¿Qué debo tener en cuenta antes de realizar una nueva plantación de viñedo?

Foto-nuevas-plantaciones-01

Foto-nuevas-plantaciones-01Ya hemos hablado de la importancia del suelo tanto para el desarrollo de las cepas como para las características organolépticas de las uvas y los consiguientes vinos. En un post anterior hablamos sobre algunos aspectos que afectan al terroir y que el ser humano no puede controlar: orografía de la parcela, índice climático de la zona, composición del suelo y subsuelo, la temperatura o la cantidad de agua de lluvia recogida.

Cuando se va a llevar a cabo una nueva plantación, sin embargo, podemos tomar algunas decisiones sobre aspectos que marcarán la vida de las cepas. En este apartado se incluyen:

  • Profundidad sistema radicular
  • Densidad de plantación
  • Portainjerto
  • Régimen hídrico
  • Manejo del viñedo
  • Variedad y clon

1. Profundidad del sistema radicular

La raíz es uno de los órganos de mayor importancia para el buen funcionamiento de la planta. Morfológicamente existen grandes diferencias entre las raíces de las diferentes especies de vides, unas con desarrollo tipo pivotante (en profundidad) o por el contrario con un desarrollo más superficial y menor penetración en el suelo. Este desarrollo de la raíz determinará la capacidad de la planta para nutrirse de agua y sales minerales para su posterior conducción a los órganos aéreos. Un suelo con alta capacidad de retención de agua en el que se desarrolle una cepa con un sistema radicular profundo puede dar lugar a un exceso de vigor y rendimientos, parámetros en la mayor parte de la ocasiones reñido con la calidad del fruto.

2. Densidad de plantación

La densidad de plantación repercute en la exploración que el viñedo hará de los recursos del suelo a lo largo de toda la vida de su cultivo. El objetivo es compaginar la obtención de una cantidad de cosecha satisfactoria con una calidad adecuada de la uva.

Para elegir una densidad de plantación adecuada al lugar hay que tener en cuenta la disponibilidad hídrica potencial del lugar de cultivo, puesto que no es lo mismo un terreno árido de secano que uno con posibilidades de regadío, ni tampoco un suelo con alto potencial de fertilidad que otro más pobre. En algunas Denominaciones de Origen esta densidad de plantación está limitada a un número máximo de cepas por hectárea, siendo esto un condicionante más para la elección de la misma.

3. Portainjerto

Los portainjertos, también llamados patrones, se emplean fundamentalmente para mejorar la adaptación de la vid al terreno, destacando especialmente en las situaciones en que existe algún factor extremo, como puede ser la sequía, el exceso de humedad, la existencia de valores elevados de caliza activa o salinidad en suelo o la presencia de nematodos.

Además de escoger un portainjerto adecuado para el tipo de suelo, hay que tener en cuenta su afinidad con la variedad escogida, pues de esto dependerá la longevidad de la planta. Una falta de afinidad provocará con los años un decaimiento y debilitación de la planta debido a una mala conducción de la savia que acabará con la vida de la planta. Esta afinidad no sólo influye en su durabilidad, sino que también condiciona la expresión del vigor en la variedad injertada, su fertilidad o su mayor o menor sensibilidad al corrimiento de la flor, y por tanto en la productividad final del viñedo.

4. Variedad y clon

Este es otro de los aspectos verdaderamente importantes, debiendo tener muy en cuenta el ciclo vegetativo de cada una de ellas para saber si se adapta a las características climáticas de la zona. Hay variedades que tienen capacidad para madurar en situaciones frescas, por lo tanto, son de ciclo vegetativo más largo. Serán adecuadas para aquellos lugares donde no exista un claro riesgo de heladas tardías, pues en ese caso sus frutos podrán quedar inmaduros. Otras, sin embargo, maduran rápidamente y se adaptan bien a climas de veranos cálidos o en zonas con alto riesgo de heladas, como es el caso de la Ribera del Duero y nuestra variedad Tempranillo.

Dentro de cada variedad, en la medida en que la existencia de clones lo permita, se puede escoger entre aquellos más productivos, con un tamaño de racimo mayor o por el contrario clones de racimo pequeño, más enfocado a la calidad de uva que a la cantidad.

La elección del clon, similar a lo que ocurre con el portainjerto, puede tener una influencia vital en el desarrollo de las cepas y en las características de los mostos.

5. Régimen hídrico

La influencia del suelo en la respuesta vegetativa, productiva y cualitativa del viñedo depende en gran medida de su capacidad hídrica. Por norma general, la vid se da bien en suelos pobres y con escasa disponibilidad de agua. El cuándo y cómo regar marcarán el desarrollo vegetativo de la vid y su correcta actividad fotosintética, fundamental para la buena maduración de las uvas.

