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El exquisito vocabulario del vino

 

Conocer profundamente el mundo del vino pasa por conocer sus productos, las particularidades del cultivo de la vid, el sector que lo comercializa, en definitiva, todo lo que lo rodea y con ello, su lenguaje. Las palabras con las que designamos todos estos elementos tienen una razón de ser, un origen que las convierten en términos especiales, exactos, precisos y cómo no, ¡bonitos!

'Madreo'. Fuente: Enbocavinos.com

‘Madreo’. Fuente: Enbocavinos.com

Para poder enjuiciar un vino, por ejemplo, necesitamos poseer parte de este vocabulario. ¿Cómo si no, íbamos a poder definir a un vino como alegre, afrutado o agresivo? ¿Cómo si no, podríamos acertar con la descripción del color que produce el vino al entrar en contacto con el cristal de la copa que lo contiene?

El color, el aroma y el sabor son algunas de las señas de identidad del vino que, para poder explicar, definir y al final, vender, necesitan de una terminología como las que os exponemos a continuación. Después de esto, esperamos que vuestro paso por alguna bodega, por algún restaurante o por la compañía de alguna que otra persona entendida en estos menesteres, os sea más placentera, porque descubrir el porqué de algunos de estos adjetivos, sin duda, lo es.

vaso

Así, si en algún momento de la degustación, os encontráis con un vino de sensación azucarada, estaréis probando un vino abocado; pero si por el contrario lo que bebéis os produce una cierta sensación desagradable y algo ácida, será un vino agresivo; y será áspero si el vino que paladeáis posee un exceso de pepitas u hollejos. Nada que no pueda remediar un vino alegre, fresco y desposeído de complejos aromas en su elaboración.

También hay a quien le gusta el vino con cuerpo, es decir, el vino carnoso y bien equilibrado; aunque si no llega a este punto, es posible que lo que tenga entre sus manos se parezca más a un vino crudo, joven y sin terminar de hacerse. Eso, si no es un vino decrépito, apelativo que caracteriza precisamente, el efecto contrario: el exceso de tiempo o de edad.

Pero, puestos a elegir, ¿quién no prefiere un vino elegante y lleno? O lo que es lo mismo, ¿un vino equilibrado capaz de despertar gusto y olfato y volver loco al paladar?

Un vino picado, jamás podría conseguir esas sensaciones, pero sí lo podría conseguir uno perfumado de intensos aromas, u otro que por ser terpénico desprenda aromas de  los aceites esenciales que contenga. Al final, todo es cuestión de gustos.

ALEX SÁNCHEZ PARDO RTE. COLUMBUS. BODEGAS COMENGE

Y hay a quién le encanta el vino acerado o vino blanco joven, cuyo color recuerda al acero, pero hay quien prefiere el untuoso, o incluso el vigoroso: el primero por su capacidad para adherirse a la copa y, sin embargo, transformarse en líquido suave una vez ha entrado en contacto con el paladar; el segundo, por su exquisitez y equilibrio.

Y tú ¿cuál prefieres?

 

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