Diferencias entre un sumiller, un catador de vinos y un enólogo

En la industria del vino hay muchas profesiones sobre las que a veces se generan dudas acerca de sus funciones. Entre estas profesiones está el enólogo, el sumiller y discutiblemente, como veremos más adelante, el catador de vinos. Hoy queremos explicaros a qué se dedica cada una de estas personas y sus funciones. Aunque están relacionados, en realidad cumplen funciones muy diferentes. Lo que sí tienen en común es su afán porque los aficionados al vino tengamos acceso a los mejores vinos y los disfrutemos en las mejores condiciones.

¿Qué es un sumiller?

Un sumiller – o una sumiller – trabaja para un restaurante o negocio de hostelería o de tiendas especializadas de cara al público en la mayor parte de las ocasiones, ofreciendo y poniendo a disposición de sus clientes su conocimiento y experiencia acerca de los vinos con los que cuenta la carta de vinos de dicho restaurante o local. Suelen ser negocios de hostelería de cierto nivel, ya que el sumiller no sólo te recomendará el mejor vino según tus gustos y tu selección de platos, sino que ha sido también quien ha diseñado esa carta de vinos, entre los que seguramente se encuentren algunas botellas no aptas para todos los bolsillos. Reconocerás al sumiller por una taza de plata que llevará colgada del cuello, con la que probará los vinos nuevos.

El sumiller se acercará a tu mesa en el momento de seleccionar el vino y hará su aportación para que tu experiencia gastronómica sea la mejor posible. Pero no todo el trabajo del sumiller es cara al público. Una sumiller es la persona que está encargada de todo lo relacionado con la bodega del establecimiento para el que trabaja. En algunos restaurantes esa bodega puede tener un valor altísimo, por lo que la sumiller tiene muchísima responsabilidad. Hará la selección de vinos que conforman la carta de vinos, se encargará de su adquisición en las cantidades necesarias, se asegurará de que su conservación se hace de la manera correcta, formará al equipo del restaurante y finalmente nos llevará a la mesa esa botella perfecta para la ocasión. Es muy importante también que un sumiller esté en constante formación, descubriendo nuevos vinos y nuevas tendencias para poder ofrecer siempre lo mejor para sus clientes.

Un sumiller ha pasado una formación exigente, que requiere conocer el proceso de elaboración del vino y de todos los aspectos relacionados con él. Un sumiller debe saber de enología, de cata y de viticultura.

La titulación de sumiller tiene reconocimiento internacional y no es para todas las personas, ya que requiere no sólo formación sino vocación. Esta misma vocación es necesaria para las otras dos profesiones sobre las que queremos hablaros hoy, el catador y finalmente el que mayor influencia tiene en el vino que bebemos, el enólogo.

¿Qué es un catador de vinos?

No podemos decir que exista por sí misma la profesión de catador de vinos. En realidad la cata de vinos es una función de otros profesionales que se dedican a crear o vender vino, y no un rol en sí mismo. Un catador de vinos hará un juicio sobre las características de un vino y su calidad basándose en el sentido del gusto, el olfato y la vista. Un buen catador de vinos tendrá un amplio conocimiento sobre el vino y unos sentidos afinados y entrenados para distinguir entre distintos vinos y detectar sus características más sutiles, aquellas que hacen que un vino sea considerado malo, regular, bueno o excepcional en su categoría.

Aunque como hemos dicho la figura de catador de vinos no es una profesión, sí que hay otras profesiones que necesitan ser catadores de vino para realizar su profesión. Estamos hablando del sumiller, que ya hemos mencionado, y por supuesto del enólogo.

El vino es un producto elaborado que requiere un proceso que en muchas ocasiones toma años y un cuidado exquisito, por lo que es imprescindible que quienes se dedican a crearlo, así como quienes se dedican a venderlo, sepan catar un vino, asignarle características, y saber describirlas correctamente siguiendo el lenguaje de la industria y su categorización.

También existe la figura de crítico de vino, que podrá tener una enorme influencia en el éxito o fracaso de una bodega y sus vinos. Por ello existen las catas a ciegas, donde se catan los vinos sin saber su origen. Esto en principio permite que los mejores vinos sean los que se lleven la gloria, por lo que la industria del vino es extremadamente exigente consigo misma. El resultado es que cada vez encontramos vinos de mejor calidad que compiten por ser reconocidos nacional e internacionalmente.

¿Qué es un enólogo?

Por fin llegamos al profesional alrededor del cual gira la creación del vino. Un enólogo es un profesional técnico responsable de todo el conjunto de acciones necesarias para la creación del vino. El enólogo elegirá las cepas y variedades de uva, estudiará el terreno, las climatología de la zona, determinará los procesos de cultivo, fabricación y almacenaje de la uva y el vino. Teniendo en cuenta todas estas variables, y muchas más, el enólogo de una bodega es quien diseña el vino que resultará de todos estos procesos. El corazón de una bodega reside en sus vides y sus tierras, así como en los creadores de la bodega y sus objetivos de excelencia. Pero será el enólogo quien será capaz de transformar esas ideas en un vino o vinos que las represente.

Ser un buen enólogo requiere experiencia y dedicación, pero también mucha vocación y estudio. Un enólogo aúna todas las profesiones del vino en una. La profesión de enólogo es una profesión científica, pero también de gestión de recursos. Es imprescindible tener profundos conocimientos de química orgánica, física, microbiología, fisiología vegetal y genética. Pero también sobre procesos industriales, tecnología, estadística y análisis sensorial. El grado universitario de enología es altamente exigente, y aunque se puede acceder a esta carrera directamente, son muchos los enólogos que antes han estudiado otras carreras, como la de química o ingeniería agrónoma.

