Bodegas y viñedos sostenibles

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En numerosas ocasiones hemos tratado en este blog algunos aspectos sobre viticultura que no sólo sirven para elaborar vinos fieles a la personalidad de un territorio, con un total respeto por el medio ambiente, sino que también suponen una forma de mantener y apostar la sostenibilidad ambiental.

Prácticas que conllevan años de investigación, de observación del medio que nos rodea, de saber cómo funciona el ecosistema de los viñedos de Bodegas Comenge, con el fin de trasladar el paisaje a una copa de vino. Pero trasladarlo en armonía con el entorno, aprendiendo e incentivando los procesos naturales con el fin de cuidar y respetar el patrimonio vivo.

Viticultura respetuosa

Todos esas prácticas culturales y procesos no tendrían sentido si en la bodega, durante la elaboración del vino, no se siguiese la misma filosofía. Muchos son los que se suben al carro de la sosteniblidad, en muchos casos con la construcción de grandes bodegas o edificios que aúnan las últimas tecnologías.

Sin embargo, la sostenibilidad no sólo se refiere a la instalación de elementos como placas solares, el concepto va mucho más allá. Como ya hemos descrito con anterioridad, la reducción de uso de tratamientos de síntesis química o el empleo de abonos naturales son otras prácticas importantes.

Una de las zonas pioneras en investigación en este campo en España es la Denominación de Origen Priorat, que junto a la D.O. Montsant, han trazado un proyecto denominado LIFE PRIORAT+MONTSANT que comenzó en 2016 y finalizará en 2020. Con una inversión de 1,53 millones de euros suman esfuerzos para invertir en la investigación de métodos que puedan reducir la llamada ‘huella ambiental del producto’.

La iniciativa incluye desde establecer una serie de líneas a seguir para la obtención sostenible de la materia prima (la uva), hasta reducir el impacto de procesos de elaboración en bodega (desde la reducción del consumo energético, hasta el reciclado de los materiales), pasando por el uso de materia seca (botellas, etiquetas, cajas) que reduzca la huella de carbono, para terminar con el impulso del enoturismo ecológico.

Eficiencia energética en la elaboración de vino

En Europa también existió un proyecto similar, que concluyó en 2014, denominado EcoWinery, a través del cual se organizaron una serie de simposios y jornadas de sensibilización sobre distintos aspectos atribuidos a la producción sostenible de vino.

Le eficiencia en el uso de los recursos, como el agua o la energía; la importancia de apostar por el empleo de energías renovables; el ecodiseño o cómo esbozar arquitectónicamente una bodega y su entorno, etc… Son algunos de los asuntos que se trataron. Los resultados de dicho proyecto aún pueden ser consultados por profesionales del sector en la web habilitada para ello.

Es evidente que todo ello debe ir acompasado por una viabilidad económica, ya que la maquinaria más eficiente energéticamente suele tener un mayor coste. Sin embargo, la vid tarda años en desarrollarse y el viticultor tarda muchos más en aprender de ella. El cultivo de la vid y la elaboración de vino es un estilo de vida, un proyecto a largo plazo, una joya de la que disfrutarán generaciones venideras. Pero, ¿cómo van a disfrutarlo si se destruyen los recursos naturales?

Infusiones de plantas para la vid

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Los remedios elaborados con plantas naturales se emplean desde las civilizaciones más antiguas. Los distintos preparados eran usados tanto para aliviar molestias internas, como daños externos, y aún forman parte fundamental de la cultura de muchos pueblos.

La cultura biodinámica, también apuesta por la utilización de preparados de plantas y otros compuestos naturales para fortalecer los cultivos y prevenir plagas, carencias o enfermedades, que además son aplicados en distintos momentos según las fases lunares y el calendario que en su día diseñó María Thun y del cual ya os hemos hablado en un post anterior.

Los tratamientos naturales no son milagrosos (los sistémicos tampoco) y deben ser preparados y utilizados con anterioridad a que una plaga haya atacado ya el viñedo; cuando una enfermedad está muy extendida, es muy complicado erradicarla sin usar productos de síntesis química.

Es aquí donde entran en juego la capacidad de observación y el conocimiento del medio por parte del viticultor. Si no sabe adelantarse, si no prevé, está perdido.

