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Decantar o no decantar, ésa es la cuestión

Días de regalos, de cenas, de ‘amigos invisibles’… Así es la Navidad. Y un presente bastante habitual en estas fechas para los sibaritas, aficionados al vino, ‘wine lovers’ o simplemente un buen recurso para los que no saben qué regalar, son los decantadores o estuches con artilugios para el vino.

El decantador, ése bonito recipiente que luce en el aparador de casa y del cual se desconoce realmente cuál es el mejor momento para usarlo. ¿Para todos los vinos tintos?, ¿para los reserva?, ¿para presentar más bonito el vino en la mesa?

Lejos de rayar la cursilería en esto del servicio del vino, hemos querido recoger algunas pautas para explicar cuándo conviene y no decantar, cómo se decanta y qué otras opciones hay.

Pero vamos a empezar por el principio. Antes de nada, hay que descorchar la botella sin movimientos bruscos, es importante no ‘tocar las maracas’ con el vino, pues los sedimentos que pueda haber en el fondo de la botella se pondrán en suspensión. Después, se inclina un poco del decantador (limpio, también es primordial) y se vierte el vino de forma continua, siempre mirando el cuello de la botella para que no caigan dichos sedimentos.

¿Hasta ahí todo correcto, verdad? Pues, como recogió el especialista en vino Javier Pulido hace unos años en un artículo… ¡error! Si no se ha catado el vino antes, éste puede tener algún defecto que obviamente no se ha solucionado en el proceso.

Por lo tanto, lección uno: Catar el vino antes de decantarlo.

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Trasvasar o decantar

No hay que confundir la decantación con el trasvase. Aunque tampoco nos vamos a poner muy ‘tiquismiquis’, lo cierto es que no es lo mismo. El trasvase es pasar el vino de un recipiente a otro y se emplea, por ejemplo, para los vinos blancos que aparecen un poco cerrados, quizás por una estancia en depósitos sobre sus lías.

También es una buena práctica para atemperar el vino, ya que en España existe la costumbre de beber los blancos recién sacados de la nevera y eso le hace flaco favor a la expresión de los aromas.

Respecto a la decantación, se llevará a cabo cuando el vino presente sedimentos en la base de la botella. Estos sedimentos no son, en absoluto, un defecto del vino, sino partículas derivadas de su elaboración pero, en apariencia, no suelen gustar a los comensales y por ello el vino se decanta. Además la decantación sirve para que el vino se oxigene y los aromas ‘aparezcan’ más fácilmente.

Nos referimos a los vinos calificados como reserva o gran reserva; pero hay que ser cauto con los vinos muy viejos. En ocasiones, cuando un vino tinto se encuentra en su fase de decrecimiento, una excesiva oxigenación puede acelerar este proceso. En todo caso, la decantación debe hacerse al trasluz para poder comprobar que los no caen al decantador.

Dado el tiempo que se emplea durante estas fechas en comer o cenar, un interesante ejercicio es permitir que el vino se exprese por sí solo. Es decir, eludir la decantación y dejar el vino en la botella, en la copa, oler, probar, en distintos momentos. Los aromas se abrirán poco a poco hacia una gama muy amplia, compleja, interesante y cambiante. ¡Magia!

Cada oveja con su pareja: ¿En qué tipo de copa servimos el vino?

Es habitual que durante las fiestas navideñas los anfitriones quieran sacar sus mejores galas: ofrecer unos platos exquisitos, unas veces en búsqueda de la originalidad y otras veces tradicionales; acompañados con una selección de vinos, sin olvidar los espumosos, y vestir la mesa más especial que nunca.

No somos profesionales, no tenemos una  vajilla con un montón de piezas pero nos gusta cuidar la presentación. Normalmente se toma un vino blanco, uno tinto, quizás algún dulce y, por supuesto, un espumoso.

Pero, ¿qué tipo de vino usamos para cada uno de ellos? Las grandes superficies ofrecen una multitud de ‘diseños’; copas con el cáliz más grande, más pequeña, más redonda o alargada…

En este post queremos dar algunas claves para la correcta presentación del vino en la copa, pero sin volvernos locos. Para empezar, es necesario explicar que cualquier copa de vino se divide en tres partes: el cáliz (la parte contenedora del vino), el tallo o fuste y el pie, peana o base. Lo idóneo, es agarrar la copa por el tallo por una razón muy simple, no calentar el vino. Tampoco es necesario coger la copa de la base como en ocasiones vemos a algunos expertos catadores, pero agarrar la copa por el cáliz no es lo más adecuado.

