¿Cómo se fabrican las barricas?

La temática de las barricas para el vino podría tratarse prácticamente en un blog aparte, ya que existe una gran variedad de las mismas, en cuanto al tipo de madera con el que están fabricadas, a su procedencia, tamaño y elaboración.

tronco en bruto

Aunque, como  se suele decir, ‘cada maestrillo tiene su librillo’, hemos querido recoger un proceso de fabricación clásico de una barrica de roble desde el inicio, la formación de las duelas.

Una vez la tonelería dispone de los listones de madera del roble que sea (francés, americano, húngaro, español…) es importante comprobar que esté bien madura, es decir, perfectamente seca para evitar aromas a verdor y astringencias en el vino.

obtención de las tablas

Los listones para fabricar las duelas –nombre que recibe cada una de las tablas que conforman la barrica- deben almacenarse en unas condiciones de temperatura y humedad concretas, de tal forma que la madera no se seque en exceso, para evitar que se resquebraje. A los listones es necesarios darlos forma en sus extremos en la misma tonelería, dependiendo de la capacidad de la barrica a fabricar. Las duelas aún no se abomban, están rectas, pero con el ángulo correcto en los extremos  de los cantos para que después puedan encajar.

parque de madera

Una vez cortadas con el ángulo apropiado, se forma la ‘cana’, es decir, las duelas se ponen una detrás de otra en el banco del tonelero para calcular el diámetro de la barrica, como si se colocara un lapicero al lado del otro encima de una mesa.

Cuando el tonelero ya tiene cogida la medida, empieza el proceso de formación de la barrica. Para ello se usarán aros y flejes provisionales. Primero se dispone un aro y sobre el mismo, se van anclando las duelas con remaches hasta que se obtiene la forma de un vaso invertido al voltear la barrica. Todo este proceso se hace a mano, el tonelero debe encargarse de que las duelas estén bien juntas una con la otra y que el nivel con respecto al aro sea perfecto.

Para dar la típica forma de barriga a la barrica, ésta se moja por dentro y por fuera y después se pone a fuego lento. Durante este proceso, el agua ablanda las hemicelulosas que existe en el interior de la madera (un polisacárido que se encuentra en las células vegetales)  para que pueda moldearse. Antiguamente, la forma se diseñaba a mano por los tenerlos (de ahí el dicho de “a ojo de buen cubero”) pero en la actualidad hay máquinas que lo hacen, a pesar de seguir siendo una labor muy artesanal.

tostado

La barrica se sostiene con flejes de hierro provisionales, los definitivos no se colocan hasta el final, cuando “se viste” la barrica.

Una vez la barrica tiene su clásica silueta es cuando se tuesta. Hay también diversas formas de tostado, pero lo normal es situarla en un fuego hecho con brasas de madera de roble. Dependiendo el tipo de tostado (ligero, medio, medio plus…) la barrica se mantiene un determinado tiempo en cada uno de los fuegos que ofrecen más o menos intensidad de tostado. Aquí es fundamental que el tostado se haga lentamente, penetrando el tostado en el interior de la duela.

aros provisionales

Una vez que la barrica se ha enfriado, con una fresadora se hace el argallo, hueco donde irán encajados los fondos. También se realiza el agujero del tapón y se lija la panza de la barrica. A continuación se colocarán los fondos o tapas.

El proceso finaliza con el lijado de los fondos y sustituyendo los flejes provisionales por los definitivos. Esta barrica terminada pasa entonces al control de calidad, donde se inspecciona cuidadosamente por dentro y por fuera y se somete pruebas de estanqueidad, reparando posibles puntos de fuga. Una vez dado el visto bueno,  el tonelero la marca con su firma con láser o fuego, indicando también el tipo de tostado, el origen de la madera así como el código de trazabilidad de la misma. ¡Todo un arte digno de contemplar!


certificado de calidad

 

marcado



Tapón sintético vs tapón de rosca

La “guerra” entre los tapones de corcho natural y de material sintético es un asunto que se debate desde hace años, pero parece que el pensamiento es más o menos homogéneo: en general, tanto consumidores como bodegueros, prefieren el corcho natural por razones de las que ya hemos hablado con anterioridad.