Existen numerosos mecanismos o prácticas que ayudan precisamente a detectar ciertas plagas. ¿A quién no le ha llamado la atención los rosales plantados junto a un viñedo? La razón de que estén ahí no es decorativa o, mejor dicho, no se es sólo decorativa, sino que sirven para detectar el ataque de los hongos, por presentar una mayor sensibilidad a éstos; o la presencia de insectos que puedan constituir una futura plaga, ya que normalmente comienzan su desarrollo en las plantas que mejor huelen y presentan un color más llamativo.

Remedio contra el oídio

Esta enfermedad es endémica en la Denominación de Origen Ribera del Duero, aparece con frecuencia en la mayoría de las zonas vinícolas de Castilla y León y, en general, en casi toda España. Una forma de prevenir el oídio es tratar con suero de leche mezclado con agua. El suero de leche contiene un compuesto, llamado caseína, que es útil para evitar la enfermedad.

Además, en muchas áreas, como es el caso de nuestra región, hay una población importante de ganado ovino y, por consiguiente, quesos. Las queserías desechan el suero de leche, así que esta manera además ayudaremos a nuestros vecinos.

Cómo combatir el mildiu

¿Sabías que la manzanilla no es sólo buena para el ser humano sino también para la vid? Una infusión de esta planta ayuda a protegerla contra el mildiu, otra enfermedad bastante extendida.

¿Para qué sirve la cola de caballo?

Debido a su alto contenido en sílice, también es un eficaz fungicida que evita la aparición de hongos y, por lo tanto, es adecuado para ‘mantener a raya’ al oídio, al mildiu e, incluso, a la botrytis. En la primera fase de aparición de las enfermedades descritas anteriormente, la cola de caballo también actúa como curativo, aunque es más recomendable adelantarse a las circunstancias.

Infusión de ortigas

Esta planta que tanto nos molesta cuando roza nuestra piel, que produce rojez y picor, es una inyección de energía para la vid. Refuerza el vigor de las plantas, para que crezcan fuertes y sanas, y normalmente se emplea entre la brotación y la floración. También ayuda a prevenir hongos y plagas.

En definitiva, aunque los tratamientos naturales en el viñedo requieren más trabajo y mano de obra, resultan también eficaces para la prevención de plagas. Se trata de fijarse en cómo se trabaja antes en el campo y aplicarlo a nuestros días, donde además contamos con una ventaja fundamental: la investigación y el conocimiento.

Tecnología precisa, vino competitivo

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Hoy en día es casi imposible pensar en algún sector de actividad, en alguna profesión o en algún producto en los que no intervenga la tecnología. Nos cuesta imaginarnos la vida que llevamos sin alguna de las facilidades que nos ‘regala’ tan a menudo, cualquiera de las herramientas tecnológicas presentes en nuestra vida.

Sin importar a qué nos dediquemos, la tecnología está presente en cada uno de los pasos que damos. Al sector vinícola le pasa exactamente lo mismo; al sector vinícola y a cualquiera de los profesionales que intervengan en su proceso de producción, desde el principio y hasta el final de dicho proceso.

Uno de los últimos conceptos al que empezamos a acostumbrarnos es el de viticultura de precisión, algo que a grandes rasgos,  es fácilmente entendido pero que, sin embargo, encierra una complejidad que termina traduciéndose en recursos tecnológicos específicos pensados para optimizar el proceso de producción mediante una reducción de costes siempre con el objetivo de mejorar la calidad del producto y de hacer de él algo único.

No es de extrañar que una industria como la del vino, que no sólo ha de luchar contra el cambio climático, sino contra una creciente competencia, no escatime en investigar todo lo necesario para mejorar las condiciones de sus cosechas y la calidad de sus vinos.

Viticultura de precisión

La tecnología se pone a disposición de toda una industria para responder, mediante la denominada viticultura de precisión, a un reto que consiste en adaptar las técnicas de producción a las necesidades planteadas por cada viñedo.  Estamos hablando de un sistema de producción individualizado, organizado, basado en la eficacia; una eficacia que solamente será real si el resultado final es una uva de calidad conseguida con el menor impacto medioambiental y a un coste reducido.