Otro asunto a tener en cuenta es la cantidad de vino que se sirve, lo ideal es no llenar la copa más de un tercio de su capacidad, por la misma razón que hemos explicado anteriormente, conservar el vino a una temperatura correcta. Es mejor llenar la copa varias veces.

Foto: Riedel

Foto: Riedel

Respecto a los vinos blancos y tintos, normalmente se habla de tres tipos de copa: Las copas ‘Burdeos’, las copas ‘Borgoña’ y la copas para vino blanco o también llamadas ‘Chardonnay’. Las primeras, están pensadas para para vinos tintos con cierto envejecimiento, la boca acaba casi recta con la intención de que el vino se oxigene más rápidamente. Las copas ‘Borgoña’, por su parte, son más grandes que las ‘Burdeos’, y están orientadas para vinos más jóvenes. Las copas para vinos blancos suelen ser más pequeñas que las anteriores y tienen un tallo más largo, con la finalidad de que, al sostener la copa, la mano esté lo más alejada posible del vino.

En definitiva, para los vinos más viejos se recomienda usar copas el fondo pequeño (siempre redondeado) y la boca ancha; pero para los vinos jóvenes justo lo contrario, el fondo grande y la boca más cerrada para mantener los aromas. Si los términos ‘Burdeos’ o ‘ Borgoña’ crean confusión, una solución es apostar por las copas llamadas ‘Cabernet’ para los tintos, ya que se suelen encontrar de manera muy habitual con ese nombre en las grandes superficies.

Tradicionalmente los vinos espumosos se han servido en las copas tipo ‘flautín’, pues al ser muy largas se puede comprobar cómo es el comportamiento de las burbujas o carbónico. Sin embargo, cada vez más los elaboradores apuestan por dejar de usar éstas copas y apostar por otras algo más grandes, como las del vino blanco.

La copa que sí está en completo desuso es la llamada ‘catavinos’, pues dificulta mucho la expresión de los aromas y el acto de mover el vino para que éstos se desprendan.

En los últimos años, han proliferado decenas de copas de vino, cada una incluso indicada para una variedad de uva. Si quieres saber más sobre los tamaños y anatomías de las copas, no te pierdas la web de Riedel, una de las casas históricas de fabricación, distribución y venta de copas más conocidas del mundo.

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¿Cómo es una cata de vinos?

Si eres un amante del vino y del enoturismo, seguramente estés familiarizado con una de sus actividades estrella: las catas de vino. Prácticamente todas las bodegas incluyen catas dentro de sus programas de actividades, ya sea para personas iniciadas en el mundo del vino tanto como para auténticos expertos catadores. Debemos dejar atrás la idea anticuada de que este tipo de actividades están hechas para profesionales o personas con altos conocimientos del vino. El vino está ahí para ser disfrutado por todos.

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¿Qué tipo de catas existen?

No existe solo un tipo de catas, y no todas tienen el mismo ceremonial ni modos de proceder. Podemos diferenciar tres modalidades:

  • Cata vertical. Aquella en la que se prueba el vino de la bodega pero de diferentes cosechas.
  • Cata horizontal. Aquella en la que se ofrecen vinos diferentes pero pertenecientes a la misma cosecha y denominación de origen
  • Cata ciega. Aquella en la que se prueban distintos vinos de los cuales no se tiene ningún tipo de información previa.

¿Cómo se cata un vino?

El objetivo fundamental de una cata de vinos es analizar sensorialmente el vino para explorar sus características y propiedades en cualquiera de sus tres niveles: visual, olfativo, y gustativo. En otras palabras, aprender las diferentes cualidades del vino al mismo tiempo que disfrutamos de él.

Con el fin de que no influyan elementos externos que distorsionen las apreciaciones del catador, la cata debe realizarse en un lugar en el que se disponga de una buena iluminación y carente de olores, con buena ventilación y con una temperatura media. Igualmente, es importante utilizar copas transparentes e incoloras que no confundan al catador a la hora de apreciar el color y brillo del vino.