El uso del tapón sintético está extendido en los vinos jóvenes, no pensados para un largo envejecimiento. Para los vinos de guarda, sin duda lo idóneo es el corcho natural. Sin embargo, en los últimos años la lucha se ha trasladado entre los defensores y detractores del tapón sintético y el tapón de rosca.

En España, donde el 95 – 97% de los tapones que se usan para cerrar el vino son de corcho natural (datos de 2013) parece que este debate no tiene interés; pero en el resto del mundo este porcentaje baja al 70%.

De hecho, numerosas bodegas españolas cierran sus vinos jóvenes con tapón de rosca para exportar a ciertos mercados como Australia, Estados Unidos o Inglaterra. Algunas de las razones de este hecho son, por un lado, que se trata de países con menos tradición vitivinícola que los históricamente productores y los consumidores son más receptivos a estos cambios, por otro, existe una cultura más extendida de los ‘vinos por copas’, para lo que el tapón de rosca es una muy buena opción.

En este post queremos exponer los pros y contras del cierre con tapón de corcho versus el tapón de rosca.

Por un lado, los dos son igualmente consistentes y libres de TCA, aunque no está garantizado al 100% que podemos encontrar este defecto, pues la contaminación puede venir en ocasiones de la propia bodega (barricas, palets, soportes de madera…). De hecho, los tapones de corcho sintéticos surgieron a finales de los años 80 como una alternativa para evitar el TCA, demasiado frecuente por aquel entonces. La modernización llevada a cabo la industria corchera ha permitido hoy en día minimizar enormemente el problema.

El tapón de rosca mantiene los vinos jóvenes más frescos que el tapón sintético, aunque esto puede diferir en función del recubrimiento que lleve la rosca: existen materiales más permeables que otros, que permiten una mayor o menor micro-oxigenación. El tapón sintético, sin embargo, suele ser más complicado de extraer, sobre todo cuando han pasado más de 14 – 16 meses desde el encorchado.

El tapón sintético es apenas permeable, sella completamente y no permite el desarrollo del vino en la botella, pudiendo generarse desagradables aromas de reducción en  caso extremo. Pero también existen algunos tapones sintéticos que disponen de un pequeño cilindro vertical en el centro, lo que se conoce como ‘orificio de oxidación controlada’, que sirve precisamente para permitir una ligera micro-oxigenación, aunque lógicamente nada que ver con el corcho natural.

En cuanto a la parte económica, los costes de encorchar con tapón sintético son inferiores a hacerlo con rosca. Ya no porque el tapón en sí sea más barato (hay cientos de tipos) sino porque para cerrar con rosca es necesario tener una taponadora especial y una botella que permita alojar este tipo de cierre, más caras que las botellas de cuello estándar.

Respecto a la parte ‘ecológica’,  en general los materiales con los que se fabrican los tapones de rosca suelen ser más biodegradables que los polímeros del tapón sintético. Pero, sin lugar a dudas, la mayor ventaja del cierre con rosca es la posibilidad de servir el vino por copas, una práctica extendida en muchos países del mundo, como ya hemos comentado y el hecho de no ser necesario tener a mano un sacacorchos para poder disfrutar el vino, lo que en determinados países o situaciones es de suma importancia. Pensemos por ejemplo en el servicio del vino en la cabina de los aviones.

¿Por qué en España no se ‘estila’ la rosca? Quizás por tradición, quizás por falta de cultura vinícola o quizás por el  ritual que supone el descorche; lo cierto es el consumidor los relaciona –a priori sin motivo alguno- con vinos de baja calidad.

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7 consejos para no comprar vino en mal estado

Comprar un buen vino no es siempre una elección fácil. Ante la amplia oferta de variedades que nos muestran vendedores y bodegas en la actualidad, si no somos expertos puede resultar complicado elegir un vino de calidad que se ajuste a nuestras preferencias y exigencias, y que, además, esté en perfectas condiciones para su consumo.

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Además del consejo de un experto, bodeguero o enólogo, hay una serie de premisas que puedes tener en cuenta a la hora de adquirir tu botella; detalles que pueden ser decisivos a la hora de degustarlo y que pueden influir negativamente en tu experiencia como cliente y consumidor.

