¿Vale un vino lo que cuesta?

El precio al que los consumidores pueden comprar un vino es uno de los aspectos que más controversia suscitan en el sector. Etiquetas que para algunos con carísimas, para otros son una verdadera ganga.

En ocasiones, seguro que has probado vinos económicos que te han emocionado y vinos por los que has pagado un precio superior a lo que tenías pensado, pero que no han cubierto tus expectativas. La eterna afirmación “tiene buena/mala relación calidad-precio” alberga muchísimas lecturas y fijar el precio, por parte de una bodega, requiere el tener en cuenta muchísimos factores.

El precio se trata de la cantidad de dinero que una persona abona por un producto o servicio en un momento determinado y en un contexto concreto. Esto quiere decir que esa cuantía puede variar de un momento a otro y de un lugar a otro.

Las bodegas determinan el precio de sus vinos en función del coste de producción del mismo (viña, personal, alquileres, materia seca…), pero también de otros factores como la competencia en determinado escenario, la imagen que su marca o la inmersión de la misma en un determinado mercado.

Existen múltiplos condicionantes externos que determinan el precio de un producto, como un cambio en los costes de producción, la cantidad disponible de cierto producto (pensemos en una añada muy corta en producción por x motivo), el valor adquisitivo de las personas en un determinado momento, las modas… Particularmente esos dos últimos conceptos juegan un papel importante en la demanda: si un producto se pone de moda, lo normal es que su demanda aumente y el precio suba. Si las preferencias cambian, el precio disminuirá porque el producto será sustituido por otro.

La venta y distribución del vino es especialmente compleja, porque entran en juego muchos eslabones de la cadena. A día de hoy, aún hay consumidores que esperan comprar el vino directamente de la bodega a prácticamente ‘precio de coste’ pero, ¿cómo vamos a hacer eso y crear competencia con nuestros propios clientes del entorno?

 

La distribución de los vinos

El distribuidor compra el vino de la bodega a un determinado precio. Dicho distribuidor después lo vende a otro más pequeño o al sector HORECA, por lo que incluirá los costes de esta transacción y un margen de beneficio. Si el vino se comercializa en una tienda especializada, tendrá un precio; mientras que si se vende en un restaurante, tendrá otro.

Es entendible que no es lo mismo comprar una botella de vino on-line, en un supermercado, que en una tienda especializada donde una persona formada te puede aconsejar y aportar valor (conocimiento) o en un restaurante donde, además de lo anterior, entran en juego las copas, el servicio de descorche, la conservación del vino, etc

Y aquí es donde el valor cobra importancia. Desde el punto de vista de los costes, el valor de un vino está relacionado con un trabajo manual en la viña, pendientes muy empinadas, cepas minoritarias o muy viejas de escaso rendimiento, largas crianzas, una zona poco conocida vs emblemática… Pero hay una parte, podría decirse, intangible, que crea valor.

En este sentido nos estamos refiriendo precisamente a conceptos vinculados con el marketing la comunicación: puntuaciones en guías y revistas especializadas, posicionamiento de vino en restaurantes de alto nivel, percepción de los clientes de ese vino en concreto e imagen de marca global…. Está de nuestra mano y de los embajadores de los vinos (sumilleres, clientes, prescriptores) el poder aportar valor a un determinado producto.

Qué es decantar vino? Descubre su significado

Cuando se habla de vino, conviene hacerlo de: con qué acompañarlo, en qué cantidad, en qué tipo de copa y por supuesto, de cómo servirlo. Pero explicar cómo servir el vino, no es lo mismo que explicar la forma de servir otra bebida u otro alimento porque, servirlo bien o servirlo mal, será determinante para poderlo disfrutar más o menos, mejor o peor. Cuando hablemos de servir vino y, atendiendo a la terminología empleada en el sector, tendremos que emplear el verbo decantar. ¿Qué es decantar vino, qué tiene de particular, entonces?

Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, decantar es “separar un líquido del poso que contiene, vertiéndolo suavemente en otro recipiente”; la misma fuente da otra definición del verbo decantar que, en su forma pronominal, decantarse, significa “inclinarse, tomar partido, decidirse”. Tanto una como otra nos viene bien para el tema que nos ocupa.

Los dos significados de decantar vino

La primera, porque, qué duda cabe de que remover posos y sedimentos del vino es necesario para evitar que éstos se instalen en nuestra copa; y, cómo no explicar que buena parte del significado del verbo decantar hace alusión a oxigenar ese vino que lleva tanto tiempo sin poder salir de la botella. El oxígeno hace maravillas y, entre ellas, consigue que mejoren y aparezcan aromas hasta entonces escondidos.

La segunda, porque puestos a decantarnos, a tomar partido o a decidirnos, cómo no hacerlo por aprovechar al máximo las virtudes y sabores de aquél que con tanta alegría vamos a beber y, para ello, inclinarnos por remover el vino una vez en nuestra copa antes de llevárnosla a la boca. Esta es una de las opciones a la hora de decantar el vino, siempre con nuestra copa en la mano; la otra, decantar todo el contenido de una botella de vino en otro recipiente, algo que por lo general y si se hace bien y sin excederse, puede ser mucho más efectivo.

Importante recordar, sin embargo, que quienes ese día se decidan por un vino viejo deberán vaciar la botella lentamente en el segundo recipiente y asegurarse de que los sedimentos e imperfecciones se quedan en el cuello de la botella; los que opten por uno joven, lo tendrán más fácil: basta con abrir y echar el contenido en el decantador.

En cualquier caso, sea viejo o joven, hay que saber que decantar un vino es cambiarlo de envase y que, por lo tanto, para una buena oxigenación no basta con dejar la botella abierta durante un rato. Decantémonos entonces por cambiar nuestro vino de recipiente para poder disfrutarlo al máximo. ¿O no?

El imperio chino del vino

Foto de Château Changyu Moser XV

Ya hemos comentado en otras ocasiones cuáles son los efectos del cambio climático en la viticultura, qué podemos hacer las bodegas para combatir el aumento del calentamiento global y cuáles son las nuevas zonas de producción de viñedo en el mundo.

El cambio climático está ‘dañando’ zonas clásicas de elaboración de vino, favoreciendo maduraciones más desiguales, vinos con más alcohol y falta de acidez en algunos casos. Pero hay otras zonas y países, como explicamos en este artículo, a los que sin duda esta variación de clima les está ayudando: uno de los ellos es China.

En 2018 el gigante asiático ya se situaba en el noveno lugar de producción de vino, desbancando a zonas clásicas, y no es de extrañar que a corto plazo ocupe el pódium en el mapa vitícola.

Estamos hablando de que hay zonas prácticamente desérticas, donde en invierno las temperaturas pueden bajar hasta los 30 grados bajo cero, en las que ya han plantado viñas. El agua para su cultivo se lleva de fuentes hídricas que se encuentran a más de 200 km. de distancia.

Influencia de Burdeos y regiones

La ‘inspiración’ en los vinos de Burdeos es clara en los productores de vinos chinos. La Cabernet Sauvignon es la uva principal con la que se elaboran los vinos, aunque también se emplean Cabernet Franc, Merlot, Carménère (originaria de la zona de Médoc pero conocida mundialmente por los vinos chilenos), allí denominada Cabernet Gernischt, y  Marselan, originaria del sureste de Francia. Con respecto a las uvas blancas, aunque su cultivo es minoritario, predominan las internacionales Chardonnay y Riesling.

Debido a la extensión de China, podemos diferenciar varias regiones vinícolas que tienen un clima muy diverso entre sí. Las más relevantes son:

  • Provincia de Shandong (Yantai, Penglai y Qingdao): Quizás sea el área más parecida a Burdeos, está a su misma latitud y se sitúa en el litoral del Mar Amarillo, por lo tanto, tiene un clima marítimo.