El enólogo tiene que ser capaz de transformar sus conocimientos en vinos exigentes y que representen a su bodega. Para entender mejor qué es un enólogo y cómo realiza su trabajo, os dejamos con una entrevista a Rafael Cuerda, enólogo y Director de Bodegas Comenge.

¿Cómo se formó la Ribera del Duero?

formacion ribera del duero

formacion ribera del duero

¿Sabías que la Denominación de Origen Ribera del Duero estuvo cubierta de agua? De hecho, toda la meseta lo estaba, al igual que gran parte de la península, era mar.

Fue en la Era Mesozoica o Secundaria – entre 230 y 68 millones de año- cuando se comenzó a configurar la Meseta Central. Una etapa de calma geológica en la que la erosión provocó que los sedimentos de la cadena montañosa formada en la Era Primaria se fuesen sedimentando en el fondo del mar.

Durante esta época también se depositaron materiales marinos en el borde oriental de la Meseta, los cuales crearon una nueva capa sobre el zócalo inicial. El mayor volumen de estos sedimentos está constituido por estratos más o menos lenticulares de arenas limosas o arcillosas, que se alternan con otras capas tanto de calizas como de margas y caliza.

La Era Terciaria (68 – 1,7 millones de años) tuvo bastantes efectos sobre la formación del valle. El macizo hespérico (ese zócalo que hoy es la meseta) se fracturó en bloques creando el Sistema Central, los Montes de Toledo y las cuencas castellanas. Durante esta etapa la meseta se inclinó hacia el oeste, por esa razón los ríos mueren en el océano Atlántico. Estas cubeta de origen tectónico se ha ido rellenando durante millones de años con diferentes sedimentos, llegando a espesores de más de 2.000 metros de profundidad, en los que diferentes materiales (caliza, arcilla, limo y arena) se entremezclan entre sí, dejando una superficie de cultivo con una gran heterogeneidad, principal característica de los suelos de la Ribera del Duero.

Con respecto a aquellos que afectan a la formación de lo que hoy es la Ribera del Duero, estos efectos ocurrieron sobre todo en el Mioceno (entre 23 y 5332 millones de años). La cuenca ribereña presenta niveles horizontales, suavemente ondulados y convertidos hoy al estado de penillanura. La altitud de la Denominación de Origen varía de unas zonas a otras, con cotas de más de 920 metros en los páramos interfluviales, y entre 750 y 780 metros en los valles. Las distintas exposiciones y pendientes determinan en gran medida el desarrollo de los viñedos, pudiendo encontrar una gran cantidad de matices en las uvas de Tempranillo, variedad reina en esta Denominación de Origen.

En general, podemos decir que los suelos tienen pH básico y escasa materia orgánica, características adecuadas para el cultivo de la vid.

Heterogeneidad de suelos

La Denominación de Origen Ribera del Duero es estrecha (35 km en su parte más ancha y tan sólo 6 km en la más estrecha), frente a los 115 km de longitud. Comprende principalmente municipios de tres provincias: Valladolid, Burgos y Soria, aunque también incluye a tres municipios de la provincia de Segovia.

En Valladolid el valle formado por el Duero es más estrecho y las ubicaciones de los viñedos se reparten entre las terrazas del río, las laderas calizas y arcillosas del valle y la parte superior y llana de los páramos. En Burgos el valle es más amplio, hay más afluentes del río, antiguas terrazas del Duero y representativas afloraciones calizas, sobre todo en los páramos. En Soria de nuevo el río Duero vuelve a estrecharse y lo más característico es que hay una mayor altitud.

Sin embargo, como indica el Consejo Regulador: “Una concepción tradicional del suelo permite considerarlo como el resultado de la interacción del clima y los seres vivos, como factores activos, sobre el tipo de roca y el relieve, como factores pasivos, durante un tiempo de actuación determinado”.

 

El vino: el secreto etimológico mejor guardado

Es difícil establecer con exactitud el origen de la palabra vino. Lo es también hacerlo con el momento concreto de la Historia en el que comenzó su producción y tuvo lugar el origen de lo que hoy es toda una industria a la que la ciencia le dedica buena parte de su tiempo y de su esfuerzo. El vino, ese bien precioso que lleva tantos siglos entre nosotros, esconde y guarda secretos sobre los que, de momento, solo se puede especular. Nos acercamos, lo estudiamos, lo comprendemos y analizamos su evolución a lo largo de la Historia, pero apenas ningún especialista ofrece una fecha precisa, un día exacto de algún calendario de hace miles de años en los que se le concedió el nombre por el que lo conocemos.

Se dice que la producción del vino, la viticultura, se remonta a unos 8.000 años atrás en lo que era Asia Menor, hoy Turquía. La palabra vino, debe de venir entonces, de alguna lengua de aquel momento. Se habla de las numerosas nomenclaturas en diferentes lenguas procedentes de diferentes culturas. Se nombra su existencia ya en la familia de las diferentes leguas que componen la familia de lenguas semitas entre las que están el árabe, el asirio, el fenicio o el hebreo.

La palabra vino aparece también en las lenguas indoeuropeas de Asia Menor, hoy Turquía y en la actualidad, uno de los países más prolíficos del mundo en el cultivo de la uva. No es casualidad que este país, conocido fundamentalmente, por sus uvas de mesa, esté diversificando lentamente, el destino de su producción de uvas hacia la producción de vino.

Está claro que para hablar del origen etimológico de la palabra vino, es necesario remontarse al origen de la viticultura, al descubrimiento del cultivo de la vid y, en esta materia, conviene destacar que estos orígenes aun por precisar, han estado siempre rodeados de mitos y leyendas que, por otra parte, lo envuelven aún más si cabe, en un hechizo mágico superior a aquel con el que nos seduce. El hechizo, la magia, las creencias, cualquiera de estos conceptos ha estado  irremediablemente ligado de una u otra forma, a culturas antiguas y con ellas a la religión. La intervención divina ha ocupado siempre un lugar destacado y junto a ella, ahí estaba siempre él, el vino.