Fase visual

Tras descorchar el vino, se procede a oler el corcho. Esto nos puede dar muchas pistas acerca del estado del vino que vamos a probar. Se coge la copa, siempre por el tallo o la base, y se inclina la copa unos 45º sobre un fondo blanco, el propio mantel o una servilleta por ejemplo, para observar el color, el brillo y la limpieza del vino. Si podemos ver a través del vino podremos decir que es de capa baja. Si, en cambio, es complicado ver lo que hay detrás de la copa, diremos que es de capa alta. Por otro lado, el color del vino nos dará una idea de la edad del vino; si es brillante y color cereza, será joven; si es granate seguramente esté más envejecido con crianza.

Fase olfativa

En esta fase, se procede a oler el vino acercando la copa a la nariz para apreciar los olores primarios, propios de la variedad de uva. Después, se mueve la copa y se huele nuevamente para inhalar los secundarios, los que resultan tras la fermentación.

Por último, se procede a una tercera agitación para poder distinguir los aromas terciarios, los bouquet, aquellos que se desarrollan durante la crianza del vino.

Fase gustativa.

Finalmente, probamos el vino con un pequeño sorbo. El ataque es esta primera impresión que recibimos al degustar el vino, el cual debemos pasar de un lado a otro de la lengua si queremos apreciar los cuatro sabores básicos. Si un vino consigue un perfecto equilibrio entre los cuatro, podemos decir que es un vino redondo.

Tras este paso, se procede a determinar la textura (suavidad, untuosidad, astringencia, rugosidad…), así como la vía retronasal, que hace referencia a la sensación que nos deja el vino pasados unos minutos en la nariz.

Es importante saber que el vino no debe tragarse, de modo que el alcohol no pase a la sangre y así evitar que el catador se embriague.

Por último se indicará qué final ha dejado el vino, tanto a nivel sensorial (final agradable, ácido…) como haciendo referencia a la duración (largo si dura entre nueve y doce segundos, corto si dura menos de dos segundos).

Aunque aquí encuentres, a grandes rasgos, los diferentes pasos de los que consiste una cata, desde Comenge te recomendamos que te animes a venir y realizar una cata de mano de nuestros expertos, dentro de nuestra amplia oferta de enoturismo. Una manera divertida, diferente y única de aprender y disfrutar del mejor vino de Ribera de Duero.

10 términos que usar (y evitar) para aparentar ser un experto del vino

Si es importante saber conocer el protocolo del mundo del vino, para poder demostrar nuestros conocimientos y amor por el vino también lo es saber cuál es el tipo de términos y vocabulario que se usa en este entorno, y por supuesto, cuáles no lo son en absoluto.

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5 términos del mundo del vino que debes utilizar

Lejos de parecer pedante, estos cinco términos, muy utilizados por expertos y bodegueros, resultan básicos si quieres avanzar en el conocimiento del vino y su cultura.

Coupage. En definición, se refiere a la mezcla o unión de diferentes vinos. Normalmente se realiza en las bodegas para mejorar el producto final.

Terroir. Del latín terratorium, hace referencia al conjunto de factores que caracterizan un terreno: clima, suelo, tipo de planta, prácticas y cultivo de la vid, etc.

Bouquet. De origen francés, este término hace referencia al aroma que adquiere un vino tras haber envejecido. Concretamente, alude a aquellas buenas sensaciones que se perciben tras oler el vino.

Estructura. Como su propio nombre indica, la estructura es la forma, la composición del vino y la ordenación de sus diferentes elementos: cantidad de alcohol, acidez, componentes fenólicos, etc.

Polifenoles. Son sustancias químicas presentes en algunas plantas, que poseen el famoso efecto antioxidante que alguna vez hemos citado anteriormente al hablar de las propiedades del vino. Los más importantes son los antocianos, que le dan al vino tinto ese color tan característico, y los taninos, que aportan un sabor seco y áspero.

Y ahora, ¿qué debemos EVITAR decir?

Hay ciertas expresiones y palabras que se usan habitualmente sin ningún tipo de cuidado, pero que en realidad hacen mucho daño a oídos de auténticos entendidos, amantes y expertos del vino.

