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¿Vaso de vino o copa de vino? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué?

Más allá de manías, caprichos y preferencias personales, la forma de acercarse al vino, de beberlo y disfrutarlo, encierra toda una serie de razones con sentido. Podemos preferir el chato de vino en el aperitivo, en cuyo caso optaremos por un vaso de vino mientras “chateamos” con amigos, generalmente, durante la mañana de alguno de los días del fin de semana.

Otra opción: una copa de vino durante alguna de las mencionadas mañanas mientras disfrutamos de un aperitivo, a poder ser, en una terraza, con buen tiempo y sin prisa.

Ambas costumbres, por lo que significan, por el placer de saborear un momento irrepetible durante el que aparcar cualquier preocupación y cualquier pensamiento, son perfectos. Sin embargo, la sencilla manera de sujetar el recipiente en el que nos sirven ese trago especial, puede marcar la diferencia, convertir en decisivos los minutos y cambiar, por qué no, nuestra manía…Y es que todo tiene una razón de ser.

Para empezar, la copa de vino o el vaso de vino, están hechos de cristal; un material que no ha llegado hasta aquí al azar. Las propiedades del cristal empiezan transmitiendo lo que determinará las sensaciones posteriores que producen el gusto de determinados productos, alimentos, bebidas.

Copa o vaso de vino, todo tiene su momento

De la misma forma que el cristal, cuyo tacto es particular, la forma del recipiente dota también al producto en cuestión, de características particulares. El vaso de vino es capaz de transmitir, por su forma, la manera en la que lo sujetamos, un calor corporal que no transmite la copa de vino, solo porque al sujetarla por el pie, la mano no calienta el vino y permite que éste conserve su temperatura ideal.

Así, a la respuesta de por qué beber el vino en copa, nos encontramos con que hay que añadir que, a la temperatura corporal, la forma de este recipiente es la ideal para mantener y amplificar los aromas del vino.

¿Un chatito de vino? Sí, pero para saborear la tapa rápida, para momentos en los que el vino y la tapa que lo acompañan ceden el protagonismo a charlas y ánimos más festivos. Una copa de vino pide algo más de tiempo para saborear, para prestar la atención que merece un sabor tan poco corriente como el recipiente que lo contiene y que ha sido pensado para ser llenado hasta su Ecuador, para otorgar un efecto concreto y buscado; para dotar de carácter y potenciar el sabor; para conceder el protagonismo merecido a ese vino que, en según qué momento, solo puede ser servido, saboreado y apreciado en una copa de vino.

Maridaje de vinos, el mejor regalo para el sentido del gusto

Comer es un placer. Beber vino es un placer. Si combinamos ambos placeres y lo hacemos bien, el placer se multiplica y le estaremos dando a nuestro sentido del gusto, el mejor de los regalos. A este “matrimonio”, cuya unión persigue realzar el sabor de uno y otro mediante una perfecta combinación, es lo que conocemos como maridaje de vinos.

Y, ¿en qué se traduce el maridaje de vinos además de en evidenciar la conexión de diferentes productos con los que cuenta nuestra gastronomía? Se traduce en armonía, en disfrute, en conocimiento y en perfecta convivencia.

Y, ¿cómo conseguir un exquisito maridaje de vinos? Como todo lo bueno, necesita de interés y de inquietud; de preocupación y de iniciativa, para, al final, dar con ese conocimiento que nos permite descubrir quién se lleva bien con quién y quién, por el contrario, puede llegar a perder por el camino,  buena parte de su atractivo cuando su compañero de mesa no es capaz de cederle el protagonismo que merece; en definitiva, cuando no se ha conseguido dar con el maridaje de vinos y platos que pide el sentido del gusto.

Armonía para el maridaje de vinos

Como primera orientación, decir que cualquier conexión pasa por encontrar una armonía y esta armonía, se consigue con sensaciones, sabores, temperaturas y texturas, capaces de complementarse sin opacarse entre ellas. Los colores tienen también palabra en estos menesteres. Así, a alimentos blancos como el pescado, les gusta el vino blanco y, al color rojo intenso y vivo de la carne, el granate del vino tinto.

Lo mismo ocurre con los sabores. Un postre dulce podría pedir a gritos un vino dulce, y un ahumado, un vino blanco criado en barrica. Los contrastes también están permitidos, pero sería este un siguiente paso en el trabajo y estudio del maridaje entre vinos y platos.

