La compra de vino y los millennials, la historia de una lenta relación

Si hay un término que aparece constantemente en los medios de comunicación de todo tipo y que cualquier empresa debe tener presente es el de millennial. Estamos hablando de la generación que se hizo adulta recién estrenado el siglo XXI y que nació y creció no solo en un momento de bonanza económica y fuerte desarrollo tecnológico, sino que vino para cambiar y establecer nuevos hábitos de consumo y nuevos comportamientos y valores. La industria del vino es una de esas industrias que, como muchas otras, ha tenido que adaptarse a estos consumidores modernos; una industria que a pesar de introducir las nuevas tecnologías en sus diferentes procesos de producción y de aprovechar las innumerables ventajas que les caracterizan, no deja de estar entre las más ‘tradicionales’.

¿Cómo se acerca la industria del vino a nuestros millennials? ¿Está reñida la tradición con la forma de relacionarse que tienen los jóvenes de la mencionada generación? ¿Qué tipo de transformaciones deberán hacer las empresas del sector del vino para llegar hasta esta nueva generación de consumidores que han hecho de la compra Online, la tecnología y las redes sociales su forma de vida?

Puesto que estamos hablando de una generación que vive prácticamente pegada a una pantalla de un dispositivo que le acompaña a todas partes, parece evidente que la publicidad más clásica no está hecha para estos jóvenes. Bodegas y empresas del sector del vino deberán adaptar tanto el contenido de los mensajes como sus formatos para poder llegar hasta este público y despertar su curiosidad por comprar vino Online. No cabe duda de que el futuro de muchas compañías pasa por hacer un esfuerzo de adaptación y dar con la forma de comunicación más adecuada. No es tarea fácil.

Particularidades de los millenials

Dicen los expertos que aun hoy, es habitual que el sector del vino se refiera a las generaciones de millennials como público joven. Sin embargo, el nombre que les ha sido otorgado encierra múltiples particularidades que conviene conocer para poder llegar hasta ellos; y es que otra de las características de los millennials es que son mucho más críticos y exigentes que los consumidores de generaciones anteriores. No parecen estar dispuestos a tolerar un trato no exclusivo que otras generaciones de consumidores han pasado por alto.

La individualidad y la exclusividad es fundamental; la necesidad de poner toda la atención en el consumidor más que en el propio producto en sí, empieza a perfilarse como indispensable. A la hora de comprar vino, como con cualquier otro producto, los millennials buscan una atención personalizada.

Estamos en un momento en el que la experiencia de compra Online y en persona y todo lo que la rodea es tan importante como el producto en sí. El mundo del vino, como muchos otros, se acerca lentamente al mundo millennial, una nueva experiencia y un nuevo aprendizaje para todos aquellos que han decidido no obviar a quienes en algunos años tendrán el mercado a sus pies.

Las uvas españolas en el mundo

La diversidad de tipos de uva que se emplean para vinificar en España es muy amplia. Según las regiones, se apuesta más las variedades autóctonas de esa zona o por otras foráneas que se han introducido hace años.

Como ya hemos comentado en varias ocasiones en este blog, antes de plantar una variedad, es fundamental tener en cuenta aspectos como la climatología, la altitud, el tipo de suelo y, claro está, el vino que se quiere conseguir.

Variedades que necesitan ciclos largos para terminar de madurar, es decir, otoños largos y secos, se suelen dar más en zonas como por ejemplo Galicia. Otras de ciclo corto, en diversas zonas de nuestro país, directamente se pasifican con facilidad.

La uva Merlot, Cabernet Sauvignon o Syrah, en cuanto a tintas; o la Chardonnay o Sauvignon Blanc, con respecto a las blancas, son variedades extendidas en España. Estas se emplean bien para elaborar vinos mono-varietales, pero también para mezclar con otras uvas españolas como el Tempranillo.

Pero esta práctica, ¿se extrapola de igual forma fuera de nuestras fronteras?, ¿podemos encontrar variedades españolas en el viejo continente o el nuevo mundo?

