El vino en las bodas de un tiempo nuevo: vive una celebración doble

vino para tu boda

vino para tu boda
Quieres casarte, pero prefieres esperar, prefieres esperar ese momento en el que todos puedan disfrutar de todo y de todos; disfrutar de los abrazos, de las felicitaciones y, cómo no, del vino en tu boda, de los brindis y de los buenos deseos que se repiten uno detrás de otro en eventos tan importantes como estos.

Aprovechemos este tiempo en el que hemos de mantener la calma, contener abrazos y alargar distancias para preparar nuestro día; un día que llegará y que necesita de tiempo para ser organizado con esmero y cuidado. Vayamos informándonos de cómo elegir el vino de nuestra boda y cómo calcular la cantidad. Es muy posible que para entonces, sean dos los acontecimientos que permanecerán en el recuerdo: el primero, el de celebrar la posibilidad de celebrar; el segundo, el festejo de uno de los días más importantes que quedarán siempre en el calendario de nuestra vida.

¿Por qué menú te gustaría que recordaran tú día? ¿Y el vino? El vino en las bodas es fundamental, tanto, que mejora y aumenta los buenos recuerdos, los sabores de los exquisitos manjares servidos en tu día. Sí, importante dar con el vino adecuado, con la cantidad y con la variedad perfecta para los platos a los que acompañarán.

Puedes ir calculando ya el número de comensales a los que invitarás, puedes ir dejando atrás el miedo y el respeto que a veces se instalan antes de una boda y empezar con la organización para que todo salga más que bien, para que todo sea perfecto… hasta el vino. Y elija quien elija el vino en las bodas, seas tú o sea la empresa que te ayude con el evento, nunca está de más una pequeña guía que te sugiera algunos de los pasos con los que empezar a pensar en los preparativos.

– Para elegir el vino, es mejor pensar en los gustos de tus invitados que en sorprenderlos. Si bien es cierto que el vino en una boda puede cumplir los dos requisitos, mejor estar seguro de que el vino que elijas será de su agrado. Siempre es un acierto optar por una opción segura, una opción que sea del agrado de todos porque no por eso serás ni menos original, ni más aburrido en tus gustos. Seamos serios, escojamos aquellos productos que respondan a una boda como la nuestra y a las expectativas de quienes hemos escogido para que nos acompañen en tan célebre e inolvidable evento. Combina vinos blancos, frescos y ligeros con tintos con cuerpo y presencia, reposados y amables, capaces de alegrar paladares durante la comida y potenciar o contrarrestar el sabor de los platos del menú.

Si quieres estar completamente seguro, siempre tienes la opción de consultarlo con algunos de tus invitados, los más allegados, los más entendidos o los que más confianza te den.

¿Dónde te vas a casar? ¿En qué momento del año?

Está claro que el clima es fundamental. Determina el menú y con él, el vino de tu boda. Cuanto más cálida sea la estación en la que vayas a casarte y el lugar en el que lo hagas, más fresco y ligero debería ser el vino que sirvas en tu boda.

Atrévete a probar vinos diferentes.

Somos afortunados de contar con una tradición vinícola importante y de poder elegir entre cientos de vinos diferentes. España tiene muchas variedades de vinos, unas más conocidas que otras, pero puesto que tienes tiempo y te has propuesto dedicárselo con especial esmero a ese evento que probablemente haya tenido que esperar algún tiempo, aprovecha para descubrir nuevos productos. Podrías empezar por preguntarte por el vino de regiones desconocidas para ti, por el vino de tu ciudad favorita o, simplemente, por descubrir qué nuevos productos componen la oferta de alguna de tus bodegas preferidas. Un día como este, bien lo merece y ¡dispones de tiempo para hacerlo!

La cantidad, ¿cuál es la adecuada?

Mejor que sobre, eso seguro. No se trata de pasarse, pero sí de estar tranquilo y de saber que no va a faltar vino en una boda. Piensa en los vinos que acompañarán cada momento: aperitivo, comida o cena y, por supuesto, el postre. ¿Podrían ser tres o cuatro? Una vez decidido piensa que una botella suele rellenar las copas de cuatro comensales. A partir de aquí y en función del número de invitados, haz el cálculo. Solo vosotros, los protagonistas del día, conocéis a vuestros invitados, sus preferencias, su paladar, su capacidad de emplearse a fondo y de darlo todo en una celebración tan importante. Contabilizados los asistentes entre niños y adultos, los vinos y, considerando el clima y la época del año, sé generoso en el cálculo. Si te sobra, casi mejor. Sabemos que el vino podemos tenerlo en casa largo tiempo y que, por lo tanto, podremos volver a revivir, de nuevo, muchos de esos momentos que, aunque tuvieron que esperar, fueron vividos y revividos; celebrados y recelebrados.