  1. Comprar en tiendas donde se cuida el vino. Observa que el establecimiento esté bien cuidado, que sus instalaciones son adecuadas, y sobre todo, cerciórate que sea un sitio donde miman el vino y no lo tratan como simple mercancía que tienen que vender. Si sus propios vendedores no aprecian su producto, tú tampoco lo harás.
  2. Infórmate previamente de qué vino te interesa adquirir. Aunque nos dejemos asesorar por el vendedor, no está de más tener una idea preconcebida de lo que queremos; busca en Internet y haz una pequeña investigación antes de comprar tu botella. Esto puede salvarte de más de una decepción.
  3. No te dejes engañar por el precio. Así como no deberías hacer caso de ofertas y gangas de vinos supuestamente excelentes, tampoco te guíes por la premisa, más que generalizada, de que cuanto más caro mejor es el vino. El precio es solo una variable, y la calidad de un vino no debe ser juzgada por este aspecto.
  4. Deja en casa los tópicos. No te fíes de las típicas creencias popularizadas acerca del vino, como por ejemplo que un vino francés es mejor, o que el rosado no es tan bueno como un tinto. Abre la mente y atrévete a explorar.
  5. No aceptes un vino que haya estado expuesto en el escaparate. Las botellas del muestrario han estado expuestas a mucha luz, movimientos y ruidos, aspectos nada favorables para una buena conservación del vino. Si no te quieres llevar un vino claramente defectuoso, es mejor elegir otra opción.
  6. No pases por alto la fecha de la cosecha. El vino tiene un momento apto para su consumo, así que es recomendable conocer el año de la cosecha para poder calcular su edad y estar seguros de que no es demasiado antiguo.
  7. Observa la botella. Fíjate que la botella no esté mermada, ya que puede ser señal de que el corcho esté en al estado y por tanto, el vino puede estar picado.

No queremos que te den gato por liebre, así que te recomendamos que tengas en cuenta estas pequeñas observaciones para que tu experiencia con el vino sea lo más agradable posible. Recuerda que el vino, además de en tiendas físicas, también puedes comprar tu vino Online. En Comenge te ofrecemos unos de los mejores vinos Ribera de Duero. ¿Has visitado ya nuestra tienda online?

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¿Por qué debemos decantar el vino?

Normalmente, la mayoría de los vinos pueden ser servidos directamente de la botella. Pero en muchas ocasiones es necesario decantarlos antes de su consumo, es decir, verterlos previamente en un recipiente denominado decantador con el fin de liberar los aromas del vino y dejarle respirar.

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¿Por qué se decanta un vino?

Los tres principales motivos por los que se puede decantar un vino son:

  • Separar los posos o sedimentos. Durante el proceso de fermentación suelen aparecer sedimentos que se precipitan en el fondo de la botella. Aunque estos elementos no son negativos ni son signo de mala calidad, son muchos los expertos que prefieren eliminarlos de su copa. Sin embargo, muchos amantes del vino prefieren que su vino contenga posos debido a la intensidad del sabor y el aroma que presentan. Esto suele ocurrir con mayor frecuencia en los vinos de mayor edad, en los que el proceso de maduración es más prolongado.
  • Oxigenar el vino. Normalmente durante la crianza del vino, debido a la falta de oxígeno, pueden originarse aromas que pueden resultar desagradables nada más abrir la botella. Al airear el vino se conseguirá eliminar esos olores y dar paso a los verdaderos aromas del vino, lo que se llama buqué del vino.
  • Para abrir el vino. Muchos consumidores decantan el vino simplemente para “presentar” o servir el vino.

¿Cuándo debemos decantar un vino?

La decantación no es una norma, sino una opción que puede mejorar (o empeorar) la calidad del vino. Todo dependerá del tipo de vino que queramos consumir, así como de sus cualidades y de aspectos tan relevantes como el tipo de uva, el tiempo de maduración, etc. Por ello es necesario conocer el vino que queremos tomar antes de tomar la decisión de decantarlo si no queremos echarlo a perder.