 

  • Zona del Centro – Noroeste (Xinjiang, Ningxia y Gansu): Ningxia es, de hecho, la zona más afamada de China, a 1.200 metros de altitud. Aquí también se cultiva la uva Merlot –como en Burdeos- y han ideado un sistema de calificación similar a la región francesa. Ningxia se caracteriza por un clima muy extremo, se ubica cerca del desierto del Gobi, y los viticultores deben, literalmente, enterrar las cepas en invierno para que no se mueran debido a las bajas temperaturas.

 

  • Hebei (Hualai y Changli): Esta zona rodea a la capital de China, Pekín, y ocupa el tercer lugar en la producción de vino total del país. En este caso hay dos subregiones muy bien diferenciadas debido a su altitud y al clima. Por un lado, Hualai (a tan solo dos horas de la capital) tiene viñedos a más de 1000 metros de altitud y tiene un clima seco durante la época de desarrollo de la vid. El cultivo de la vid Changli, sin embargo, es mucho más complicado debido a la alta humedad, que conlleva la aparición de enfermedades fúngicas.

 

China está dominada por los grandes productores. La primera bodega que se creó en el país y cuyos vinos ya se pueden comprar en supermercados en España es ChangYu Pioneer Wine (Château Changyu, 1892). Tan solo de su vino más emblemático, elaboran alrededor de 500 millones de botellas al año.

Ritual del vino: uno para cada momento importante

No se puede ser más completo, más atractivo, se mire por donde se mire. Hablamos de vino, está claro. Este producto tan exquisito, tradicional, saludable y rey de tantos eventos, es susceptible de ser invocado no solo por su calidad y por el placer de catarlo, sino por otras tantas razones aparentemente ajenas a él. Rey de la mesa y protagonista indiscutible de muchos rituales con vino. Dudar de su capacidad para emocionar y para despertar esas emociones que persiguen objetivos dispares, es como negar la evidencia.

Desde el principio, desde su vendimia, el vino es motivo de celebración. Quizás sea este el primer ritual con vino que debamos mencionar. Los festivales apoteósicos que tenían lugar durante las fiestas de la vendimia que, como no podía ser de otra manera, estaban ya dedicados al dios del vino: Dionisio Baco. ¿Podría ser este el origen de otros tantos rituales con vino que practicados por los más supersticiosos apelan a lo divino, etéreo o invisible pero no por ello incierto?

Y es que el vino está asociado por muchos de estos rituales a la suerte y, con ella, a esa suerte que siempre se le desea a aquellos que antiguamente se aventuraban a surcar los mares a bordo de un barco. Antiquísima es la tradición de bautizar los barcos. En la Antigua Grecia, estrellar una botella de vino o derramarlo sobre la cubierta de un barco nuevo, era la forma de bendecirlo y de apelar a su protección, y como sabemos, este es un ritual que se sigue practicando hoy.

Otros rituales con vino

Y si todo ritual del vino está asociado a la suerte y al porvenir, cualquier momento importante en la vida de una persona, ¿cómo no va a concedérsele un espacio destacado en esos momentos de celebración? Banquetes y bodas, sin ir más lejos, tienen su origen en la antigua Babilonia y, precisamente de aquel vino con el que el padre de la novia obsequiaba a su yerno y que se denominaba aguamiel, viene lo que hoy conocemos como luna de miel. El vino, la luna y el calendario lunar, que era por aquel entonces el empleado, son los responsables de que hoy sigamos empleando este término para referirnos a estos románticos viajes. Los que podíamos pensar que la luna de miel era una invención moderna estábamos muy equivocados.

Pero hay muchos más. Los rituales con vino son habituales entre los aficionados a los ¨hechizos¨: para atraer el amor, para atraer la felicidad, para endulzar la vida de la pareja. No cabe duda de que el vino abarca casi todo, puede estar allá donde se le necesite. En lo etéreo y en lo terreno. En el primero, para desear y conmemorar inicios felices; en lo segundo, para disfrutar de lo que tenemos y celebrarlo.

Sabemos que hay muchos más rituales interesantes que tienen su origen en el vino y cada cultura tiene las suyas ¿Conoces algún ritual del vino interesante o curioso? Déjanos tu comentario aquí y lo leeremos con gusto.