6. Manejo del viñedo

El viticultor es el encargado de mostrar la expresión del terroir a través de la elección del diseño de la plantación, del material vegetal, del sistema de conducción y de las prácticas de cultivo. La acción humana forma también parte del terroir.

Composición de los suelos y su efecto en el vino

Suelos Comenge

Suelos Comenge

El mantenimiento de un suelo sano y vivo es fundamental para un correcto desarrollo vegetativo de la vid y la obtención de vinos de calidad. El suelo aporta múltiples recursos a la planta (nutrientes, agua, minerales) y cada uno de ellos está presente en diferentes proporciones y formas. Dichos recursos afectarán de diversa manera al desarrollo de las cepas y a las características organolépticas de los mostos.

Diferentes uvas, darán diferentes vinos.

En Francia, por ejemplo, el suelo es fundamental para la clasificación de sus diferentes denominaciones de calidad. Acotan las parcelas y las apelaciones más prestigiosas en función de la calidad de sus suelos, pequeñas zonas de cultivo donde se encuentran las mejores viñas (Cru o Gran Cru).

El concepto de “terroir”

El terruño o “terroir” son las interacciones entre el ambiente físico y biológico y las prácticas vitivinícolas aplicadas, proporcionando características distintivas a los productos originados en dicha área.

Teniendo en cuenta que el terroir es definido como un ecosistema cultivado en el que la vid interacciona con factores del medioambiente, principalmente suelo y clima, el viticultor juega un papel muy importante en la expresión del terroir.

Características comunes en todos los suelos

Existen algunos parámetros básicos para que podamos cultivar viñedo en un terreno:

  • Terreno permeable y no muy húmedo
  • Agua no muy abundante pero sí constante durante todo el año
  • Temperatura no inferior -20º durante el paro vegetativo y no muy superior a los 30º durante la maduración
  • Terreno pobre que favorezca el sistema radicular (agua y nutrientes escasos).

Clasificación de suelos por su estructura

A nivel geológico (no solo en viticultura), se distinguen diferentes tipos de suelo dependiendo de los materiales que formen:

  • Suelos arcillosos, aquellos que presentan más de un 30% de arcillas
  • Suelos magros, compuestos por caliza y arcillas
  • Suelos arenosos, los que presentan menos de un 15% de arcilla y limo
  • Suelos limosos, aquellos que tienen más de 50% de arcilla y limo
  • Suelos de gravas, formados por guijarros y cantos rodados.
  • Suelos humíferos, con más de 10% de humus (materia orgánica)

El suelo y la expresión del terroir

No se puede establecer una relación directa entre la composición del suelo y la calidad del vino, ya que hay otros muchos factores a tener en cuenta para la calidad: sistema de conducción, vendimia, elaboración, crianza… No obstante, es evidente que hay determinadas características del suelo afectan a las cepas. Algunas de ellas son:

Temperatura del suelo

La época de maduración es crítica en la producción de vino, con el fin de que refleje las características específicas relacionadas con su lugar de origen y el tiempo de cada añada.

La temperatura del suelo depende del color, de la pendiente y la orientación del suelo; así como el contenido de agua y su alta capacidad de retención. Además, está relacionada con la estructura del suelo.

Mineralidad

El suelo suministra minerales a la vid, tanto elementos principales como oligoelementos.

Un exceso de potasio disponible en el suelo puede aumentar el pH en el mosto y en el vino.

La presencia de calcio, por ejemplo, mejora la estructura del suelo y a su vez mejora la penetración de la raíz, acelera el calentamiento del suelo en primavera y mejora el drenaje interno.

Nitrógeno en el suelo

El nitrógeno influye en el vigor de la vid, su rendimiento y el tamaño de baya. Un suministro bajo de nitrógeno limita el tamaño de baya, el contenido de ácido málico y aumenta la concentración de azúcar y el contenido fenólico.

Agua

El estado hídrico de la vid depende de las variables climáticas, la capacidad del suelo para almacenar agua, la tasa de transpiración de las vides, la profundidad de enraizamiento y, cuando se aplica, de la práctica de riego.

Estos son los factores que se relacionan con el suelo de una forma más directa y que son difícilmente modificados por nosotros. Podemos tomar decisiones sobre si plantar en una determinada zona o en otra, pero la composición o el clima son cosas que no podemos controlar y, sin embargo, tienen una influencia total en el vino.

Accidentes geográficos y de clima que afectan al viñedo

 

En los anteriores posts de Bodegas Comenge hemos desgranados los múltiples factores que afectan a la producción de uva y la elaboración de los vinos, muchos de ellos englobados en lo que llamamos terroir.

El clima de una determinada área vinícola, el tipo de suelo, las condiciones meteorológicas de cada añada, el tipo de uva, el marco de plantación, la orientación de las parcelas, la altitud, la geografía del terreno, los trabajos que el ser humano realiza en la viña, las prácticas culturales tradicionales…, todos esos factores afectan, de una manera u otra, al tipo de vino que se elabora en cada zona.