Por norma general, se decantan los vinos más viejos, ya que tras el proceso de maduración pueden presentar una mayor cantidad de posos. Pero esto en ocasiones no es buena idea, ya que puede ocurrir que tras el contacto con el aire el vino pierda todas sus propiedades. Igualmente, hay partidarios que aseguran que un vino joven resulta mucho más agradable tras unas horas de haber sido decantado.

En resumen, sea un vino joven o añejo, siempre hay que saber si se trata de un vino que se presta a la decantación. En el caso de que no se esté muy seguro, todo es probar y averiguar de qué manera nos gusta más. Al fin y al cabo, todo es cuestión de gustos y sobre gustos… ¡no hay nada escrito!

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Decantar o no decantar, ésa es la cuestión

Días de regalos, de cenas, de ‘amigos invisibles’… Así es la Navidad. Y un presente bastante habitual en estas fechas para los sibaritas, aficionados al vino, ‘wine lovers’ o simplemente un buen recurso para los que no saben qué regalar, son los decantadores o estuches con artilugios para el vino.

El decantador, ése bonito recipiente que luce en el aparador de casa y del cual se desconoce realmente cuál es el mejor momento para usarlo. ¿Para todos los vinos tintos?, ¿para los reserva?, ¿para presentar más bonito el vino en la mesa?

Lejos de rayar la cursilería en esto del servicio del vino, hemos querido recoger algunas pautas para explicar cuándo conviene y no decantar, cómo se decanta y qué otras opciones hay.

Pero vamos a empezar por el principio. Antes de nada, hay que descorchar la botella sin movimientos bruscos, es importante no ‘tocar las maracas’ con el vino, pues los sedimentos que pueda haber en el fondo de la botella se pondrán en suspensión. Después, se inclina un poco del decantador (limpio, también es primordial) y se vierte el vino de forma continua, siempre mirando el cuello de la botella para que no caigan dichos sedimentos.

¿Hasta ahí todo correcto, verdad? Pues, como recogió el especialista en vino Javier Pulido hace unos años en un artículo… ¡error! Si no se ha catado el vino antes, éste puede tener algún defecto que obviamente no se ha solucionado en el proceso.

Por lo tanto, lección uno: Catar el vino antes de decantarlo.

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Trasvasar o decantar

No hay que confundir la decantación con el trasvase. Aunque tampoco nos vamos a poner muy ‘tiquismiquis’, lo cierto es que no es lo mismo. El trasvase es pasar el vino de un recipiente a otro y se emplea, por ejemplo, para los vinos blancos que aparecen un poco cerrados, quizás por una estancia en depósitos sobre sus lías.

También es una buena práctica para atemperar el vino, ya que en España existe la costumbre de beber los blancos recién sacados de la nevera y eso le hace flaco favor a la expresión de los aromas.

Respecto a la decantación, se llevará a cabo cuando el vino presente sedimentos en la base de la botella. Estos sedimentos no son, en absoluto, un defecto del vino, sino partículas derivadas de su elaboración pero, en apariencia, no suelen gustar a los comensales y por ello el vino se decanta. Además la decantación sirve para que el vino se oxigene y los aromas ‘aparezcan’ más fácilmente.

Nos referimos a los vinos calificados como reserva o gran reserva; pero hay que ser cauto con los vinos muy viejos. En ocasiones, cuando un vino tinto se encuentra en su fase de decrecimiento, una excesiva oxigenación puede acelerar este proceso. En todo caso, la decantación debe hacerse al trasluz para poder comprobar que los no caen al decantador.

Dado el tiempo que se emplea durante estas fechas en comer o cenar, un interesante ejercicio es permitir que el vino se exprese por sí solo. Es decir, eludir la decantación y dejar el vino en la botella, en la copa, oler, probar, en distintos momentos. Los aromas se abrirán poco a poco hacia una gama muy amplia, compleja, interesante y cambiante. ¡Magia!

Cada oveja con su pareja: ¿En qué tipo de copa servimos el vino?