De donde viene la palabra vino

En cuanto a la raíz de la palabra vino, nos encontramos con una raíz latina, ‘vinum’, una griega ‘oinos’ y una hebrea, ‘yayin’. Con respecto a su origen latino, se habla de que probablemente fuera el responsable de su posterior adopción y adaptación al celta o irlandés antiguo: ‘fin’; al alemán, ‘wein’; al inglés, ‘wine’ y al lituano, ‘výnas’. Por otra parte, y en relación con ese halo de misterio que impide llegar a datos más concretos, existen teorías que relacionan el término vino con la forma en la que era denominado en sánscrito: ‘vêna’. En esta lengua indoeuropea de los textos sagrados y cultos del brahmanismo, podría estar el origen de otros términos como Venus. Si tenemos en cuenta que la traducción de la palabra ‘vêna’ es amor y que el planeta Venus está asociado a la diosa del amor, parece tener sentido el hecho de que, ligado a todo ello, se concedieran al vino toda una serie de poderes afrodisíacos.

…Y de sus diferentes significados asociados, de su origen milenario y hasta nuestros  días, mucho ha pasado. La evolución y desarrollo del vino, su investigación, estudio y adaptación a múltiples circunstancias, le ha obligado a buscar nuevos vocablos con los que definirlo y precisar cada uno de los procesos que intervienen en su elaboración, cada uno de los matices que caracteriza el resultado y da forma a un producto. No había entonces palabras para todo esto. Han tenido que buscarse. Así, afinado, tranquilo, varietal o vintage, son solo algunos de los modernos términos con los que se puede definir un vino.

Quién iba a decirles a nuestros antecesores que en algún momento existirían técnicas y procedimientos que podrían mejorar las propiedades por las que un vino puede ser percibido por los sentidos; que existirían técnicas de control destinadas a trabajar sobre su proceso de oxidación o que se le terminaría adjudicando el nombre de vino tranquilo a aquel que apenas tiene burbuja.

¿Habría sido posible otorgarle al vino esas propiedades de siglos atrás si alguien de aquel entonces hubiese sugerido que un vino sin burbuja es un vino tranquilo? El vino y, con él el lenguaje, se adaptan uno a otro. Están a merced del momento en que vivimos, sometidos a los vaivenes de los tiempos y a los antojos de la evolución. Sea como sea, seguimos sin poder encontrar el minuto exacto en que la lengua vio nacer a una palabra tan importante como esta: vino.

Historia de los vinos de la Ribera del Duero

La historia del vino es sorprendente. Aunque durante miles de año ha acompañado al ser humano como parte de su dieta, sus celebraciones y ritos religiosos, no lo ha sido con su aspecto y sabor de hoy en día. Vivimos en un momento de gran riqueza vinícola, donde los conocimientos heredados de la historia del vino, y el buen hacer de las bodegas, ha dado como resultado el mejor vino de la historia.

Como ya abordamos en un post anterior sobre la historia del vino, el sabor y color del vino ha cambiado mucho. Los vinos no tenían la calidad de hoy en día y por eso eran mezclados con aguardiente o con miel y especias y hierbas para darle sabor y mayor contenido en alcohol.

Los primeros vinos de la Ribera del Duero

Las primeras incursiones romanas en la península ibérica encontraron a los pueblos celtíberos y descubrieron que el uso de la vid era común. Inmortalizaron esta presencia a través del arte. Un gran mosaico en honor al dios Baco, que desgraciadamente fue dañada en el año 2011, fue encontrado en los años 70 del siglo pasado en la localidad de Baños de Valdearados y está considerado como conjunto Histórico Artístico. De esto hace ya más de dos mil años.

Los Vacceos son un pueblo prerromano que estaba asentado en la Ribera del Duero, y del que se han encontrado vasijas con restos de vino. Ya en el siglo III, este pueblo usaba el vino en ritos y como bebida fortificante. Como ya hemos comentado, se mezclaban con miel y especias para tapar su sabor natural, que poco tenía que ver con los vinos de hoy en día. Aún así, estas son las primeras señales de la integración del vino en la sociedad en la región de la Ribera del Duero.

El vino ha formado parte de la región durante siglos, y podemos verlo no solo en su impacto cultural sino también en el arte y los edificios. Existen muchas bodegas subterráneas y lagares en la región, como por ejemplo el de Atauta. Algunos se están rehabilitando con fines turísticos y para preservar la riqueza cultural de la región.

Los romanos

Los romanos conquistaron la península Ibérica en su totalidad, y al hacerlo romanizaron las diferentes culturas que allí habitaban. El vino tomó incluso más protagonismo, y su uso se extendió al uso cotidiano y en fiestas y celebraciones. Es cierto que el vino seguía teniendo un componente místico y religioso, pero el uso doméstico es una costumbre que ha perdurado hasta estos días. Como nota curiosa, el brindis con vino es un invento romano. Fue una forma de evitar los envenenamientos, que eran muy comunes entre romanos. Al chocar las copas mezclamos el vino entre ellas, lo que convierte la copa de vino en un modo poco efectivo para eliminar a tus enemigos.

 

El vino en la Ribera del Duero en la Edad Media

En la Edad Media es la iglesia la que mantiene la importancia cultural del vino, desde su concepto más básico (la sangre de Cristo) hasta su importancia en ritos y celebraciones. Pero además el vino empieza a evolucionar. Los monjes Cistercienses traen vides de origen francés. Son el principio de los vinos de la Ribera. Cuando llegan a España lo hacen para vivir en el monasterio de Santa María de la Valbuena, a orillas del río Duero. Estos monjes cultivaban la vid y hacían vino para su consumo en misa, pero también como alimento para ellos y los pueblos de la zona. Era un vino con bajos niveles de alcohol y que se consumía no por su capacidad embriagadora sino como forma de alimentarse.