¿Cómo describirías tu vino favorito?

Piensa en algo que te encante, que te apetezca, que te agrade y que mejore el momento que acompaña. Piensa en tu vino preferido, ¿cómo lo describirías? ¿Encuentras las palabras exactas? Cuando algo nos entusiasma y nos alegra la vida es frecuente tener la sensación de no encontrar términos exactos y justos que lo definan. Cómo describir el vino es, posiblemente, una de ellas. Busquemos las palabras y adjetivos que le hagan justicia.

Hay a quien el vino inspira y por lo tanto, sería adecuado dar con ese vocablo literario, soñador y preciso, capaz de transportarnos hasta la escena que evoca esa copa de vino, su sabor y sus recuerdos. Todos aquellos que prefieran asociarlo a la literatura, a descripciones literarias, románticas o no, han de saber, sin embargo, que el vino y todo lo que le acompaña, cuenta con un vocabulario específico, quizás más técnico. No importa, técnico o no, conozcamos muchas de estas palabras que nos digan cómo describir el vino y que, de paso, amplíen nuestro vocabulario convirtiéndonos en pequeños expertos en esta materia.

¿Quieres saber cómo describir el vino según el momento y la ocasión?

Utiliza abocado para referirte a un vino de sensación dulce, no empalagoso. Frutal y acerado si el aroma de lo que tienes entre manos te transporta hasta el olor de la viña y de la uva; si su color te recuerda al acero.

Austero cuando es tan auténtico que no cabe distorsión alguna en lo que se refiere a la variedad de la uva con la que se ha elaborado y, agresivo, si es ácido, penetrante y su sabor o aroma, te resulta poco agradable.

Pero también existen términos con los que expresar todo lo contrario: cálido para aquél que produce sensaciones ideales y que encanta al paladar; carnoso si a su sabor agradable acompaña un aspecto, textura y cuerpo contundente y bonito.

Expresivo, por evidente, por dejarse notar sin poner ningún obstáculo, y complejo, si sus excepcionales dotes están apoyadas y aumentadas por la armonía y la elegancia.

¿Sabías que también puedes alabar la franqueza de un vino y su capacidad para ser recordado? ¿Cómo describir un vino de estas características? Franco, para la primera de las cualidades mencionadas; es positivo, no posee defectos y es armónico y equilibrado. Largo, si su frescura y suavidad permiten que su sabor permanezca al menos diez segundos en la boca y te ha dejado huella.

¿Te parecen suficientes? ¿No lo sabes? Compruébalo. Abre una botella, la que más te apetezca y practica. ¿Cómo lo describirías ahora?

¿Quién decide cuánto se sirve en una copa de vino?

Nos gusta el vino, nos encanta, podemos tomarnos alguna copita de ese vino estupendo durante una cena. Sorbo a sorbo, poco a poco y saboreando cada trago y, sin embargo, no se nos ocurre nunca llenar la copa hasta arriba. No importa, ni lo hacemos nosotros, ni lo hará quien nos la sirva. Como si fuera la propia botella la que frena la mano decantadora, existe una cantidad aproximada de la que no pasamos. Es de mal gusto, no es elegante y parece que cualquier exceso en este sentido resta la posibilidad de disfrutarlo con el mismo placer. Pocos somos, en cualquier caso, los que sabemos por qué y cuánto se sirve en una copa de vino.

¿Depende de la copa? ¿Depende del vino? ¿Depende del país donde lo consumamos? La respuesta a la pregunta de cuánto se sirve en una copa de vino, responde a las tres preguntas planteadas. En términos generales no se suele llenar la copa más de dos tercios y, el tamaño de la copa puede contribuir a que un solo tercio sea más que suficiente. El vino blanco es más exquisito en sus cantidades. El hecho de que se consuma frío obliga a servir menos. No importa si tenemos que rellenar la copa más a menudo, se trata de conservarlo a la temperatura ideal y, para ello, mejor poco a poco.

¿Qué cantidad se sirve en una copa de vino?