Lo cierto es que es difícil encontrar vinos elaborados con uvas españolas, como la Verdejo o Albariño en el viejo continente; pero no así en los países denominados del ‘Nuevo Mundo’.

Albariño en California

Ya a finales de los años 90 y principios de los años 2000 algunas bodegas pequeñas bodegas comenzaron a plantar esta variedad gallega en el Valle del Napa californiano. A partir de 2005 esta práctica se ha vuelto algo más común, tras ver que la variedad se adapta muy bien en algunas zonas, haciendo una precia selección clonal.

Verdejo en Australia

Parece ser que a los jóvenes australianos les gusta las características de la variedad Verdejo española y Verdelho portuguesa. Entusiasmados por los vinos blancos jóvenes frescos, con chispa y fáciles de beber el Barossa Valley, al sur de Australia, se ha convertido en un emplazamiento de moda para la verdejo.

Tempranillo en Oregón, Sudamérica y Australia

La uva Tempranillo, la variedad reina de la Denominación de Origen Ribera del Duero, no sólo se cultiva en prácticamente toda España -con distintas acepciones- sino que también es empleada en el Douro portugués (Tinta Roriz) y en los países del Nuevo Mundo.

En la actualidad, se están produciendo algunos vinos de calidad con la uva Tempranillo en la zona de Oregón, en el Valle de Umpqua; así como en los Valles McLaren y las Colinas de Adelaida, en Australia.

Aunque menos conocidas, también se cultiva la Tempranillo en Chile, Perú y Uruguay. En este último país, por cierto, se le conoce como ‘Valdepeñas’, al igual que en California.

Garnacha o Grenache

La uva Garnacha es la variedad más extendida en España y se atribuye su origen a nuestro país, aunque realmente es algo incierto.

De lo que no hay duda es que una variedad bastante versátil normalmente empleada para la elaboración de vinos de mezcla con otras uvas internacionales. Fuera de España, su máximo exponente se encuentra al sur del Ródano, en la demarcación de Châteauneuf-du-Pape.

Tampoco hay que olvidar los vinos de Garnacha producidos en Cerdeña – conocida como Cannonau- , en el Valle de McLaren en Australia y en el Valle de San Joaquín de California.

Edificaciones típicas del viñedo, cultura y tradición

Si hace unos días compartimos en este blog la historia de los lagares rupestres – para qué servían y dónde es posible encontrarlos – hoy queremos poner en valor dos tipos de ‘edificaciones’ típicas que es común encontrar en zonas de gran tradición vitivinícola: Las guardaviñas y las zarceras.

Las guardaviñas

Se trata de construcciones de piedra en forma de cono que eran utilizadas por los agricultores para refugiarse antes las inclemencias meteorológicas.

Se trata de pequeñas ‘cabañas’ de una sola planta, normalmente circular, en la que apenas se utilizaba argamasa para su edificación. Es decir, primero se formaba un zócalo consistente que sujetaba la formación superior y, encima de éste, se iban colocando las piedras hilera tras hilera sin emplear una masa que las sustentara o pegara unas con otras.

Las guardaviñas también disponen de una pequeña puerta de entrada y una ventana en la parte de atrás pues, además de emplearse por agricultores, los ganaderos también hacían uso de ellas. Estos chozos asimismo se aprovechaban incluso como neveras, por lo que no hay duda de que representan un gran valor etnográfico.

La proliferación de estas construcciones se dio en el siglo XIX, precisamente después de la filoxera y la replantación de miles de hectáreas de viñedo en el sur de Europa. En España, es muy común encontrarlas en la Denominación de Origen Ribera del Duero, pero también, y, sobre todo, en Rioja.

De hecho, en la Sierra de la Demanda, en la Rioja Alta, existe una Ruta de las Guardaviñas que recorre parte del Valle del Río Cárdenas. Algunas de ellas, se sitúan en lo alto de viñedos, desde donde se vislumbra un paisaje privilegiado.