Vino de mesa, ¿qué lo diferencia del resto?

A pesar de tratarse de un término extensamente empleado, no siempre sabemos exactamente, a qué hace referencia el concepto de vino de mesa. ¿Qué es un vino de mesa? ¿Por qué se le llama así? ¿Puedo confiar en que será de calidad?

A muchos nos gusta el vino, pero no por ello entendemos o tenemos si quiera, los conocimientos que parecen más elementales. Nos movemos con cierta comodidad entre algunas denominaciones de origen conocidas, confiamos en ellas, las hemos probado, nos gustan y con esto nos conformamos. No arriesgamos o arriesgamos poco. Rara vez nos atrevemos a pedir algo diferente por puro desconocimiento. Lo de vino de mesa, nos suena, sí, pero probablemente el desconocimiento de lo que significa o del porqué de su nombre, nos hace ignorarlo y tirarnos, de nuevo, a por una denominación de origen que más familiar.

… Y esto es, precisamente, lo que explica qué es un vino de mesa: aquél al que no ampara ninguna denominación de origen ni otros datos que bien podrían aportarnos otra información a la que confiarnos. Los vinos de mesa no especifican en su etiqueta, ni la zona de procedencia, ni el año de la cosecha, ni la variedad de uva con la que han sido producidos. El resultado se presenta entonces evidente; se traduce con frecuencia en asociar esta falta de datos a una baja calidad del producto. Sin embargo, no tiene por qué ser así.

Etiquetas del vino de mesa

Que un vino de mesa no detalle en su etiqueta la variedad de uva, no es sinónimo de baja calidad. Muy al contrario, puede haber sido elaborado con una mezcla de uvas de diferentes regiones que se acercan mucho a lo que entendemos por uva de calidad. Y es precisamente, esta mezcla lo que impide especificar y concretar en la etiqueta esos datos que con frecuencia aparecen en los etiquetados de otros vinos.

Tampoco ayuda el hecho de que la Unión Europea estableciera en su día, la distinción entre vino de mesa o vino de calidad. Tras esta diferenciación, se impidió dejar constancia en la etiqueta del año de la cosecha y, como se explica anteriormente, de la variedad de uva con la que se ha elaborado el vino.

La siguiente pregunta que se nos plantea es la de si un vino de mesa, por el hecho de responder a los requisitos antes expuestos, se limita a un solo tipo o si por el contrario, existen diferentes clasificaciones.

Los vinos de mesa, efectivamente, pueden pertenecer a distintas clasificaciones según sus características. Hay vinos de mesa que llevan la mención de vino de la tierra. Esta mención alude a una serie de características específicas conferidas por las condiciones de cultivo y variedades de vid, entre otras.

Existe también otra clasificación: viñedos de España, mención en la que se incluirían los ya mencionados vinos de la tierra, pero que responden además a otros criterios como el envase, etiquetado o cuestiones analíticas y sensoriales concretas.

En definitiva, el vino de mesa puede ser estupendo. No por contar con esta nomenclatura ha de ser de baja calidad y, más aun, no por presentarse como un producto menos sofisticado deja de poder ser clasificado en una u otra categoría. Vino de mesa o no; de denominación de origen o no; blanco tinto o rosado, no importa. El vino sigue siendo vino y como tal, en la mesa es donde mejor está.

Los vinos más populares del mundo, ¿son también tus vinos preferidos?

Según dónde vivamos y el país del que procedamos, así serán nuestras costumbres y nuestro consumo. Si el vino forma parte de nuestra rutina alimentaria, si ocupa una parte importante de nuestro ocio y suele ser uno de los protagonistas que amenizan relaciones sociales y aperitivos varios, seguramente, serán aquellos que consumamos con más frecuencia, los que, para nosotros, serán los vinos más populares del mundo.