En términos generales, y como pista o ayuda a quien desee empezar a introducirse en el mundo del vino y de los platos que mejor lo acompañan, puede decirse que los vinos rosados son buenos amigos de verduras, pastas y arroz; los blancos más jóvenes están pensados para un buen aperitivo, mientras que los vinos blancos de mayor nobleza, se complementan bien con marisco y pescados.

No nos podemos olvidar de aquellos que piden vino tinto como compañero de mesa. Un buen Crianza es el maridaje perfecto para carnes a la brasa y guisos y,  los embutidos, no tan exigentes, prefieren compartir sabor con un buen vino tinto más joven.

¿Y los postres? Sí, lo dicho. Piden generalmente, vino dulce…la mejor forma de poner fin a una buena comida sabiendo que hemos conseguido encontrar el maridaje de vinos en el que habíamos pensado, el matrimonio perfecto para dar sabor y alegrar nuestra mesa.

Los sabores básicos y el vino

Con las fiestas navideñas proliferan los posts y las recomendaciones sobre los mejores maridajes entre vino y comida. Que si los blancos con el pescado, los tintos con la carne, los dulces para el postre… (¿por qué casi nunca se habla de los rosados?); pero son menos las veces en las que se comenta el porqué.

En numerosas ocasiones se tiene en cuenta la potencia de los platos o, mejo dicho, de la materia prima en si; sin embargo, se deja de lado algo que es sumamente importante: las salsas.

No es lo mismo el buscar un maridaje para un solomillo al roquefort, en el que el queso cobrará un especial protagonismo, que una carne a la brasa. Tampoco es igual un pescado crudo que cocinado con una salsa al pil-pil, por ejemplo.

Por eso, aparte de la potencia del ingrediente principal del plato, es igualmente importante tener en cuenta los sabores básicos del mismo: acidez, dulzor, salinidad, amargor y umami.

No en vano, es preciso tener muy en cuenta que cuando decimos que algo ‘sabe a fresa’ en realidad, huele a fresa, solo que dichos aromas se perciben por vía retronasal (un conducto que hay entre la nariz y la boca).

La sal en las comidas

Si un plato es salado, hará que el vino con el que lo acompañemos sea más suave. Por ejemplo, un tinto demasiado tánico parecerá menos secante, menos amargo y menos ácido; por lo tanto, más fácil de beber.

La acidez

La acidez es un sabor que normalmente puede ayudar a que la compañía vino/comida sea más placentera, siempre y cuando el vino no peque de acidez justa. Es decir, si combinamos un vino demasiado amargo con un plato con acidez, el resultado será una sensación más dulce y afrutada.

Los platos dulces

Como es lógico, un postre muy dulce hará que el vino lo sea mucho menos, incluso que parezca amargo ácido. Para no errar, lo idóneo es acompañar un plato dulce por un vino que lo sea aún más, así no lo enmascarará.

El amargor en la comida

El amargo, en términos generales, no es muy amigo de los vinos, por eso buscaremos aquellos con suficiente potencia, suaves taninos y poco amargor.

Umami

Es difícil explicar qué es el sabor umami, pero podría ser prácticamente un sinónimo de ‘sabroso’. Hay muchos alimentos conocidos que tiene sabor umami, como los espárragos, las alcachofas, los champiñones o las ostras. Tradicionalmente, estos alimentos han sido difíciles de armonizar, ya que hacen que los vinos sean más astringentes, ácidos, amargos y menos dulces. Por ello es interesante identificar cómo han sido elaborados dichos alimentos y qué otros sabores destacan.

A todo lo expuesto anteriormente debemos añadir un aspecto fundamental: el gusto de las personas. Hay algunos paladares que son muy tolerantes a todo tipo de sabores, que disfrutan que el picante, el amargor… Sin embargo, otros paladares son muy sensibles a las ‘emociones fuertes’, por lo que les serán más agradables vinos como el Riesling, Garnacha o Pinot Noir.

Esta Navidad da la nota con el vino

Llega la Navidad, y con ella días de celebración en familia, encuentros con amigos, cenas de trabajo y demás eventos que llegan incluso a desbordar al más familiar y fiestero de los humanos. Es probable que seas anfitrión de alguno de estos encuentros, y que incluso te toque elegir el vino. Por nuestra parte, te animamos a ello e incluso te damos algunos consejos para desmarcarte de lo políticamente correcto, o lo que es lo mismo, del maridaje convencional.