Sin embargo, existen algunos ‘accidentes geográficos’ o comportamientos de la climatología que inciden de manera determinante en el desarrollo de las cepas y las uvas. Un ejemplo cercano serían los vientos de levante y de poniente del sur de España, en parte responsables de que los vinos de Jerez desarrollen el velo de flor y lo mantengan durante meses o años.

Si miramos fuera de nuestras fronteras, en ocasiones sorprende cómo es posible que en zonas de mucha altitud o demasiado frías las uvas maduren correctamente; o que en áreas aparentemente excesivamente cálidas las uvas no se pasifiquen y los enólogos consigan elaborar vinos tan frescos.

Las corrientes oceánicas

Las masas de agua se mueven y lo hacen con diversas temperaturas del agua, lo cual incide en el ciclo vegetativo que de las cepas que están cercanas a la costa. En Burdeos, por ejemplo, la corriente del Golfo crea un clima marítimo templado. Este hecho, junto la protección de los bosques de Las Landas y las dunas de la costa, ayudan a que las uvas alcancen su grado de maduración.

Los valles y las pendientes

En algunas zonas los valles en los que están plantadas las cepas, las resguardan contra vientos fuertes que, de otro modo, acabarían generando corrimientos en el momento de la floración.

Los fondos de los valles, normalmente, son zonas más llanas y fértiles especialmente aptas para obtener rendimientos altos, mientras que las pendientes con una correcta orientación son beneficiosas para captar mejor la luz del sol.

Los ríos

Ya hemos comentado con anterioridad la importancia del río Duero en Castilla y León, así como que todas las grandes zonas vitivinícolas del mundo están cerca de los ríos. Sin embargo, su incidencia va mucho más allá en algunos lugares del mundo, como es el caso de la región de Mosela (en Alemania) o en el Valle del Loira (Francia), donde la luz refleja en las plantas ubicadas en las pendientes que dan al río, mejorando sensiblemente las condiciones de maduración.

Vientos

La mayoría de las Denominaciones de Origen de Castilla y León se caracterizan por ser zonas bastante ventosas, como es el caso de Rueda. Esto ayuda a evitar problemas de podredumbre durante los días en los que sale el sol después de la lluvia, pues el viento seca rápidamente los racimos, disminuyendo el riesgo de infestación.

En otras zonas del mundo, como el Ródano (Francia) el viento del norte, llamado mistral, es muy fuerte y puede ocasionar grandes daños. Los elaboradores en ocasiones instalan cortinas forestales para proteger las viñas.

Tipos de suelo

Según la composición del suelo donde están plantadas las cepas, el vino final puede tener unas características organolépticas u otras. Normalmente las uvas que crecen sobre suelos de piedra de aluvión o arcilla, suelen ser más estructurados, de tanino más marcado, en contraposición con los suelos calizos en los que los vinos muestras una estructura más amable, como es el caso de gran parte de los suelos vitícolas de la Ribera del Duero.

Un suelo pedregoso también ayuda a la maduración de las uvas en zonas frías, pues los cantos se calientan por el día y lo desprenden por la noche, ayudando en la acumulación de azúcares. O incluso tiene una importancia determinante para aportar la humedad necesaria, como es el caso de los característicos viñedos de la isla de Lanzarote, concretamente en La Geria, donde el picón originado durante las erupciones volcánicas actúa como reservorio de humedad para las plantas gracias a la adsorción de la humedad ambiental y al tiempo dificultando la evaporación del escaso agua procedente de lluvia.

¿Qué necesita la vid?

La vid toma de su entorno todo lo necesario para poder desarrollarse y dar sus frutos. Cada área vitícola tiene sus propias características y ello, unido a la variedad de uva y a las prácticas culturales llevadas a cabo por el ser humano, afectara a cómo la planta crece y a las características de los mostos que se extraen de las bayas.

Hay cinco variables fundamentales para el desarrollo de la vid: la luz del sol, la temperatura, el agua, el CO2 y los nutrientes del suelo. Un correcto equilibrio de estos cinco aspectos será fundamental para que el ciclo vegetativo se produzca de manera adecuada.

Por lo tanto, aunque el factor humano es importantísimo, la viticultura siempre está a expensas de los designios de la naturaleza. El profundo conocimiento de las necesidades de la vid, así como del entorno en el que crece, será indispensable para lograr vinos de calidad y que sean el reflejo del paisaje del que proceden.

Temperatura

La vid necesita a lo largo de su ciclo vegetativo una temperatura de en torno a 10ºC para poder desarrollarse. Este valor se le conoce como el “cero vegetativo”. Durante el invierno, cuando la temperatura baja más de esos 10ºC, la cepa se encuentra en estado de reposo vegetativo, una especia de hibernación, hasta que llega la primavera y con la subida de las temperaturas empieza a calentarse el suelo y la atmósfera.