Es habitual que durante las fiestas navideñas los anfitriones quieran sacar sus mejores galas: ofrecer unos platos exquisitos, unas veces en búsqueda de la originalidad y otras veces tradicionales; acompañados con una selección de vinos, sin olvidar los espumosos, y vestir la mesa más especial que nunca.

No somos profesionales, no tenemos una  vajilla con un montón de piezas pero nos gusta cuidar la presentación. Normalmente se toma un vino blanco, uno tinto, quizás algún dulce y, por supuesto, un espumoso.

Pero, ¿qué tipo de vino usamos para cada uno de ellos? Las grandes superficies ofrecen una multitud de ‘diseños’; copas con el cáliz más grande, más pequeña, más redonda o alargada…

En este post queremos dar algunas claves para la correcta presentación del vino en la copa, pero sin volvernos locos. Para empezar, es necesario explicar que cualquier copa de vino se divide en tres partes: el cáliz (la parte contenedora del vino), el tallo o fuste y el pie, peana o base. Lo idóneo, es agarrar la copa por el tallo por una razón muy simple, no calentar el vino. Tampoco es necesario coger la copa de la base como en ocasiones vemos a algunos expertos catadores, pero agarrar la copa por el cáliz no es lo más adecuado.

Otro asunto a tener en cuenta es la cantidad de vino que se sirve, lo ideal es no llenar la copa más de un tercio de su capacidad, por la misma razón que hemos explicado anteriormente, conservar el vino a una temperatura correcta. Es mejor llenar la copa varias veces.

Foto: Riedel

Foto: Riedel

Respecto a los vinos blancos y tintos, normalmente se habla de tres tipos de copa: Las copas ‘Burdeos’, las copas ‘Borgoña’ y la copas para vino blanco o también llamadas ‘Chardonnay’. Las primeras, están pensadas para para vinos tintos con cierto envejecimiento, la boca acaba casi recta con la intención de que el vino se oxigene más rápidamente. Las copas ‘Borgoña’, por su parte, son más grandes que las ‘Burdeos’, y están orientadas para vinos más jóvenes. Las copas para vinos blancos suelen ser más pequeñas que las anteriores y tienen un tallo más largo, con la finalidad de que, al sostener la copa, la mano esté lo más alejada posible del vino.

En definitiva, para los vinos más viejos se recomienda usar copas el fondo pequeño (siempre redondeado) y la boca ancha; pero para los vinos jóvenes justo lo contrario, el fondo grande y la boca más cerrada para mantener los aromas. Si los términos ‘Burdeos’ o ‘ Borgoña’ crean confusión, una solución es apostar por las copas llamadas ‘Cabernet’ para los tintos, ya que se suelen encontrar de manera muy habitual con ese nombre en las grandes superficies.

Tradicionalmente los vinos espumosos se han servido en las copas tipo ‘flautín’, pues al ser muy largas se puede comprobar cómo es el comportamiento de las burbujas o carbónico. Sin embargo, cada vez más los elaboradores apuestan por dejar de usar éstas copas y apostar por otras algo más grandes, como las del vino blanco.

La copa que sí está en completo desuso es la llamada ‘catavinos’, pues dificulta mucho la expresión de los aromas y el acto de mover el vino para que éstos se desprendan.

En los últimos años, han proliferado decenas de copas de vino, cada una incluso indicada para una variedad de uva. Si quieres saber más sobre los tamaños y anatomías de las copas, no te pierdas la web de Riedel, una de las casas históricas de fabricación, distribución y venta de copas más conocidas del mundo.

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¿Cómo es una cata de vinos?

Si eres un amante del vino y del enoturismo, seguramente estés familiarizado con una de sus actividades estrella: las catas de vino. Prácticamente todas las bodegas incluyen catas dentro de sus programas de actividades, ya sea para personas iniciadas en el mundo del vino tanto como para auténticos expertos catadores. Debemos dejar atrás la idea anticuada de que este tipo de actividades están hechas para profesionales o personas con altos conocimientos del vino. El vino está ahí para ser disfrutado por todos.

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¿Qué tipo de catas existen?