Olvidemos el aburrido mito del blanco para aperitivo, marisco y pescado; el tinto para carne roja; y el espumoso para los postres y turrones. En la próxima celebración navideña, atrévete a dar la nota y sorprender. Haz que tu elección sea motivo de conversación y brindis. Te animamos a introducir vinos desconocidos, de otras denominaciones a las que estés menos habituado, e incluso de otros países afamados como el nuestro por sus buenos vinos.

El vino, un aliado en la mesa

El vino ha tenido la habilidad de hacerse hueco en toda celebración que se precie, porque yo ahora no puedo imaginar una reunión en torno a una mesa sin su presencia como bebida principal. Porque el vino tiene esa capacidad de crear armonía, no sobresalir ni pasar inadvertido, y aquí entra en juego el color, la textura, el olfato y el gusto, en definitiva aportar el equilibrio perfecto entre mesa, comensales, platos y vino. En este sentido, el vino tendrá un papel no únicamente de acompañante sino también de aliado, capaz de sacar lo mejor de cada degustación, desde una cena informal hasta el más exquisito de los banquetes.

Esto sólo se consigue, eligiendo bien. ¿Qué tal empezar con un rosado, que sea potente en fruta y complejo en cata? Un rosado fresco es ideal para el aperitivo, que están ahora muy de moda, lo que dará pie a una conversación en torno a él.

Tras el aperitivo, podemos pasar a un blanco con algo de barrica, pero sin descartar la posibilidad de optar a un tinto joven y afrutado en cualquier momento, ya que animará a los asistentes a abrir boca. Dar la posibilidad de catar varios vinos, sin encorsetarnos al protocolo preestablecido, es algo poco habitual, pero es interesante ofrecer opciones a los invitados:  al fin y al cabo de eso se trata, de catar y comentar.

Algo similar sucede con los fiambres y carnes blancas tan habituales en estas fechas y que tendemos a maridar con vinos tintos más jóvenes, pero si el pavo, capón o incluso el cochinillo, admiten guarniciones como mermelada, huevo hilado, pasas o compota, porque no elegir de nuevo un vino blanco o rosado para maridar estos exquisitos platos.

Antes de pasar al plato fuerte, momento de cambio de tercio, sugerimos sorprender a nuestros invitados con una cata del vino de la reciente cosecha, un vino que estará en pleno proceso de elaboración y maduración, pero que ya dice mucho sobre lo que va a ser en un futuro. Será un bonito momento para brindar por el éxito y los mejores deseos.

Después ya podremos continuar con la carne roja, solomillo, roastbeef, o el extraordinario lechazo de nuestra tierra, Aranda de Duero. Nuestra recomendación en este caso es sólo una: un vino tinto con barrica, cuerpo, y redondeo en botella.

Para el postre y turrones, todas las opciones son buenas. Un vino dulce, un espumoso o el mismo vino tinto con el que has terminado la noche. Sea la elección que sea, haz que el vino llene la mesa de buena conversación y bonitos momentos.

Por María Luisa Cuevas, Directora de Bodegas Ferratus

Tips para hacer un maridaje perfecto este verano

En esta temporada las comidas y reuniones con amigos están a la orden del día y muchas veces elegir el vino que va a acompañaros durante la velada, no es una tarea fácil.

El maridaje no es solo combinar comida y vino, es mucho más, es una experiencia que hemos de disfrutar y el entorno es lo más importante. ¿Cuántas veces relacionas una comida con un recuerdo? Si el recuerdo es bueno, recordarás la comida como una delicia, pero si no fue un buen momento, pasará todo lo contrario.

Por este motivo, hoy os dejamos algunos tips para que este verano consigas hacer un maridaje perfecto y todos se lleven un buen sabor de boca.

El clima

El clima es algo que nos afecta a todos y, también, a nuestra forma de vida. Al igual que cambiamos nuestra alimentación o la forma de vestir con las estaciones, no podemos consumir el vino de igual manera en verano que en invierno.

Con las altas temperaturas es más frecuente beber algo fresquito, por eso solemos optar por vinos blancos, o rosados, ya que son los vinos que se consumen a menor temperatura. Durante la época estival, también apetecen tintos ligeros, como Biberius, o aquellos elaborados con variedades de uva como Pinot Noir o Garnacha.