Ya en la Alta Edad Media el cultivo de la vid se expande por toda la región. Encontramos bodegas subterráneas del siglo XVI y posteriores por toda la Ribera del Duero. El vino como alimento se convierte en el vino como bien de lujo. En las ciudades el consumo de vino se considera un lujo que todos quieren disfrutar.

El vino de la Ribera del Duero en la actualidad

Desde sus orígenes hace miles de años el vino en la Ribera del Duero ha ocupado un lugar importante en la sociedad. Desde la religión hasta su uso en eventos sociales, el vino forma parte de la cultura de esta región española. Durante el siglo XX el vino completa su transformación en un producto de calidad, que se evalúa por sus características de sabor, cuerpo y olor de una forma rigurosa. Esto impulsa la creación de vinos cada vez mejores. En 1982 la denominación de origen de la Ribera del Duero es una realidad. Ocupa una región de más de 23 mil hectáreas en la cuenca del río Duero. Son más de cien kilómetros de largo y treinta y cinco de ancho en las provincias de Soria, Valladolid, Burgos e incluso tres kilómetros de Segovia.

Los vinos de la Ribera del Duero son reconocidos nacional e internacionalmente por su calidad. Es un vino formado principalmente por uvas tempranillo. Los tintos pueden ser jóvenes, crianza, reserva y gran reserva. El envejecimiento de la uva en cada variedad puede ser de tres  a sesenta meses en barrica de roble.

El clima es uno de los factores más importantes en el vino. En la región se vive un clima distinto a otras zonas vinícolas de España, con grandes cambios entre el día y la noche y con suelos diferentes en una misma parcela. Esto dota a los vinos de una calidad única. En la Ribera del Duero hay un gran contraste climático en invierno y verano, con cambios bruscos de temperatura. Esto ayuda a regular la acidez y el azúcar de la uva y en gran medida a obtener una fantástica maduración de los taninos, lo que permite elaborar vinos de larga persistencia en boca. La altura es un factor muy importante también. Con una altitud entre los setecientos y los novecientos cincuenta metros de altura la uva tempranillo triunfa en unas condiciones aptas para viñedos con características muy concretas.

Las variedades de uva más comunes en la Ribera del Duero son la mencionada Tempranillo, pero también el Cabernet Sauvignon, originaria de Francia y que se adapta con facilidad a otros climas. No podemos olvidarnos del Albillo Mayor, una variedad de uva blanca tradicional con la que se han empezado a comercializar desde el año 2019 los primeros vinos blancos amparados por esta Denominación de Origen.

En definitiva el vino de la Ribera del Duero es uno de los vinos más importantes representando la cultura vinícola de este país en todo el mundo. Desde hace miles de años nuestra región es tierra de vino y es ahora cuando los mejores salen de sus tierras y sus bodegas.

El lenguaje de las catas de vino

lenguaje catas

lenguaje catasLa forma lingüística, el tono y el léxico de las catas y valoraciones de los vinos han variado sobremanera en las últimas décadas. No obstante, fue a partir de los años 70 cuando el vino en España comenzó a considerarse una bebida de disfrute y ocio. Antes de eso, el vino era una parte más de la alimentación, un fermentado de uva con muchos nutrientes que saciaba la sed y las necesidades de los jornaleros en el campo.

Ya en las antiguas civilizaciones los vinos se conocían en función de su origen y eran mejor o peor valorados por ello.  Por ejemplo,  Plinio el Viejo, en su obra ‘Naturalis Historiae’, dedica un libro entero a describir las diferentes variedades de uva existentes en la época.

Como pudimos comprobar en un anterior post sobre la evolución de los anuncios en España,  en los años 20 y 30 incluso las palabras empleadas para vender vino estaban relacionadas con sus valores medicinales. Después, en los 50 y 60, la procedencia de los vinos era el aspecto que más se puso en valor.

Sin embargo, si hay que buscar un referente con respecto a notas de cata y descripción especializada de los vinos, sin duda hay que mirar a Francia en 1980 y la publicación de la primera edición del famoso libro ‘El gusto del vino’, de Emile Peynaud. Fue el enólogo a investigador francés quien estableció las bases de una metodología  de análisis sensorial, con un vocabulario específico y un esquema de notas de cata que se sigue usando en la actualidad: fase visual, fase olfativa, fase gustativa y valoración global.

Las descripciones de los vinos no incluían mucha parafernalia o recursos estilísticos, sino que, básicamente, se trataba de una enumeración de adjetivos y una conclusión. Esta manera de describir los vinos se sigue empleando hoy en guías especializadas como la Guía Peñín o Guía Gourmets, así como en formaciones especializadas como The Wine & Spirit Education Trust (WSET)  – salvando las distancias-.

La diferencia en las guías especializadas es que la valoración final de los vinos va acompañada de una puntuación. ¿Quién no ha escuchado hablar de los famosos ‘Puntos Parker’?

En los años 90 vino se comenzó a convertir en una bebida asociada a las clases altas de la sociedad y eso también se reflejó en el lenguaje de las notas de cata. Más que descripciones de los vinos, las notas de cata parecían (hoy, muchas lo siguen pareciendo) textos de estilo literario-rococó donde se empleaba un lenguaje rebuscado, poco entendible para todos los públicos y, ciertamente, snob en numerosas ocasiones.

