Anatomía de una uva

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Las uvas de la Ribera del Duero están en proceso de envero, esto quiere decir que ha comenzado la maduración de las bayas.

En el aspecto visual, las uvas tintas hace semanas que comenzaron a ‘pintear’, es decir, a cambiar el color verde por color morado o violeta. Las uvas blancas, por su parte, modifican su tonalidad verde a otra más dorada.

Pero lo más importante ocurre en el interior de las bayas. Comienza la acumulación de azúcares, que después será uno de los indicadores para calcular el grado alcohólico probable del vino; y también el proceso de maduración fenólica, es decir, la maduración de la pepita.

Para decidir cuál es el momento óptico de recolección de los racimos, es preciso comprobar que la uva ha realizado correctamente ambas maduraciones. Si acumula muchos azúcares (grado alcohólico alto), pero después la pepita no está marrón, es posible que encontremos verdores en el resultado final del vino.

En Bodegas Comenge en las semanas próximas a la vendimia se llevan a cabo controles de madurez, con la intención de comprobar analíticamente que los parámetros son los adecuados, pero también se catan uvas.

En numerosas ocasiones las sensaciones sensoriales nos ayudan a tomar decisiones importantes en el proceso de elaboración de un vino, como puede ser el momento adecuado de vendimia.

¿Cómo es una uva por dentro?

Para entender mejor cómo y dónde se desarrolla la maduración alcohólica y fenólica, así como a procedencia del color de los vinos tintos, es importante conocer de qué está formada una uva:

  • Pepita: El endocarpio contiene las pepitas y, en función de la variedad de uva, las semillas o pepitas pueden ser de mayor o menor tamaño y tener distinta forma. Lo que es común, en todo caso, es que, si las pepitas se rompen durante la elaboración o no estás bien maduras (maduración fenólica), suelen aportar taninos verdes desagradables.

  • Pulpa o mesocarpio: Es la parte carnosa de la uva, es lo que va a indicar el volumen de mosto que se extrae de cada uva. En función de cada variedad, la relación pepita/pulpa difiere. La mayoría de las pulpas de las bayas tienen un color grisáceo, no aporta ningún color al vino, por eso es posible elaborar vinos blancos de uvas tintas (blanc de noirs). Sin embargo, hay algunas variedades, como la Garnacha Tintorera, que sí tienen la pulpa coloreada. En esta parte de la uva se encuentran compuestos importantes, como los ácidos, azúcares (maduración alcohólica), el agua y las pectinas.

  • Hollejo, piel o edicarpio: En esta parte de la uva se encuentran los taninos y los antocianos, esto es, los compuestos fenólicos, responsables del color en los vinos. Los vinos blancos también tienen este tipo de compuestos, aunque, evidentemente, no de ese color morado o violeta característico. La piel también actúa como protector natural de la uva contra los ataques fúngicos.

  • Pedúnculo o pincel: Es el ‘rabillo’ una pequeña parte leñosa que une a la baya con el raspón o escobajo. Algunos viticultores y enólogos también catan esta parte de la uva para determinar el grado de madurez de esta, ya que, durante el ciclo vegetativo, pasa de estar verde y blanda y dura a marrón y leñosa. En la vendimia mecanizada, esta parte se elimina de la uva durante su recolección.

La uva Malvasía y sus sinonimias

Malvasía aromática, volcánica, Alarije, Chasselas, Doña blanca… La uva Malvasía es una de las variedades más cultivadas en España. Quizás no en cuanto a extensión pero es posible encontrarla en muchas áreas vinícolas distintas: desde Galicia, pasando por la Rioja hasta las islas Canarias.

La Malvasía comparte una genética en todas las áreas en las que se cultiva pero, debido a la adaptación de la variedad a los diversos ‘terroirs’ (conjunción de clima, suelos, prácticas culturales tradicionales…), ofrece unas características organolépticas distintas en los vinos.

Como denominadores generales, la Malvasía es una uva de piel fina, que necesita bastante agua y climas no extremos, sensible a las heladas de primavera y poca productividad. Los mostos de derivados de esa uva suelen ser aromáticos, no excesivamente amargos, ácidos y con gran contenido en azúcares.