Caldos. Aunque probablemente lo veas de manera frecuente en diferentes textos de prensa o blogs, a expertos y bodegueros no les gusta el uso de este término para designar el vino, fundamentalmente porque le quita cierto valor al producto.

Fabricar el vino. El vino no se fabrica, se elabora. Aunque pueda parecer lo mismo, en este caso no podemos usar este sinónimo. Las bodegas no son fábricas de vinos, y los enólogos no son fabricantes; no se trata de un producto que se “fabrique” en cadena, sino que cada cosecha y cada proceso de elaboración pueden ser únicos e irrepetibles.

“Yo tomaré un Riojita”. A los entendidos y expertos les chirría esta expresión sobremanera. Un amante del vino jamás diría un “Riojita”, sino que pediría alguna variedad en concreto o se dejaría aconsejar por el camarero o sumiller.

“¿Puede cambiarme el vino, que tiene posos?” Ya hemos hablado alguna vez de las propiedades de los posos, y es prácticamente sabido que, lejos de ser un defecto, es una muestra más de la alta calidad del vino.

Tomar el vino a temperatura ambiente. Si estás en un restaurante, no procede pedir el vino a “temperatura ambiente”. Este término hace referencia a la temperatura que el vino tiene en bodega. En estos casos, lo mejor es confiar en el camarero y/o sumiller, quien sabrá cuál es la temperatura exacta a la que debe ser servido cada tipo de vino.

Cómo guardar el vino en casa

Para cualquier amante del vino resulta fundamental contar con una pequeña bodega en su hogar; una selección de vinos de la que disponer en cualquier momento, sea un día rutinario o un evento especial. Pero si queremos conservar el vino en perfectas condiciones y que no pierda ningún toque de su esencia, es fundamental tener en cuenta ciertas premisas a la hora de guardar nuestras botellas.

No todos los vinos mejoran con el tiempo.

Hay que apuntar que no todos los vinos están pensados para consumirlos a largo plazo. El dicho de “el buen vino mejora con los años” no es aplicable a todos. Cada variante tiene una personalidad definida y ha sido producido para ser consumido en un momento determinado. Así como hay vinos que hay que dejar reposar para que obtengan un mejor sabor, otros son elaborados con la intención de ser degustados de manera más inmediata. Por ese motivo, hay que saber de antemano qué tipo de vino estamos adquiriendo y cuándo es el momento óptimo para su descorche.

La posición de las botellas

Las botellas deben colocarse de manera horizontal. Es la manera de garantizar que el vino esté siempre en contacto con el corcho y que éste no se seque, impidiendo así que el vino pierda calidad. Un detalle importante es evitar el movimiento de las botellas. El mito de rotar las botellas con cierta periodicidad es totalmente falso. Hay que intentar mantenerlas siempre en la misma posición, por lo que algunos expertos aconsejan poner un identificativo a cada una de ellas para evitar moverlas a la hora de buscar una botella concreta.

La temperatura, un aspecto importante

La clave está en que el vino no sufra grandes alteraciones térmicas, sino que se mantenga a una temperatura constante, en torno a los 15˚ͦ. Por ello, es importante elegir un lugar de la casa en el que se asegure esta condición, en la medida de lo posible. Aunque es uno de los sitios más recurrentes, la cocina es el peor sitio donde guardar el vino, ya que es una de las zonas de la casa con mayor variabilidad térmica. Por otro lado, también se deben evitar zonas de corriente o cercanas a aparatos de calefacción.

La luz y la humedad, enemigas número uno.

Debemos intentar evitar guardar las botellas en lugares muy luminosos o expuestos a humedad, ya que pueden provocar transformaciones químicas que alteren la calidad del vino. Lo ideal, una luz tenue

Libre de olores

Si no queremos que el vino se “intoxique” de otros olores cercanos como detergente, alimentos, especias, productos de limpieza, etc., debemos mantenerlos alejados de despensas.

Sabemos que no todos podemos permitirnos tener una bodega climatizada, y puede ser complicado encontrar en tu hogar un lugar que reúna todas las características. Sin embargo, seguro que puedes encontrar algún sitio en el que tus botellas se encuentren más aisladas y puedas evitar en la medida de lo posible que el vino se estropee. No necesitas tener un trastero o desván; si dispones de un mueble o un armario que aísle en cierta medida la temperatura y la humedad, has encontrado el sitio perfecto.