¿Cómo es posible combinar cada uno de estos factores? Los últimos avances tecnológicos tienen la respuesta. Diferentes aplicaciones para teléfonos inteligentes con los que controlar la cosecha de forma remota, drones y GPS, comparten espacio con las técnicas más tradicionales. La posibilidad de conocer el grado de fertilidad de la tierra, su capacidad de rendimiento y las necesidades potenciales que la tierra puede presentar, es ya una realidad destinada a ahorrar tiempo y con él, a destinar los recursos económicos de los que se dispone donde realmente sean necesarios.

Dicho esto, poder ejecutar un plan de estas características, pasa por el compromiso de todos los agentes implicados en la industria del vino. La cooperación de bodegas, Consejos Reguladores y diferentes organizaciones del sector vinícola es fundamental para poder conseguir los resultados deseados; esos resultados que se traduzcan, tal y como se ha comentado con anterioridad, en un vino competitivo y especial; un vino que sea único en cada viñedo. La viticultura de precisión se apoya en la tecnología, depende de ella, pero tan indispensable es disponer de los recursos necesarios para poder investigar en este terreno, como la viabilidad de un trabajo en equipo de todos y cada uno de los agentes inmersos en este sector.

Nuevas de zonas de producción de vino y el cambio climático

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El cambio climático es una realidad. Y numerosos expertos afirman que el cultivo de la vid es uno de los sectores más significativos que demuestran que las cosas están cambiando.

Seguro que muchos de vosotros habéis escuchado alguna vez “ya no hace el frío que hacía antes” y sin duda una frase recurrente en los informativos de los medios de comunicación es que “es el verano más caluroso de las últimas décadas” o “es el invierno más seco de los últimos no sé cuántos años”.

Aunque es cierto que la climatología es cíclica, no hay que perder de vista que la temperatura del Planeta ha subido en los últimos años y que el hielo glaciar ya es menos hielo.

¿Dónde se podrá plantar viña?

Además de las consecuencias atmosféricas y medioambientales, el calentamiento global también está provocando que haya vida donde antes era impensable, que el calor en el trópico sea más sofocante que nunca y que muchos cultivos (no sólo el viñedo) se desarrollen perfectamente donde antes era una locura.

La subida de la temperatura terrestre está provocando el desarrollo de nuevas zonas de producción de vino, la mejora de otras existentes y algunos problemas en áreas tradicionalmente de calidad.

Un ejemplo muy claro en España es lo que está sucediendo en algunas zonas vitícolas de Galicia. Históricamente los vinos gallegos no gozaban de gran fama debido a la dificultad de alcanzar una buena maduración de las uvas, lo que no favorecía largos envejecimientos. Era muy habitual conseguir vinos de apenas 12 grados, que tenían dificultades para sobrellevar el paso del tiempo.

Pero, ¿quién duda ahora de la calidad de los vinos gallegos? El cambio climático les está “favoreciendo”, en cierto modo. Hay que tener en cuenta que, además del clima, la orografía, el suelo, el microclima de cada parcela, el viento y las prácticas culturales en viticultura son también, evidentemente, fundamentales para la calidad final de la vendimia.

Esta tendencia hacia un menor régimen de lluvias y sobre todo al alza térmica también ayudará a la maduración de los racimos en zonas vinícolas europeas mundialmente afamadas, como Francia o Alemania. Incluso en algunas zonas de Inglaterra, donde hace unos años era de locos pensar en poner viñedo, ya se han comenzado a plantar las primeras vides.

Por no hablar de zonas a más de mil metros de altitud donde hace unos años las heladas y el frío causaban grandes dolores de cabeza a los viticultores, que poco a poco no sólo se han ido mitigando, sino que cada vez suscitan mayor interés a la hora de buscar nuevos terrenos para plantar viñedos.

Saltando el charco, el sur de Chile, cerca del río Puelo, una zona históricamente muy lluviosa, ya se han comenzado a comercializar los primeros vinos. Otra señal de que las zonas de producción se están desplazando a nuevos suelos.

Investigación para evitar alta graduación

¿Qué pasará en España? El futuro es incierto. Pero todo apunta en zonas tradicionales a sufrir excesos de maduración y problemas con la acidez y el pH en los vinos. El adelantarse a los acontecimientos, dentro de lo posible, es primordial para adaptarse este cambio. Algunas zonas, por ejemplo, están comenzando a apostar por nuevas variedades de maduraciones más tardías y con menos potencial tánico, con objeto de restar estructura y potencia en los vinos.

