Una historia de decisión, cuidado y coherencia en el tiempo.
Todo empezó con una forma de mirar la tierra y de entender lo que significa compartir.
- Curiel de Duero
En 1999, Jaime Comenge funda la bodega en Curiel de Duero con una idea clara:
hacer vinos que nacen del respeto por la tierra y encuentran su sentido al compartirse. No fue solo el inicio de un proyecto, sino de nuestra manera de entender el vino.
1999
EL ORIGEN: UNA FORMA DE HACER
Los primeros años están marcados por la observación. Entender cada parcela, cómo responde el suelo, cómo se comporta la vid en un entorno exigente. Antes de intervenir, aprender a escuchar.
2000–2002
LAS PRIMERAS PLANTACIONES Y LA ESCUCHA DEL TERRENO
Llegan las primeras elaboraciones que reflejan el carácter del lugar. Vinos que no buscan imponerse, sino expresar el equilibrio entre clima, suelo y tiempo.
2004
CONSOLIDACION DEL PROYECTO Y PRIMEROS VINOS
La evolución del proyecto lleva a una decisión clave: trabajar el viñedo desde el respeto absoluto por sus ciclos. Comienza la transición hacia una viticultura ecológica, basada en la observación y el cuidado del entorno.
2006
TRANSICIÓN HACIA VITICULTURA ECOLÓGICA
La certificación ecológica no marca un cambio, sino la confirmación de una forma de trabajar. El viñedo, la bodega y el equipo funcionan ya bajo una misma filosofía: intervenir menos para preservar más.
2012
CERTIFICACIÓN ECOLÓGICA Y MADUREZ DEL MODELO
Más de dos décadas después, Comenge sigue siendo un proyecto familiar que mira al futuro sin perder el origen. Un trabajo colectivo que entiende el vino como un vínculo entre personas.
HOY
CONTINUIDAD Y FUTURO
La bodega se asienta en Curiel de Duero, un enclave con siglos de historia vinculada al vino. Aquí la tierra y el clima crean un equilibrio excepcional.
Su orientación favorece una ventilación constante, que mantiene la viña sana de forma natural, y permite que la uva madure de manera pausada. Al mismo tiempo, su capacidad de retener el agua resulta esencial en los meses más cálidos, ayudando a la planta a encontrar su propio equilibrio. Un lugar que no se transforma, sino que se cuida para que pueda seguir dando vida a nuevas historias.
Una orografía definida por laderas que dan el carácter al viñedo y un clima marcado por la oscilación térmica, hacen que la vida deba adaptarse, profundizar y resistir. Y es precisamente esa exigencia la que da lugar a vinos con carácter, equilibrio y profundidad.
Viñedo de 12 hectáreas de Tempranillo situado en un pago histórico de Curiel, donde la vid se cultiva desde el siglo XVI. Ladera de suelos arcillo-calcáreos, entre 815 y 845 metros de altitud. Aquí la uva crece de forma equilibrada, dando lugar a vinos concentrados y con carácter.
Viña plantada en 1982, bajo el emblemático pico de Las Pinzas, en Curiel, entre 830 y 860 metros de altitud. Se asienta sobre una ladera pronunciada de suelos arcillo-calcáreos. De aquí nacen uvas de Tempranillo que aportan profundidad, intensidad y una elegante textura en boca.
Viñedo de 2,70 hectáreas situado en Pesquera de Duero, a 870 metros de altitud y con orientación sur. Sus suelos, mayoritariamente calizos, favorecen una perfecta maduración pausada. Aquí el Tempranillo desarrolla una personalidad definida y una gran riqueza expresiva.
Situado junto a la bodega, entre 830 y 860 metros de altitud. Ladera de suelo arcilloso con presencia de arenas en superficie. Su orientación sur favorece una maduración completa del Tempranillo, dando lugar a vinos estructurados, equilibrados y de textura envolvente.
Viñedo situado en uno de los enclaves más singulares de Curiel. Ladera de predominio calizo, entre 820 y 850 metros de altitud, rodeada de almendros, robles y vegetación natural. Aquí el Tempranillo se expresa con finura, equilibrio y una gran armonía.
Situada en Pesquera de Duero, entre 830 y 855 metros de altitud. Viñedo en ladera, con suelos arcillosos y presencia de margas, rodeado de viñas y cerezos. Su Tempranillo aporta frescura y viveza, dando lugar a vinos más dinámicos y expresivos.