En España se cultiva Malvasía en la Calatayud, en Navarra, en Baleares… pero se la conoce con variopintas sinonimias en el resto del país.

Alarije en Rioja, Chasselas en el Bierzo

Alarije: Toma este nombre en Rioja y en la Ribera del Guadiana. La primera acepción surgió en el siglo XVI.

Subirat: Es común identificarla con este nombre en Cataluña.

Chasselas: Se la encuentra por este nombre la D.O. Bierzo y también en la Sierra de Gredos. No es tan aromática como la Malvasía de otras zonas pero lleva el apellido de ‘doré’ debido al color dorado que toman las bayas.

Malvasía Aromática: Es una de las uvas por excelencia en las diferentes zonas vinícolas del archipiélago canario (D.O. Abona, Tacoronte-Acentejo, Valle de Güímar, Valle de la Orotava e Ycoden-Daute-Isora, en Tenerife; pero también en El Hierro, La Gomera y La Palma). También es conocida como Malvasía de Sitges.

Malvasía Volcánica: La particularidad que toman los vinos elaborados con Malvasía en las islas es el suelo volcánico, unido a las corrientes de aire oceánicas y a la altitud de los viñedos. Los mostos son menos aromáticos que el caso de la Malvasía Aromática y sobre todo son diferenciadoras las características que ofrece en la isla de Lanzarote.

Tanto la Malvasía Aromática como la Volcánica se cultivan en otras áreas de origen volcánico, como en las Islas Griegas y en las Islas Azores, donde son famosos sus vinos dulces elaborados con esta variedad. De hecho, aunque no se sabe exactamente su procedencia, el vino por excelencia de las Islas Canarias ha sido históricamente el dulce elaborado con esta uva.

Doña Blanca: Conocida también como Malvasía Toresana o Malvasía Castellana. Además de en Galicia, Toro o Arribes del Duero, se cultiva en Portugal. Es la más austera de todas las Malvasías, con menor potenciar aromático y mayor acidez.

La variedad Malvasía es una uva diversa, que se adapta bastante bien a distintos tipos de clima. El rendimiento por hectárea de las cepas es muy pequeño, por ello su cultivo no está excesivamente extendido. Por lo general, las vides son muy viejas, de cultivo tradicional, lo que suma un coste y trabajo añadidos.

Sin embargo, aunque en la actualidad pasa un poco desapercibida, gracias al auge que en los últimos años están experimentando los vinos gallegos, cada vez es más habitual encontrar en las cartas de los restaurantes y en las vinotecas de todo el país botellas de vino elaborado con la variedad Doña Blanca.

 

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Variedades de uva blancas poco conocidas

Aunque España es más conocido mundialmente por la elaboración de vinos tintos, especialmente con las variedades Garnacha y Tempranillo (aunque adopta diferentes nombres en función del territorio en el que nos encontremos), lo cierto es que la diversidad de uvas blancas es muy amplia.

La uva Airén es en la actualidad la más plantada, aunque la fama de la Palomino, Verdejo, Albariño u Hondarribi Zuri (con la que elaboran los vinos de la D.O. Txacolí) están fuera de toda duda.  Si embargo hay multitud de uvas blancas minoritarias y mucho menos conocidas con las que se elaboran vinos de gran calidad en todo el territorio español.

Castilla y León

Albarín: Su origen es asturiano, en concreto de Cangas del Narcea, pero quizás los vinos de Albarín de León son los que han cobrado más protagonismo en los últimos tiempos. Es una variedad de alto grado alcohólico, golosa en boca, con notas a fruta de hueso y herbáceas.

Rioja

Maturana Blanca: La filoxera prácticamente acabó con ella, pero a finales de los años 80 en La Rioja, único lugar de cultivo conocido de esta variedad comenzó su recuperación. Se trata de uva con acidez elevada, baja productividad y alto grado alcohólico; muy apta para su crianza en barrica.

Canarias

Marmajuelo: Se trata de una uva que principalmente se cultiva en la isla de Tenerife. Con esta variedad se elaboran vinos de bastante acidez, con aromas tropicales y a monte bajo. Puede decirse que los vinos 100% monovarietales se han puesto en valor en los últimos años, un perfil muy interesante.