En el caso de Bodegas Comenge, ya hemos comenzado nuestra propia línea de investigación con el objetivo de aislar levaduras de nuestro propio viñedo capaces de trasformar parte de los azúcares de la uva en ácido láctico, evitando el exceso de alcohol en el vino y mejorando su capacidad de envejecimiento. Una técnica completamente natural, basada en el la investigación y el conocimiento, que nos ayudará a seguir ofreciendo la máxima calidad.

 

 

 

¿Vino orgánico, vino biológico, vino ecológico o vino biodinámico?

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Desde que estamos familiarizados con el consumo de productos naturales en cuyos procesos de producción y elaboración se evita el uso de cualquier elemento artificial y se introduce el componente del respeto al medioambiente, así como a los ciclos de la naturaleza, no hacemos más que escuchar y leer términos similares en su significante pero diferentes en su significado.

El mundo del vino no solo admite, sino que adopta y aplica la grandísima mayoría de estos vocablos tras los cuales hay técnica, conocimiento e incluso, filosofía de vida. Así, salvo que nos paremos a pensar o nos preguntemos de dónde vienen y el por qué de muchas de estas palabras, el primer impulso nos lleva a pensar que un vino orgánico es lo mismo que un vino ecológico, que otro biodinámico u otro biológico.

A los no expertos en la materia, pero que gustamos del buen vino, todo nos habla de procesos naturales, evitando el empleo de aditivos en la elaboración del mismo, a pesar de que no conozcamos la diferencia entre unos y otros. Sirva este breve artículo para aclarar en algo los mencionados conceptos y para que nos ayude a hablar con algo más de propiedad cuando se trata de vino y de todo aquello que rodea a su proceso elaboración. Empezaremos por lo fácil.

Vino orgánico, biológico y ecológico

Orgánico,  biológico y  ecológico hacen referencia a lo mismo; son sinónimos y por lo tanto, hablar de un vino en cuya etiqueta aparezca el término ‘ecológico’ será equiparable a hacerlo de otro que lleve el término biológico. Ambos términos están respaldados por la Unión Europea.

En cuanto al concepto ‘orgánico’, éste se refiere a la forma de cultivo y no tanto al producto final al que dé lugar dicho cultivo, si bien, un vino orgánico es aquel que, como los dos mencionados anteriormente, es el resultado de un cultivo tradicional, en el que no se emplean abonos minerales o productos fitosanitarios de síntesis.

Habrá entonces que preguntarse a qué nos referimos exactamente por ‘cultivo tradicional’, pues desde hace décadas los métodos productivos empleados en agricultura han cambiado notablemente. Se entiende como cultivo tradicional aquel que no es intensivo, que no busca maximizar los rendimientos de cosecha y que por lo tanto, no utiliza productos químicos de síntesis en el cuidado y nutrición de sus plantas y, en nuestro caso, en el cuidado de la vid. El cultivo tradicional huye de pesticidas, pero aprovecha los últimos avances tecnológicos y los conocimientos obtenidos a partir de investigaciones muy específicas para la protección del cultivo.

El éxito en el cuidado de las plantas se basa en un primer lugar en un aprovechamiento racional y equilibrado de los recursos naturales puestos a su disposición, con el fin de lograr el mejor equilibrio vegetativo posible de cada cepa. Una vez conseguido este primer objetivo, la protección sanitaria del viñedo resulta mucho más fácil y eficaz, logrando minimizar el número de tratamientos y permitiendo el empleo de fungicidas de contacto de origen natural como método de protección contra los hongos.

El vino biodinámico

Pasamos ahora al vino biodinámico, un vino que se enmarca dentro de los vinos ecológicos puesto que ha sido elaborado también de forma tradicional, pero cuyo proceso presume de ser más complejo que los anteriores. La complejidad la determina, en este caso, la filosofía de vida que caracteriza a quienes practican la biodinámica. Esta práctica combina la ciencia y sus avances, pero respeta siempre un principio sostenible que permita el equilibrio entre tierra y espacio para que ambos puedan estar conectados y para que todo aquello que viene de la tierra pueda volver después a ella.

