¿Qué necesita la vid?

La vid toma de su entorno todo lo necesario para poder desarrollarse y dar sus frutos. Cada área vitícola tiene sus propias características y ello, unido a la variedad de uva y a las prácticas culturales llevadas a cabo por el ser humano, afectara a cómo la planta crece y a las características de los mostos que se extraen de las bayas.

Hay cinco variables fundamentales para el desarrollo de la vid: la luz del sol, la temperatura, el agua, el CO2 y los nutrientes del suelo. Un correcto equilibrio de estos cinco aspectos será fundamental para que el ciclo vegetativo se produzca de manera adecuada.

Por lo tanto, aunque el factor humano es importantísimo, la viticultura siempre está a expensas de los designios de la naturaleza. El profundo conocimiento de las necesidades de la vid, así como del entorno en el que crece, será indispensable para lograr vinos de calidad y que sean el reflejo del paisaje del que proceden.

Temperatura

La vid necesita a lo largo de su ciclo vegetativo una temperatura de en torno a 10ºC para poder desarrollarse. Este valor se le conoce como el “cero vegetativo”. Durante el invierno, cuando la temperatura baja más de esos 10ºC, la cepa se encuentra en estado de reposo vegetativo, una especia de hibernación, hasta que llega la primavera y con la subida de las temperaturas empieza a calentarse el suelo y la atmósfera.

No todas las variedades necesitan las mismas horas de sol para completar una correcta maduración, pero existen unos mínimos. Esto hace que todo el viñedo del mundo esté plantado en una franja entre 30’ al norte y 50’ al sur del ecuador.

Agua

El agua es vida para cualquier ser vivo. A la vid le viene bien un cierto estrés hídrico para concentrar todo su esfuerzo en el crecimiento de las bayas, pero es necesaria una cantidad mínima anual de agua para asegurar su supervivencia. Las cepas captan el líquido a través de las raíces, sobre todo en el periodo entre cuajado y envero y también entre el envero y la caída de las hojas. La textura del suelo influye de manera determinante en la cantidad de reservas hídricas a disposición de la planta, siendo los suelos arcillosos los más favorables en este sentido.

Nutrientes

La cepa también necesita alimento para crecer, nitrógeno, fósforo, potasio… diversos elementos que igualmente están en el suelo en mayor o menor medida. La vid es capaz de captar dichos nutrientes y metabolizarlos, el equilibrio de estos incidirá en el homogéneo desarrollo de la planta: si hay un exceso de nutrientes, la planta producirá grandes producciones de incierta calidad y en el caso de déficit de alguno de los elementos, el cultivo puede ver gravemente comprometido su desarrollo vegetativo, pudiendo ocasionar necrosis en sus tejidos.

Dióxido de Carbono

Las plantas captan el CO2 de la atmósfera y lo combinan con agua para producir oxígeno y glucosa, es decir, para hacer la fotosíntesis. Las hojas son las encargadas de realizar la fotosíntesis y conseguir que las uvas maduren. El buen uso del follaje en la vid incide en la maduración de los racimos, de ahí la importancia de un buen manejo de la vegetación, manejo directamente relacionado con el sistema de conducción elegido.

Un exceso de hojas puede ocultar los racimos, dificultando su maduración y elevando el riesgo de sufrir enfermedades y éstas no madurarían. Si la planta no tiene suficiente follaje y hace mucho calor, las uvas excesivamente expuestas se abrasarán, perdiendo calidad.

Luz del sol

Tras lo anotado en el punto anterior, no hace falta resaltar la importancia de la luz del sol. Sin el sol la fotosíntesis no sería posible y, por tanto tampoco lo será el crecimiento de la vid y la maduración de las uvas. En zonas donde las horas de sol son más bien escasas, hay muchas variedades que no pueden ser cultivadas.

La orientación de las parcelas es muy importante para conseguir que las plantas reciban más luz solar en zonas con menor luminosidad. En zonas donde las horas de sol están muy limitadas se llegan a emplear sistemas que permitan reflejar hacia el cultivo la luz que incide en el suelo, aumentando de esta manera la exposición de la planta al sol.

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