Listán Blanco: Es la uva blanca más cultivada en el archipiélago canario. Se elaboran tanto vinos económicos como de gran calidad, es una uva muy versátil. Se pueden conseguir buenos rendimientos en su cultivo y se da especialmente bien en el suelo volcánico de las islas. Son muy característicos sus aromas a monte bajo y mineralidad.

Galicia

Treixadura: Se encuentra principalmente en Ribeiro, zona a la que debe su fama, y en Ribeira Sacra. Las cepas son de baja productividad y es bastante resistentes a las enfermedades. Los vinos elaborados con Treixadura son bastante aromáticos, con aromas florales y algo balsámicos.

Loureira: Sobre todo se encuentra en Rías Baixas y Ribeiro. Es una variedad muy fresca y aromática, con acidez elevada. En nariz da aromas florales, cítricos y frescos. Los vinos no presentan un grado alcohólico excesivamente elevado.

Caíño Blanco: Se trata de uva tan escasa como interesante. Antes se solía usar para vinos de mezcla, pero en la actualidad también se elaboran varietales realmente interesantes. Su capacidad para alcanzar una alta graduación alcohólica y su buena acidez, permiten la elaboración de vinos de guarda cremosos y con aromas a flores blancas y fruta de hueso.

Estas son sólo algunas de las uvas blancas autóctonas y minoritaria existentes en España, muchas de ellas, sobre todo las gallegas, es posible encontrarlas en Portugal, aunque con nombres distintos.

Hace unos años, lo normal es que estas variedades se emplearan junto con otras más productivas o extendidas, sobre todo porque estaban mezcladas en el viñedo e, incluso, era muy difícil su identificación. Sin embargo, en los últimos años las uvas especiales están de moda y es más sencillo encontrar vinos mono-varietales en las cartas de vinos de restaurantes y tiendas especializadas.

 

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Variedades de uva tintas poco conocidas (II)

Cepas de Listán Negro en el Valle de la Orotava de Tenerife

En el post de la semana pasada ya detallamos la importancia de las variedades de uva autóctonas y minoritarias para la viticultura española y la conservación del patrimonio natural. Los vinos elaborados con esas uvas son cada vez más valorados por los consumidores, sobre todo aquellos más expertos, y, por lo tanto, despiertan un tanto interés comercial.

Es cierto que el coste final de esos vinos suele acarrear un sobre precio, aunque no siempre, debido principalmente a la dificultad de cultivo o a que sus rendimientos suelen ser extremadamente bajos.

Sin embargo, al igual que los bosques o humedales, estas vides merecen ser respetadas y cuidadas.

Uvas de Canarias

Baboso Negro: Sobre todo se puede encontrar en la isla de Tenerife y en El Hierro.  Algunos dicen que se parece al Bruñal, procedente de Arribes del Duero. Se trata de una uva muy delicada y de maduración precoz. Ofrece vinos de capa alta, florales y balsámicos.

Listán Negro: Se cultiva en casi todo el archipiélago canario, ya que se adapta muy bien al clima de las islas. Los vinos aportan un marcado carácter volcánico transmitido debido al suelo en el que están plantadas las cepas. Es rústico en boca, afrutado y es habitual encontrarlo en forma de maceraciones carbónicas.

Negramoll: Es una variedad de ciclo largo y necesita un clima determinado para expresar su máximo potencial, sobre todo se da en plantaciones de hasta 400 – 500 metros de altitud. Es bastante productiva y ofrece vinos ligeros y afrutados, se mezcla en muchas ocasiones con el Listán Negro.

Variedades de uva de Rioja

Graciano: Realmente no es una variedad excesivamente minoritaria, ya que es habitual en Rioja y Navarra, principalmente. Sin embargo, está muy localizada en nuestro país. Es una uva que necesita agua. Los vinos Graciano suelen tener bastante acidez y bajo grado alcohólico.

Maturana Tinta: Aunque hay discusión sobre su origen y genética (ya que algunos estudios la vinculan con la Merenzao gallega o la Tintilla de Tenerife), se la conoce con este nombre en La Rioja. Lo más característico de esta uva son los aromas de carácter vegetal, sobre todo pimiento verde, balsámicos y especiados.