El viticultor que practica esta disciplina emplea caldos a base de plantas y minerales como aditivos, tanto para la  preparación del compost como  para la protección del cultivo. Sus intervenciones en el viñedo, desde el momento idóneo para la poda hasta el del día de cosecha, se basa en un calendario lunar, que determina para cada día del año la posición de la Luna y de otros planetas con respecto a la Tierra. Dado que el influjo de la Luna actúa principalmente sobre el agua, se entiende que ésta por tanto también ejerce su influencia sobre los seres vivos, quienes están compuestos por un elevado porcentaje de ésta. Fácil de explicar pero no tanto de practicar.

La disciplina, el respeto a la tierra, la actitud y la predisposición a aprovechar todos los recursos naturales sin contaminarlos con otros industriales, termina convirtiéndose en una filosofía de vida cuyo resultado quedaría muy bien definido  con aquello de ‘menos es más’.

En palabras de Michel Gros, autor de dicho Calendario Lunar, “estamos ligados a nuestro entorno y el hecho de cultivar la tierra para sacar provecho de sus beneficios conlleva la responsabilidad de cuidarla. Dado que esta misma tierra es la que alimentará a las generaciones futuras si realmente deseamos lo mejor para nuestros hijos, tenemos que ser conscientes de que su porvenir se construye con las decisiones que tomamos en el presente.” Michel Gros

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El vino, Kioto, el planeta Tierra y el cambio climático

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Inevitable pensar continuamente en el cambio climático, en el futuro del planeta y en qué será de sus habitantes, sean de la especie que sean. Inevitable plantearse todo esto cuando estamos pasando por un verano de locos en el que las noticias no se cansan de informarnos de desastres naturales y con ellos, de las consecuencias para muchas de las especies afectadas, entre ellas, la vid y con la vid, como no podía ser de otra manera, el vino.

¿Qué pasará con él? ¿Qué pasará con los viñedos, la industria del vino y todas sus asociadas? ¿No han conseguido las diferentes medidas y consensos internacionales frenar en algo este cambio climático que se hace cada día más evidente? Parece que no. Es más, aunque mucho se habló a finales de los años 90 de El protocolo de Kioto, acuerdo internacional que no entró en vigor hasta el año 2005 y que nació con el objetivo de reducir la emisión de una serie de gases contaminantes causantes del efecto invernadero, ha ido pasando el tiempo y no ha sido hasta ahora cuando se ha vuelto a hablar de su importancia como consecuencia de la llegada al poder de Donald Trump y con él, del inminente abandono de este país del citado acuerdo internacional.

Compromiso para luchar contra el cambio climático

En cualquier caso, el resto de los países parecen mantener el firme compromiso que adquirieron hace años y si hay algo de lo que no cabe duda, es de que el cambio climático se mantiene como la principal amenaza para la conservación del planeta y por supuesto para la viticultura. La vid es una de las especies de plantas más sensibles a los cambios de temperatura. Venimos comprobándolo desde hace años. En nuestro país las fechas de la vendimia se desplazan en el calendario como consecuencia del aumento de la temperatura, lo que ha obligado a los viticultores a modificar el cultivo de los viñedos para poder retrasar la maduración de una uva que después, dará lugar al vino que consumimos y que exportamos.

Pero las consecuencias del calentamiento global apuntan alto. No han terminado. Son ya muchos los expertos que han dado la voz de alarma y que han avisado de las terribles consecuencias que el más que posible aumento de cuatro grados de las temperaturas pueden suponer para viñedos e industria vinícola en general. Este problema debería ser combatido por todos aunque algunos se empeñen en ignorarlo y, aunque las medidas se nos hacen siempre insuficientes, el hecho de que España se haya comprometido a reducir sus emisiones en un 10% con respecto a las emitidas en 2005, podría ser  síntoma de que está dispuesta a cuidar del planeta Tierra; de un planeta que todavía es capaz de proporcionarle uno de los mejores vinos del mundo.

De momento, los agentes más realistas de la industria del vino, hablan ya de la necesidad de cambios y de adaptación. La temperatura obligará a los viñedos a desplazarse más hacia el Norte, hacia temperaturas más frescas y con este desplazamiento, muy pronto oiremos hablar también de cambios en las denominaciones de origen del vino. Se avecinan cambios, muchos de ellos ya han llegado, pero ¿seremos capaces de conservar lo que nos queda y no de arrasar con el planeta, el vino, el Protocolo de Kioto, las especies animales y vegetales, antes de que sea demasiado tarde?