Si embargo y, aludiendo al argumento con el que da comienzo este artículo, la costumbre de consumir uno u otro tipo de vino, dependerá en gran medida de nuestro lugar de procedencia y de residencia. España es un gran productor de vino, uno de los principales. ¿Está alguno de ellos entre las diez variedades de vino más populares del mundo? Y es que, hablar de vinos populares, significa hacerlo también de variedades de uva y, precisamente, son algunas de estas variedades de uva que dan lugar a algunos de los vinos más populares del mundo, las que cultiva, cuida y emplea Bodegas Comenge en la creación de sus vinos.

Los vinos más populares son las uvas más populares

La variedad Cabernet Sauvignon se emplea en la creación de vinos que acompañan generalmente, carnes rojas y pasta. Es una variedad que, a pesar de ser originaria de la región francesa de Burdeos, se adapta a multitud de climas, especialmente, a aquellos que habitan zonas templadas y que poseen inviernos suaves. Bodegas Comenge concede un lugar especial a esta variedad de uva, con la que produce un vino fresco, intenso y profundo, que forma parte de nuestro coupage más especial: Don Miguel Comenge.

Una segunda variedad, ampliamente conocida por todo el mundo, es la variedad Merlot. Los vinos creados con esta variedad de uva son más suaves y se caracterizan por sus aromas afrutados y balsámicos.
La variedad Malbec, originaria también de la región francesa de Burdeos y extensamente cultivada en países de América de Sur, tiene la particularidad de ser una de las mejores compañías para las carnes rojas.

Pero, ¿qué pasa con el vino blanco? Imposible no mencionarlo y, con él, al tipo de uva empleado en su elaboración. Entre los vinos más populares del mundo no pueden faltar aquellos elaborados con la Chardonnay. Producida principalmente en Los Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, esta variedad es la protagonista en estos países.
Otras de las empleadas en la producción de vino blanco es la Sauvignon Blanc. Más económica y tremendamente robusta, no necesita de largo tiempo para su envejecimiento. Un vino blanco producido a partir de esta uva es algo delicioso, como también lo es uno de nuestros queridos y característicos vinos blancos: el vino blanco de Rueda.
La uva Verdejo es precisamente, esa uva blanca de raza y tradición que se emplea en la elaboración de vinos de diferentes denominaciones de origen, entre ellos, la de Rueda. En Bodegas Comenge la variedad de uva Verdejo es la reina de los vinos blancos.

Hay más, Riesling y sus diferentes variedades con las que conseguir vinos dulces, secos y con aroma a hierbas; Pinot Noir y los vinos tintos y rosados del Ródano, versátiles y frescos en los que participa; Syrah o la uva de esos vinos perfumados que suelen acompañar platos especiales.

Al final, que nuestro vino favorito esté o no dentro de los vinos más populares del mundo, no es en absoluto relevante. Para gustos, colores, y para vinos populares, nuestros preferidos.

Las costumbres del vino más curiosas del mundo: España, en la lista

Lo que a algunos nos puede parecer que no tiene nada de particular, a otros les llama la atención hasta tal punto de que nos mencionan en su lista de “el vino y las costumbres más curiosas del mundo”. La localidad riojana de Haro es conocida al parecer, no solo por su vino, sino por la costumbre de derramar y lanzarse el vino unos a otros durante la celebración de su festival del vino.

Otra de las razones por las que se nos incluye en este ranking de curiosidades dignas de mención, es por nuestra costumbre, o la de algunos menos exigentes con esta bebida, de mezclar el vino con refrescos. El archiconocido calimocho o el más que consumido tinto de verano, son algunos de los ejemplos que nos han colocado entre los habituales del vino con las costumbres más curiosas del mundo.

Otros países y otras costumbre con el vino

Sin embargo, ni somos los únicos, ni somos los más originales en este sentido. La siguiente costumbre ucraniana es, posiblemente por poco escrupulosa, merecedora de los primeros puestos entre todas estas costumbres protagonizadas por el vino. Aunque reservada exclusivamente para bodas, esta costumbre consiste en conseguir robarle el zapato a la novia para llenarlo de vino y bebérselo después.