Las zarceras

Las chimeneas o zarceras son los respiraderos de las bodegas subterráneas y, por lo tanto, también son típicos de poblaciones con una antigua tradición vinícola.

Las zarceras normalmente se ubican en el caso urbano de las localidades, como ocurría en Aranda de Duero, o en las inmediaciones de este. Muchísimos son los ejemplos de la existencia de zarceras que se pueden encontrar en la Denominación de Origen Ribera del Duero, aunque muy pocos cumplen la función para que fueron creadas las zarceras.

Antiguamente, las bodegas contaban con una salida al exterior para permitir la escapatoria del dióxido de carbono que se desprende durante la fermentación de los vinos. Las chimeneas también se usaban en algunos lugares para introducir las cajas de uva en los lagares o como reales chimeneas cuando se hacían pequeñas hogueras en los túneles de las bodegas subterráneas.

El hecho de tener escapatoria al exterior permite la circulación y renovación del aire en el interior de las bodegas, lo que ayuda a mantener unas condiciones de temperatura idóneas y homogéneas durante todo el año.

En la actualidad en numerosos pueblos de nuestra provincia como Traspinedo o Villabáñez las zarceras siguen en uso como reales chimeneas para permitir la salida del humo cuando se asan los famosos pinchos de lechazo o barbacoas.

Tanto las guardaviñas como las zarceras son vestigios vivos de la tradición vitivinícola de nuestro país, un patrimonio cultural e histórico que debemos mantener y no dejar en el olvido.

 

Lagares rupestres en España

Hubo un tiempo en el que la elaboración del vino no se realizaba en depósitos de acero inoxidable. Tampoco en barricas de roble, fudres o tinos. Ni siquiera en tinajas, al menos en primer término.

Hubo un tiempo en el que la recepción, el prensado, el pisado y la preparación de los mostos para la posterior fermentación alcohólica se llevaba a cabo en bañeras de piedra al aire libre. Depósitos construidos directamente en medio del viñedo, normalmente en zonas escarpadas, aquellas en las que las cepas se ubican en suaves (o no tanto) pendientes y en muchas ocasiones están dispuestas en terrazas o bancales.

Todavía es posible encontrar algún vino en España elaborado con este antiguo método, sobre todo en el Priorato y Costers del Segre, porque las técnicas y materiales tradicionales están volviendo, a pesar de la dificultad de uso de muchos de ellos.

¿Qué es un lagar rupestre?

Se trata de una construcción a modo de bañera o una base de prensa esculpida en afloramientos de piedra, que servía no sólo para la elaboración de vino, sino también para otros productos como el aceite.

Los lagares o lagaretas suelen estar compuestos por una base principal o pila mayor –de forma rectangular o circular-, que sirve para la recepción y pisado de la uva. En un lateral de la pila se encuentra el bocín, es decir, un agujero por donde pasa el líquido (mosto) desde el recipiente principal hasta el pilón.

Al pilón el mosto ya llegaba relativamente limpio, esto es, sin raspón y sin otros elementos sólidos. Al lado de los mismos, se ubicaba un pequeño apoyo para dejar las tinajas durante todo el proceso.

Una vez que el mosto estaba listo, las tinajas se llenaban para transportarlo de forma sencilla y continuar con la elaboración.

Bienes de interés histórico y patrimonial

En la Península Ibérica aún son numerosos los puntos en los que se pueden encontrar lagares rupestres, forman parte de la cultura, de la historia vinícola y del patrimonio de muchos pueblos.

Algunos de los más antiguos se encuentran en Galicia, sobre todo en la zona de Monterrei. Incluso ha habido algún intento para pedir que dichos lagares sean declarados Patrimonio de la Humanidad debido, además, a su valor arqueológico. Para más información, recomendamos leer la publicación “Las piedras que hacían vino”, de Luis y Alejandro Paadín.

