El clima siempre ha condicionado el cultivo de la vid, pero los cambios en las temperaturas y en el régimen de precipitaciones plantean nuevos retos para la viticultura. En una zona como la Ribera del Duero, caracterizada por un clima de marcado carácter continental, estas variaciones tienen una influencia directa sobre el ciclo de la planta y la maduración de las uvas.
Los periodos de calor intenso y las temperaturas elevadas pueden acelerar la maduración, favoreciendo una mayor concentración de azúcares y una pérdida más rápida de acidez. Esto puede traducirse posteriormente en vinos con mayor grado alcohólico y menos frescura.
Al mismo tiempo, fenómenos como las lluvias torrenciales, el granizo, las heladas o los periodos prolongados de sequía obligan a prestar cada vez más atención a las condiciones particulares de cada campaña.
En Bodegas Comenge entendemos que la respuesta comienza en el propio viñedo. La adaptación de las prácticas vitícolas, la elección de las parcelas y el estudio de variedades y técnicas de elaboración forman parte de nuestro trabajo para afrontar los cambios del clima y su influencia en la viticultura.
Combatir el cambio climático desde el viñedo
Uno de los primeros ámbitos de actuación es el manejo de las propias plantas. En Bodegas Comenge buscamos que las cepas mantengan un buen equilibrio entre la madera, la superficie foliar y los frutos.
Los trabajos de poda en verde permiten gestionar la vegetación y mejorar el microclima alrededor de los racimos. Una adecuada superficie foliar ayuda a evitar una exposición excesiva de las uvas al sol y, al mismo tiempo, favorece su aireación. Ambos factores son importantes tanto para la calidad de las uvas como para mantener un buen estado sanitario.
La ubicación de los viñedos es otra variable fundamental. En nuestras plantaciones buscamos terrenos con un elevado potencial vitícola y prestamos especial atención a factores como la composición del suelo y la altitud.
Contamos con parcelas situadas por encima de los 850 metros, donde las temperaturas medias más bajas pueden favorecer una maduración más lenta de las bayas y contribuir a conservar mejor su acidez. En un escenario de temperaturas más elevadas, esta característica adquiere una importancia especial para seguir buscando vinos frescos y equilibrados.
Recuperar variedades tradicionales
Otra de las vías de adaptación es el estudio y recuperación de variedades que tradicionalmente han formado parte del patrimonio vitícola de una región.
En Bodegas Comenge incorporamos la Garnacha, una variedad tradicional de la Ribera del Duero que había ido perdiendo presencia con el paso del tiempo. Una de sus características de interés es su capacidad para aportar acidez, un aspecto especialmente valioso cuando las temperaturas elevadas aceleran la maduración de las uvas.
La recuperación de variedades tradicionales no responde únicamente a una cuestión histórica. Algunas pueden presentar características que resulten interesantes ante unas condiciones climáticas diferentes a las de décadas anteriores.
Esta búsqueda no se limita a la Ribera del Duero. En distintas regiones vitivinícolas se está prestando de nuevo atención a variedades minoritarias o tradicionales que habían quedado relegadas por su menor productividad o por los cambios experimentados en los gustos del mercado.
Preservar este patrimonio vegetal permite mantener una mayor diversidad en el viñedo y disponer de más herramientas para afrontar las condiciones de cada territorio y cada campaña.
Buscar vinos frescos también desde la bodega
La adaptación no termina cuando la uva llega a la bodega. La investigación enológica permite estudiar nuevas formas de preservar el equilibrio y la frescura de los vinos.
En Bodegas Comenge hemos trabajado, entre otras líneas, con fermentaciones mediante levaduras no-Saccharomyces, estudiando su capacidad para obtener vinos con menor contenido alcohólico y una mayor presencia de ácidos.
También se han estudiado diferentes actuaciones en el viñedo orientadas a favorecer la maduración fenólica de las uvas y disponer de mayor margen para determinar el momento adecuado de la vendimia, buscando preservar la acidez de las bayas.
Viñedo y bodega forman así parte de una misma estrategia. La altitud de las parcelas, el manejo de la vegetación, la diversidad varietal, la elección del momento de vendimia y la investigación enológica ofrecen diferentes herramientas para responder a unas condiciones climáticas que evolucionan.
El objetivo sigue siendo el mismo: obtener uvas de calidad y elaborar vinos equilibrados, frescos y capaces de expresar el carácter de nuestro entorno.