Qué hacer (y no hacer) si te gusta el vino

La larga historia y tradición de la elaboración del vino han ido desarrollando en torno a él una auténtica cultura que cuenta con sus propios códigos y procedimientos. Al igual que ocurre con otras bebidas de carácter artesanal como la cerveza, el café o los cocktails, han ido surgiendo expertos connaisseurs que dotan a estos productos de un aura protocolaria que, en caso de desconocerlos y/o incumplirlos, pueden dejar al consumidor en muy mal lugar.

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En lo que el vino respecta, debemos tener en cuenta una serie de preceptos a la hora de su consumo y servicio, ya sea en una cena informal o de negocios. A riesgo de parecer un poco estrictos, si queremos demostrar que somos unos auténticos amantes del vino, estas normas no se nos pueden escapar.

La botella de vino debe retirarse de la mesa tras servirse. Por ello es necesario contar con una mesa auxiliar donde colocarla. Si nos encontramos en una cena familiar o con amigos, de manera más relajada, podemos dejarla encima de la mesa, por simple comodidad.

La copa de vino nunca ha de cogerse por el cáliz, sino por el tallo. De esta manera, es más sencillo observar la claridad del vino sin ensuciar el cristal, y no alteramos su temperatura, lo cual es importante en vinos fríos como los blancos y el Champagne.

Las copas deben ser lisas y transparentes. Debemos evitar las copas de cristal coloreado que impidan apreciar el color del vino, aspecto importantísimo a la hora de evaluar sensorialmente la calidad de un vino.

No llenes la copa hasta arriba. La medida apropiada está entre un tercio y la mitad de la copa. Cuanta más cantidad de vino haya en la copa, más dificultades tendremos para apreciar sus aromas de manera apropiada. Además, de esta manera, habrá menos riesgo de derramarlo, y ¿hay algo peor que una mancha de vino?

Las copas deben colocarse correctamente en la mesa. Su disposición es de izquierda a derecha, primero la de agua, después la de vino tinto, la de vino blanco, y finalmente la de cava o champagne.

¿Poner hielo en el vino? Comúnmente es considerado como un crimen gastronómico, fundamentalmente en vinos de alto prestigio, ya que las bodegas se esfuerzan por conseguir sabores únicos y personales que disfrutar a una temperatura adecuada y que, con hielo, varían considerablemente. Pero también hay que aceptar que, irremediablemente, sobre gustos no hay nada escrito.

La hora del brindis. Los más puristas recomiendan no hacer chocar las copas en una reunión formal, sino alzar la copa y mirar a los demás a los ojos.

Este conjunto de normas está fundamentalmente pensado para reuniones formales en las que se ha de seguir un código protocolario ya establecido socialmente. Sin embargo, no te sientas intimidado por ello, y ¡sigue disfrutando de tu mejor vino en tu día a día!

El etiquetado de vino

Os habréis preguntado en alguna ocasión por qué algunas botellas de vino incluyen mucha información en su etiquetado y otras no. Para algunos consumidores es interesante conocer las particularidades de los vinos sin necesidad de tener que buscar en internet o guías en el momento de elegir entre una botella u otra y, aunque las nuevas tecnologías facilitan mucho este proceso (por ejemplo los códigos BIDI), hay una serie de requisitos que se deben cumplir.

La Unión Europea establece una serie de normas a la hora de etiquetar cualquier producto, pero después estas normas pueden ser desarrolladas por cada país e incluso, en el caso del vino, por cada Consejo Regulador.

Esta normativa no sólo recoge qué parámetros deben aparecer en una etiqueta, sino también su tamaño mínimo o idiomas. En este punto aclarar que aunque normalmente nos refiramos con ‘etiqueta’ a la imagen que aparece en la parte frontal de la botella y ‘contra etiqueta’ a la que está detrás, en realidad ésta última es la que se toma como oficial, donde debe aparecer toda la información.

Menciones obligatorias

Como hemos comentado, hay una serie de menciones que deben estar siempre en una etiqueta y además de forma independiente, esto es, en frases separadas. Nos referimos a la categoría del producto (vino), a su procedencia (país), el grado alcohólico (expresado en % Vol), el registro embotellador y el importador, en caso de que el vino sea importado. Además, en España, para los vinos con Denominación de Origen Protegida o Indicación Geográfica Protegida también debe aparecer la indicación de la DOP o IGP, el volumen del envase, el lote y los alérgenos.