En Castilla y León también es posible encontrar dichos lagares, concretamente en la Sierra de Francia, en Salamanca. Desde San Esteban de la Sierra parte una ruta circular que permite descubrir algunas de esas construcciones y disfrutar de la rica biodiversidad de la zona. Un sendero de unos 12 kilómetros, de dificultad media, adecuado para toda la familia.

La Rioja es otra de las zonas en las que los visitantes pueden recorrer varias sendas y disfrutar de antiguos lagares rupestres, principalmente en la Sierra de Cantabria. Sólo en San Vicente de la Sonsierra están catalogados más de 60.

Los lagares rupestres son, sin duda alguna, historia viva de nuestro pasado vitícola, de nuestra cultura y es vital protegerlos, de igual manera que debería serlo el patrimonio natural.

Los vinos de Ribera se consolidan dentro y fuera de España

Que los vinos españoles gozan de gran prestigio y reconocimiento internacional, ya lo sabemos. Que nuestro país es uno de los principales destinos enoturísticos del mundo, también, y que recientemente la Ribera del Duero ha sido recomendada por el diario estaodounidense The New York Times como uno de las cunas del vino que conviene visitar es un hecho que no podemos pasar por alto.

Las bodegas que pueblan la Ribera del Duero y el Museo del vino de la localidad vallisoletana de Peñafiel, son algunos de los lugares de obligada visita para este recién estrenado 2018, según el mencionado diario. No es de extrañar que las bondades de los vinos de esta Denominación de Origen y las maravillas que habitan en todas sus provincias, sean mencionadas en el extranjero. El hecho de que la citada D.O. haya cerrado 2017 con un crecimiento considerable de contraetiquetas con respecto al año anterior, ha beneficiado sin duda a los vinos de Ribera de Duero y ha sido con toda probabilidad, alguna de las razones que han contribuido a suscitar la curiosidad por los productos de esta tierra.

Contraetiquetas en el vino

Y es que al hablar de contraetiquetas, nos estamos refiriendo a los sellos de garantía de una Denominación de Origen con la que ésta avala la calidad de un vino y reconoce tanto su origen, como su característico proceso de elaboración.

Cuando una D.O. cierra un año con un aumento del número de contraetiquetas, significa que los consumidores continúan confiando en sus productos y concediendo un lugar especial a su calidad. Todo ello se traduce sin dudarlo, en un aumento de las compras de los vinos de Ribera de Duero y por tanto del consumo de estos vinos castellanos, y en una apuesta por los mismos. En este sentido, las variedades de vino de Ribera que experimentaron un aumento mayor en el número de contraetiquetas fueron los tintos jóvenes y los rosados.

Van pasando los años y con ellos, la proyección de la D.O. de los vinos de la Ribera del Duero se extiende y se consolida. Todo ello lo han conseguido sus gentes, viticultores, vendimiadores, bodegueros y todo un abanico de profesionales de todo tipo de disciplinas que cada día dedican su esfuerzo e ilusión para hacer grande esta hermosa región y, más recientemente, a la atención puesta de diversos medios de comunicación extranjeros, cuya repercusión mundial vienen a corroborar lo que aquí sabemos y bebemos con frecuencia: los vinos de Ribera del Duero, unos vinos a la altura de las tierras y de las gentes que los producen.

Corchos para vino y medio ambiente

España es el segundo productor mundial de corcho, sólo por detrás de Portugal. La industria corchera crea miles de puestos de trabajos al año, principalmente en Cataluña, Extremadura y Andalucía.

El corcho – que se emplea principalmente para cerrar las botellas de vino, pero también en la industrial textil, para fabricar bisutería e, incluso, para insonorización- procede de la corteza el alcornoque, una especie autóctona de la península Ibérica, de crecimiento muy lento y que suele vivir entre 150 y 200 años.

La obtención del corcho se lleva a cabo a través las llamadas ‘sacas’, es decir, mediante la extracción de la corteza el alcornoque, una labor que normalmente se realiza entre abril y septiembre. El alcornoque, después de la ‘saca’, genera de nuevo la corteza y durante su larga vida es necesario repetir esta operación varias veces.