No todas las variedades necesitan las mismas horas de sol para completar una correcta maduración, pero existen unos mínimos. Esto hace que todo el viñedo del mundo esté plantado en una franja entre 30’ al norte y 50’ al sur del ecuador.

Agua

El agua es vida para cualquier ser vivo. A la vid le viene bien un cierto estrés hídrico para concentrar todo su esfuerzo en el crecimiento de las bayas, pero es necesaria una cantidad mínima anual de agua para asegurar su supervivencia. Las cepas captan el líquido a través de las raíces, sobre todo en el periodo entre cuajado y envero y también entre el envero y la caída de las hojas. La textura del suelo influye de manera determinante en la cantidad de reservas hídricas a disposición de la planta, siendo los suelos arcillosos los más favorables en este sentido.

Nutrientes

La cepa también necesita alimento para crecer, nitrógeno, fósforo, potasio… diversos elementos que igualmente están en el suelo en mayor o menor medida. La vid es capaz de captar dichos nutrientes y metabolizarlos, el equilibrio de estos incidirá en el homogéneo desarrollo de la planta: si hay un exceso de nutrientes, la planta producirá grandes producciones de incierta calidad y en el caso de déficit de alguno de los elementos, el cultivo puede ver gravemente comprometido su desarrollo vegetativo, pudiendo ocasionar necrosis en sus tejidos.

Dióxido de Carbono

Las plantas captan el CO2 de la atmósfera y lo combinan con agua para producir oxígeno y glucosa, es decir, para hacer la fotosíntesis. Las hojas son las encargadas de realizar la fotosíntesis y conseguir que las uvas maduren. El buen uso del follaje en la vid incide en la maduración de los racimos, de ahí la importancia de un buen manejo de la vegetación, manejo directamente relacionado con el sistema de conducción elegido.

Un exceso de hojas puede ocultar los racimos, dificultando su maduración y elevando el riesgo de sufrir enfermedades y éstas no madurarían. Si la planta no tiene suficiente follaje y hace mucho calor, las uvas excesivamente expuestas se abrasarán, perdiendo calidad.

Luz del sol

Tras lo anotado en el punto anterior, no hace falta resaltar la importancia de la luz del sol. Sin el sol la fotosíntesis no sería posible y, por tanto tampoco lo será el crecimiento de la vid y la maduración de las uvas. En zonas donde las horas de sol son más bien escasas, hay muchas variedades que no pueden ser cultivadas.

La orientación de las parcelas es muy importante para conseguir que las plantas reciban más luz solar en zonas con menor luminosidad. En zonas donde las horas de sol están muy limitadas se llegan a emplear sistemas que permitan reflejar hacia el cultivo la luz que incide en el suelo, aumentando de esta manera la exposición de la planta al sol.

La viña en invierno

La vendimia no termina con la recogida de la uva. Después de unas intensas semanas en las que las labores en la bodega se multiplica por mil, aún queda mucho trabajo por hacer: remontados, descubes, trasiegos, limpieza…

Los enólogos deben estar al tanto de que las fermentaciones se desarrollan con normalidad y que los parámetros analíticos de los vinos son los adecuados. Las barricas deben estar preparadas para poder llenarlas con los distintos vinos y que comience el periodo de crianza.

Con respecto a los vinos jóvenes, los cuales salen al mercado aproximadamente en Navidad, es el momento de clarificar, filtrar y embotellar. Es conveniente un periodo mínimo de crianza reductiva en botella con el fin de que el vino se redondee antes de que llegue al consumidor.

En el campo, se empieza a preparar el siguiente ciclo. La climatología de la estaciones de otoño e invierno también marcará la nueva cosecha. Es importante que llueva lo suficiente para que el suelo recoja recursos hídricos de cara a cuando comience el nuevo ciclo vegetativo, por ello no es de extrañar ver cómo algunas bodegas riegan el viñedo durante las estaciones invernales si la lluvia no hace su presencia.

Limpieza para evitar enfermedades

Uno de los trabajos que se llevan cabo durante esta época es limpiar el viñedo de elementos que puedan causar el ataque de enfermedades que son perjudiciales para la vid, como los hongos.

Las heladas, por ejemplo, ayudan a mitigar hongos que se alojan en las partes leñosas de la planta y en el suelo. El invierno es el momento de bajar los alambres, se retiran las ataduras del emparrado y también se arreglan los postes dañados.

El invierno es la época en la que la vid se encuentra en periodo de reposo vegetativo, la savia deja de circular por la cepa. El trabajo más importante durante estos meses es la poda de invierno que, en función de la decisión de la bodega o del viticultor, se extiende entre diciembre y marzo.