La cantidad que se sirve en una copa de vino depende, tanto del profesional que nos atienda, como de la tradición del lugar en el que estemos consumiéndolo. ¿Quién no ha viajado alguna vez al extranjero y se ha quedado boquiabierto cuando en un restaurante el camarero servía el vino hasta prácticamente el borde de la copa? Hay países en los que todo se hace a lo grande y en los que el sistema de medidas y proporciones no deja espacio a lo contrario, ni siquiera en lo que a vino se refiere.
Pero el consumidor de vino también tiene algo que decir al respecto y a su sano juicio queda el hacer un uso prudente y moderado del vino que va a beber.

Para que nos hagamos una idea, conviene decir que, en el caso de los vinos tintos y vinos blancos secos, una botella debería poder servir unas cinco copas de vino.

La cantidad servida habitualmente entre los dulces oscila entre 60 y 90 ml, mientras que los espumosos admiten unos 150 ml. Aquí sí que la copa admite ser llenada hasta arriba sin que llegue a desbordarse.

Quizás podamos empezar a preguntarnos si esas copas de vino tan enormes y atractivas no nos animan a llenarlas más de la cuenta. ¿Es posible quizás, que las copas de este tamaño nos impulsen a bebérnoslo más rápidamente por temor a que el vino se caliente? Sea lo que sea, bebamos vino, siempre con moderación y sin prisa, más allá de cuánta sea la cantidad que dicen, debe servirse en una copa de vino.

Vino y bodas: dos para toda la vida

El vino de tu boda

Si hay algo que no puede faltar en una boda es el vino y no puede hacerlo por muchas razones. La primera, porque el protagonista de cualquier brindis es, inevitablemente, el vino. Éste se adelanta siempre a cualquier otro brindis que tenga lugar después, entrada ya la celebración.

La segunda, porque el vino es el mejor amigo de los exquisitos manjares que suelen servirse durante estas celebraciones; la tercera, porque España es un país lleno de buen vino y de enorme tradición vinícola… Podríamos seguir con una larga lista de razones, pero a nadie se le escapa que en las bodas se sirve vino, lo contrario es prácticamente inimaginable.

Escoger uno o varios vinos para una boda, no es tarea difícil. La oferta es extensa y la calidad de nuestros vinos, también.

Una bebida como el vino agrada y gusta a la grandísima mayoría de los invitados y, si éste es de Bodegas Comenge, más aún. Su calidad, aroma, sabor y variedad son capaces de satisfacer a los paladares más exigentes y su precio, se ajusta a los bolsillos de aquellos que están dispuestos a regalar generosidad y alegría a quienes van a acompañarlos durante un día tan importante y tan esperanzador.

¿Qué tipo de vino elegir para tu boda?

Si el gran día es por la tarde, el vino para la boda deberá acompañar al menú pensado para esas horas; lo mismo, si la celebración es por la mañana. En cualquiera de los casos, se celebre a la hora que se celebre, de la forma que se celebre y siguiendo uno u otro ritual, el vino ha de estar allí porque tradicionalmente, es símbolo de abundancia, de vida, de alegría y de buenos augurios.

Así lo manifestaban los textos de la Biblia y así seguían obedientemente sus palabras quienes por entonces festejaban las bodas durante siete días. El vino para las bodas de aquellos tiempos debía durar siete días para no ser señalado ni recordado por no haber contado con las existencias de vino suficientes.

Por suerte o por desgracia, hoy, las ceremonias son más breves y, por lo tanto, la cantidad consumida de vino en las bodas, menor. Sin embargo, supersticiones, rituales y símbolos relacionados con el vino, continúan acaparando la atención de quienes lo consumen.

No hay boda sin brindis con vino en el que no se levante la copa, costumbre cuyo origen se encuentra en la Antigua Grecia y, no hay brindis que no se haga por una buena y noble razón, algo que se remonta al siglo VI a.C., momento en el que el vino era ya símbolo de amistad y muestra de confianza.

Y para aquellos que están a punto de casarse, que están decidiendo el vino para su boda y todo aquello con lo que acompañar semejante fecha, un nuevo guiño a nuestro eterno protagonista y a dos rituales para estos eventos que traerán felicidad y abundancia a la pareja.