Si no se retira la corteza del alcornoque, estos árboles acaban muriendo, por lo que, además de crear riqueza, la industria del corcho es fundamental para preservar la biodiversidad y combatir la desertificación. Se trata por lo tanto de una explotación agro-sostenible. En un anterior post de Bodegas Comenge, explicamos cómo se elaboran los tapones de corcho, que puedes leer aquí

El corcho, por ser un material 100% natural, también es renovable, reciclable, biodegradable y con muy poco impacto en la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera (CO2) en su proceso de producción, por lo que también ayuda a minimizar la huella de carbono.

Por lo tanto, los alcornocales y los productos resultantes del corcho juegan un papel muy positivo en el desarrollo sostenible de los ecosistemas. No sólo por los árboles en sí mismos, que además son muy importantes para evitar la desertificación de las áreas mediterráneas donde crece, sino por la gran riqueza medioambiental que generan, en lo que es posible encontrar diversidad vegetal y animal.

Con la desaparición de los alcornocales, también dejarían de existir algunas especies que en la actualidad se encuentran en peligro de extinción, principalmente aves y plantas (águila real, lince ibérico, cigüeña negra, el helecho de sombra…).

A todo ello hay que añadir la riqueza de nutrientes que aportan a los suelos, pues son capaces de desarrollarse con fuerza en terrenos arenosos y escasos en nutrientes; permitiendo la retención de agua y generación de materia orgánica. No es de extrañar que estas masas arbóreas figuren en entre los hábitats más valorados de Europa.

El corcho en la industria de la construcción

El corcho también puede ser usado en la industria de la construcción, principalmente como aislante. Se trata de un material que, usado en paredes, suelos y techos, aumenta la estanqueidad de los hogares. Por otro lado, es igualmente un gran aislante, no sólo térmico, sino también acústico, es por ello por lo que se emplea incluso en estudios de grabación.

Se trata, en definitiva, de uno de los mayores valores en la construcción de edificios energéticamente eficientes.

En Portugal, principalmente, es habitual encontrar cientos de artículos hechos con corcho, desde zapatos, bolsos, ropa, obras de arte, souvenirs, portadas de libros… Con lo cual, reiteramos la importancia del sector en la creación de riqueza y de puestos de trabajo.

¿Es posible plantar viñedo en un volcán?

Viñedo en las Islas Azores

Sí, es posible. Y en España tenemos múltiples ejemplos de plantación de viñas en suelos de origen volcánico como Lanzarote, Tenerife o Priorat…

Los elaboradores cada vez más buscan fórmulas para conseguir que sus vinos se diferencien del resto, métodos y prácticas que provoquen una sensación única en el consumidor. Un recuerdo imborrable, aromas y sabores percibidos por primera vez y que nunca se irán de la memoria.

El recuperar variedades autóctonas, minoritarias, casi extintas; volver a procesos de elaboración olvidados; el uso de materiales ‘nobles’; variabilidad en temperaturas de fermentación; tiempos, etc. Muchos son los factores que influyen en el resultado final de un vino que ayudan a crear ese momento mágico.

Pero dentro de todos esos factores, existen algunos que no están al alcance del control total del hombre, sino que llevan en un lugar años y que evolucionan con el tiempo. No es otra cosa que el suelo, el clima, el entorno… Lo que llamamos ‘Terroir’.

La máxima de los viticultores y enólogos es lograr que sus vinos sean el reflejo del Terroir, la expresión de un entorno, de una historia, de un patrimonio natural, de unas prácticas culturales concretas. Lo que en Bodegas Comenge denominamos ‘trasladar el paisaje a una copa de vino’.

Desde luego, existen condiciones que favorecen sobremanera la expresión de este Terroir, es el caso de las particulares características del Pago de las Hontanillas de Bodegas Comenge, de donde procede la uva para elaborar el vino Don Miguel Comenge.