La comida

Como ya decíamos, la comida cambia según la temperatura a la que nos encontremos. Y, en esta época, las comidas ligeras y fresquitas suelen ser las favoritas de todos. Este tipo de comidas son ideales para acompañar con vinos blancos, ya que los vinos tintos tienen un sabor más intenso y pueden eclipsar el sabor este tipo de comidas.

Aunque bien es cierto que los vinos tintos también pueden ser el maridaje perfecto para acompañar una deliciosa comida veraniega. ¿Quién no disfruta de un buen rosado en una barbacoa?

¿Cómo podemos preparar el menú?

Pensar en el vino que combina con el menú, puede ser una tarea muy complicada. Por eso vamos a hacer un pequeño recorrido para hacer el maridaje perfecto con esos platos típicos de verano.

  • Arroces

Existen muchos tipos diferentes de arroces, por ello es muy difícil decir un solo vino que maride con todos esos tipos. Es importante fijarse en dos aspectos: El ingrediente principal de dicho arroz (carne, pescado, verduras…) y la textura de este.  Con el arroz, por lo general, un vino rosado siempre irá perfecto, aunque en el caso de los arroces de carne, optar por un vino tinto suave y sedoso, será un acierto seguro.

En el caso de las paellas de marisco o de pescado, no hay un maridaje mejor que un vino blanco de fuerza aromática. Un vino blanco con barrica también es una opción ideal para acompañar risotto o arroces melosos, pues la acidez limpia las papilas gustativas y el cuerpo del vino resulta una armonía perfecta con el intenso sabor del plato.

  • Gazpacho o salmorejo

El tomate es el ingrediente de estos platos, por este motivo nuestra misión es intensificar su sabor, esto lo conseguiremos con vinos de mucha personalidad ya sean rosados, blancos o tintos. Al tratarse de elaboraciones en las que el ingrediente principal tiene una acidez marcada, es importante no maridarlos con vinos demasiado ácidos, sino con un punto de dulzor. En caso contrario, la acidez resultará excesivamente molesta.

  • Barbacoa

Si la barbacoa es a base de carne, a priori un vino tinto podría ser la mejor opción. En función de si la base de la barbacoa son carnes blancas, como el pollo, podemos optar por un tinto de poco cuerpo, un blanco con crianza sobre lías o un rosado. Si la carne está especiada, quizás sea mejor opción un tinto crianza o rosados y blancos con barrica.

En caso de que la barbacoa sea de pescado, podemos optar por tintos suaves, blancos y rosados. En realidad, los vinos rosados o claretes de calidad como Carmen, resultan los más versátiles en este caso, debido al equilibrio entre el cuerpo y la acidez.

  • Ensaladas

Un comida fresquita y ligera ha de ir acompañada de un vino suave y fresquito, por eso no dudamos en elegir un vino blanco suave y afrutado.

El contraste

Cada vez está más de moda fusionar sabores opuestos que hagan vivir una experiencia realmente asombrosa. Combinar un vino dulce con una comida salada, o al revés, puede ser todo un acierto en tu maridaje que además de sorprender a tus invitados, les encantará.

La temperatura del vino

En el vino la temperatura siempre es importante, pero con el calor este detalle adquiere muchísima más relevancia. Recuerda mantener tus vinos a buena temperatura antes de servirlos, si no tu comida se convertirá en un auténtico fracaso.

No parece tan complicado, ¿verdad? Sigue estos consejos y todas tus reuniones de este verano serán todo un éxito.

Vino dulce durante unas dulces vacaciones

Llega Semana Santa y con ella, los más afortunados disfrutarán de siete días de vacaciones; los menos, lo harán también de algunos menos, pero lo harán. Llegan ya varios días de descanso en los que si el tiempo no acompañá, sí lo harán las ganas de comer, un año más, esos platos tan nuestros y esos vinos que no pueden faltar, ni en la mesa, ni como ingredientes de muchos de los postres típicos de estas fechas.

Postres y vino

Torrijas, rosquillas, monas de Pascua, buñuelos de Cuaresma, pestiños o leche frita. De todos ellos las torrijas, son quizás, el postre que mayor espacio ocupa en las cocinas de quienes disfrutan preparando los postres típicos de estos días. No queremos que falte el vino, ni en la copa, ni el plato, así que hoy sugerimos a quienes estén listos para empezar, que introduzcan algo de vino dulce en su receta. ¿Cómo? Es fácil, empapando las rodajas de pan de las torrijas en vino antes de pasarlas por el huevo.