Uvas catalanas

Trepat: Es una variedad típica de la Conca de Barberà. Sus bayas redondas y grandes son bastante resistentes a las botrytis pero no así a las heladas primaverales; ofrece rendimientos altos. Normalmente sobre todo se emplea para elaborar vinos ligeros rosados y cavas, aunque cada vez más se están haciendo tintos.

Variedades de uva en Baleares

Fogoneu: Es muy rato encontrar un vino elaborado únicamente con esta variedad, ya que normalmente se mezcla con alguna de las dos citadas posteriormente. Sobre todo se da en Mallorca y da vinos ligeros de poco color; se le emparienta con la variedad francesa Gamay con la que se elabora el Beaujolais.

Callet: Junto con el Manto Negro, es la uva autóctona más conocida de las islas. Es una variedad de gran productividad que da vinos con aromas a frutos rojos, ciruelas y de capa media-alta. Tradicionalmente se empleaba para elaborar vinos de consumo casero y gran parte de las cepas sobrevivieron a la filoxera.

Manto Negro: Al contrario que la Fogoneu, los vinos elaborados con esta uva suelen tener una graduación alta y aromas a fruta madura, por lo que combinan bien juntas. También se usaba para el consumo local, pero en la actualidad se elaboran grandes vinos.

Estos son sólo algunos ejemplos de la diversidad de cepas que existen en España. Si hablamos del mundo, la variedad es muchísimo mayor. Aunque algunas variedades adopten distintos nombres en unos lugares u otros, comparten ADN aunque se han ido adaptando a las condiciones climáticas con el paso de los años o siglos.

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Variedades de uva tintas poco conocidas (I)

Una de las mayores riquezas de las que disponemos en España es la existencia de un gran patrimonio vegetal, diverso, rico y singular. La conservación de dicho patrimonio es tan importante como el de edificios históricos o algunas tradiciones culturales, pues son el legado de nuestro pasado.

En el caso de la vid ocurre lo mismo. Tristemente, tal y como ya comentamos en un post anterior, hay muchas variedades de vitis-vinífera que ha desaparecido o están a punto de desaparecer por muy diversos motivos. Desde enfermedades como la filoxera, pasando porque durante un tiempo se ha apostado por el cultivo de uvas más productivas, hasta la problemática de un relevo generacional en el campo han causado la prácticamente extinción de algunas uvas.

De algunas variedades se conoce su procedencia o su composición genética, pero sobre muchas otras no se sabe si derivan del cruce de otras o se su adaptación al terroir de una zona vinícola durante siglos.

La discusión es compleja y dilatada, por eso nos vamos a centrar simplemente en detallar cuáles son algunas de esas uvas autóctonas que es posible encontrar en diversas zonas de España. Y empezaremos con las uvas tintas.

Uvas de Castilla y León

  • Bruñal: Es una uva que se encuentra con este nombre en la zona de Arribes del Duero, el área vitícola que linda al este con el río Duero en la frontera con Portugal. La Bruñal es una uva pequeña, de ciclo corto y riesgo de pasificación, con gran contenido en azúcares. Su principal problema es la escasez de cepas y los costes de producción, ya que ofrece muy bajos rendimientos.
  • Rufete: Conocida en el Dao portugués como Tinta Pinheira, es posible encontrar Rufete en Salamanca, en las estribaciones de la Sierra de Francia. Es una uva delicada, pues tiene el hollejo muy fino y corre el riesgo de oxidación. Ofrece aromas a frutas rojas, monte bajo y especiados.
  • Prieto Picudo: Hablar de esta uva es hablar de León y vinos elaborados con la tradicional técnica del ‘madreo’. Sobre todo, se hacen vinos rosados, con intentos aromas a frutos rojos, caramelo de fresa y nata, gominolas…

Uvas de Galicia

  • Merenzao: Una uva reconocida como preferente en las Denominaciones de Origen Gallegas Monterrei, Ribeira Sacra y Valdeorras. Es una variedad especialmente sensible al oidio y al mildiu, por lo que el clima gallego no ayuda precisamente y, en definitiva, su producción debe ser muy cuidadosa. Ofrece vinos con bastante alcohol en relación con otros de la zona y acidez baja.
  • Brancellao: Al contrario que la Merenzao, es una uva bastante resistente, pero tiene el problema de que sus rendimientos son muy escasos. Además de en Portugal, se cultiva en Ribeiro, Rías Baixas, Ribeira Sacra y Valdeorras. Los vinos resultantes, en general, tienen aromas herbáceos y acidez alta.
  • Sousón: También conocida como Tintilla (no confundir con la Tintilla de Rota), es una variedad que se da muy bien en el clima gallego y además tiende a ser productiva. Es una uva bastante aromática y con alta capa colorante y taninos, por lo que es apta para elaborar vinos de guarda.