La mineralidad de los suelos volcánicos

El suelo volcánico, es sin duda, una de esas características que le aportan un ‘algo’ especial a los vinos. ¿Y de qué se trata ese ‘algo’? Pues ni más ni menos que la frescura y mineralidad que ofrece ese terruño a los vinos, entre otros muchos valores.

Los suelos volcánicos se presentan en distintos tamaños (arena -la más frecuente- pequeñas rocas…) y son ricos en micronutrientes pero pobres en otros elementos como el fósforo o el nitrógeno. Sin embargo, la evolución de estos suelos a través de cientos de años, en los cuales se han erosionado y han dado cabida a la vida de hongos y bacterias, hacen que sean muy apreciados para el cultivo de la vid.

Además, estos tipos de suelos procedentes de la actividad volcánica son resistentes al ataque de la Filoxera debido a su composición. Pero, por otro lado, debido a su porosidad, son capaces de aprovechar los nutrientes, como el agua.

Por otro lado, aunque este tipo de suelo suscita cierto interés para la elaboración de vinos singulares, el cultivo de la vid y los trabajos de viticultura no son nada fáciles de desempeñar.

Las cepas, en el caso de áreas vitivinícolas como Lanzarote, Tenerife o Islas Azores, crecen en enormes hoyos excavados, que pueden alcanzar los tres metros de diámetro.  A esto hay que añadir, en ocasiones, las pendientes y la altitud, como ocurre en los viñedos ubicados a la falta del volcán Etna, en Sicilia.

Como podréis imaginar, las labores de poda, vendimia y otras no resultan nada sencillas; pero el resultado puede ser realmente fascinante.

Georgia, la cuna de los primeros vinos

Los estudios científicos nos regalan de vez en cuando hallazgos emocionantes como el que se ha encontrado hace unas semanas en Georgia, un país al que sin duda hay que mirar cuando se habla de historia del vino.

Hasta el momento, se pensaba que el vino más antiguo se elaboró en la zona montañosa de Zagros, Irán, donde se encontró una vasija de barro con restos datados en el año 5.400 a.C perteneciente a la población persa. Otro de los lugares donde se han hallado vestigios de elaboración de vino muy antiguos es Armenia.

Los científicos han hallado trozos de vasijas de cerámica con restos de ácido tartárico, lo que significa que en los recipientes se elaboró vino, algo que se ha confirmado con diversos análisis de tierra.

Para el gobierno georgiano esta es la prueba definitiva de que su país es la ‘cuna del vino’, pero lo cierto es que no es el primer hallazgo de interés para la comunidad científica que se lleva a cabo en el Caúcaso.

En diversas excavaciones arqueológicas se han encontrado diversos tipos de recipientes, prensas de piedra y restos de cepas que evidencian la antigüedad de esta zona en el cultivo de la vid y la elaboración de vino.

La elaboración tradicional en ‘Kvevri’

Los vinos georgianos clásicos aún se elaboran con método ancestral, un hecho que ya hace pensar la gran tradición vitivinícola de este país.

La práctica enológica más típica, sobre todo de los vinos blancos, consiste en introducir las bayas enteras, con el raspón, en un recipiente de madera donde se pisan con los pies. El mosto resultante de dicho prensado se vierte directamente a un tanque denominado ‘kvevri’ para realizar la fermentación alcohólica, que se lleva a cabo con levaduras salvajes, las que se encuentran de manera natural en las uvas.

Los ‘kvevri’ son ánforas de barro, que pueden alcanzar la capacidad de 300 litros. Una vez terminada la fermentación alcohólica, el vino se traslada a otro ‘kvevri’ para la fermentación maloláctica. En este proceso, la gran ánfora se entierra en el suelo y se sella.

Una vez en dicho depósito, el vino permanece durante un tiempo determinado de crianza. El material con el que están fabricados los ‘kvevri’, la arcilla, favorece una mayor tanicidad en los vinos.