Me recuerda a cuánto era pequeño e iba por el campo cuando acababa de llover”, seguro que alguna vez has escuchado una comparativa similar en una cata. Es lo que ahora tratamos de evitar, en pro de un lenguaje más aclaratorio, sencillo y universal.

Quizás por esa herencia, aún en la actualidad se tacha al sector del vino de usar un lenguaje alejado de aquel que emplea el consumidor. El vino se ha ‘democratizado’, la oferta en tan inmensa que hay etiquetas para todos los gustos y bolsillos. Por eso es preciso adaptar la comunicación del vino, como explicaremos en el siguiente post.

Vinos para combatir el éxodo rural

El éxodo rural es Castilla y León es un problema que se ha acusado más desde que se inició la crisis económica de 2008. Esto ha supuesto que mucha parte de la población, sobre todo jóvenes, hayan “emigrado” desde los pueblos a las ciudades.

Hay muchas formas de combatirlo y algunas de las propuestas giran en torno a una de las mayores riquezas de nuestro país, y por ende en Castilla y León, como es el sector del vino.

En este post os vamos a hablar de diferentes proyectos vitivinícolas de Castilla y León que buscan poner en valor los pueblos y su patrimonio cultural, además de asentar población.

El Cotarro en Moradillo de Roa

En esta localidad burgalesa hay prácticamente el mismo número de habitantes que de bodegas. Se encuentran, excavadas en roca y todas juntas en “El Cotarro”, que significa en el Alto del Cerro, de ahí el nombre de este proyecto. El ayuntamiento inició en 2015 un proyecto para la recuperación, concienciación, protección y mantenimiento de este patrimonio.

Cuentan con más de 150 bodegas subterráneas y 7 bodegas en cuevas que datan del año 1550, unos 18.000 m2 de patrimonio que descubrir bajo tierra.

Este proyecto ha sido posible, además de por los esfuerzos del Ayuntamiento, por la participación y colaboración de los habitantes de este municipio. Los beneficios que se obtienen de las visitas y la venta del vino (que se elabora de forma tradicional en los lagares) se reinvierte en el proyecto.

Un gran ejemplo de conservación del patrimonio rural y las tradiciones.

Raíces del Vino en Cigales

Raíces es un proyecto de la Ruta del Vino de Cigales para promover la recuperación y promoción del patrimonio vitícola subterráneo de Cigales como referente. Muchas de las diferentes localidades que forman esta Ruta, cuentan con barrios de bodegas de más de 200 años.

Se tomó como punto de partida el registro de las bodegas y otorgar un nombre a los caminos y senderos para llegar a ellas y así poder dar una información sobre el acceso a las mismas de forma más fácil y sencilla.

Estas instalaciones tienen un encanto especial y permiten comprender perfectamente el proceso de elaboración del vino.

Momentos Únicos – Fermoselle

El proyecto Momentos Únicos forma parte de un proyecto más grande promovido por la Agrupación Europea de Cooperación Transfronteriza Duero-Douro y el Ayuntamiento de Fermoselle para potenciar el valor del territorio que comparten en Arribes de Duero.

El valor oculto del municipio ha existido desde siempre (están documentadas desde la Edad Media) y ha sido rescatado de las tinieblas para que pueda darse a conocer a los visitantes. Conocido como “el pueblo de las 1000 bodegas”, han aunado la arquitectura ligada al vino con el Enoturismo creando un recurso turístico de primera calidad: catas, degustaciones, visitas, venta de productos de la Tierra…

Curiel de Duero

No podíamos pasar por alto la importancia de la localidad en la que se encuentra Bodegas Comenge. Además de encontrarse en pleno corazón de la Ribera del Duero cuenta con gran patrimonio histórico y cultural que merece la pena conocer.

Una parada obligatoria que hay que hacer es el Castillo-Fortaleza de Doña Berenguela, construido en 1410, está situada en lo alto de un roquedal. Conserva parte de la torre del homenaje, así como las paredes que rodean al recinto. Además del tema histórico, no debemos pasar por alto la riqueza paisajística visible desde este punto. Podemos ver como el pueblo de Curiel ha amoldado su crecimiento en torno al cerro del río, además de una panorámica del Valle del Duero, con una vista de nuestros vecinos de Peñafiel y su castillo.

Una vez hayamos visitado esta zona y bajemos al pueblo de nuevo, os recomendamos un paseo por sus calles, conociendo y viendo el patrimonio histórico: la muralla medieval, la iglesia de Santa María, la de San Martín, la Ermita del Cristo, el Ayuntamiento, que cuenta con un edificio histórico…  Son muchos las pistas que relatan que en este municipio fue siempre fundamental la viticultura. ¡Un tesoro por descubrir!

 

Debido a las modernidades del mundo actual, muchas veces dejamos en un segundo plano las tradiciones y el mundo rural. Queremos invitaros a reflexionar sobre vuestro origen y lo que os transmite.  Como nuestro Comenge El Origen, que es un homenaje a los nuestros, a nuestra tierra y al saber hacer que nos han transmitido.

En otoño, gran espectáculo: llega la vendimia

Recién estrenado el otoño, llega el esperado momento de celebrar la que para el mundo del vino es, probablemente, la fecha más importante del calendario y, lo es, pase lo que pase y haya lo que haya: la vendimia. Cita ineludible, determinante, fundamental para que el sector continúe y se mantenga como lo viene haciendo desde tiempos inmemoriales; la vendimia ha vivido su vida siempre acorde a un momento y a una época. Ha presenciado medios rudimentarios, ha experimentado su posterior evolución y modernización, y, siempre lo ha hecho envuelta en un halo luminoso que, digno de ser celebrado, la ha convertido a ella y a cada uno de sus protagonistas en un espectáculo, el espectáculo del otoño.