Estos son algunos ejemplos de esas variedades singulares que es posible encontrar en algunas zonas de España. En el siguiente post, detallaremos más información sobre las uvas de Canarias, La Rioja y Cataluña.

 

Docuvin: nuevo lugar de encuentro para expertos y profesionales del vino

¿Quién dijo “la información es poder”? Porque sin que importe el tema o el sector del que poseamos información, ésta nos coloca en posición de ventaja, pero si es información completa y variada sobre la industria del vino, tanto o más. Ella, nuestra industria vitivinícola invierte en tecnología e innovación, explora mercados y celebra eventos destinados a mejorar y a dar a conocer sus productos, sus vinos, sus regiones y sus rutas, sus hoteles y la mejor gastronomía con la que acompañar nuestros mejores vinos.

Tanta información, cuenta ya con un lugar en el que consultarla. Existe una base de datos dedicada exclusivamente al sector del vino y, con él, a miles de artículos, libros y tesis que profundizan y descubren a sus lectores novedades, curiosidades, avances y reseñas bibliográficas. Docuvin.es, es una base de datos cuya creación nace fruto de una iniciativa del Gobierno de La Rioja en la que recoger el mayor número de textos posibles dedicados al vino y entre ellos, a dar visibilidad y salida a un gran número de textos científicos que serán sin duda, de ayuda e interés para los más expertos en la materia, sea cual sea su ámbito de especialización.

Expertos en vino

Abierta a todos los agentes que componen la industria del vino en nuestro país, Docuvin llega hasta sus usuarios con más de 50.000 referencias en español, inglés, francés e italiano, convirtiéndolo así en referente internacional desde su más incipientes comienzos.

Entre los ámbitos principales a los que profesionales, investigadores e interesados en el sector del vino pueden tener acceso, destacan la vitivinicultura, tecnología alimentaria, agronomía o la producción vegetal, entre otras. Se trata de contenidos especializados a los que se irán añadiendo, de forma constante, otros nuevos que serán supervisados por la Fundación Dialnet.

La administración riojana ha dedicado grandes esfuerzos y puesto numerosas esperanzas en un proyecto del que dice verá duplicar sus contenidos a finales del año que próximo. Toda una oferta documental para los ávidos de información tanto general como especializada sobre el sector del vino y sobre los últimos avances científicos y tecnológicos aplicados a todos los procesos que requiere su elaboración y el cultivo de la vid.

En un país como España, de larga tradición viticultora, Docuvin se presenta como un proyecto a largo plazo en el que se espera la participación de empresas del sector y de Consejos Reguladores. Que los diferentes agentes que intervienen en esta gran industria puedan compartir fácilmente la información que poseen y puedan disponer de un lugar de encuentro para tal fin, no hace sino dotar a nuestra industria del vino de, si cabe, mayor atractivo e interés.

 

La nieve, una gran aliada para el viñedo

Dice el refranero castellano “año de nieves, año de bienes” y la verdad es que no podemos estar más de acuerdo. Después de un 2017 extremadamente seco, 2018 ha comenzado con grandes precipitaciones en todo el país, precipitaciones en forma de nieve.

El agua, sea en el estado que sea, es un gran aliado del viñedo en función de la época del año. También dice el refranero que “nunca llueve a gusto de todos” y aunque aquellos que han salido de viaje durante estos días han pasado malos momentos, el sector vitinícola (y agrario, en general) consideramos que la nieve es como oro caído del cielo.

Las precipitaciones caídas durante el invierno suponen que el suelo va a disponer, en principio, de recursos hídricos para que la planta desarrolle el ciclo vegetativo sin problemas. La nieve, además, es filtrada por el suelo mejor que la lluvia, pues permanece en la superficie durante un tiempo y se va deshaciendo poco a poco.