Los vinos de Geogia son, sin duda, dignos de conocer, una forma de viajar y beber historia vinícola. Se pueden encontrar vinos a partir de multitud de variedades tanto blancas como tintas, pues se han llegado a clasificar más de 500 variedades propias. En la actualidad, son más o menos populares en torno a un 10% aunque se está trabajando para recuperar las uvas autóctonas.

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Cristal, corcho, rosca, plástico … ¿Cómo prefieres el tapón de tu botella vino?

En el sector del vino, como en tantos otros, permanecen aun una serie de prejuicios, ideas, en definitiva, una serie de costumbres que el tiempo se ha encargado de difuminar y desmentir a pesar de que en su día pudieron tener su razón de ser. Muchos de nosotros hemos conocido tiempos en los que cualquier botella de vino que no estuviera sellada con un tapón de corcho, era inmediatamente calificada de poca calidad. Sin embargo, el tiempo y con él la evolución de las técnicas de venta destinadas a llamar la atención del consumidor y por supuesto, la tecnología, han terminado con este tipo de juicios.

Y es que en el vino como en otras industrias, el descubrimiento de muchas de las propiedades que poseen algunos materiales, ha sabido aprovecharse y emplearse para según qué fines. Esto es lo que ha ocurrido con los materiales empleados actualmente en los cierres de las botellas de vino. El corcho, rey de los tapones por excelencia, es a veces sustituido por materiales sintéticos, tapones de rosca o incluso cristal, en función de las características del vino que contenga la botella. Al final, cada tapón de cada botella ocupa su lugar por algo que, no necesariamente, tiene por qué asociarse a la calidad del producto que contiene.

Entre los principales tipos de cierres de las botellas de vino, el corcho es aun el más empleado y él, como todos los demás, presenta tanto ventajas como inconvenientes. El hecho de que España sea uno de los principales proveedores de corcho, es una de las razones que justifican que en nuestro país se emplee mucho más que otro tipo de cierres; los tapones de corcho, ligeros y resistentes, influyen en los aromas del vino y garantizan la conservación del vino, especialmente si se trata de aquellos que deben continuar su proceso de maduración una vez embotellados.

Entre los inconvenientes que presentan los tapones de corcho, está la posibilidad de padecer un tipo de hongo que por el contrario, no se encuentra en tapones sintéticos.

Los tapones sintéticos

Los tapones sintéticos, elaborados con silicona u otro tipo de material de plástico son mucho más económicos que los primeros y permiten el empleo de colores diferentes, abriendo con ello una puerta a la creatividad del diseño de la tradicional botella de vino. ¿El inconveniente? No es recomendable su uso en vinos que vayan estar almacenados durante largos periodos de tiempo.

Los materiales de los tapones que nos ocupan a continuación, menos tradicionales y fruto de la innovación, suelen encontrarse en industrias vinícolas con poca historia. Es el caso de los tapones de rosca hechos de aluminio que con su presencia terminan con la tradicional acción de descorchar una botella que tanta ilusión y disfrute proporciona a quien la abre.

Pero la comodidad y la rapidez han llegado también hasta los tapones de las botellas de vino. El conocido sistema ‘abrefácil’ que tanto se agradece en otro tipo de productos de alimentación, se ha instalado en algunos tipos de vino y en las botellas comercializadas principalmente, en algunos países anglosajones. Este cierre conocido como Zork fabricado con plástico conserva la sensación de descorche pero no puede reutilizarse.

Lejos de la comodidad y más cerca de la estética, están los tapones de cristal, un material aun desconocido que llega con la intención de dar un toque de elegancia a las botellas de vino y que pretende transmitir la imagen de un producto de calidad. Por sus características, el cristal no influye en el aroma del vino y puede ser reciclado. En este caso, lo encontramos en las botellas de vinos jóvenes de Alemania, Suiza y Austria.

Los tapones de vino son uno de esos componentes de esta industria que más juego dan a quienes quieren introducir el diseño en sus botellas, a quienes están dispuestos a arriesgar en el aspecto de un producto tan tradicional que no por ello, se cierra a la llegada de los avances que la tecnología le tiene preparado.