Los enamorados del vino y de su cultura disfrutan de la estética y de cada uno de los símbolos que encierra un momento como el actual. Los resultados de este espectáculo son tan importantes que se traducen en la economía necesaria que permitirá la celebración de la vendimia del año siguiente. Sea donde sea, cada uno de los países que posee una cultura del vino, celebra este momento y lo hace, atendiendo a tradiciones y razones tan particulares como únicas.

En la Ribera del Duero la vendimia tiene lugar en otoño, entre los primeros días de septiembre y los últimos de octubre. Y, ¿cómo es la vendimia en otros lugares del mundo? ¿Cómo tratan la uva, cómo es la actividad frenética característica que caracteriza a una actividad tan vital como esta y de la que viven tantas personas?¿Cómo es esa fiesta que gira durante unos cuantos días o incluso semanas del año alrededor del vino?

La vendimia en América del Sur: Argentina, Chile, Uruguay y Perú, su vino es su fiesta

En Mendoza (Argentina) la Fiesta Nacional de la Vendimia es, posiblemente, la celebración más importante y lo es porque, como en otros tantos lugares del planeta en los que se vive la cultura del vino tan de cerca, esta fiesta reúne trabajo, esfuerzo y pasión. La fiesta de la vendimia en Argentina se compone de cuatro piezas principales que bajo las denominaciones de la “Bendición de los frutos”, la “Vía blanca de las reinas”, el “Carrusel” y el “Acto central”, cuenta con bailarines, actores, y otra serie de eventos artísticos con los que alabar y ceder todo el protagonismo a la uva y a ese vino esencial en la cultura del país.
Chile no se queda atrás y de las diferentes fiestas y eventos destinados a honrar y a celebrar el vino chileno, la fiesta de la vendimia de Curicó no es únicamente la más antigua y renombrada, sino la que dio origen a otras tantas que tienen lugar en todo el país entre los meses de marzo y abril. Espectáculos y folclores tradicionales son junto a actuaciones musicales algunos de los motivos que acompañan estas fechas y ponen la alegría y diversión que han de ir asociadas a un producto como el vino y todo lo que lleva aparejado.

Uruguay reserva el primer fin de semana de marzo a sus bodegas más especiales, a las catas y a la pisada de la uva. Para ello, la ciudad de Ica en Perú, cuenta con un Festival Internacional de la Vendimia. La primera semana de marzo la ocupan degustaciones, espectáculos artísticos, participación vecinal en todos sus eventos y la coronación de una reina que presidirá la aplaudida fiesta de la vendimia del lugar.

Europa: entre la vendimia y la tradición medieval

En Europa, la cosa no es para menos. Francia, no olvida ni un solo minuto a su producto estrella más internacional y lo hace a través de fiestas de la vendimia en algunas de sus regiones más reconocidas en la materia.

La Fête des Vendanges de Montmartre, en honor al dios Baco, tiene lugar la primera semana de octubre en el barrio parisino que cuenta con el viñedo más antiguo y conocido de Francia, un viñedo cuya existencia se remonta al siglo XVI. Un mes más tarde es el turno de la región francesa de Borgoña y su celebración de Les Trois Glorieuses, tres días de fiesta que aun hoy continúan desde que se iniciara allá por el año 1859.

La vecina Alemania tiene su propia fiesta del vino o Weinfest der Mittelmosela con la que anuncia entre finales de agosto y los tres primeros días de septiembre en la localidad de Bernkastel-Kues, el inicio de la vendimia en aquel país y que culmina con la coronación de la reina del vino, evento que se sigue con especial atención en las regiones alemanas del sur.

No muy lejos de Alemania y no muy lejos de Francia, Italia tiene también algo importante que añadir cuando de vino se trata. En Aisti ciudad de la región de Piamonte, en el noroeste de Italia, se celebra a mediados de septiembre y desde hace 47 años, un concurso entre los productores de las dos ciudades más importantes vitivinícolas de Italia. Este festival en el que dicha competición reconocerá el mejor vino, se celebra justo dos semanas antes de las carreras de caballos de El palio del Piamonte. Qué mejor excusa para trasladarse hasta la inolvidable época medieval mientras se disfruta del recién galardonado vino ganador.

¿Ha cambiado el sabor y la calidad del vino durante su historia?

Sabemos que el vino es milenario, pero ¿ha cambiado su sabor? ¿Bebemos el mismo vino que nuestros antepasados? Hoy queremos hacer un breve repaso a la historia del vino para contestar a estas y otras preguntas sobre el vino en su historia.

Una de las claves en la diferencia básica entre los vinos modernos y los vinos antiguos es el proceso de fabricación. Para entender la diferencia os describimos lo que hoy llamamos vinos naturales y que durante casi toda la historia del vino se ha llamado simplemente vino. El vino natural no se elabora con ácido añadido ni con levaduras. Esto hace que el proceso de fabricación tenga que ser perfecto, cuidando mucho los tiempos y la calidad de la uva. Tampoco se utiliza el ácido sulfuroso, del que puede haber trazas en esos vinos naturales, pero que, sí está allí, es por procesos naturales de la uva. También es importante resaltar que hasta la edad moderna ha sido imposible conseguir los mismos niveles de higiene, temperatura y conservación necesarios para la creación de un gran vino.

Los vinos de la antigüedad podrían haber tenido lo que hoy se consideran defectos, pero esto es porque no se consideraba igual al vino que ahora. El vino era valorado sobre todo por su contenido en alcohol, y no por su crianza, el tipo de uva o incluso el suelo. Sus deficiencias de sabor se camuflaban con especias o con miel, hierbas variadas o frutas. Los vinos que predominaban eran los de sabor dulce, no tanto por los aditivos naturales dulces que hemos mencionado, sino porque se vendimiaban a punto de pasa, por lo que las levaduras que contenían no eran capaces de que el azúcar se convirtiera en alcohol de forma óptima.