En concreto, el lote sirve para asegurar la trazabilidad de un vino. Pongamos en caso de que abrimos una botella que tiene un defecto de corcho, gracias al número de lote y a la numeración impresa en la tirilla que expide el Consejo Regulador ayudaremos a la bodega a identificar de dónde viene el problema y cuántas botellas pueden estar afectadas con el mismo inconveniente.  Así que si alguna vez encuentras un vino con defecto, el llamar a la bodega e indicar estos parámetros les será muy útil para identificarlo y mejorar en el futuro.

Desde el año 2009 las etiquetas de los vinos también deben incluir menciones respectivas a los alérgenos, en concreto al huevo y sus derivados (es muy habitual clarificar el vino con clara de huevo), a la leche y al contenido en sulfuroso. En éste último caso, además, la frase ‘contiene sulfitos’ debe aparecer uno o varios idiomas según el país.

Menciones facultativas

Existen una serie de parámetros que la Unión Europea recomienda incluir en las etiquetas pero que no son de obligado cumplimiento. Como se ha comentado al comienzo del post, estas menciones facultativas después pueden convertirse en obligatorias según el país o la Denominación de Origen (sobre todo a lo que el logo del Consejo Regulador se refiere).

Los parámetros no obligatorios son la cosecha, las variedades, los métodos de producción y los pictogramas sobre alérgenos o sobre la recomendación de no ingesta de alcohol por parte de mujeres embarazadas.

Para los vinos que van a ser exportados es necesario conocer la normativa específica del país en el que se va a comercializar el vino, tal y como se puede comprar en esta etiqueta de Don Miguel Comenge.

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Cine y vino se vuelven a dar cita en Seminci

Un año más la Semana de Cine de Valladolid apuesta por las Denominaciones de Origen de Castilla y León con la organización de un ciclo que tendrá como hilo conductor el vino.

Las Denominaciones de Origen Ribera del Duero, Toro, Cigales y Rueda serán las protagonistas desde el 29 de octubre hasta el 1 de noviembre en el Laboratorio de Artes Escénicas de Valladolid (LAVA), un día más que el año pasado y con un horario más amplio.

Las entradas de cada jornada tienen un precio de 10€ y permiten al acceso a la proyección de la película, a la zona de degustación donde habrá 100 vinos de las distintas Denominaciones de Origen y las diversas actividades que éstas han organizado. También habrá un abono para los 4 días con un coste de 30 euros.

El ciclo Cine y Vino comenzará el jueves 29 en el vestíbulo del LAVA con una exposición de trajes creados por jóvenes artistas de la Escuela de Diseño de Valladolid (ESI) inspirados en películas de cine clásicas y con colores de los vinos de la Ribera del Duero.

A las 18.30 comenzará la Gran Gala del Cine y Vino dirigida por Pilar Molestina que bajo el título ‘Cine y vino, vidas paralelas’ hará un repaso por protagonistas que estos dos mundos tienen en común.  Tras la gala los asistentes tendrán la oportunidad de conocer de la mano del actor Charlie Arturaola un vino argentino elaborado con la variedad Malbec,  para después dar paso a la proyección de la película ‘The Duel of Wine’.

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El viernes 30 se producirá el hermanamiento entre la D.O. Cigales y Jerez, con motivo de la proyección de ‘Jerez y el Misterio del Palo cortado’, que tendrá como colofón una cata gastronómica en la misma sala Concha Velasco. Tras la cata de vinos de Cigales con Bandas Sonoras se accederá a la zona de degustación como todas las jornadas del ciclo.

El sábado 31 la Ribera del Duero volverá a ser protagonista con la cata ‘Espíritu Ribera’, una experiencia sensorial, que irá precedida de la proyección del film ‘Vinodentro’. La posterior degustación de vinos de las Denominaciones de Origen estará acompañada del concierto del grupo Morringans y un monólogo de David Carrillo, organizado por el Consejo Regulador de la D.O. Rueda.