El primero de ellos consiste en echar en una copa, un poco de vino blanco y de vino tinto -mejor si es de Bodegas Comenge- y que los novios beban la mezcla de ambos vinos; el segundo, consiste en guardar una botella de vino que le guste a la pareja por igual, en una caja de madera personalizada y cerrarla hasta que llegue el primer aniversario, momento en el que se volverá a brindar y por qué no, a continuar con el mismo ritual durante los años venideros. Ojo, solo con vino, por favor.

Despide el año con vino y descubre sus beneficios para tu salud

Último día del año y comienzo de otro, el 2020 que, a todas luces, se presenta “redondo”. Para celebrarlo no puede faltarnos ese vino especial con el que brindar antes y después de que haya acompañado nuestras comidas y cenas. No puede faltarnos por varias razones y entre ellas, por los beneficios del vino. No cabe duda de que un final de año merece un buen vino y, lo merece también, porque conociendo cuáles son los beneficios para nuestra salud de aquél que además nos ayuda a disfrutar de los manjares excepcionales que suelen reservarse para estas fechas, podremos, si cabe, beberlo y disfrutarlo más a gusto y con mayor tranquilidad.

Un consumo moderado de vino es positivo para nuestra salud. Tras años de estudios y de investigaciones sobre los efectos de esta bebida milenaria, los resultados afirman que entre los beneficios del vino y de su consumo, se encuentran que mejora la salud mental, que es beneficioso para el corazón y que fortalece nuestros huesos.

Un buen vino a tu salud

Respecto al primero de ellos, está demostrado que el consumo moderado de vino tinto puede prevenir demencias y enfermedades degenerativas. Sobre el segundo, fue, entre otras, la Universidad de Harvard en EE.UU. quien estableció que el consumo de vino tinto de forma moderada reduce en un 30% las posibilidades de sufrir un ataque al corazón y, en cuanto al tercero de los beneficios del vino mencionados, la Universidad de Tufts en Boston (EE.UU.), destacaba que las mujeres que consumen vino son susceptibles de perder menos masa ósea.

Sin embargo y en lo que a los beneficios para nuestra salud se refiere, aún hay más. Sin ir más lejos, el vino, por sus propiedades, es capaz de reducir las bacterias de los alimentos. De la misma forma, es un remedio eficaz contra las infecciones de encías gracias a las propiedades de la uva y, por si fuera poco, intensifica el sabor de muchos alimentos reduciendo el de las grasas, lo que produce una sensación refrescante.

Hay más. Algunos de los componentes de la uva y, por lo tanto, del vino, son beneficiosos contra los rayos ultravioleta y un de estudio realizado por universidades españolas se desprendía que quienes consumían entre dos y siete copas de vino semanales, eran menos propensos a padecer depresión.

Si a todo ello le añadimos que, gracias a otro de los componentes de las uvas, el vino es capaz de combatir el cansancio y que nos ayuda en esos días tontos en los que nos invade la apatía, ¿hay alguien capaz de pensar que el nuevo año no será tan redondo como sus cifras sabiendo ya que hemos despedido el 2019 de una manera tan saludable?

¡Feliz y redondo Año Nuevo!

¿Dolor de cabeza? No le eches la culpa al vino

Que el dolor de cabeza puede llegar a ser insoportable, molesto y que nos resta fuerzas y capacidad, es una evidencia. Existe además la idea de que uno de los agentes que lo provocan podría ser el vino. Sin embargo, y obviando que estamos hablando de un consumo moderado, responsable y placentero, bien podríamos darle la vuelta a un argumento sostenido por algunos y rechazado por otros.

Las bondades del vino son numerosas, entre ellas, la capacidad para ayudarnos a desconectar del duro trabajo diario. Vuelta a casa, cena, vino y tal vez, cine. ¿Quién no ha aterrizado por fin en casa o en ese restaurante, con dolor de cabeza después de un día atareado del que es mejor olvidarse? ¿Y quién no ha conseguido precisamente este objetivo gracias a una buena charla, una buena cena y una buena copa de vino? Si lo analizamos desde este punto de vista, lejos de provocar dolor de cabeza, el vino, puede ser de gran ayuda, precisamente, para conseguir el efecto contrario, es decir, el de hacerlo desaparecer.

¿Da dolor de cabeza el vino?

Pero además de estas circunstancias y obviedades, existen también estudios médicos que revelan que la relación entre vino y dolor de cabeza, concretamente, entre consumo de vino y migrañas, está lejos de ser demostrada.

