¿Cómo es una cata de vinos?

Una cata de vinos permite analizar el vino mediante la vista, el olfato y el gusto.

Las catas de vino son una de las mejores formas de conocer y comprender lo que tenemos en la copa. Y, aunque tradicionalmente puedan asociarse con expertos y profesionales, no es necesario tener conocimientos avanzados para participar en una cata y disfrutar de la experiencia.

Catar consiste fundamentalmente en prestar atención. Observar el vino, reconocer sus aromas y analizar las sensaciones que produce en boca permite descubrir características que durante un consumo cotidiano pueden pasar inadvertidas.

¿Qué tipos de catas de vino existen?

No todas las catas tienen el mismo objetivo ni se desarrollan de la misma manera. Entre las modalidades más conocidas encontramos:

  • Cata vertical: se prueban diferentes añadas de un mismo vino. Permite observar cómo influyen las características de cada cosecha y la evolución del vino con el paso del tiempo.

  • Cata horizontal: se comparan diferentes vinos de una misma añada, normalmente con algún elemento común, como la región, denominación de origen o variedad.

  • Cata ciega: los participantes prueban los vinos sin conocer previamente su identidad. De esta forma se intenta evitar que la marca, el precio, el origen u otras informaciones condicionen la valoración.

Cada modalidad permite aproximarse al vino desde una perspectiva diferente.

¿Cómo se hace una cata de vinos?

El objetivo de una cata es analizar las características sensoriales del vino. Para ello se suelen distinguir tres grandes fases: visual, olfativa y gustativa.

El entorno también tiene importancia. Una buena iluminación, la ausencia de olores intensos y una temperatura adecuada ayudan a evitar interferencias. Las copas deben estar limpias y ser transparentes para poder apreciar correctamente el aspecto y los aromas del vino.

Si quieres profundizar en cómo aprender a catar y analizar un vino, encontrarás otros contenidos dedicados específicamente a los sentidos, los aromas y el análisis sensorial.

Fase visual

La cata comienza observando el vino.

Sujetamos la copa preferentemente por el tallo o la base para evitar calentar el vino y dejar marcas sobre el cristal. Inclinar ligeramente la copa sobre un fondo blanco facilita la observación.

En esta fase podemos prestar atención a características como el color, la intensidad, el brillo y la limpidez.

La intensidad del color puede describirse también mediante el concepto de capa. Cuando resulta sencillo ver a través del vino hablamos de una capa menos intensa; cuando el color dificulta la visión a través de la copa, la capa es más alta.

El color y sus matices también pueden proporcionarnos información sobre el vino y su evolución, aunque siempre deben interpretarse junto con el resto de las características de la cata.

Fase olfativa

Después llega el momento de utilizar el olfato.

Una primera aproximación puede realizarse con la copa en reposo. Posteriormente, moverla suavemente favorece la liberación de compuestos aromáticos y permite apreciar nuevos matices.

Tradicionalmente los aromas del vino se clasifican en primarios, secundarios y terciarios. Los primeros están relacionados principalmente con la uva; los secundarios, con procesos como la fermentación; y los terciarios aparecen asociados a la crianza y evolución del vino.

Identificarlos requiere práctica. La memoria olfativa se desarrolla comparando aromas y prestando cada vez más atención a aquello que percibimos.

Fase gustativa

Finalmente probamos una pequeña cantidad de vino y dejamos que recorra la boca.

La primera sensación que percibimos al introducirlo se conoce como ataque. Después podemos prestar atención a elementos como la acidez, el dulzor, el alcohol, los taninos, el cuerpo o la textura.

En esta fase también interviene la vía retronasal: mientras tenemos el vino en la boca y después de tragarlo o expulsarlo, determinados compuestos aromáticos alcanzan la cavidad nasal y completan nuestra percepción.

En catas profesionales en las que se prueban numerosos vinos es habitual escupir el vino para limitar el consumo de alcohol y mantener la capacidad de concentración. En una cata recreativa, naturalmente, no es obligatorio hacerlo.

Por último, observamos la persistencia, es decir, cuánto tiempo permanecen las sensaciones después de haber probado el vino. Un final prolongado y equilibrado es una de las características que pueden valorarse durante el análisis.

Aprender a catar en una bodega

Conocer la teoría ayuda, pero la mejor forma de desarrollar nuestra capacidad para catar es practicar y comparar vinos.

Hacerlo en una bodega añade además un componente especialmente interesante: permite conocer el lugar donde nace el vino, recorrer el viñedo y comprender mejor cómo el origen de las uvas y la elaboración terminan reflejándose en la copa.

En Bodegas Comenge puedes descubrir nuestras experiencias de enoturismo y catas en Ribera del Duero, en las que acercamos nuestros vinos a quienes quieren conocerlos desde su origen.

Porque aprender a catar no consiste en memorizar una larga lista de términos. Consiste en entrenar los sentidos, prestar atención y aprender poco a poco a interpretar aquello que el vino nos muestra.

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