El ciclo Cine y Vino concluirá el domingo día uno de noviembre con la proyección de ‘Barolo Boys. The history of a Revolution’. Tras la película, la Denominación de Origen Toro ha preparado dos talleres de elaboración de cócteles con vino, a cargo del coctelero toresano Óscar Díez.

Después del taller, la sala Blanca del LAVA acogerá la entrega del premio ‘Talento Ribera’ a los mejores vestidos diseñados por los alumnos de la ESI que se expusieron el primer día del ciclo. Para terminar, el Consejo Regulador de la Ribera del Duero llevará al grupo ganador del galardón ‘Talento Ribera’ en el festival Sonorama, Bye Bye Lullabay. Como en las anteriores jornadas, para finalizar la jornada, se darán a degustar 100 vinos de las cuatro Denominaciones de Origen que participan en el ciclo Cine y Vino.

Más información en la web Seminci

10 beneficios del vino que quizá no conocías

Amantes del vino, estáis de enhorabuena. Es bien sabido por todos que una copita de vino al día es buena para nuestra salud, pero probablemente no sepas cuáles son esas cualidades que tan beneficiosas son para nuestro organismo.

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Numerosos estudios científicos recientes han ahondado en esta cuestión y han expuesto de qué manera el vino puede ayudar a cuidarnos y a mejorar nuestra salud, eso sí, siempre con moderación. ¿Quieres saber cuáles son?

  1. Ayuda a reducir el colesterol. El resveratrol, una sustancia química rica en antioxidantes que posee el vino, ayuda a evitar la formación de coágulos. Una copa de vino nos ayuda a aumentar el “colesterol bueno” y reducir el “malo”, evitando igualmente problemas cardiovasculares.
  2. Cuida nuestro corazón. La vitamina E favorece la limpieza de la sangre y evita la aparición de coágulos, a la vez que preserva los tejidos de los vasos sanguíneos.
  3. Libera endorfinas. El hecho de beber vino casi siempre nos gusta. Eso quizá se debe al papel del vino como potenciador en la liberación de endorfinas, la sustancia de la felicidad, produciendo así una sensación de placer y relajación muy positiva.
  4. Reduce el riesgo de cáncer. La acción antioxidante del vino (resveratrol) es decisiva en el bloqueo de aparición y crecimiento de células cancerígenas. Igualmente, es importante llevar una vida saludable y evitar otros hábitos peligrosos como el tabaco.
  5. Cuida nuestras encías. Si sufres problemas bucales, ya es hora de empezar a acompañar tus comidas con una buena copa de vino. Algunos de sus componentes pueden evitar la aparición de estreptococos y bacterias que producen caries, y ayudar a tratar enfermedades como la gingivitis (inflamación de encías) y dolor de garganta.
  6. Limpia el paladar. Si tomamos una copa con la comida, las propiedades astringentes del vino nos ayudarán a percibir el sabor de la comida de una manera más intensa que si lo hiciéramos con agua. Un motivo más para no dejar de pedir ese vino de Ribera de Duero que tanto te gusta.
  7. Previene el cansancio. Los estudios afirman que el resveratrol nos ayuda en aquellos días en los que estamos más cansados, desganados o apáticos. Nada mejor que una copa de vino para aumentar un poquito nuestra energía y nuestras ganas.
  8. Ayuda a regular nuestro peso. Como cualquier otro alimento, el vino tiene un cierto nivel de calorías que tenemos que tener en cuenta a la hora de su consumo, y dependiendo de lo que bebamos, afectará en mayor o menor medida a nuestro peso. Sin embargo, basándonos en los resultados de estos estudios, podemos afirmar igualmente que el vino evita la creación de células de grasa y moviliza las existentes para ir eliminándolas. De todos modos, tengamos en cuenta que el vino no es milagroso, y que lo mejor para controlar nuestro peso es llevar una vida saludable, seguir una dieta equilibrada, y practicar un poco de ejercicio diario.
  9. Es bueno para nuestro cerebro. Un consumo moderado de vino al día ayuda a nuestra capacidad cognitiva y a evitar enfermedades degenerativas y demencias. Esto se debe a la acción antioxidante y antiinflamatoria de sus componentes, que evitan la coagulación y favorecen el riego sanguíneo.
  10. Combate las enfermedades urinarias. Sus propiedades antioxidantes y astringentes favorece el funcionamiento de filtrado de los riñones y evita la aparición de bacterias en la vejiga.