Los Países Bajos han investigado esta cuestión, concretamente, el Centro médico Leiden University. Según estos especialistas, no es evidente que el consumo de vino sea un detonante de las migrañas. Entre las conclusiones alcanzadas por esta investigación, destaca el hecho de que incluso en el caso de que el alcohol pudiera provocar esta dolencia, habría que preguntarse, qué compuestos del alcohol son exactamente los responsables y, una vez hecho esto, averiguar si dichos compuestos, se encuentran en el vino.

El mismo estudio alude a la importancia de posibles factores externos e internos, incluso a la propia sugestión como elemento a tener en cuenta entre las causas que pueden contribuir a este tipo de dolencias.

De momento, la información aun por descubrir no permite pronunciarse tajantemente. El dolor de cabeza puede aparecer en cualquier momento y por muchas razones. Los factores psicológicos y nuestra propia capacidad de sugestión son algunas de las cuestiones que no deberíamos ignorar y, ante esto, qué mejor que quedarnos con el hecho de que el vino está aquí para ser disfrutado y saboreado. ¿Es posible que ese mismo producto capaz de traernos relajación y transportarnos a momentos más que apetecibles nos despierte en ese instante dolor de cabeza?

Abrir una botella sin sacacorchos, ¿puedo hacerlo sin estropear el vino?

La respuesta es sí; sí se puede abrir una botella sin sacacorchos y sí, es posible hacerlo sin estropear el vino y sin que se note que has empleado otros medios para conseguirlo. Siempre que tengas a mano un zapato, un cuchillo o un martillo, podrás abrir tu botella, servirte el vino y olvidarte de cómo fuiste capaz de hacerlo. Ya te preocuparás después de encontrar un sacacorchos para que esto no se vuelva a repetir.

Todos los que hemos vivido una experiencia como esta hemos recurrido a presionar el corcho hasta que cae en el interior de la botella y flota en el vino, ese que nos vamos a beber, pero del que, por la misma razón, no disfrutaremos con el mismo gusto. Para que no vuelvas a emplear este mecanismo cuando tengas que abrir una botella sin sacacorchos, pasamos a ofrecerte otras alternativas que ofrecen mejores resultados y en las que el corcho no se convierte en un molesto habitante del interior de la botella.

Como abrir una botella de vino sin sacacorchos

La primera consiste en utilizar un zapato. Podrás abrir una botella sin sacacorchos siempre que tengas un zapato. Afortunadamente, es uno de esos artículos que nos suelen acompañar allá dónde estemos. Difícil será que no tengas alguno a mano.

Pon la botella en el interior del zapato, pegada al talón. Hecho esto, y sujetando bien el invento, golpea la parte del zapato en la que está la botella, contra una pared. El corcho empezará a salir lentamente. Cuando el corcho esté lo suficientemente fuera como para que puedas quitarlo con la mano, hazlo. El zapato amortiguará los golpes, pero, aun así, ten cuidado de no romper la botella. Siempre con cuidado.

¿Recomendaciones? Mejor utiliza una bota o botín de suela plana. Evita sandalias y tacones.

Raro sería que no tuvieras un zapato adecuado para abrir la botella sin sacacorchos, pero si es el caso, busca un martillo y un clavo o un tornillo. Esta es otra alternativa.

Enrosca el tornillo en el corcho y gíralo hasta que solo sobresalga un centímetro aproximadamente. Después, con un martillo o unos alicates, extrae el corcho.

Una tercera opción para abrir una botella sin sacacorchos, menos recomendable por peligrosa pero igualmente viable, es la de utilizar un cuchillo, mejor si es un cuchillo con un filo de sierra y más estrecho que el propio corcho.

Con la botella en posición vertical, intenta clavar con mucho cuidado y lentamente, el cuchillo en el corcho. Una vez hecho esto gira el cuchillo hasta que sientas que está bien incrustado y que puedes tirar de él para extraer el corcho. Ojo, porque, ante la duda, mejor no emplear este método.

En cualquier caso y, para no encontrarte en esta situación, mejor tener varios sacacorchos de repuesto. El cajón de la cocina, el lugar en el que guardes tus botellas de vino o, incluso, uno pequeño que llevar en un llavero. ¡Hay auténticas virguerías diseñadas para evitar que tengamos que abrir una botella sin sacacorchos y con ello, los lamentos que siguen a los disgustos de este tipo!

Tipos de sacacorchos ¿Cuál? ¿Para quién? ¿Por qué?