Los vinos eran sobre todo blancos, pero tenían un tono terroso por la oxidación y por la conservación. Esto hacía que el color dle vino no fuera algo apreciado y se sirviera en vasos de metal o barro. Para el contenido alcohólico del vino se usaba agua para diluirlo y aguardiente para fortalecerlo.

Donde aparecieron los primeros vinos

Los primeros vinos surgen con la domesticación de la uva silvestre. Es en Turquía e Irán y países cercanos donde aparecen los primeros vinos. Esto ocurrió hace ya 8.000 años, pero no es hasta la antigua Babilonia, 3.000 años más tarde cuando se detecta una producción masiva de vinos, de poca graduación y que se mezclaba con frutas.

Volvemos a viajar en el tiempo hasta llegar al Egipto faraónico de hace 3.500 años. La viña es un bien preciado que se cultiva a orillas del Nilo de manera masiva, es de hecho el segundo cultivo en importancia en estos tiempos. Los vinos se conservaban en tinajas de barro y mezclaban tanto uvas blancas como tintas. Se especula con que es ahora cuando se introduce la acidificación para que durase más su conservación. Es un vino dulce que proviene del moscatel y que se debía beber en los meses siguientes a la vendimia.

Nos adelantamos 300 años y los griegos comienzan a perfeccionar el proceso de elaboración del vino y su conservación. Todos hemos oído hablar de las famosas ánforas de vino. Es de esta época histórica de donde proviene esa costumbre. El vino ya está asentado en la cultura antigua como la bebida alcohólica preferente. Su producción es masiva y se transporta a lo largo y ancho de Europa y el norte de África. No tardaron mucho los romanos en copiar los métodos de elaboración de la antigua Grecia por lo que los vinos resultantes mantenían ese sabor dulce y resinoso provocado por su método de conservación. Pero también vemos en el mundo romano una gran variedad de vinos tanto en contenido alcohólico como en sabores.

El vino en España

En España la historia del vino es muy antigua por su localización geográfica. La costa mediterránea era puerto de entrada de todo lo nuevo que aparecía en el mundo. El vino no iba a ser menos e hizo su entrada en España hace miles de años. Durante el periodo Musulmán el vino también fue consumido, pero en el siglo décimo es cuando los famosos vinos de monasterio hicieron su aparición. Por las características de los monasterios, en lugares frios, la uva blanca era la predominante. Se conservaba en barricas de roble y pino y tenían menos alcohol que los vinos que se habían bebido hasta entonces. Vemos también esos vinos hechos con uva pasa, creando vinos que son de naturaleza dulce.

Podemos hablar de una gran variedad de vinos que surgen en España a través de los siglos, pero nos detenemos en el vino de Rueda en el siglo XVI. Estos vinos limitaban la oxidación envejeciéndolos en barrica a mucha profundidad, manteniendo así una temperatura equilibrada.

Poco después aparecen los vinos de Rioja, unos vinos tintos que en el siglo XIX se hicieron muy populares. A mediados de este siglo, en Francia, la vid se ve atacada por un hongo que hace estragos en la producción. Además la plaga de filoxera, un insecto que ataca a la vid, dejó sin cosechas a Francia. Fue el momento de la región de la Rioja para empezar a exportar de forma masiva sus uvas. Los vinos de entonces de la Rioja tenían mucho cuerpo y una acidez baja y se almacenaban en bodegas subterráneas. Pero la Rioja se vió también fuertemente influenciada por Francia y sus vinos, ya que hasta la Rioja llegaron barricas que dejaban atrás los comerciantes franceses de vinos. Estas barricas usadas y húmedas dieron lugar a lo que se llamaba vinos afrancesados de la Rioja.

La ribera del Duero, donde ya se hacía vino en el siglo X, también se vio beneficiado por la filoxera que asoló los cultivos franceses, pero ya en el siglo XX sufrió el mismo destino que la vid francesa y cayó víctima de este hongo. No fue hasta bien entrado el siglo XX cuando empezó a recuperarse el cultivo de uva en la Ribera del Duero. En próximos posts os contaremos la historia del vino en nuestra región, ya que merece un post propio.

En definitiva, vivimos en la época gloriosa del vino vino desde un punto de vista histórico. La calidad de los vinos nunca ha sido mejor ni se ha apreciado como se aprecia ahora. Si conoces alguno de nuestros vinos sabrás a qué nos referimos.

La evolución de los anuncios del vino en España

A principios del siglo XX en España, el vino aún se consideraba un alimento más, que formaba parte de la dieta diaria. En muchos casos los productores ni tan siquiera embotellaban el vino – mucho menos lo etiquetaban-, sino que se vendía en garrafas. No era necesario crear anuncios publicitarios tal y como los conocemos hoy.

 

Uno de los primeros anuncios sobre vino, del que tenemos constancia, podemos situarlo en El Diario de Vigo en el 1928. Era un anuncio similar a lo que hoy conocemos como anuncios por palabras, en el que se publicitaba el vino “tostado” de Emilia Pardo Bazán animando a su consumo en diversos establecimientos.

 

 

En estos primeros años, finales de los años 20 y los 30, podemos encontrar algunos anuncios de similares características.

 

Antes de la Guerra Civil

 

En 1935 tuvo lugar uno de los hitos publicitarios más importantes en España. La creación de la botella del Tío Pepe de González Byass. Con motivo del centenario de la bodega, Luis Pérez Solero, creativo y pionero de la publicidad en España, humanizó la botella colocándole una chaquetilla, un sombrero y una guitarra española y en este mismo año se colocó el primer anuncio exterior de vino en la Puerta del Sol de Madrid, un icono que trasciende hasta nuestros días.