Pero quien prefiera las rosquillas, puede igualmente introducir el vino blanco en su receta. Para ello, solo tiene que añadirlo junto al aceite, el anís y la ralladura de limón, a la mezcla de harina, azúcar, sal y levadura.

¿Mejor algo más ligero? ¿Tal vez alguna fruta? ¿Qué tal unas peras al vino? Suaves y riquísimas, pueden estar listas en 25 minutos.

Que no falte el vino estos días. En las recetas, en la mesa acompañando a nuestros platos, pero que no falte. El vino dulce es el complemento ideal para todos estos postres que llevamos meses esperando y que pasada la Semana Santa, ya nos encargaremos de perder.

Vino tinto y vino blanco con los primeros. Vino dulce, Moscatel y Fondillón con los postres y helados de después de comer.

Aun hay más. Los más aplicados, los que estén más impacientes por empezar a preparar sus platos y sus mesas, pueden incluso considerar no solo el maridaje de sabores. Quizás sea esta Semana Santa un buen momento, para empezar a introducir la armonización de colores. Y es que el vino, sea blanco, tinto, dulce o no, es capaz de armonizar con el ambiente y con los colores de los platos y alimentos a los que acompaña. ¿Por qué no vinos blancos para alimentos de tonalidades blancas y vainilla como manzanas o plátanos? Sea cual sea la elección, que reine lo dulce estos días y a ser posible, que el vino que presida cada mesa, sea aun más dulce que el postre que ponga fin a la comida.

Dulces vacaciones.

El frío pide cuchara, el frío pide vino

¿Qué es lo que los amantes de la buena mesa y del buen comer suelen preferir en días de mucho frío, lluvia y nieve? ¿Cuál es ese plato por el que suspiramos cuando volvemos a casa después de haber pasado un buen rato a la intemperie por cualquier razón de obligado cumplimiento? Sí, cualquier plato de cuchara, calentito y bien acompañado de algún vino estupendo. No cabe duda.

Y, ¿cuáles son los vinos más recomendables para acompañar esos platos en los días de frío invierno? Vamos a verlos, vamos a ver qué es lo más apropiado y lo más apetecible para guisos, pucheros, cocidos y calderetas varias, a cuya ingesta suele seguir siempre que sea posible, una bendita siesta en el sofá.

¿Qué vinos van mejor con cada plato?

A las legumbres, ya sean judías, lentejas o garbanzos, les encanta compartir paladar con algún vino tinto crianza; aunque si hablamos de cocido madrileño y de pucheros quizás sea más recomendable un tinto joven que no disfrace el sabor de nuestro plato.

Todo lo que sean fabes, con almejas o con cualquier otro producto, piden vino rosado que por su frescor, encaja perfectamente con este plato de cuchara tan sabroso como poco ligero.

¿Y los arroces caldosos y las calderetas? Un buen vino blanco parece ser la mejor opción, como lo es también un buen vino blanco algo más joven para todos esos platos de cuchara que lleven una buena dosis de pimentón o de picante.

Podría darse el caso de que lo que nos pida el cuerpo sea algún plato más suave aunque también de cuchara; una crema o un puré de verduras, en cuyo caso, como con el arroz y la caldereta, ¿por qué no servirlo con un buen vino blanco joven?

Cualquiera de estas combinaciones conseguirá equilibrar gustos, sabores y texturas. Una comida fuerte y copiosa no parece serlo tanto cuando se la disfruta junto a un vino que la equilibra y que consigue hacer que cada cucharada se convierta en una experiencia aún más sabrosa que la cucharada anterior.

Los fines de semana y con ellos, las horas de la comida y los platos de cuchara hacen del frío una de las mejores razones para disfrutar de este tipo de menús; unos menús en los que no puede faltar una buena botella de vino. Se coman donde se coman, se beban donde se beban, el frío pide cuchara, pide calorías y pide botella y copa de vino.

¿Revolución en la sala?

En los últimos años hemos asistido, y seguimos asistiendo, a la revolución en los fogones. No sólo debido a las nuevas técnicas culinarias, a la incorporación de nuevos productos en nuestra dieta diaria, sino también a que los cocineros, los chefs se han convertido de algún modo en estrellas mediáticas.