En materia de vino, como en muchas otras, el desarrollo tecnológico, la innovación y la investigación que vive esta industria, alcanza a todos y a cada uno de los objetos, productos y servicios directamente relacionados e implicados en ella. Entre todos ellos hay uno tan pequeño como imprescindible que acompaña siempre a cada botella de vino. Muchos son los tipos de sacacorchos a nuestro alcance, tantos, que elegir correctamente no es tarea fácil para quien, lejos de ser un entendido en vino, lo consume y lo disfruta sin plantearse nada más.

Pero, en cualquiera de los casos, bien está conocer de buena mano cuál de los diferentes tipos de sacacorchos puede ajustarse mejor a cada uno de nosotros porque podemos vernos en una de esas situaciones a las que no se les suele dar importancia hasta que la vivimos; deseosos, ansiosos, entusiasmados por acompañarnos de un buen vino en una estupenda velada, ¿qué hacemos si no disponemos de tan importante objeto? O, ¿si no conseguimos utilizarlo correctamente y nuestra botella de vino termina yéndose al traste por no saberla abrir? Ni demasiado sofisticado, ni demasiado rústico… ¿qué tipo de sacacorchos es el más adecuado o el más cómodo para mí? ¿Cuántos hay en el mercado? Los hay para habilidosos y expertos, para novatos en la materia e incluso, para los más perezosos.

¿Qué tipo de sacacorchos existen?

Muchos profesionales optan por utilizar el llamado sacacorchos de 2 tiempos. Preciso, pequeño y completo, pero algo complicado para quienes no se manejan aun con la suficiente destreza. Por su peso y su tamaño, así como por sus últimos diseños modernos y ergonómicos, son perfectos para llevar en el bolsillo y tenerlos siempre a mano.

Otros tipos de sacacorchos están pensados para quienes, por falta de práctica, no cuentan todavía con la fuerza y la habilidad suficiente; para aquellos temerosos aun de romper la botella o de introducir el corcho en su interior en lugar de ser capaces de extraerlo. Los sacacorchos de alas son fáciles, pero algo más grandes. Son los habituales del cajón de muchas cocinas.

Y si este se nos resiste también, no hay problema. Siempre podemos recurrir al sacacorchos de rosca cuyo funcionamiento consiste simplemente, en hacerlo girar hasta que el corcho salga de la botella.

Los amantes de la tecnología y de lo eléctrico cuentan con varios tipos de sacacorchos de estas características: el sacacorchos eléctrico. Ni fuerza, ni habilidad, ni práctica; un enchufe es suficiente.

Los más sofisticados deben saber que el mercado del vino pone a su disposición un sacacorchos de aire comprimido cuyo mecanismo consiste básicamente en bombear aire hasta que el corcho salga de la botella. ¡Ojo, no necesita fuerza ni habilidad, pero puede alterar el vino!

Sí, también hay tipos de sacacorchos pensados para aquellas botellas a las que el tiempo ha afectado y ha alterado y estropeado el corcho. El sacacorchos de láminas es capaz de extraer un corcho maltratado por el tiempo, pero exige cierta habilidad si no queremos terminar por colar el corcho en el interior de la botella.

¿Aun hay más? Sí, los hay. Hay más tipos de sacacorchos: el de palanca o el de forma de T. El primero: plegable y práctico, preferido por muchos principiantes; el segundo, para los que huyen de cualquier complicación y se saben fuertes y hábiles. Este tipo de sacacorchos de toda la vida se vende con diseños variados, modernos, fabricados con materiales atractivos y limpios, pero igualmente eficaces y prácticos. ¿Con cuál te quedas?

Aprovechamos y os referimos aquí a un post en el que describimos como abrir una botella de vino sin sacarchos, ¡para aquellos que después de leer este post descubren que no tienen ninguno!

El color vino, todo un mundo de matices

“Para gustos, los colores”. Ya lo decía el refrán. Y es que, en la materia que nos ocupa, el color vino tiene mucho que decir, entre otras razones, porque como en otros productos, no solo el olor, sino el color es de esas características que va a ayudarnos a conocer en profundidad un determinado vino y que nos dirá desde el primer momento, si podría llegar a estar o no, entre nuestros predilectos.

“El vino por el color, el pan por el olor y todo, por el sabor”. Pero, cuántas veces no habremos empleado los términos color vino, para describir la tonalidad de algún objeto. A partir de ahora, cuando escuchemos que algo es color vino, estaremos con toda seguridad, en disposición de preguntarnos de qué tipo de vino estamos hablando, porque además del habitual granate, existe toda una gama variada y distinta.