La nieve se deshace despacio y empapa el suelo

Otra de las ventajas de la nieve es que no hay escorrentías. Es decir, en terrenos con mucha pendiente la lluvia cae rápidamente al final de las laderas, lo que supone, en numerosas ocasiones, que en primavera habrá diferencias de maduración entre los racimos de las plantas que estén ubicadas al inicio de la pendiente y al final.

Durante el invierno, con las bajas temperaturas, la vid se encuentra en estado de reposo vegetativo. Durante este tiempo, la sabia deja de fluir por dentro de la planta y es el momento de realizar la poda de invierno.

Las precipitaciones en forma de nieve una vez concluida la poda, son asimismo muy positivas porque ayudan a cicatrizar los cortes y, por lo tanto, impedir que las bacterias se instalen en la vid.

La nieve también actúa como un poderoso desinfectante. Los hongos se suelen ‘cobijar’ en la corteza de las plantas para protegerse del frío, pero la nieve hace que no puedan estar ahí aislados. Lo mismo pasa en el suelo, la nieve evita que hongos y parásitos vivan en el suelo esperando a que suban las temperaturas.

La nieve retrasa la brotación

En años de nieves y heladas los viticultores suelen realizar menos tratamientos debido, precisamente, a que ésta ayuda a evitar ciertas plagas.

Aunque no sólo depende de la nieve, sino también de la climatología registrada en los meses posteriores, es común que se retrase la brotación.

En las regiones vinícolas de Castilla y León y, en particular, en la Denominación de Origen Ribera del Duero, existe riesgo de heladas tardías, al final de la primavera. Si la brotación se retrasa debido a la nieve, habrá menos riesgo de perder gran parte de la cosecha, como ocurrió durante la añada 2017.

Por último, el hecho de que nieve significa que volveremos a disponer de agua durante el deshielo. Esto no implica que ahora podamos malgastar el agua, los embalses aún se encuentran en mínimos históricos y las precipitaciones no son, ni mucho menos suficientes todavía. El agua, es el bien natural más preciado del que disponemos. Cuidémoslo.

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¿Subirá el precio del vino por la escasa cosecha?

La merma de la producción tras la vendimia de 2017, debido principalmente a la sequía y al daño ocasionado por las heladas y el granizo en determinadas zonas, ha traído consigo la publicación de multitud de noticias sobre el aumento del precio de los vinos.

Los expertos hablan de un gran incremento del producto final, algunas organizaciones de consumidores ya han solicitado que el aumento del coste de los vinos por parte de las bodegas se realice de forma paulatina. Por otro lado, diversas organizaciones agrarias ya han solicitado que la subida suponga más beneficios económicos para el viticultor que, al final y al cabo, es el proveedor de la materia prima.

Las Denominaciones de Origen españolas han anunciado recortes de la producción de vino tras la vendimia desde el 20% hasta el 70%; en un año climatológicamente complicado, desde luego.

Pero, ¿qué hay de cierto en todo ello?, ¿es necesario alarmarse?, ¿va a subir tanto el precio del vino cómo se está anunciando? En realidad, hay muchos factores para tener en cuenta antes de tildar como ‘rotura’ a la cosecha 2017, aunque no cabe duda de que el desplome de la producción se ha producido en toda Europa: En Italia en torno al 23 % menos, en Francia sobre el 19 % y en torno al 15 % menos; pero depende mucho de las zonas. En el caso de Bodegas Comenge, ha sido del 63% con respecto a 2016, más o menos la media de la Ribera del Duero.

Menos rendimiento por hectárea

En la cosecha de 2016 se batieron récords de producción y, por lo tanto, récords de ventas en cantidad, pero no en precio, lo que repercute sobre todo en zonas donde se elaboran vinos a granel.

Debido a la superproducción de vino durante el año pasado, las exportaciones aumentaron en términos cuantitativos, sin embargo, su precio disminuyó en términos generales. Se comercializó mucho vino a granel y los viticultores recibieron menos dinero por el kilo de uva.

