Cultura del vino, cultura irreemplazable

De culto, cultura; de cultura, tal y como dice el diccionario de la Real Academia Española, “conjunto de modos de vida y costumbres”; cultura del vino: conocimientos, modo de vida. El vino y con él, su llegada inmemorial, su consumo, el desarrollo y los avances por los que han pasado cada uno de los agentes implicados en su producción, hasta convertirse en industria de peso; el público que no solo lo bebe, sino que lo estudia y se empapa de conocimiento; el turismo especial generado alrededor de viñedos, bodegas, Historia y gastronomía… hasta el más habitual de los aperitivos de media mañana. Resultado: cultura del vino sólida, instalada en nuestra forma de vida y en nuestro concepto del disfrute.

Cultura del vino como tradición

Para algunos, hablar de cultura del vino pasa por ser un experto en el sector; para otros, por que su significado sea sinónimo de alegría y descanso, de momentos de charla, de acompañamiento gastronómico indispensable. No importa.

El tiempo pasa y con él, llegan los cambios. La viticultura se ha convertido en un arte que acompaña a la tradición, a la Historia y a la calidad del ocio y del tiempo. La cultura del vino, afortunadamente, asociada a pautas de consumo moderadas, a hábitos saludables y a inquietudes medioambientales, cuenta con una notable repercusión en la economía de muchos de los países que lo producen, lo consumen y lo convierten en un producto tan indispensable como internacional.

El vino trae consigo contribuciones importantes, tanto económicas como sociales. Su capacidad de adaptación a los nuevos tiempos, su interés por incorporar nuevas tecnologías que mejoren el producto mientras cuidan el medioambiente, y su papel fundamental en llevar el nombre de la región de la que provienen por todo el mundo, han hecho de la cultura del vino una forma de vida.

Esa cultura que se cuela entre los hábitos de vida saludables para recordarnos las propiedades benéficas de la uva sobre el organismo; esa que deja claro permanentemente, lo implícito en su propia terminología y que no se cansa de prevenir contra los excesos o contra un consumo irresponsable.

El vino, su industria, su turismo, la gastronomía que lo acompaña y las regiones en las que crece rodeado de Historia. Las charlas y los aperitivos, las cenas y las comidas, celebraciones de todo tipo; ferias, rutas y bodegas; como regalo o como motivo de estudio… todo, motivo de irreemplazable culto, de irreemplazable cultura del vino.

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