Cada vez más surgen en los medios de comunicación programas de cocina, programas en los que los protagonistas -personas anónimas, famosos e incluso, niños- demuestran sus dotes culinarias.

En dichos programas aparecen reconocidos cocineros que, cuales estrellas de rock también han entrado a formar parte de nuestro día a día. Los chefs son la cara visible de anuncios de comida (evidentemente), pero también de menaje de cocina, ropa o bebidas.

Desde hace unos años en España se valora la capacidad de convertir la gastronomía en arte. Pero además ahora las redes sociales están repletas de #foodies, #foodlovers y fotos #foodporn. Los usuarios fotografían, comparten y comentan imágenes sobre elaboraciones de todo tipo.

Los niños y niñas ya no quieren ser astronautas, veterinarios o presentadores de televisión. Ahora quieren ser cocineros.

Pero, ¿qué pasa con la sala?, ¿cuántas fotos se comparten de un buen servicio de vino?, ¿o de ese camarero que se desvive por hacer que la velada sea memorable?, ¿o de ese sumiller que nos aconsejó un vinazo al que, en este caso sí, no hemos podido evitar fotografiar?

Sin entrar en detalles sobre el estado o la profesionalidad de los trabajadores de sala en la restauración nacional, lo cierto es que camareros, jefes de sala, sumilleres, maîtres, y personal de apoyo aún no gozan el prestigio y la consideración que atesoran sus compañeros en la cocina.

Para ser un buen profesional de sala también se requiere años de formación, pasión y dedicación. No todo vale. Por desgracia, en ocasiones los trabajadores que nos atienden no desarrollan su labor por gusto o vocación, sino como un salvoconducto “hasta que salga algo mejor”.

Es común leer o escuchar las quejas de los usuarios cuando el trato no es el esperado. Somos demasiado rápidos en juzgar y contar al viento una mala experiencia… Sin embargo, cuando el trato cumple o supera las expectativas es rara la ocasión en la que el comensal desea compartir una foto con su “camarero o sumiller favorito”.

El servicio del vino

A pesar de que los profesionales de sala en la actualidad no gozan del mismo reconocimiento social, que los cocineros, lo cierto es que un buen servicio del vino, o una buena recomendación, pueden ensalzar una comida y convertirla en una experiencia memorable.

La formación de los empleados -bien sea por parte de la empresa o, simplemente, por amor propio- es vital para que los usuarios comiencen a entender y valorar la importancia de una profesión que copa miles de puestos de trabajo en España.

Puede que nunca estos profesionales alcancen la fama mediática de los cocineros, tampoco sabemos si realmente se busca, pero desde luego ser experto conocedor de un arte como la buena atención al cliente ayudaría a ensalzar un trabajo al que todavía no se le otorga la consideración suficiente.

Una buena carta de vinos, imprescindible para elegir restaurante

¿Cuál es la razón por la que elegimos un restaurante u otro? ¿Qué es lo que tiene nuestro restaurante preferido que ha conseguido convertirnos en clientes asiduos y fieles? Sin lugar a dudas, el vino forma parte de alguna de estas respuestas. Para que una buena comida o una buena cena pueda ser reconocida como tal, un buen vino es imprescindible. ¿Qué sería de ese plato, en esa mesa, de ese restaurante si no nos hiciéramos acompañar de un buen vino tinto, un buen blanco o un rosado? Y es que la carta de vinos no es solo tan importante como las demás, sino que además es una de las mayores responsables de la imagen del restaurante que vayamos a frecuentar.

Como debe ser una buena carta de vinos

Y, ¿quién decide qué vinos han de formar parte de la carta? Los clientes, porque es a ellos a los que escuchan restauradores y sumilleres. Hay que decir también que la especialidad culinaria del restaurante determinará sin lugar a dudas, los vinos de su carta y que, junto a ella, lo harán además, la provincia y región en la que se encuentre el restaurante y el rango de precios de sus platos.
Pero una carta de vinos debería ser bien recibida y comprendida tanto por quien entiende de vino como por quien no tiene aun los conocimientos suficientes; una carta de vinos debería ser variada, extensa y sobre todo, clara. Para ello es importante poder encontrar en una carta que se precie información sobre la Denominación de Origen, la región, la añada, la bodega en la que se ha producido, la uva de la que procede y, por supuesto, el precio.