En el caso de Bodegas Comenge, como ocurre en muchas otras bodegas de la Denominación de Origen Ribera del Duero, se apuesta por una producción controlada y relativamente homogénea año tras año, mediante trabajos en verde cuando es necesario (aunque nadie se libra de los designios de la naturaleza). Por esa razón el año pasado tanto la producción total como los rendimientos fueron ajustados.

El problema de la añada 2017 es que la falta de lluvia, las heladas y el granizo han causado menores rendimientos, es decir, una inferior relación kg/ Ha, que en bodegas Comenge se ha situado en 2.100 Kg/Ha, cuando lo normal es más o menos el doble.

Cantidad vs Calidad

Para comprender cómo puede comportar el mercado del vino durante el año que viene, es importante diferenciar los productores que apuestan por elaborar mucha cantidad de vino a un precio más económico y quienes apuestan por un proyecto a largo plazo, en el que prima la calidad añada tras añada.

Los operadores que apuestan por vender gran cantidad de botellas o incluso vino a granel, este año verán reducidos sus ingresos. Esto es debido a que el precio al que los viticultores cobrarán la uva es superior, como es lógico, por la ley de la oferta y demanda. ¿Será factible encontrar un vino a 2 euros en un supermercado?

Además, hay que tener en cuenta que los vinos elaborados como crianza y reserva saldrán al mercado dentro de más de un año, por lo que será importante cómo se desarrollan los siguientes ciclos.

Menos agua, mejores vides y mejor vino, ¿es esto posible?

Parece que este año el clima nos la ha jugado bien. Aunque el cambio climático viene siendo evidente desde hace mucho tiempo y hay quien ya ha pensado e incluso decidido trasladar sus viñas y producir su vino en regiones más elevadas, donde las consecuencias del paulatino incremento de temperatura y la sequía todavía se resiste, años como este vuelven a recordarnos que la falta de agua es una realidad y unos de los nuevos retos del sector agrario.

Grandes sequías, vendimias tempranas, severas heladas tardías y al final, menores rendimientos de cosecha, son seguramente el detonante de ideas, de mentes creativas que se esfuerzan por aportar ingeniosas herramientas para ahorrar agua, con formas de reducir su consumo en el campo; en un campo en el que la ansiedad producida por la escasez de tan indispensable bien, parece instalarse cada vez más cómodamente.

¿Se puede ahorrar agua y mejorar la producción de la uva?

¿Cómo combinar el ahorro de agua con el aumento de la producción de la uva? ¿Es posible consumir menos agua y al tiempo incrementar los rendimientos de cosecha y la calidad de las uvas? De nuevo la tecnología nos recuerda que está ahí; que entre las razones por las que ha llegado hasta la industria del vino, se encuentra intentar conseguir un objetivo aparentemente difícil.

Quienes sepan de tecnología, quienes vivan entre viñedos o quienes se dediquen a la industria del vino, sabrán que existe, precisamente, un tipo de tecnología que nace con la intención de conseguir este objetivo. Nos referimos a la nanotecnología. La aplicación de esta tecnología es capaz de modificar las propiedades de las moléculas de agua, haciéndolas más fácilmente asimilables para los cultivos; un agua de más calidad y eficacia tanto para las plantas como para los sistemas de fertirrigación.

Dicen quienes se dedican al estudio de este tipo de tecnología que con ella puede reducirse el consumo de agua en un 50%; que los sistemas de riego que la acompañan consiguen además aumentar la producción, y que la calidad del producto, lejos de disminuir, aumenta, todo ello como consecuencia, entre otras razones, porque mejora la disponibilidad de los diferentes nutrientes de los que se alimentan las plantas.

De nuevo, este tipo de soluciones pensadas y creadas para los agricultores y para quienes se encargan de producir los vinos que después consumimos con tanto gusto, nos lleva hasta una pregunta inevitable. ¿Está esta tecnología salvadora al alcance de todos? Como en otros sectores, el de la industria del vino, pasa seguramente por reinventarse, por el hecho de ser plenamente consciente de que depender del clima es cada vez más difícil; y como en otros sectores, la tecnología ha llegado hasta la industria del vino para ayudar a que esto ocurra.

Vendimia 2017 en Bodegas Comenge, un año perfecto para largas crianzas

La recogida de la uva en Bodegas Comenge llegó a su fin el viernes 13 de octubre, con una producción total que ronda los 170.000 kilos de uva, siendo la última bodega de la Denominación de Origen Ribera del Duero en meter uva en el lagar.

