o no de un ruido que de no producirse suele deberse a una mala calidad del mismo, debida, muy posiblemente, a algún proceso de degeneración del vino.

Sirva de ejemplo, el hecho por casi todos conocido, de la botella de champán que al no hacer ruido alguno cuando la abrimos nos lleva a pensar inmediatamente, en su mala calidad. Abierta la botella, despertado ya el sentido del olfato y a falta aun de poner en práctica el del gusto, hay que tener en cuenta también, el sonido que produce el vino cuando cae en la copa. Se trata de un sonido diferente al de otras bebidas y cuya ausencia es, de nuevo, muestra de poca fluidez y, en definitiva, de poca calidad.

Ya sabemos que la vista engaña. Ahora también sabemos que el oído es capaz de afectar al sabor. Dicen expertos que han estudiado semejantes efectos, que los sonidos de alta frecuencia convierten un sabor dulce en más dulce todavía y que los de baja frecuencia surten el efecto contrario; hacen que un sabor dulce se vuelva más amargo. Y dicen también los expertos que el sonido afecta notablemente a la percepción de la comida. Si un ruido incómodo afecta a la dulzura y al disfrute de lo que ingerimos, está claro. Nada como un lugar con música ambiente que nos permita, primero, escuchar lo que tiene que decirnos la botella para que después, sea el sentido del gusto quien, animado por esa música ambiental, nos lo corrobore.

Ya tengo el vino, ¿cómo lo ordeno?

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Si no eres de esas personas ordenadas, si te cuesta tener cada cosa en su lugar o si eres el único que reconoce orden en su desorden, quizás los siguientes consejos te ayuden a cambiar. Algo tan sencillo como aprender a organizar y clasificar las botellas de vino que guardas en casa, que vas acumulando y por las que te has decidido a crear tu pequeña bodega, requiere sin embargo de orden, constancia y cierta
meticulosidad; todas ellas cualidades que no te costará desarrollar si tu desorganización es tan grande como tu pasión y gusto por el vino.

Como en casi todo, existen diferentes formas de poner tus botellas de vino en orden. Aunque tú mismo puedes crear tu propio criterio de clasificación, es casi seguro que alguno de los que te ofrecemos a continuación, te servirán para comenzar a organizar ese espacio que le vas a dedicar a tus vinos preferidos.

Criterios para ordenar el vino

Uno de los primeros criterios es aquel que tiene en cuenta la cantidad de azúcar, criterio relacionado con el proceso de fermentación de la uva y por el que nos vamos a encontrar con vinos de mayor o menor gradación; es decir, con más o menos alcohol. Así, según la cantidad de azúcar, nos encontramos con que de mayor a menor cantidad, los vinos pueden ser, por este orden: secos, abocados, semisecos, semidulces y dulces.

Pero si esta forma de clasificar el vino no te convence, puedes hacerlo también atendiendo a cómo han sido elaborados. Esta clasificación pasa por ordenarlos según sean vinos de mesa o vinos especiales y, a su vez, por separar los de uno y otro grupo de acuerdo a su dulzor y edad. Según la edad o tiempo empleado en el envejecimiento del vino, éstos pueden ser: jóvenes, crianza, reserva y gran reserva.

En realidad existen múltiples opciones susceptibles de ser combinadas entre sí. Todo depende de las ganas y del cuidado con los que quieras empezar a poner orden en ese espacio de tu casa y, por supuesto, del tamaño del mencionado espacio que acogerá la colección de botellas de vino que hayas ido acumulando o que estés dispuesto a acumular. Puedes, por ejemplo, separar los vinos españoles de los extranjeros o hacerlo según su denominación de origen o, simplemente, y para empezar poco a poco, por tipo de vino: tintos, blancos, rosados y espumosos.

En cualquier caso y hagas lo que hagas, hay dos reglas de oro que no debes pasar por alto. La primera: la temperatura. Evita el calor y el frío. Ambos excesos solo perjudicarán los vinos de tu bodega. La segunda: mantén las botellas  de vino tumbadas o boca abajo para que el corcho no se seque. Hecho todo esto solo te falta empezar a presumir de bodega.

Las manchas de vino, ¿cómo las quito?

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Dicen que si derramamos el vino en la mesa, hay que mojar un dedo en el vino y llevárselo a la frente para esquivar la mala suerte. Sin embargo, hay quien lejos de preocuparse por las supersticiones, se preocupa por las manchas y por el cuidado de su ropa de mesa. Aunque las manchas de vino son la pesadilla de muchos, hoy dedicamos este artículo a algunos truquillos que bien pueden servirnos para eliminarlas, sobre todo si son recientes y queremos hacerlas desaparecer en ese mismo instante.

No es difícil tener un salero a mano cuando de vino se trata, básicamente porque el momento en el que lo bebemos suele ser el de la comida o el del aperitivo. En casa o en un bar siempre hay un salero.  Derramado el vino, solo hay que echar un puñadito de sal sobre la mancha. El objetivo es que la mancha no se haga mayor y que la sal absorba el líquido. No conviene, sin embargo, dejarla mucho tiempo porque podría ser contraproducente.

Otro remedio que puede ayudar al de la sal descrito anteriormente, es el de echar después sobre la mancha una bebida carbonatada e incolora. Solo hay que dejar actuar las burbujas durante un breve espacio de tiempo.

Para el que tenga más tiempo y disponga de bicarbonato sódico, puede aplicar una mezcla de agua y bicarbonato sobre el vino derramado. Deberá dejarlo actuar durante unas cuantas horas antes de lavarlo de la forma habitual.
Pero las manchas de vino tinto, pueden también ser eliminadas con vino blanco siempre y cuando, lo hagamos inmediatamente después de haberlo derramado. Solo hay que empapar un trapo en vino blanco e ir aplicándolo a base de pequeños toques sobre la mancha de vino tinto.

¿Si se ha secado la mancha de vino?

Y, ¿qué pasa si la mancha de vino tinto se ha secado? Es cierto que las manchas secas  son mucho más difíciles de eliminar, pero no imposibles. De hecho, utilizar leche para eliminarlas suele funcionar. Para ello habrá que introducir la ropa manchada en leche caliente. La dejaremos en remojo hasta que podamos comprobar que la mancha va desapareciendo o perdiendo intensidad y posteriormente, proceder a su lavado habitual.

Y si esto no funciona, siempre podemos ponernos algo más agresivos. El amoniaco ha sido siempre el gran enemigo de la suciedad y en este caso también puede serlo del vino. Deberemos emplear una mezcla compuesta por cuatro partes de amoniaco, una de agua oxigenada y cinco de agua del grifo. Como en la receta anterior, introduciremos la ropa en la mezcla recién preparada durante algunas horas para después aclararla en agua abundante. El siguiente paso ya lo conocemos: la lavadora… y si la alfombra ha sido también otra de las afectadas, podremos aplicar nuestra última receta directamente sobre la mancha y aclarar con una esponja empapada en agua abundante.