En cuanto a la distribución y al orden en el que debería presentarse esta información, la Denominación de Origen es, generalmente, lo primero en lo que nos fijamos, así que con ella a la cabeza, su color – tinto, rosado o blanco – y si su clasificación según la edad – joven, crianza o reserva – sería por este orden de relevancia, la distribución ideal de la información.

Puede ocurrir que entre nuestros restaurantes favoritos haya alguno de comida extranjera, o que incluso, tratándose de un restaurante de comida tradicional, cuenten con una oferta de vino extranjero digno de mención. En estos casos, los vinos internacionales aparecerían después de los nacionales, tras los cuales pueden enumerarse aquellos pensados para acompañar a los postres o a algún brindis final.

Y en caso de duda, el local elegido debería contar entre su personal con un sumiller o un profesional capaz de resolver nuestras dudas y de asesorarnos en nuestra elección. Un buen profesional, un buen vino , una buena carta de vinos… y una buena cena asegurada.

¿Qué vino regalo en Navidad?

Ofrecer vino a los seres queridos, es todo un regalazo. El vino nos brinda momentos extraordinarios, momentos compartidos con amigos, familia o simplemente allegados. El vino ayuda a disfrutar de una buena comida y es parte fundamental de la mesas sobre todo en épocas de celebración.

Existe un vino para cada persona, para cada paladar, para cada momento. Vino blanco, vino de la Ribera del Duero, vino con crianza en barrica o sin ella. La diversidad y variabilidad lo convierte en un producto muy versátil para regalar.

En Bodegas Comenge también disponemos de vinos para cada gusto. ¿Qué vino de Comenge escogerías en Navidad? Te damos algunas pistas.

Vino para gente joven

Si pensamos en regalar un vino a gente joven o a quienes no lo son tanto pero se tienen interés por conocer y probar, recomendamos los vinos más jóvenes de la bodega, Biberius o Comenge Verdejo. Son vinos frescos, afrutados y muy fáciles de beber. ¿Tienes que hacer un regalo del amigo invisible? Escoge Biberius, acertarás seguro, un vino que combina con prácticamente cualquier plato, desde pastas, embutido, carne… Y sólo, también.

Vino para regalar en el trabajo

Todos queremos quedar bien en nuestro ámbito laboral y en estas fechas es habitual tener detalles o incluso llevar algo de aperitivo para festejas las fiestas. Sin duda en este caso el mejor vino es Comenge Crianza, sorprenderá debido a la su suavidad, presencia de la fruta y personalidad.  Un vino persistente con 15 meses de crianza en barrica. ¿Lo mejor? Ya la añada 2015 cuenta con la certificación ecológica. Sea quien sea el agasajado, le gustará.

Vino para disfrutar en familia

¿Buscas un vino para acompañar las comidas o cenas con la familia? Esta pregunta es fácil, Familia Comenge, un homenaje a los grandes vinos tintos de guarda de la Ribera del Duero. Los 27 meses de crianza en barrica se integran perfectamente con los aromas afrutados de la uva Tempranillo. Un vino que es pura seda en la boca, agradable y fino.

Por su fuera poco, también está disponible en formato magnum (1,5 litros), eso sí que es una apuesta segura.

Vino para un Wine-lover

Seguro que en tu entorno tienes algún familiar que se declara auténtico Wine-lover, que pertenece a algún club de vinos y siempre saca el asunto a relucir. Si quieres dejarlo con la boca abierta no dudes en comprar Don Miguel Comenge, el vino más especial de Bodegas Comenge.

Un vino que sólo se elabora en añadas de altísima calidad, procede en exclusiva de una parcela llamada Pago de las Hontanillas y por lo tanto sólo se dispone de una edición limitada de 2.500 botellas. El secreto de este vino está en el Terroir de dicho viñedo, su suelo, orientación y por supuesto la uva. Un vino perfecto para todo tipo de carnes, aunque hacer especialmente buena pareja con los platos de caza.

Vino para dos

Una botella de Ribera del Duero magnum, como Biberius, Comenge Crianza, Familia Comenge o Don Miguel Comenge  siempre es un gran regalo. No sólo por su tamaño sino porque la evolución del vino en grande formato es mucho más lenta. Pero en Bodegas Comenge hemos pensado en todo y por eso hemos diseñado una obsequio especial consistente en una caja de madera con dos copas y una botella de Don Miguel Comenge. Si eres de los que vuelve a casa por Navidad, entrarás por la puerta grande.