En Japón, estas costumbres, tienen más que ver con evitar los malos pensamientos y prejuicios ajenos. Lejos de las que acabamos de describir y con el objetivo de intentar que el personal no piense que bebemos más de la cuenta, los japoneses no rellenan su propio vaso de vino. Primero lo hacen con el de su acompañante y esperan a que sea éste quien rellene el suyo. Tener que esperar a que todo el mundo esté servido antes de dar el primer trago, es solo uno de los hábitos nipones que llaman la atención en el extranjero. Una segunda, catalogada también como una de las más curiosas del mundo en lo que a vino se refiere, no es otra que la de beber vino con un hielo o dos tal y como manda la moda del momento.

Las siguientes costumbres son, sin lugar a dudas algo menos sofisticadas, En Armenia, quien termine la botella de vino, tendrá que pagar la siguiente ronda y en Georgia, se espera que un buen comensal sea capaz de brindar al menos veinte veces por cada uno de los motivos propuestos por quien lidera la mesa.

Terminamos con nuestros vecinos portugueses. A ellos les gusta el fuego ¿Cómo no van a estar entre el vino y algunas de las costumbres más curiosas del mundo? Sí, lo están. Unas tenacillas calentadas a fuego que se apoyaran sobre el cuello de la botella y un recipiente con hielo en el que colocar luego la botella. Las leyes de la física hacen el resto…. No hay mejor manera para abrir una vieja botella de Oporto.

Vinos antiguos, ¿se pueden beber?

Puede pasar que incluso los no entendidos en vino, pero que gustan de su consumo ocasional, se hayan topado con alguna botella antiquísima fruto de algún descubrimiento entre trastos olvidados en algunos rincones de casas ajenas, casas de familiares que vivieron en el pueblo… Botellas, de ahora vinos antiguos, que no sabemos si abrir, tirar o volver a dejar en su sitio como si nada hubiera pasado.

Sea cual sea la decisión tomada o la razón por la que estos vinos antiguos hayan llegado hasta nuestras manos, nos volveremos haciéndonos una pregunta inevitable, ¿se podrán beber?

¿Cuánto tiempo puede conservarse un vino en una botella? ¿Tienen los vinos fecha de caducidad? A pesar de que las respuestas exactas a estas preguntas dependerían, obviamente, de las circunstancias, existen argumentos que pueden dar respuestas aproximadas; que pueden, al menos, ayudarnos a saber si los vinos antiguos, solo por el hecho de serlo, son siempre una reliquia que se puede consumir.

El vino más antiguo

Lo cierto es que eso de que cuanto más tiempo tenga un vino, mejor será y mayor valor tendrá, no es cierto. Casos como el de 2017, en el que un grupo de arqueólogos halló en Sicilia un vino de 5.000 años de antigüedad, son más que especiales. El que es, probablemente, el vino más antiguo jamás encontrado, suscitó interés por el estado en el que se encontraba, pero lo que acaparó la atención fundamental de estos vinos antiguos, fueron los envases que lo contenían y los materiales empleados para su almacenaje.

Parece difícil que nadie, en condiciones normales, dé con un descubrimiento de estas características, así que para todos aquellos que en algún momento puedan sostener entre sus manos botellas de vinos antiguos, aunque no tanto, diremos que, en términos generales, el vino es un producto de tiempo limitado y que, pasado este tiempo, empezará a perder cualidades. Todo depende del tipo de vino y en términos generales, son los dulces aquellos a los que el tiempo trata mejor.

Los vinos jóvenes tintos y blancos, esos que no han pasado por un proceso de crianza, duran poco; mejor consumirlos durante los meses siguientes a su embotellado.

A los jóvenes, aunque sin poder decir aun de ellos que son vinos antiguos, les siguen en capacidad de aguante, los blancos crianza y los tintos crianza. Los primeros son susceptibles de ser bebidos entre 2 y 7 años después de su embotellamiento, mientras que los segundos entre 5 y 10 años después de su elaboración.