No existe solo un tipo de catas, y no todas tienen el mismo ceremonial ni modos de proceder. Podemos diferenciar tres modalidades:

  • Cata vertical. Aquella en la que se prueba el vino de la bodega pero de diferentes cosechas.
  • Cata horizontal. Aquella en la que se ofrecen vinos diferentes pero pertenecientes a la misma cosecha y denominación de origen
  • Cata ciega. Aquella en la que se prueban distintos vinos de los cuales no se tiene ningún tipo de información previa.

¿Cómo se cata un vino?

El objetivo fundamental de una cata de vinos es analizar sensorialmente el vino para explorar sus características y propiedades en cualquiera de sus tres niveles: visual, olfativo, y gustativo. En otras palabras, aprender las diferentes cualidades del vino al mismo tiempo que disfrutamos de él.

Con el fin de que no influyan elementos externos que distorsionen las apreciaciones del catador, la cata debe realizarse en un lugar en el que se disponga de una buena iluminación y carente de olores, con buena ventilación y con una temperatura media. Igualmente, es importante utilizar copas transparentes e incoloras que no confundan al catador a la hora de apreciar el color y brillo del vino.

Fase visual

Tras descorchar el vino, se procede a oler el corcho. Esto nos puede dar muchas pistas acerca del estado del vino que vamos a probar. Se coge la copa, siempre por el tallo o la base, y se inclina la copa unos 45º sobre un fondo blanco, el propio mantel o una servilleta por ejemplo, para observar el color, el brillo y la limpieza del vino. Si podemos ver a través del vino podremos decir que es de capa baja. Si, en cambio, es complicado ver lo que hay detrás de la copa, diremos que es de capa alta. Por otro lado, el color del vino nos dará una idea de la edad del vino; si es brillante y color cereza, será joven; si es granate seguramente esté más envejecido con crianza.

Fase olfativa

En esta fase, se procede a oler el vino acercando la copa a la nariz para apreciar los olores primarios, propios de la variedad de uva. Después, se mueve la copa y se huele nuevamente para inhalar los secundarios, los que resultan tras la fermentación.

Por último, se procede a una tercera agitación para poder distinguir los aromas terciarios, los bouquet, aquellos que se desarrollan durante la crianza del vino.

Fase gustativa.

Finalmente, probamos el vino con un pequeño sorbo. El ataque es esta primera impresión que recibimos al degustar el vino, el cual debemos pasar de un lado a otro de la lengua si queremos apreciar los cuatro sabores básicos. Si un vino consigue un perfecto equilibrio entre los cuatro, podemos decir que es un vino redondo.

Tras este paso, se procede a determinar la textura (suavidad, untuosidad, astringencia, rugosidad…), así como la vía retronasal, que hace referencia a la sensación que nos deja el vino pasados unos minutos en la nariz.

Es importante saber que el vino no debe tragarse, de modo que el alcohol no pase a la sangre y así evitar que el catador se embriague.

Por último se indicará qué final ha dejado el vino, tanto a nivel sensorial (final agradable, ácido…) como haciendo referencia a la duración (largo si dura entre nueve y doce segundos, corto si dura menos de dos segundos).

Aunque aquí encuentres, a grandes rasgos, los diferentes pasos de los que consiste una cata, desde Comenge te recomendamos que te animes a venir y realizar una cata de mano de nuestros expertos, dentro de nuestra amplia oferta de enoturismo. Una manera divertida, diferente y única de aprender y disfrutar del mejor vino de Ribera de Duero.

10 términos que usar (y evitar) para aparentar ser un experto del vino

Si es importante saber conocer el protocolo del mundo del vino, para poder demostrar nuestros conocimientos y amor por el vino también lo es saber cuál es el tipo de términos y vocabulario que se usa en este entorno, y por supuesto, cuáles no lo son en absoluto.

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5 términos del mundo del vino que debes utilizar

Lejos de parecer pedante, estos cinco términos, muy utilizados por expertos y bodegueros, resultan básicos si quieres avanzar en el conocimiento del vino y su cultura.

Coupage. En definición, se refiere a la mezcla o unión de diferentes vinos. Normalmente se realiza en las bodegas para mejorar el producto final.

