Tipos de suelo y su incidencia en el vino

El tipo de suelo influye en el desarrollo de la vid y en las características de la uva.

El tipo de suelo en el que se encuentra el viñedo es uno de los factores que influyen en las características de la uva y, por tanto, en el vino. Junto al clima, la altitud, la orientación y el trabajo realizado en el viñedo, forma parte de las condiciones particulares de cada parcela.

La diversidad geográfica española ofrece un enorme abanico de terrenos: desde los cantos rodados presentes en algunas zonas vitivinícolas hasta las arenas de Toro, los terrenos calizos de Ribera del Duero, la llicorella del Priorat, la albariza de Jerez, los suelos graníticos de Galicia o los terrenos volcánicos de las Islas Canarias.

Existen numerosos tipos de suelo y cada uno presenta características diferentes que condicionan el desarrollo de la vid.

Principales tipos de suelo del viñedo

Suelos arenosos

Los suelos arenosos tienen una gran capacidad de drenaje, por lo que el agua se filtra con facilidad. Son terrenos generalmente secos y pobres en materia orgánica.

Una de sus particularidades históricas es que dificultaron la propagación de la filoxera, razón por la que todavía existen viñedos viejos plantados en pie franco en algunas zonas con terrenos predominantemente arenosos.

Suelos arcillosos

Los terrenos arcillosos tienen una mayor capacidad para retener agua y nutrientes. Son suelos más frescos y pesados, una característica que puede resultar especialmente importante durante los periodos secos.

La arcilla permite disponer de una reserva de agua que la planta puede aprovechar durante su ciclo vegetativo.

Suelos graníticos

Los suelos graníticos están formados a partir de la degradación del granito y suelen presentar una textura arenosa y un buen drenaje.

Son característicos de diferentes zonas vitivinícolas españolas, especialmente de algunas regiones de Galicia.

Los vinos procedentes de este tipo de suelos suelen asociarse a perfiles frescos y aromas minerales.

Suelos pizarrosos

Los terrenos de pizarra aparecen en algunas regiones vitivinícolas muy conocidas. Uno de los ejemplos más característicos es la llicorella del Priorat.

Son suelos generalmente pobres en materia orgánica, con buen drenaje y capacidad para acumular calor durante el día.

Suelos calizos

Los suelos calizos tienen una importante presencia de carbonato cálcico y son habituales en numerosas regiones vitivinícolas, entre ellas Ribera del Duero.

Este tipo de terreno favorece vinos con buena estructura y personalidad. La presencia de caliza y las características concretas de cada parcela desempeñan un papel importante en el comportamiento de la vid y en la maduración de la uva.

Los suelos de los viñedos de Bodegas Comenge

En los viñedos de Bodegas Comenge predominan los suelos arcillo-calcáreos, aunque la proporción de arcilla, caliza, arena y otros componentes varía entre parcelas.

En el Pago de las Hontanillas, situado en Pesquera de Duero a unos 890 metros de altitud, la presencia de caliza es especialmente elevada.

Es una parcela de rendimientos moderados, con racimos pequeños y uvas de gran calidad, de la que procede nuestro vino Don Miguel Comenge.

Las diferencias entre los suelos de nuestras parcelas nos permiten trabajar con uvas de características distintas. Cada parcela puede vendimiarse y elaborarse por separado, proporcionando diferentes componentes que posteriormente intervienen en la elaboración de los vinos.

Los suelos más frescos de Los Silos, Pago de la Magdalena y Carrapiñel han formado parte de la elaboración de Biberius.

La parcela de Los Ismas presenta un suelo predominantemente arcilloso con algunas zonas más arenosas y está vinculada a Familia Comenge.

Cruz de Canto y Los Almendros presentan un importante componente arcillo-calcáreo y han participado en la elaboración de Comenge.

El suelo y los nutrientes de la vid

El suelo no solo sirve de soporte a la planta. Su composición determina también la disponibilidad de agua y nutrientes necesarios para el desarrollo de la vid.

El calcio participa en la estructura del suelo y en diferentes funciones de la planta. El magnesio forma parte de la clorofila y resulta esencial para la fotosíntesis. El potasio interviene en numerosos procesos fisiológicos de la vid.

El nitrógeno es fundamental para el crecimiento vegetativo de la cepa, aunque un exceso puede producir demasiado vigor y alterar el equilibrio entre la vegetación y el fruto.

La composición, estructura, profundidad, capacidad de drenaje y disponibilidad de nutrientes hacen que cada suelo presente unas condiciones diferentes para el cultivo de la vid.

La importancia del suelo en el viñedo

El suelo es, en definitiva, uno de los elementos fundamentales para comprender un viñedo. No existen dos parcelas exactamente iguales y las diferencias entre terrenos forman parte de la identidad de cada una de ellas.

En Bodegas Comenge, conocer las características de cada suelo y trabajar las parcelas de forma diferenciada nos permite aprovechar las particularidades de las uvas que obtenemos en cada viñedo.

El suelo es solo uno de los muchos factores que explican la enorme diversidad del mundo vitivinícola. En nuestra sección de cultura y curiosidades del vino abordamos otros aspectos relacionados con la vid y el vino.

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