La poda es una de las tareas más complicadas en el campo, pues afectará a cómo se desarrollará la posterior brotación en primavera. Una mala poda no solo puede arruinar la cosecha venidera, sino también a la de los años sucesivo.

Si un año ha sido especialmente complicado climatológicamente hablando, la poda de invierno deberá realizarse de forma aún más cautelosa, ya que las heladas o el granizo suelen dañar varas y pulgares sobre las que se había trabajado con anterioridad.

Abono orgánico natural del suelo

Después del ciclo vegetativo, el suelo y las cepas sufren carencias, ya que se han sometido a un gran estrés. El terreno necesita volver a recuperar los nutrientes que ha aportado durante los últimos meses, normalmente elementos como potasio, fósforo o nitrógeno.

El aporte de dichos nutrientes se puede realizar mediante un abonado artificial o de manera natural. En este último caso, la práctica es cultivar ciertas especies, como leguminosas o cereal, para que cuando se descompongan, los elementos minerales que aportan al suelo vuelvan a alimentar a las cepas.

Otra buena opción es recuperar un nivel adecuado de nutrientes para las plantas mediante el aporte de abono orgánico, a partir de estiércoles de origen animal.

Por último, el invierno también es la temporada para hacer un repaso general en el viñedo y comprobar si hay plantas secas, analizar si es preciso arrancar algunas cepas enfermas y realizar los análisis de suelo pertinentes para empezar a organizar nuevas plantaciones.

 

 

 

 

 

6 guías de vino: consúltalas antes de comprar vino por Internet

Es posible que tengas que hacer un regalo. Apenas a ocho semanas de empezar a tener compromisos profesionales, cenas y comidas de empresa; apenas a ocho semanas de empezar a pensar en un regalo ideal para un cliente especial o, simplemente, porque el tiempo escasea y no dispones de unos días para recorrerte tiendas de vino y vinotecas, ¿se te ha ocurrido descargarte en tu móvil alguna de esas maravillosas aplicaciones con guías que te orienten en tu compra de vino por Internet?

Guías para comprar vino

Cualquiera de ellas es capaz de solucionar un imprevisto importante, pero cualquiera de ellas puede entretenerte y ayudarte y, cualquiera de ellas, resolverá en cuestión de minutos lo que por falta de tiempo no puedes resolver en cuestión de horas. Si quieres comprar vino por Internet, si quieres estar al corriente de las últimas novedades, cosechas, productos y críticas sobre los vinos del mercado, no lo dudes, echa un vistazo a alunas de las guías de vino y aplicaciones que te proponemos a continuación.

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2. La Guía de Vinos Gourmets: más de cuatro mil vinos, más de mil bodegas y cientos de tiendas especializadas, así como las mejores zonas de vino, ofertas y demás atractivos de esta gran industria a tu alcance. Si sientes debilidad por la Denominación de Origen Ribera del Duero, por la de Rioja o por cualquier otra, encontrarás con seguridad, ideas y sugerencias que la guía más veterana del mercado, lleva hasta tu móvil para que la tengas siempre a mano.

3. La Guía Proensa, del periodista Andrés Proensa, muestra una relación de los mejores vinos de España. Se trata de una guía de carácter selectivo donde además de encontrar lo más exquisito de esta industria, podrás averiguar quiénes y cómo son y trabajan las personas que han dedicado su vida a esta profesión.

4. Los anuarios de vino de los diarios El País y ABC, recogen una recopilación de los mejores vinos de año. El precio de venta al público y datos de las bodegas cuyos vinos forman parte de esta selección, constituyen, entre otras, información destacada de sendas guías. Si quieres comprar vino por Internet o de forma tradicional, cualquiera de ellas puede ser de gran ayuda, tanto por la información que recoge, como por la comodidad que encierra su uso.

5. La Guía Repsol Vinos cuenta con el suficiente prestigio como para confiar en la información sobre bodegas y vinos de nuestro país. No solo te ayudará a elegir, sino que puede guiarte en alguno de tus viajes y rutas enoturísticas que estés planeando para un futuro próximo. Puedes llevarla en tu móvil y consultarla allá donde te desplaces; siempre te informará sobre la ubicación de la bodega que quieras visitar.

6. Delectable es una aplicación que, gracias a su funcionalidad de reconocimiento de etiquetas de vino, te permite conocer en el acto la valoración que éste haya recibido. Después, siempre puedes guardar la valoración del vino que te haya resultado más interesante e ir confeccionado tu propia lista.

Y, por último, ¿qué tal si creas una guía propia y la compartes? Para ello puedes utilizar WINE NOTES, una aplicación en la que, tras haber consultado, elegido y descubierto nuevos productos, puedes ir dejando constancia de ello para no olvidarlo. Antes o después de comprar vino online, antes o después de haberlo probado, quizás quieras compartir esta experiencia y mostrar a otros tus propias valoraciones. Puedes llevar contigo tu trabajo más creativo y personal, así como las ideas que has aportado a otros para que, como tú, compren su propio vino por Internet.