Terroir. Del latín terratorium, hace referencia al conjunto de factores que caracterizan un terreno: clima, suelo, tipo de planta, prácticas y cultivo de la vid, etc.

Bouquet. De origen francés, este término hace referencia al aroma que adquiere un vino tras haber envejecido. Concretamente, alude a aquellas buenas sensaciones que se perciben tras oler el vino.

Estructura. Como su propio nombre indica, la estructura es la forma, la composición del vino y la ordenación de sus diferentes elementos: cantidad de alcohol, acidez, componentes fenólicos, etc.

Polifenoles. Son sustancias químicas presentes en algunas plantas, que poseen el famoso efecto antioxidante que alguna vez hemos citado anteriormente al hablar de las propiedades del vino. Los más importantes son los antocianos, que le dan al vino tinto ese color tan característico, y los taninos, que aportan un sabor seco y áspero.

Y ahora, ¿qué debemos EVITAR decir?

Hay ciertas expresiones y palabras que se usan habitualmente sin ningún tipo de cuidado, pero que en realidad hacen mucho daño a oídos de auténticos entendidos, amantes y expertos del vino.

Caldos. Aunque probablemente lo veas de manera frecuente en diferentes textos de prensa o blogs, a expertos y bodegueros no les gusta el uso de este término para designar el vino, fundamentalmente porque le quita cierto valor al producto.

Fabricar el vino. El vino no se fabrica, se elabora. Aunque pueda parecer lo mismo, en este caso no podemos usar este sinónimo. Las bodegas no son fábricas de vinos, y los enólogos no son fabricantes; no se trata de un producto que se “fabrique” en cadena, sino que cada cosecha y cada proceso de elaboración pueden ser únicos e irrepetibles.

“Yo tomaré un Riojita”. A los entendidos y expertos les chirría esta expresión sobremanera. Un amante del vino jamás diría un “Riojita”, sino que pediría alguna variedad en concreto o se dejaría aconsejar por el camarero o sumiller.

“¿Puede cambiarme el vino, que tiene posos?” Ya hemos hablado alguna vez de las propiedades de los posos, y es prácticamente sabido que, lejos de ser un defecto, es una muestra más de la alta calidad del vino.

Tomar el vino a temperatura ambiente. Si estás en un restaurante, no procede pedir el vino a “temperatura ambiente”. Este término hace referencia a la temperatura que el vino tiene en bodega. En estos casos, lo mejor es confiar en el camarero y/o sumiller, quien sabrá cuál es la temperatura exacta a la que debe ser servido cada tipo de vino.

Cómo guardar el vino en casa

Para cualquier amante del vino resulta fundamental contar con una pequeña bodega en su hogar; una selección de vinos de la que disponer en cualquier momento, sea un día rutinario o un evento especial. Pero si queremos conservar el vino en perfectas condiciones y que no pierda ningún toque de su esencia, es fundamental tener en cuenta ciertas premisas a la hora de guardar nuestras botellas.

No todos los vinos mejoran con el tiempo.

Hay que apuntar que no todos los vinos están pensados para consumirlos a largo plazo. El dicho de “el buen vino mejora con los años” no es aplicable a todos. Cada variante tiene una personalidad definida y ha sido producido para ser consumido en un momento determinado. Así como hay vinos que hay que dejar reposar para que obtengan un mejor sabor, otros son elaborados con la intención de ser degustados de manera más inmediata. Por ese motivo, hay que saber de antemano qué tipo de vino estamos adquiriendo y cuándo es el momento óptimo para su descorche.

La posición de las botellas

Las botellas deben colocarse de manera horizontal. Es la manera de garantizar que el vino esté siempre en contacto con el corcho y que éste no se seque, impidiendo así que el vino pierda calidad. Un detalle importante es evitar el movimiento de las botellas. El mito de rotar las botellas con cierta periodicidad es totalmente falso. Hay que intentar mantenerlas siempre en la misma posición, por lo que algunos expertos aconsejan poner un identificativo a cada una de ellas para evitar moverlas a la hora de buscar una botella concreta.