 

(En el 1946 cambió al anuncio que conocimos hasta el 2011)

 

Una vez comenzó la Guerra Civil española vamos a encontrar un vacío hasta el 1945 en lo que a publicidad sobre vino se refiere. Durante este periodo solo hubo algunos anuncios en la F.E. la publicación de la Falange Española.

 

A partir de esa fecha es cuando se empezó a incluir imagen en los anuncios, todavía en blanco y negro.

 

 

Aunque quizá no se tenía el mismo conocimiento del consumidor que teníamos ahora, tenían claro que la botella tenía que aparecer, ya que posteriormente sería el elemento diferenciador que reconocerían los usuarios en las tiendas y establecimientos de compra y consumo.

 

 

Años 50-60

 

 

Se trata de ilustraciones realizadas con mucho detalle, con mucha parte decorativa: flores, uvas, fondos…. Resultan anuncios muy trabajados y en los que la mujer es protagonista, posiblemente inspirados en el art-decó y la cartelería de aristas europeos como Alfons Mucha (quien diseñó anuncios para famosas marcas como Moët & Chandom).

 

Años 70-80

 

A partir de la década de los 70 y en los 80 podemos ver anuncios más realistas, con fotografías a color. Con más información y textos persuasivos.

 

 

En la década de los 90 y comienzos del Siglo XXI, la publicidad en el mundo del vino empezó a tomar una importancia notable, la competencia ha crecido, y la notoriedad y crear imagen de marca se ha convertido en una necesidad.

 

Ahora las bodegas intentan crear una imagen que, además de ser estéticamente atractiva y llamativa, se asocie a la marca, transmita sus valores y despierte la necesidad del usuario de probar el vino.

 

En la actualidad, la segmentación es fundamental. Cada vino, cada marca, cada servicio que ofrece la bodega está destinado a un público concreto, con gustos y costumbre determinadas. Ya no es preciso únicamente idear un anuncio atractivo, sino que sea un ‘grito silencioso’ que despierte el interés de aquellas personas para las que el producto ha sido creado.

Las etiquetas de vino y sus tipografías

 

“Pedazo de papel, cartulina u otro material parecido que se pega o sujeta sobre una cosa para indicar lo que es, lo que contiene u otra información relacionada con ella.” Esa es la definición de la RAE de etiqueta. Pero en muchos sectores, como el del vino, sabemos que es mucho más que eso. Es nuestra primera presentación ante un posible cliente que puede no saber nada de nosotros.

Tiene que conjugar información y estética. Y, por supuesto, reflejar nuestra marca, nuestros valores, la calidad de nuestro vino. Y, en muchas ocasiones, con las limitaciones que parten de la legislación pertinente, además de otros aspectos como la cantidad de botellas que elaboremos, el papel que empleemos, los acabados…. Multitud de detalles que tienen que ver en el resultado final y que pueden sumar valor a nuestro producto.

Aquí cobra protagonismo otro parámetro estilístico que muchas veces no tenemos en cuenta: la TIPOGRAFÍA. Una tipografía bien elegida además de transmitir el mensaje que tiene escrito, habla de nosotros, de nuestra marca, valores y propósitos. Entonces, si tiene tanta importancia, habrá que tener un poco de cuidado al elegirla, ¿no?

A continuación, os vamos a dar algunos datos generales de lo que transmite cada estilo de tipografía. Nos puede servir de punto de partida para elegir la nuestra.

  • Las tipografías redondeadas transmiten cercanía, son perfectas para proyectos desenfadados o productos hechos a mano.

 

 

  • Las letras con serif, o lo que quiere decir que las letras no acaban en forma recta o redondeada, sino que tienen un adorno (una serifa). Transmiten mucha seriedad, tradición y elegancia.

 

 

 

  • Las sans serif, o sin adorno en las letras, son tipografía con mucha personalidad. Transmiten seriedad y modernidad. Están muy de moda, sobre todo en formato negrita con separación amplia entre las letras.

 

 

  • Las sript tienen ligaduras entre las letras, que parecen estar escritas. Suelen usarse para títulos. Transmiten cercanía, afecto y creatividad.

 

  • Y por último las display o decorativas son las tipografías creadas normalmente para un fin específico. Se podría incluso sacrificar un poco la legibilidad.

 

 

Tras estas nociones sobre tipografías, podemos empezar a ver lo que queremos transmitir desde Bodegas Comenge: seriedad, tradición, modernidad y elegancia. Son algunas características que describen nuestra marca y nuestros vinos.

Una vez ya tenemos como punto de partida la tipografía es preciso adecuarla a lo que queremos transmitir. Algunos buscan visibilidad, otras quieren resultar informativas detallando diferentes aspectos del vino (variedad, forma de elaboración, suelo…), otras buscan reconocimiento, diversión, tradición…. Todas las opciones son válidas y la creatividad está al servicio de ellas.

Aquí podemos ver algunos ejemplos:

 

Cambio de etiquetas en Bodegas Comenge

Esta ha sido la evolución de la imagen de nuestros vinos:

La línea creativa era bastante uniforme, la estética resultaba atractiva y la imagen de la bodega daba un toque diferencial y único.

Pensamos en acentuar los valores familiares y ecológicos de Bodegas Comenge y por ello, realizamos un rediseño, buscando elegancia, naturalidad y calidad, valores que también queremos que comuniquen nuestros vinos.

El resultado fueron unas etiquetas con una clara línea que demuestra unidad y modernidad. Incluir el sello de la bodega remarca la familiaridad y la tradición de Bodegas Comenge.

Tenemos que ser conscientes de que en muchos momentos las botellas serán la primera impresión que un cliente potencial tendrá sobre la bodega. Nuestras etiquetas hablarán por nosotros. ¿Qué quieres que digan?