La industria mundial del vino, marcada por el clima

El clima, y en especial el de este año, marca muchas de las pautas de la industria del vino. Las extrañas temperaturas otoñales que estamos pasando, las fuertes heladas primaverales, la sequía, los incendios y las inundaciones y, con todo ello, cosechas extremadamente tempranas y cosechas perdidas. Este año ha estado plagado de dificultades para muchos viticultores. Tendremos vino a pesar de todo, tendremos vino a pesar de las inclemencias de un tiempo que obliga a preguntarse por sus consecuencias en el sector.

Es evidente que la industria mundial del vino se ha visto afectada por las calamidades del tiempo y que esto repercutirá en el incremento del precio de los vinos de algunas de las más afamadas zonas productoras. Sin embargo, y como consecuencia de la situación general por la que pasa la industria vinícola de casi todo el mundo, España espera poder mantenerse líder en la exportación de este gran producto nacional.

Reducción en la cosecha de vino por el clima

A pesar de que la producción de este año será menor, España en su conjunto no tendrá que enfrentarse a un problema de desabastecimiento, aunque algunas de las zonas de mayor prestigio si que se han visto fuertemente afectadas en su reducción de cosecha, como es el caso de la Ribera del Duero. Dicen los expertos que si bien es cierto que la producción de este año es inferior a la media de la última década, podremos responder a la demanda gracias a las existencias de vino de las que ya disponen muchas bodegas.

España cuenta con una demanda interior menor a la de otros países productores como Italia o Francia, países que verán una caída en su producción del 21% y del 15% respectivamente. En nuestro país la reducción de cosecha ha sido desigual. Ribera del Duero ha sido la Denominación de Origen más castigada con una pérdida de dos terceras partes de la cosecha. En las Denominaciones de Origen del Bierzo y Rioja la reducción ha rozado el 50% y de cerca de un 30% en la D.O. Rueda, descensos provocados por las fuertes heladas sufridas a finales de abril. En el resto de las regiones españolas, la cosecha ha sido ligeramente inferior a la media debido a la falta de lluvia y a las temperaturas elevadas durante todo el ciclo vegetativo, lo que ha conducido a un menor tamaño y peso de las bayas en el momento de la cosecha.

En el conjunto de la Unión Europea, la producción de vino en esta cosecha ronda los 145 millones de hectolitros, frente a los casi 170 millones de hectolitros de la añada anterior. Esta situación ha provocando un fuerte incremento de los precios de uva -por encima del 100% en zonas como la Ribera del Duero-, y como consecuencia un incremento en los precios tanto del vino a granel como en mayor medida en los vinos embotellados, subida que en mucho de los casos no llegarán a compensar el aumento de los costes de producción.

Estados Unidos, bajo la amenaza de incendios que han afectado de forma importante a la región de California y con ella a su industria del vino, vive una pesadilla. Así, la cosecha de este año, menor a la de otros anteriores, mantiene preocupada y expectante a la industria del vino también en este país.

Chile también sufre una caída del 6,4% respecto a la ya corta cosecha del año 2016, de por sí un 20% menor que la de los años anteriores.

Estos días acabamos de conocer el informe sobre gases de efecto invernadero que la Organización Meteorológica Mundial ha publicado en Ginebra. El pasado año 2016 estas emisiones han sido las más altas en 800.000 años y alertan de las consecuencias irreversibles que esto podría tener para el planeta, ocasionando importantes desequilibrios en los actuales sistemas ecológicos y económicos.

La amenaza del cambio climático trasciende la industria del vino a la que dedicamos cada día nuestros esfuerzos; cambiará nuestro paisaje, nuestra agricultura, nuestra manera de alimentarnos, nuestros lugares de residencia, nuestras costumbres. Aunque mil veces repetido, debemos tomar conciencia de ello para empezar cuanto antes a recortar nuestra emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera de nuestro hermoso planeta azul.