La temperatura, un aspecto importante

La clave está en que el vino no sufra grandes alteraciones térmicas, sino que se mantenga a una temperatura constante, en torno a los 15˚ͦ. Por ello, es importante elegir un lugar de la casa en el que se asegure esta condición, en la medida de lo posible. Aunque es uno de los sitios más recurrentes, la cocina es el peor sitio donde guardar el vino, ya que es una de las zonas de la casa con mayor variabilidad térmica. Por otro lado, también se deben evitar zonas de corriente o cercanas a aparatos de calefacción.

La luz y la humedad, enemigas número uno.

Debemos intentar evitar guardar las botellas en lugares muy luminosos o expuestos a humedad, ya que pueden provocar transformaciones químicas que alteren la calidad del vino. Lo ideal, una luz tenue

Libre de olores

Si no queremos que el vino se “intoxique” de otros olores cercanos como detergente, alimentos, especias, productos de limpieza, etc., debemos mantenerlos alejados de despensas.

Sabemos que no todos podemos permitirnos tener una bodega climatizada, y puede ser complicado encontrar en tu hogar un lugar que reúna todas las características. Sin embargo, seguro que puedes encontrar algún sitio en el que tus botellas se encuentren más aisladas y puedas evitar en la medida de lo posible que el vino se estropee. No necesitas tener un trastero o desván; si dispones de un mueble o un armario que aísle en cierta medida la temperatura y la humedad, has encontrado el sitio perfecto.

Qué hacer (y no hacer) si te gusta el vino

La larga historia y tradición de la elaboración del vino han ido desarrollando en torno a él una auténtica cultura que cuenta con sus propios códigos y procedimientos. Al igual que ocurre con otras bebidas de carácter artesanal como la cerveza, el café o los cocktails, han ido surgiendo expertos connaisseurs que dotan a estos productos de un aura protocolaria que, en caso de desconocerlos y/o incumplirlos, pueden dejar al consumidor en muy mal lugar.

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En lo que el vino respecta, debemos tener en cuenta una serie de preceptos a la hora de su consumo y servicio, ya sea en una cena informal o de negocios. A riesgo de parecer un poco estrictos, si queremos demostrar que somos unos auténticos amantes del vino, estas normas no se nos pueden escapar.

La botella de vino debe retirarse de la mesa tras servirse. Por ello es necesario contar con una mesa auxiliar donde colocarla. Si nos encontramos en una cena familiar o con amigos, de manera más relajada, podemos dejarla encima de la mesa, por simple comodidad.

La copa de vino nunca ha de cogerse por el cáliz, sino por el tallo. De esta manera, es más sencillo observar la claridad del vino sin ensuciar el cristal, y no alteramos su temperatura, lo cual es importante en vinos fríos como los blancos y el Champagne.

Las copas deben ser lisas y transparentes. Debemos evitar las copas de cristal coloreado que impidan apreciar el color del vino, aspecto importantísimo a la hora de evaluar sensorialmente la calidad de un vino.

No llenes la copa hasta arriba. La medida apropiada está entre un tercio y la mitad de la copa. Cuanta más cantidad de vino haya en la copa, más dificultades tendremos para apreciar sus aromas de manera apropiada. Además, de esta manera, habrá menos riesgo de derramarlo, y ¿hay algo peor que una mancha de vino?

Las copas deben colocarse correctamente en la mesa. Su disposición es de izquierda a derecha, primero la de agua, después la de vino tinto, la de vino blanco, y finalmente la de cava o champagne.

¿Poner hielo en el vino? Comúnmente es considerado como un crimen gastronómico, fundamentalmente en vinos de alto prestigio, ya que las bodegas se esfuerzan por conseguir sabores únicos y personales que disfrutar a una temperatura adecuada y que, con hielo, varían considerablemente. Pero también hay que aceptar que, irremediablemente, sobre gustos no hay nada escrito.

La hora del brindis. Los más puristas recomiendan no hacer chocar las copas en una reunión formal, sino alzar la copa y mirar a los demás a los ojos.

Este conjunto de normas está fundamentalmente pensado para reuniones formales en las que se ha de seguir un código protocolario ya establecido socialmente. Sin embargo, no te sientas intimidado por ello, y ¡sigue disfrutando de tu mejor vino en tu día a día!