Sin duda estas son buenas noticias para aquellos amantes del vino que cada día disfrutamos de su sabor. Con una vida saludable y equilibrada, y un consumo moderado, podrás hacer del vino un gran aliado para cuidar de tu salud.

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Denominaciones de Origen y Vinos de la Tierra

¿Qué diferencia hay entre un vino con Denominación de Origen y un Vino de la Tierra?, ¿y entre un vino con D.O. y un Vino de Pago?, ¿cuál es mejor?…

Las diferencias entre los niveles de protección de un vino vienen determinadas en una normativa reglada por la Comisión Europea y se incluye dentro de la OCM (Organización del Mercado Comunitario).

Que un vino vista la contra etiqueta expedida por el Consejo Regulador de una Denominación de Origen, Vino de Pago o por  una entidad certificadora de Vino de la Tierra no quiere decir que sea mejor o peor; sino que cumple con una serie de requisitos que son verificados por un órgano de gestión y ofrece una serie de garantías al consumidor.

Es cierto que las Denominaciones de Origen, además de velar por la calidad de los vinos que amparan, actúan como paraguas, ayudan a comercializar el vino en el exterior y a dinamizar la economía de una determinada zona bajo una marca común.

Para que un Consejo Regulador apruebe la expedición de la contra etiqueta con Denominación de Origen para un vino, éste debe cumplir una serie de estándares de calidad. Los vinos no sólo se valorarán por sus parámetros analíticos, sino también a través de un análisis organoléptico por parte de un panel de expertos.

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Niveles de protección

Debemos distinguir tres grupos.

  • VINO: En parte es un equivalente a lo que antes de 2008 se conocía, de manera generalizada, como vinos de mesa.
  • VINO CON INDICACIÓN GEOGRÁFICA PROTEGIDA (IGP). Este grupo se refiere a la nomenclatura ‘Vino de la Tierra’. Los requisitos que deben cumplir estos vinos son: Que se elaboren con variedades vínicas, que posean una serie de características atribuibles a su origen geográfico, que las uvas procedan en un 85% de ése lugar geográfico, que se elaboren en ese mismo entorno y tengan en común una serie de características organolépticas.
  • DENOMINACIÓN DE ORIGEN PROTEGIDA. Se subdivide en varias categorías:
  1. Vinos de Calidad con Indicación Geográfica: Vinos elaborados en una determinada zona, con uvas procedentes de esa misma zona, cuyas características estén determinadas por un medio geográfico y/o las prácticas culturales de los viticultores.
  2. Vinos con Denominación de Origen: Lo que conocemos comúnmente como D.O. Se refiere al nombre de una región que ha sido reconocido previamente por la administración (D.O. Ribera del Duero). Además de los anteriores requisitos recogidos en Vinos de Calidad con IGP, los vinos deben tener un cierto reconocimiento en el mercado y su calidad y características deben ser atribuibles casi en exclusiva al entorno del que proceden. También deberán haber pasado al menos 5 años desde que el vino fue calificado como Vino de Calidad con IGP.
  3. Vino con Denominación de origen Calificada (D.O. Ca.): Un ejemplo es la Denominación de Origen Calificada Rioja. Aparte de cumplir los requisitos descritos en el anterior apartado, indica que los vinos deben ser embotellados y comercializados desde las bodegas amparadas, la calidad de los vinos será contralada desde su producción hasta su venta en lotes limitados, no pueden coexistir en la misma bodega vinos con D.O.ca y sin ella, aunque sí con Vinos de Pago. Deben pasar al menos 10 años desde su calificación como D.O.
  4. Vinos de Pago: Es la calificación más restrictiva en cuanto a los requisitos que debe cumplir un vino. El ‘pago’ debe cumplir una serie de cualidades muy particulares y diferenciadores en cuanto al clima (o, mejor, dicho, micro-clima), geografía o prácticas tradicionales atribuibles a una zona muy concreta. Las administraciones de las Comunidades Autónomas deberán establecer la extensión de los pagos.
  5. Vinos de Pago Calificado: Estaríamos en el mismo caso que el anterior con la diferencia de que para obtener un Vino de Pago Calificado, debe estar dentro de una Denominación de Origen Calificada y estar amparado por la misma.