La vendimia 2017 ha sido una de las más adelantadas de la historia -comenzó el 14 de septiembre con la uva Tempranillo-, y también una de las más escalonadas.

Debido a las fuertes heladas sufridas a finales de abril y principios de mayo, la maduración de los racimos no ha sido tan homogénea como otros años y se puede decir que prácticamente ha habido tres vendimias: una del 14 al 18 de septiembre, en la que recogimos las uvas de los viñedos exentos de daños por la helada, otra del 25 al 28 para las parcelas de Tempranillo que presentaban una mayor heterogeneidad en la maduración y una última el día 13 de octubre, en la que se ha vendimiado la variedad Cabernet Sauvingon, siempre la más tardía.

Dado que la variedad Cabernet Sauvignon tiene un ciclo de maduración extremadamente largo, las características climáticas de la presente añada – seca y con un verano extenso que se ha prolongado hasta bien entrado el otoño– le han permitido alcanzar una maduración fenólica excepcional, estando posiblemente ante la añada con mejor calidad para Cabernet sauvignon en toda la historia de la D.O. Ribera de Duero, según explica Rafael Cuerda.

Poca uva, pero de gran calidad

Las inclemencias meteorológicas registradas a lo lago del ciclo vegetativo no han afectado a toda la Ribera del Duero por igual, como tampoco a todas las parcelas de Bodegas Comenge. En algunas zonas se han registrado pérdidas del 89% de la cosecha y en otras apenas nada, quedando la media de reducción con respecto a la media de años anteriores  en el nada despreciable 43%.

Por suerte, la viña de donde procede la uva para elaborar el vino Don Miguel Comenge –el Pago de las Hontanillas-, se ha salvado del daño del hielo y del granizo. También ha tenido relativa suerte los viñedos ubicados en Pesquera de Duero. Ha sido el viñedo que rodea a la bodega el más afectado por el hielo y por la severísima sequía que nos ha acompañado durante todo el ciclo vegetativo de la vid.

En general, la cosecha 2017 se caracteriza por los bajos rendimientos por hectárea en todos los  viñedos, algunos de ellos por debajo de los 1.000 kg/Ha, pero en contraposición por la excelente calidad de la misma. Racimos perfectamente sanos, de bayas pequeñas, con buena maduración y mucha concentración de aromas y color, perfectas para elaborar vinos de largas crianzas.

¿Cómo se serán los vinos de la añada 2017?

Según los parámetros analíticos de los mostos y ahora de los vinos recién fermentados, así como las primeras percepciones en cata, la cosecha 2017 se muestra potente, concentrada, muy expresiva, con unos taninos firmes que necesitarán tiempo y una buena crianza en barrica para alcanzar toda la finura y elegancia de la que es capaz la variedad Tempranillo.

Como en toda añada seca, la acidez de los mostos es más bajo y el pH más alto de lo deseable. En este sentido la decisión del momento óptimo de vendimia ha sido fundamental para no perder el deseado equilibrio de los distintos parámetros de maduración. Un año para “hilar fino”.

Con el objetivo de mantener la línea de los vinos de Bodegas Comenge, caracterizados por su frescor y predominio de los aromas primarios, se han realizado las primeras fermentaciones con levaduras “no saccharomyces”  seleccionadas en nuestro viñedo, capaces de transformar parte de los azúcares de la uva en ácido láctico. Esta estrategia nos permite mejorar de forma natural la acidez del vino y a la vez moderar su grado alcohólico.

También se ha apostado por practicar maceraciones pre-fermentativas en frío (por debajo de los 10ºC) y realizar delicados remontados, con el fin de evitar la excesiva extracción de compuestos polifenólicos.

En resumen, las primeras percepciones en cata revelan “vinos frescos, muy aromáticos, potentes, con mucho color y boca estructurada, que van a tener que pasar en barrica más tiempo de lo habitual, sobre todo los jóvenes como Biberius, que probablemente necesite alrededor de ocho meses de crianza en barrica”, tal y como explica el enólogo Rafael Cuerda.

Una añada tan especial como interesante, donde será fundamental el buen hacer de los expertos en las bodegas.