Anatomía de una uva

uva

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Las uvas de la Ribera del Duero están en proceso de envero, esto quiere decir que ha comenzado la maduración de las bayas.

En el aspecto visual, las uvas tintas hace semanas que comenzaron a ‘pintear’, es decir, a cambiar el color verde por color morado o violeta. Las uvas blancas, por su parte, modifican su tonalidad verde a otra más dorada.

Pero lo más importante ocurre en el interior de las bayas. Comienza la acumulación de azúcares, que después será uno de los indicadores para calcular el grado alcohólico probable del vino; y también el proceso de maduración fenólica, es decir, la maduración de la pepita.

Para decidir cuál es el momento óptico de recolección de los racimos, es preciso comprobar que la uva ha realizado correctamente ambas maduraciones. Si acumula muchos azúcares (grado alcohólico alto), pero después la pepita no está marrón, es posible que encontremos verdores en el resultado final del vino.

En Bodegas Comenge en las semanas próximas a la vendimia se llevan a cabo controles de madurez, con la intención de comprobar analíticamente que los parámetros son los adecuados, pero también se catan uvas.

En numerosas ocasiones las sensaciones sensoriales nos ayudan a tomar decisiones importantes en el proceso de elaboración de un vino, como puede ser el momento adecuado de vendimia.

¿Cómo es una uva por dentro?

Para entender mejor cómo y dónde se desarrolla la maduración alcohólica y fenólica, así como a procedencia del color de los vinos tintos, es importante conocer de qué está formada una uva:

  • Pepita: El endocarpio contiene las pepitas y, en función de la variedad de uva, las semillas o pepitas pueden ser de mayor o menor tamaño y tener distinta forma. Lo que es común, en todo caso, es que, si las pepitas se rompen durante la elaboración o no estás bien maduras (maduración fenólica), suelen aportar taninos verdes desagradables.

  • Pulpa o mesocarpio: Es la parte carnosa de la uva, es lo que va a indicar el volumen de mosto que se extrae de cada uva. En función de cada variedad, la relación pepita/pulpa difiere. La mayoría de las pulpas de las bayas tienen un color grisáceo, no aporta ningún color al vino, por eso es posible elaborar vinos blancos de uvas tintas (blanc de noirs). Sin embargo, hay algunas variedades, como la Garnacha Tintorera, que sí tienen la pulpa coloreada. En esta parte de la uva se encuentran compuestos importantes, como los ácidos, azúcares (maduración alcohólica), el agua y las pectinas.

  • Hollejo, piel o edicarpio: En esta parte de la uva se encuentran los taninos y los antocianos, esto es, los compuestos fenólicos, responsables del color en los vinos. Los vinos blancos también tienen este tipo de compuestos, aunque, evidentemente, no de ese color morado o violeta característico. La piel también actúa como protector natural de la uva contra los ataques fúngicos.

  • Pedúnculo o pincel: Es el ‘rabillo’ una pequeña parte leñosa que une a la baya con el raspón o escobajo. Algunos viticultores y enólogos también catan esta parte de la uva para determinar el grado de madurez de esta, ya que, durante el ciclo vegetativo, pasa de estar verde y blanda y dura a marrón y leñosa. En la vendimia mecanizada, esta parte se elimina de la uva durante su recolección.

La uva Malvasía y sus sinonimias

Malvasía aromática, volcánica, Alarije, Chasselas, Doña blanca… La uva Malvasía es una de las variedades más cultivadas en España. Quizás no en cuanto a extensión pero es posible encontrarla en muchas áreas vinícolas distintas: desde Galicia, pasando por la Rioja hasta las islas Canarias.

La Malvasía comparte una genética en todas las áreas en las que se cultiva pero, debido a la adaptación de la variedad a los diversos ‘terroirs’ (conjunción de clima, suelos, prácticas culturales tradicionales…), ofrece unas características organolépticas distintas en los vinos.

Como denominadores generales, la Malvasía es una uva de piel fina, que necesita bastante agua y climas no extremos, sensible a las heladas de primavera y poca productividad. Los mostos de derivados de esa uva suelen ser aromáticos, no excesivamente amargos, ácidos y con gran contenido en azúcares.

En España se cultiva Malvasía en la Calatayud, en Navarra, en Baleares… pero se la conoce con variopintas sinonimias en el resto del país.

Alarije en Rioja, Chasselas en el Bierzo

Alarije: Toma este nombre en Rioja y en la Ribera del Guadiana. La primera acepción surgió en el siglo XVI.

Subirat: Es común identificarla con este nombre en Cataluña.