Vamos entonces a llamar vinos antiguos a aquellos cuya vida pueda prolongarse todavía unos años más. ¿Qué tipo de vinos son estos? Los tintos reserva y grandes reserva pueden sobrevivir hasta 20 años y algunas variedades de vinos dulces como el Oporto o variedades de Burdeos, lo hacen entre 25 y 50 años. Sin duda, vinos antiguos, para brindar por los antiguos momentos.

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6 zonas vinícolas famosas por sus rosados

Vinos rosados del mundo

Vinos rosados del mundo

Los tremendos denostados del mundo de vino. Supuestamente, vinos con bajísima calidad y elaborados con las peores uvas… El nieto más feo de la vid. Hace algunos años, no se confiaba en que los vinos rosados pudieran tener su espacio en el espectro vinícola (particularmente en España): unos vinos simples sin nada que decir. A día de hoy, esto ha cambiado. (¡Y damos gracias por ello!)

El rosado es uno de los vinos con mayor crecimiento en los últimos años y esto no es casualidad. Una vez se ha superado la falta de atención que han tenido por parte de productores y consumidores, debemos atender con mirada crítica el presente y el futuro de estas elaboraciones.

Los viticultores de muchos rincones del mundo han mostrado interés en estos vinos, aprendiendo y matizando todos los aspectos: variedades y métodos de elaboración (incluida la crianza).

Si hace algunos años hablamos con cualquier viticultor de prácticamente cualquier zona, se reiría si tan solo mencionamos la crianza de los vinos rosados. Por suerte, estamos viviendo una época dorada para estos vinos, ¡parece que están de moda!

Mucho tenemos que agradecer a los que se empecinaron con estos vinos, riojanos, navarros, vallisoletanos, californianos y a los provenzanos, entre otros. Ellos creyeron y trabajaron estos vinos desde hace años y ahora son referentes en este estilo, cada uno con sus propios matices.

1. CALIFORNIA

Es famoso su White Zinfandel, un estilo de vino que parte de su variedad tinta local, Zinfandel. Es la uva “propia” de California y la más cosechada en este estado. Tiende a madurar de forma no homogénea, por eso en el momento de la vendimia, cuando el racimo completo ha madurado algunas bayas ya se habrán pasificado. Esto hace que sea habitual encontrar azúcar residual en estos vinos.

Son típicamente afrutados, pálidos, con poco alcohol y como hemos dicho, de dulzor medio. Un ‘must-taste’ entre los millenials americanos.

2. PROVENZA

Utilizan diferentes variedades entre las que podemos encontrar Garnacha, Carignane (Cariñena), Mouvedre (Monastrell), Cinsault y Syrah. Normalmente no se trata de vinos varietales, sino que hacen ‘coupages’. Es el vino mayoritario en esta zona (entre el 60 y el 70% del vino elaborado).

Suelen ser muy pálidos, rosado color cebolla. Son los vinos del momento. Los que podemos encontrar en prácticamente todos los sitios. Se han puesto de moda y muchos mercados han adaptado su estilo de vinos a los de la Provenza.

Son vinos de color tenue y estilo ligero, fresco y frutal.

3. RIBERA DEL DUERO

En Bodegas Comenge hemos elaborado nuestro propio clarete, o rosado (porque según la Ley Europea, son lo mismo), Carmen by Comenge.

Se trata de un clarete de parcela, que mezcla el viejo Albillo castellano, el cual aporta frescura, viveza y sutileza aromática y las tradicionales uvas tintas de nuestros viñedos de entonces: Tempranillo, Valenciana y Garnacha, que forman un compendio de elegancia, potencia y riqueza aromática. Cría durante 6 meses con sus propias lías. Es un vino muy exclusivo ya que se elaboran poco más de 4.000 botellas. y el resultado es un rosado intenso, con mucho cuerpo y largo en boca.

4. CIGALES

Las variedades más características de esta zona que abarca tierras de Valladolid y Palencia son Tempranillo, Albillo y Verdejo. Los mostos se mezclan en diferentes proporciones para conseguir diferentes matices y aromas. Los rosados o claretes, más comúnmente conocidos en la zona, presentan el 50% de la producción de la misma.