Ubicado en Pesquera de Duero, en una suave ladera arcillosa entre 810 y 820 metros de altitud. En este entorno, el Tempranillo ofrece un perfil más fresco y frutal, con una expresión equilibrada y amable.
Viñedo de Cabernet Sauvignon situado junto al río Duero, donde se genera un microclima que favorece su maduración. Suelos arcillosos con presencia de canto rodado en profundidad. Aquí se obtienen vinos con buena acidez, intensidad y gran capacidad de expresión.
Viñedo de altura, sobrepasando los 900 metros. Pequeño valle de suelo predominantemente calizo orientado al este. Tempranillo, Garnacha y Albillo mayor conviven en este entorno privilegiado de Curiel de Duero donde cada variedad alcanza una equilibrada madurez.
Viñedo de Tempranillo situado a los pies del Castillo de Curiel. Suelo de textura franco arcillosa con contenido medio de cal que nos permite obtener vinos de buena concentración aromática y con un delicioso tanino dulce.
Como su nombre indica, las 22 has. de este viñedo están situadas en un hermoso balcón sobre el río Duratón, a 900 metros de altitud. Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot y Albillo mayor conforman el mosaico de variedades. Suelo de poca profundidad, con base de roca madre caliza. Su orientación noreste y altitud ralentiza el ciclo madurativo, dándonos uvas equilibradas que aportan frescura en nuestros vinos.
Contamos con una nueva “viña vieja”: una hermosa parcela plantada a la vera de la bodega donde hemos recuperado la tradición de cultivar conjuntamente cepas de diferentes variedades de uva, adaptando la plantación a la topografía del terreno y reservando espacios para el desarrollo de otras especies vegetales. Esta técnica ancestral de agricultura regenerativa nos permite aprovechar al máximo la preciada agua de lluvia, mejorar la fertilidad del suelo y reducir su erosión, creando un espacio óptimo para las cepas y bello para el hombre.
Los vinos Comenge nacen de un terruño que se expresa en cada añada. Nuestra filosofía une viñedo, innovación e investigación para expresar de la forma más pura el carácter de nuestra viña.
Cuando D. Jaime Comenge puso en marcha la bodega en 1999, partió de una idea clara: respetar del carácter y la personalidad de la viña.
El cultivo de nuestro viñedo es ecológico certificado. Los rendimientos son bajos y mantenemos la cubierta vegetal, favoreciendo un entorno vivo. Así, el viñedo se convierte en un ecosistema diverso que aporta equilibrio a la cepa y cuida todo lo que la rodea. Porque el vino empieza aquí.
La vendimia se realiza a mano. Es el primer gesto de cuidado y selección. La uva se recoge en pequeñas cajas, preservando la integridad de cada racimo. La cercanía de las viñas a la bodega permite un traslado rápido, evitando exposiciones innecesarias y manteniendo intacta su calidad.
Ya en bodega, la selección continúa. Primero se revisan los racimos y después cada grano, asegurando que solo las uvas en perfecto estado continúen el proceso. Es un trabajo minucioso, donde la experiencia y la atención marcan la diferencia. De aquí nace, en gran parte, la elegancia y equilibrio de nuestros vinos.
Cada parcela se vinifica por separado, respetando su identidad. La fermentación es un proceso vivo, en el que el mosto se transforma en vino. Para ello utilizamos diferentes especies de levaduras naturales, exclusivas de nuestro paisaje, seleccionadas en el viñedo. Investigación e innovación al más alto nivel puestos al servicio del vinos, expresando con fidelidad y precisión el carácter de cada terruño. Aquí, más que intervenir, acompañamos. Nada ajeno a nuestra uva interfiere en la fermentación.
La crianza en roble acompaña al vino sin imponerse. Buscamos que cada barrica aporte estructura, complejidad y equilibrio, respetando siempre la identidad de cada parcela y de cada añada. El tiempo no maquilla el vino: lo afina.
Tras su paso por barrica, el vino continúa su evolución en botella. Durante este tiempo, los aromas se integran y la estructura se afina, dando lugar a vinos más equilibrados y expresivos. Es un proceso silencioso, donde el tiempo termina de dar forma al vino.