Chasselas: Se la encuentra por este nombre la D.O. Bierzo y también en la Sierra de Gredos. No es tan aromática como la Malvasía de otras zonas pero lleva el apellido de ‘doré’ debido al color dorado que toman las bayas.

Malvasía Aromática: Es una de las uvas por excelencia en las diferentes zonas vinícolas del archipiélago canario (D.O. Abona, Tacoronte-Acentejo, Valle de Güímar, Valle de la Orotava e Ycoden-Daute-Isora, en Tenerife; pero también en El Hierro, La Gomera y La Palma). También es conocida como Malvasía de Sitges.

Malvasía Volcánica: La particularidad que toman los vinos elaborados con Malvasía en las islas es el suelo volcánico, unido a las corrientes de aire oceánicas y a la altitud de los viñedos. Los mostos son menos aromáticos que el caso de la Malvasía Aromática y sobre todo son diferenciadoras las características que ofrece en la isla de Lanzarote.

Tanto la Malvasía Aromática como la Volcánica se cultivan en otras áreas de origen volcánico, como en las Islas Griegas y en las Islas Azores, donde son famosos sus vinos dulces elaborados con esta variedad. De hecho, aunque no se sabe exactamente su procedencia, el vino por excelencia de las Islas Canarias ha sido históricamente el dulce elaborado con esta uva.

Doña Blanca: Conocida también como Malvasía Toresana o Malvasía Castellana. Además de en Galicia, Toro o Arribes del Duero, se cultiva en Portugal. Es la más austera de todas las Malvasías, con menor potenciar aromático y mayor acidez.

La variedad Malvasía es una uva diversa, que se adapta bastante bien a distintos tipos de clima. El rendimiento por hectárea de las cepas es muy pequeño, por ello su cultivo no está excesivamente extendido. Por lo general, las vides son muy viejas, de cultivo tradicional, lo que suma un coste y trabajo añadidos.

Sin embargo, aunque en la actualidad pasa un poco desapercibida, gracias al auge que en los últimos años están experimentando los vinos gallegos, cada vez es más habitual encontrar en las cartas de los restaurantes y en las vinotecas de todo el país botellas de vino elaborado con la variedad Doña Blanca.

 

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Variedades de uva blancas poco conocidas

Aunque España es más conocido mundialmente por la elaboración de vinos tintos, especialmente con las variedades Garnacha y Tempranillo (aunque adopta diferentes nombres en función del territorio en el que nos encontremos), lo cierto es que la diversidad de uvas blancas es muy amplia.

La uva Airén es en la actualidad la más plantada, aunque la fama de la Palomino, Verdejo, Albariño u Hondarribi Zuri (con la que elaboran los vinos de la D.O. Txacolí) están fuera de toda duda.  Si embargo hay multitud de uvas blancas minoritarias y mucho menos conocidas con las que se elaboran vinos de gran calidad en todo el territorio español.

Castilla y León

Albarín: Su origen es asturiano, en concreto de Cangas del Narcea, pero quizás los vinos de Albarín de León son los que han cobrado más protagonismo en los últimos tiempos. Es una variedad de alto grado alcohólico, golosa en boca, con notas a fruta de hueso y herbáceas.

Rioja

Maturana Blanca: La filoxera prácticamente acabó con ella, pero a finales de los años 80 en La Rioja, único lugar de cultivo conocido de esta variedad comenzó su recuperación. Se trata de uva con acidez elevada, baja productividad y alto grado alcohólico; muy apta para su crianza en barrica.

Canarias

Marmajuelo: Se trata de una uva que principalmente se cultiva en la isla de Tenerife. Con esta variedad se elaboran vinos de bastante acidez, con aromas tropicales y a monte bajo. Puede decirse que los vinos 100% monovarietales se han puesto en valor en los últimos años, un perfil muy interesante.

Listán Blanco: Es la uva blanca más cultivada en el archipiélago canario. Se elaboran tanto vinos económicos como de gran calidad, es una uva muy versátil. Se pueden conseguir buenos rendimientos en su cultivo y se da especialmente bien en el suelo volcánico de las islas. Son muy característicos sus aromas a monte bajo y mineralidad.

Galicia

Treixadura: Se encuentra principalmente en Ribeiro, zona a la que debe su fama, y en Ribeira Sacra. Las cepas son de baja productividad y es bastante resistentes a las enfermedades. Los vinos elaborados con Treixadura son bastante aromáticos, con aromas florales y algo balsámicos.

Loureira: Sobre todo se encuentra en Rías Baixas y Ribeiro. Es una variedad muy fresca y aromática, con acidez elevada. En nariz da aromas florales, cítricos y frescos. Los vinos no presentan un grado alcohólico excesivamente elevado.