También son habituales los colores intensos, aunque en los últimos tiempos también se elaboran muchos de estilo provenzal.

5. NAVARRA

La uva característica de esta zona es la Garnacha y el método de elaboración el sangrado (mosto flor). El primer jugo que se adquiere de las uvas, se remonta sin prensar, para que adquieran color. Después el jugo se separa de las pieles y comienza la fermentación alcohólica.  Se obtiene un llamativo color frambuesa y unos aromas característicos de fresas es incluso golosinas.

En los últimos años se han elaborado más de 13 millones de litros de vino rosado.  Intensos aromáticamente, acidez equilibrada, gran frescura y atractivo color.

6. LEÓN

La Prieto Picudo es una variedad típica de Castilla y León, autóctona de Valdevimbre, Los Oteros, la Ribera del Río Cea y la más plantada en la denominación de Origen Tierra de León. Es una variedad con mucho color, mucha acidez y con gran cantidad de azúcar y tanino. La elaboración del rosado característico de esta zona se denomina madreo: se añade al mosto en fermentación los racimos enteros y muy sanos.

Aporta muchos aromas a frutas del bosque y florales. Se trata de vinos persistentes en boca y muy expresivos.

Aunque los vinos rosados pálidos están de moda y son más comunes de encontrar, no debemos perder la personalidad y la variedad que hay en el mercado. Con ello perderíamos parte de la riqueza de muchas zonas y mucho valor que ha costado conseguir durante muchos años.

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¿Es verdad que el mosto tiene alcohol?

El mosto, esa bebida que consumimos preferentemente durante los aperitivos de la mañana de sabor dulce y agradable que relacionamos con el vino y a la que con cierta frecuencia rondan algunas preguntas aun no resueltas. ¿El mosto tiene alcohol? ¿Cómo se hace el mosto exactamente? ¿Hay más de un tipo de mosto?

Sobre el vino, no cabe duda. Tiene alcohol, es una bebida de fama y tradición milenaria cuya elaboración y producción ha generado toda una industria de enorme peso y ha puesto en el mapa a regiones desconocidas hasta hace no mucho. ¿Es tal vez esto lo que ha conseguido que el vino haya desplazado al mosto y que se le tome más en serio?

Pero … ¿tiene alcohol el mosto?

Pero, ¿el mosto tiene alcohol? Y si fuera así, ¿habría conseguido el vino robarle ese protagonismo que tuvo antaño y que ahora se difumina para asociarlo a costumbres de menor envergadura?

Resolvamos algunas de estas dudas. El mosto es también hijo de la tradición y cuenta entre sus atractivos con toda una serie de propiedades que se derivan de la uva.

El mosto se obtiene de exprimir y prensar la uva, acciones que derivan en un zumo dulce y que no es ni más, ni menos, que el paso previo a la fermentación por la que ha de pasar posteriormente para poder convertirse en vino.

A partir de aquí, y a la pregunta de si el mosto tiene alcohol, diremos que no; que se trata de una bebida que se consume como no alcohólica y que posee un alto poder antioxidante y grandes propiedades depurativas.

Es frecuente encontrarlo, además, en la composición de otro tipo de bebidas y productos gracias a su elevado porcentaje de agua, azúcares naturales y ácidos.

No pensemos, sin embargo, que el hecho de no tener alcohol reduce su variedad a un solo tipo de mosto. Serán los diferentes procesos por los que pase la uva, los que determinen la obtención de un mosto más simple o más complejo pero que, en cualquiera de los casos, necesitarán de una uva cuidadosamente seleccionada y limpia.

Para los más osados y aventureros de la cocina, el mosto se lo pone fácil. Es una de esas bebidas que permite ser preparada en casa. El mosto casero tampoco tiene alcohol, y para su elaboración basta con tener una buena cantidad de uvas y una licuadora. El resultado: mosto de pura uva que enriquecerán las pepitas, la pulpa y el hollejo. Para los más meticulosos, un colador con el que colar el resultado y obtener una bebida más fina. ¿Qué tal un desayuno con mosto casero para empezar el día?