A partir de ahora, la vista puede ser nuestro primer aliado; la primera que solo a través del color nos hace capaces de diferenciar la variedad de la uva, la edad del vino e incluso el movimiento y cuerpo con que éste reposa en la copa. El resto de los sentidos vendrán después a confirmar toda esta información. Olfato y gusto serán los encargados de corroborar los primeros datos proporcionados y enviados a través del sentido de la vista.

El color vino depende del vino

Así, al hablar de color vino, podremos referirnos a aquellos cuyo tono violáceo nos habla de tintos jóvenes o aquellos otros a los que el color granate les otorga, generalmente, una edad no superior a los tres años. Mientras el habitual color vino rojo, intenso, brillante y con cuerpo, es habitual en los vinos de crianza con una edad entre 4 y 10 años, característico por ejemplo de los vinos de la Ribera del Duero. En culmen de su evolución hace presencia el color caoba, que nos informa de su larga crianza, proceso que bien podría terminar en aquellos color teja, cuya tonalidad es sinónimo de excesivo envejecimiento, en los que la intensidad y opacidad empieza ya a difuminarse.

¿Y los vinos blancos? ¿Qué pasa con ellos? El color vino puede igualmente hacer referencia al tono pajizo tan característico de vinos blancos jóvenes y frescos; a un brillante dorado, típico de vinos dulces o de aquellos en los que ha disminuido considerablemente el nivel de frescor y muestran signos de oxidación.

La variedad de tonos no termina aquí. Los matices siguen y, lo hacen, para continuar con el color oro cobrizo. Vinos blancos secos criados en barrica y que al final de su trayectoria viran hacia los tonos ocres, apenas brillante, que no habla sino de una larga crianza.

¿Color vino? Maticemos.

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¿Vaso de vino o copa de vino? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué?

Más allá de manías, caprichos y preferencias personales, la forma de acercarse al vino, de beberlo y disfrutarlo, encierra toda una serie de razones con sentido. Podemos preferir el chato de vino en el aperitivo, en cuyo caso optaremos por un vaso de vino mientras “chateamos” con amigos, generalmente, durante la mañana de alguno de los días del fin de semana.

Otra opción: una copa de vino durante alguna de las mencionadas mañanas mientras disfrutamos de un aperitivo, a poder ser, en una terraza, con buen tiempo y sin prisa.

Ambas costumbres, por lo que significan, por el placer de saborear un momento irrepetible durante el que aparcar cualquier preocupación y cualquier pensamiento, son perfectos. Sin embargo, la sencilla manera de sujetar el recipiente en el que nos sirven ese trago especial, puede marcar la diferencia, convertir en decisivos los minutos y cambiar, por qué no, nuestra manía…Y es que todo tiene una razón de ser.

Para empezar, la copa de vino o el vaso de vino, están hechos de cristal; un material que no ha llegado hasta aquí al azar. Las propiedades del cristal empiezan transmitiendo lo que determinará las sensaciones posteriores que producen el gusto de determinados productos, alimentos, bebidas.

Copa o vaso de vino, todo tiene su momento

De la misma forma que el cristal, cuyo tacto es particular, la forma del recipiente dota también al producto en cuestión, de características particulares. El vaso de vino es capaz de transmitir, por su forma, la manera en la que lo sujetamos, un calor corporal que no transmite la copa de vino, solo porque al sujetarla por el pie, la mano no calienta el vino y permite que éste conserve su temperatura ideal.

Así, a la respuesta de por qué beber el vino en copa, nos encontramos con que hay que añadir que, a la temperatura corporal, la forma de este recipiente es la ideal para mantener y amplificar los aromas del vino.

¿Un chatito de vino? Sí, pero para saborear la tapa rápida, para momentos en los que el vino y la tapa que lo acompañan ceden el protagonismo a charlas y ánimos más festivos. Una copa de vino pide algo más de tiempo para saborear, para prestar la atención que merece un sabor tan poco corriente como el recipiente que lo contiene y que ha sido pensado para ser llenado hasta su Ecuador, para otorgar un efecto concreto y buscado; para dotar de carácter y potenciar el sabor; para conceder el protagonismo merecido a ese vino que, en según qué momento, solo puede ser servido, saboreado y apreciado en una copa de vino.