Caíño Blanco: Se trata de uva tan escasa como interesante. Antes se solía usar para vinos de mezcla, pero en la actualidad también se elaboran varietales realmente interesantes. Su capacidad para alcanzar una alta graduación alcohólica y su buena acidez, permiten la elaboración de vinos de guarda cremosos y con aromas a flores blancas y fruta de hueso.

Estas son sólo algunas de las uvas blancas autóctonas y minoritaria existentes en España, muchas de ellas, sobre todo las gallegas, es posible encontrarlas en Portugal, aunque con nombres distintos.

Hace unos años, lo normal es que estas variedades se emplearan junto con otras más productivas o extendidas, sobre todo porque estaban mezcladas en el viñedo e, incluso, era muy difícil su identificación. Sin embargo, en los últimos años las uvas especiales están de moda y es más sencillo encontrar vinos mono-varietales en las cartas de vinos de restaurantes y tiendas especializadas.

 

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Variedades de uva tintas poco conocidas (II)

Cepas de Listán Negro en el Valle de la Orotava de Tenerife

En el post de la semana pasada ya detallamos la importancia de las variedades de uva autóctonas y minoritarias para la viticultura española y la conservación del patrimonio natural. Los vinos elaborados con esas uvas son cada vez más valorados por los consumidores, sobre todo aquellos más expertos, y, por lo tanto, despiertan un tanto interés comercial.

Es cierto que el coste final de esos vinos suele acarrear un sobre precio, aunque no siempre, debido principalmente a la dificultad de cultivo o a que sus rendimientos suelen ser extremadamente bajos.

Sin embargo, al igual que los bosques o humedales, estas vides merecen ser respetadas y cuidadas.

Uvas de Canarias

Baboso Negro: Sobre todo se puede encontrar en la isla de Tenerife y en El Hierro.  Algunos dicen que se parece al Bruñal, procedente de Arribes del Duero. Se trata de una uva muy delicada y de maduración precoz. Ofrece vinos de capa alta, florales y balsámicos.

Listán Negro: Se cultiva en casi todo el archipiélago canario, ya que se adapta muy bien al clima de las islas. Los vinos aportan un marcado carácter volcánico transmitido debido al suelo en el que están plantadas las cepas. Es rústico en boca, afrutado y es habitual encontrarlo en forma de maceraciones carbónicas.

Negramoll: Es una variedad de ciclo largo y necesita un clima determinado para expresar su máximo potencial, sobre todo se da en plantaciones de hasta 400 – 500 metros de altitud. Es bastante productiva y ofrece vinos ligeros y afrutados, se mezcla en muchas ocasiones con el Listán Negro.

Variedades de uva de Rioja

Graciano: Realmente no es una variedad excesivamente minoritaria, ya que es habitual en Rioja y Navarra, principalmente. Sin embargo, está muy localizada en nuestro país. Es una uva que necesita agua. Los vinos Graciano suelen tener bastante acidez y bajo grado alcohólico.

Maturana Tinta: Aunque hay discusión sobre su origen y genética (ya que algunos estudios la vinculan con la Merenzao gallega o la Tintilla de Tenerife), se la conoce con este nombre en La Rioja. Lo más característico de esta uva son los aromas de carácter vegetal, sobre todo pimiento verde, balsámicos y especiados.

Uvas catalanas

Trepat: Es una variedad típica de la Conca de Barberà. Sus bayas redondas y grandes son bastante resistentes a las botrytis pero no así a las heladas primaverales; ofrece rendimientos altos. Normalmente sobre todo se emplea para elaborar vinos ligeros rosados y cavas, aunque cada vez más se están haciendo tintos.

Variedades de uva en Baleares

Fogoneu: Es muy rato encontrar un vino elaborado únicamente con esta variedad, ya que normalmente se mezcla con alguna de las dos citadas posteriormente. Sobre todo se da en Mallorca y da vinos ligeros de poco color; se le emparienta con la variedad francesa Gamay con la que se elabora el Beaujolais.

Callet: Junto con el Manto Negro, es la uva autóctona más conocida de las islas. Es una variedad de gran productividad que da vinos con aromas a frutos rojos, ciruelas y de capa media-alta. Tradicionalmente se empleaba para elaborar vinos de consumo casero y gran parte de las cepas sobrevivieron a la filoxera.

Manto Negro: Al contrario que la Fogoneu, los vinos elaborados con esta uva suelen tener una graduación alta y aromas a fruta madura, por lo que combinan bien juntas. También se usaba para el consumo local, pero en la actualidad se elaboran grandes vinos.

Estos son sólo algunos ejemplos de la diversidad de cepas que existen en España. Si hablamos del mundo, la variedad es muchísimo mayor. Aunque algunas variedades adopten distintos nombres en unos lugares u otros, comparten ADN aunque se han ido adaptando a las condiciones climáticas con el paso de los años o siglos.