¿Qué es la permacultura?

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Se trata de un término que se comenzó a usar a finales de los años 70 por los australianos Bill Mollison y David Holmgren, que lo definieron como “el diseño consciente y mantenimiento de ecosistemas agrícolas productivos, los cuales tienen la diversidad, estabilidad y resistencia de los ecosistemas naturales. Es la integración armónica del paisaje y la gente produciendo comida, energía, cobijo y otras necesidades y no materiales de una manera sostenible”.

Habitualmente la permacultura se atribuye a las técnicas de la agricultura ecológica, pero en realidad es mucho más que eso. La palabra relaciona de forma generalizada con la ‘Agricultura Permanente’ aunque en realidad es más correcto hablar de ‘Cultura Permanente’, ya que también hace referencia a los sistemas políticos, económicos y sociales basados en el ecosistema natural.

La bioingeniería, la sostenibilidad medioambiental, la gestión de los recursos o la arquitectura sostenible y su integración dentro de una comunidad a través de un sistema económico y político son algunos de los aspectos que forman parte de la permacultura.

La Naturaleza, fuente de sabiduría

No se trata, por lo tanto, una vuelta a la cultura ‘hippy’ de los años 60 y 70, sino más bien una ‘contra-cultura’ alejada del materialismo. Una filosofía que se basa en la observación de cómo funcionan los ecosistemas y la adaptación de los procesos naturales a un modelo social.

Un modelo de futuro, que busca la armonía y consonancia con la naturaleza, el aprovechamiento de los recursos naturales pero sin agotar los recursos, con el fin de lograr una sociedad sostenible y colaborativa.

Holmgren, uno de los padres de la permacultura, definió un decálogo, unas líneas a seguir para instalar esta filosofía en vida cotidiana:

  1. Observar la naturaleza y relacionarse con ella.
  2. Aprovechar los recursos naturales, son una inagotable fuente de energía que favorece la no degradación del medio.
  3. Garantizar la supervivencia de la comunidad sin perder de vista a las generaciones futuras.
  4. Autorregularse.
  5. Usar los recursos renovables.
  6. No producir residuos.
  7. Detectar patrones en la naturaleza y aplicarlos a los detalles de la vida cotidiana.
  8. Ayudarse los unos a los otros mediante la creación de sinergias, al igual que ocurre en la naturaleza.
  9. Buscar soluciones pausadas pero de más calado.
  10. Valorar la diversidad, no todos somos iguales.
  11. Tener en cuenta los contrastes, es donde se encuentra la mayor riqueza.
  12. Adaptarse al cambio.

¿Es la permacultura una utopía? Desde luego no es sencillo integrar esa filosofía y modo de vivir en la sociedad actual, pero sí se pueden implementar ciertas conductas con el fin de estar en armonía con la naturaleza y aprender de ella.

Viticultura sostenible

En el caso de Bodegas Comenge, nuestras prácticas agrícolas van a favor del mantenimiento de la diversidad en nuestros viñedos, evitando el uso de pesticidas en el cuidado de los mismos, trabajando exclusivamente bajo los principios de la agricultura ecológica.

Al tiempo, hemos tomado prestadas una de las herramientas más valiosas que nuestro viñedo pone a nuestra disposición: las levaduras. Los diferentes trabajos de investigación realizados en estos últimos 15 años, en colaboración con la Escuela de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid, nos ha permitido conocer en profundidad este pequeño mundo que habita en nuestros viñedos, aprovechando sus cualidades en la fermentación de nuestros vinos.

Existe, en la actualidad, una Academia de Permacultura Integral que ofrece cursos para promocionar esta forma de vida. La primera de las escuelas se fundó en el Reino Unido, pero hoy en día existe una red de eco-escuelas y eco-aldeas distribuidas en Europa.

En España está disponible una Red Ibérica de Permacultura que se extiende por prácticamente todas las comunidades autónomas.

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¿Uva de vino, uva de mesa o uva pasa?

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Las uvas. Sin ellas, no habría vino. Sin ellas no habría postre. Las uvas de mesa, las uvas empleadas en la elaboración del vino, ¿son las mismas? La respuesta es no. Son uvas de características diferentes por su tamaño, por su forma y por cómo se cultivan. Definitivamente, las uvas que comemos, no son las mismas que ¨bebemos¨.

Diferencia entre uvas

Mientras las uvas de mesa, esas que tomamos de postre a menudo y con las que terminamos el año, se cultivan en climas más cálidos y gustan del sol aunque se protegen de él con sus grandes hojas de parra, para las uvas empleadas en la elaboración del vino, el clima es más importante aún y, con él, determinadas exigencias. La luz menos intensa, el viento, las heladas y la capacidad para resistir la falta de humedad, son algunos de los factores que las convierten en aptas para producir vino.

Mientras de las uvas de mesa nos llama la atención su tamaño y su color, nos gustan dulces y a ser posible sin pepitas, las uvas de vino destacan por tener un tamaño menor y por el hollejo, y la pulpa, elementos responsables del color y del aroma del vino.

Aunque España es uno de los países con mayor superficie dedicada al cultivo de la uva del vino, tampoco podemos quejarnos de nuestra oferta en lo que a uva de mesa se refiere, porque entre otras razones, contamos con la variedad malagueña de Moscatel  o la alicantina denominada Aledo, dos tipos de uva bien conocidos por los españoles que es fácil encontrar en nuestros platos de postre.

Pero aun hay otro tipo de uva cuya producción está liderada por Turquía, la uva pasa. Esta uva seca, dulce y de pequeño tamaño que para conseguir su deshidratación debe secarse al aire,  cuenta también don diferentes variedades: la de moscatel, la sultana o blanca y las de Corinto. Se trata, en cualquier caso, de variedades de uvas no aptas para la elaboración del vino que son fundamentalmente dulces.

Y si una copita de vino al día es una costumbre saludable, también lo es el consumo de uvas pasas por su contenido en fibra  y su propiedad para eliminar toxinas del cuerpo. Diuréticas, depurativas, beneficiosas para la salud cardiovascular. Estas son solo algunas bondades de la uva, de cualquiera de ellas, sean o no cultivadas para terminar tanto en una copa de vino como en un plato de postre.

La importancia de los ríos en el vino

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En este blog hemos abordado factores climáticos, edáficos o geográficos que afectan al cultivo de la vid y la posterior calidad de los vinos; desde la importancia de los tipos de suelos, la altitud en la que están plantadas las viñas o la pluviometría de las diversas zonas vinícolas.

Existe una pieza, un factor fundamental en cuanto a geografía se refiere, que tiene mucho que ver con las grandes zonas vitícolas del mundo. Si pensamos en Castilla y León – por ejemplo Ribera del Duero, Rueda, Arlanza, Arribes o Toro-,  en Jerez, en el Priorato, en Ribeiro, Ribeira Sacra, Oporto, en las distintas zonas de elaboración francesas, en Alemania o en California, todas tienen un elemento en común: los ríos.

Las grandes zonas vitícolas mundiales se encuentran cerca de los ríos. En la D.O Ribera del Duero, Rueda, Arlanza, Arribes y Toro, el río Duero; al igual que en Oporto; en la D.O. Jerez, el río Guadalquivir; en Ribeiro, el Miño; en Ribeira Sacra, el Sil; en Priorato, el río Ebro y sus afluentes; en Francia, el Loira, el Ródano o el Garona; en Alemania, el Rin y el Mosela; y en California el famoso río Napa.

Los ríos crean una orografía especial, creando valles de mayor o menor dimensión y profundidad pero que, en todo caso, favorecen distintos climas según la orientación o altitud de las zonas en las que están plantadas las cepas.

¿Quién duda de la importancia de los ríos cuándo se habla de suelos? En la zona centro de Castilla y León, donde se asienta Bodegas Comenge, no es difícil adivinar la cercanía de un viñedo a un río. Los suelos arenosos se suelen encontrar más cerca de los ríos, así como en zonas de pinar; mientras que los suelos de cantos rodados suelen estar más alejados. Pero el río está ahí, sigiloso.

Sin embargo, a pesar de que los ríos son fundamentales en la construcción del paisaje vitícola, las mejores vides no están plantadas en sus orillas, ya que se trata de un cultivo que se desarrolla favorablemente en suelos pobres, con pocos nutrientes.

Entonces, ¿de qué manera afectan los ríos el cultivo de la vid? Normalmente, junto a los ríos, existen zonas de pendiente, laderas con más o menos inclinación que facilitan el drenaje de los suelos, es decir, evitan su encharcamiento.

Junto a los ríos la atmósfera es siempre más húmeda, por no hablar de la aparición de nieblas en su cuenca, que evitan el daño por heladas extremas.

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Nuestros viñedos, una ubicación privilegiada

En Bodegas Comenge nuestros viñedos se encuentran en una situación privilegiada, en la cuenca del río Duero, en laderas de suaves pendientes ubicadas en Curiel de Duero y Pesquera de Duero a una altitud de entre 780 y 880 metros.

Una de las parcelas más interesantes y donde el río tiene una especial influencia es el Pago de la Nava, donde está plantada la variedad Cabernet Sauvignon. El abrigo del río Duero crea un microclima especial, un abrigo natural que favorece que la maduración de esta uva y evita que se hiele.

“Año de nieves, año de bienes”

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En 2016 por fin hemos tenido invierno, después de un 2015 en el que costó que las temperaturas bajaran de cero en la Denominación de Origen Ribera del Duero. Dicen que “año de nieves, año de bienes” pero, ¿cómo afecta el frío al viñedo?

Las bajas temperaturas, las heladas y la nieve caída durante la estación invernal son muy importantes para el suelo y para el posterior desarrollo del ciclo vegetativo de la vid. 

Durante los meses de diciembre, enero y febrero la vid se encuentra en periodo de reposo vegetativo, las cepas permanecen ‘dormidas’. La savia deja de fluir y reposa, la cepa se repone de un periodo de mucho estrés como es la vendimia. Es en ese preciso momento, cuando la cepa está en su hibernación más profunda, es cuando los viticultores realizan la poda de invierno.

La nieve

Las precipitaciones en forma de nieve caídas durante el invierno favorecen la asimilación de agua por parte del suelo. Además, una asimilación lenta que ayudará a que el suelo adquiera reservas hídricas para el posterior buen desarrollo del ciclo vegetativo.

Además la nieve ayuda a desinfectar la madera de la cepa, es decir, las bacterias y hongos mueren con el frío. Actúa como una especie de ‘insecticida, al igual que las heladas.

Las heladas en invierno

Ya hemos hablado en otras ocasiones en este blog del problema de las heladas en primavera, sin embargo, en invierno las heladas no representan un problema a menos que la temperatura baje de los quince grados bajo cero (algo menos si las viñas son jóvenes, ya que presentan menor resistencia).

Las heladas son beneficiosas, como ya hemos comentado, para matar los insectos y hongos que puedan habitar la planta. Si bien es cierto, cuando el viñedo está helado es preciso no podar, ya que lo cortes no son totalmente limpios y la madera podría resquebrajarse.

Con respecto al suelo, las heladas también ayudan precisamente a erradicar los hongos y bacterias. Cuando un terrero se prepara para el cultivo y la tierra se remueve es positivo una buena helada porque actúa como antiséptico. El efecto del hielo sobre la estructura es muy beneficioso, ayudando a romper los terrones formados por el paso del tractor y favoreciendo la oxigenación del suelo.

Existen distintos tipos de heladas según su formación atmosférica: Por convección, debido a una masa de aire frío; por irradiación, provocado por el intercambio del calor de la superficie vegetal y terrestre; la escarcha o la llamada ‘helada negra’, más usual en primavera y quema la superficie foliar.

La lluvia

Podría decirse que las precipitaciones y el viñedo tienen una relación de amor-odio. Dependiendo de cuándo caiga el agua, puede ser muy beneficioso para el desarrollo del a vid o un verdadero desastre. Ya se sabe, “nunca llueve a gusto de todos”.

Pero el invierno es uno de esos momentos del año a los que el agua le queda estupendamente por la misma razón que la nieve, favorece el aprovechamiento de los recursos hídricos por parte del suelo. Si contamos con un suelo bien conservado -una tierra bien drenada- las reservas hídricas acumuladas durante el invierno ayudarán al fortalecimiento de la planta, que “cogerá fuerzas” para el nuevo ciclo vegetativo. Contar con una reserva de agua suficiente garantiza una brotación y un crecimiento homogéneo del viñedo, uno de los aspectos que influirán en la calidad de la uva.

Como veis, el frío en su momento oportuno es un buen aliado en el viñedo; no así para los abnegados trabajadores del campo que realizan la poda durante los meses más gélidos del año.